{"id":40914,"date":"2016-10-06T15:11:21","date_gmt":"2016-10-06T20:11:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-mayo-de-2009-peregrinacion-a-tierra-santa-santa-misa-en-el-valle-de-josafat-de-jerusalen\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:21","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:21","slug":"12-de-mayo-de-2009-peregrinacion-a-tierra-santa-santa-misa-en-el-valle-de-josafat-de-jerusalen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-mayo-de-2009-peregrinacion-a-tierra-santa-santa-misa-en-el-valle-de-josafat-de-jerusalen\/","title":{"rendered":"12 de mayo de 2009: Peregrinaci\u00f3n a Tierra Santa &#8211; Santa Misa en el Valle de Josafat de Jerusal\u00e9n"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_holy-land.html\">PEREGRINACI&Oacute;N <br \/> DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/> A TIERRA SANTA<br \/> (8-15 DE MAYO DE 2009)<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\"><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Valle de Josafat &#8211; Jerusal&eacute;n <\/i> <\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> Martes 12 de mayo de 2009<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;&iexcl;Cristo ha resucitado, aleluya!&quot;. Con estas palabras os saludo con gran afecto. Agradezco al patriarca Fouad Twal las palabras de bienvenida que me ha dirigido en vuestro nombre, y ante todo expreso mi alegr&iacute;a por poder celebrar esta Eucarist&iacute;a con vosotros, Iglesia en Jerusal&eacute;n. Nos hemos reunido aqu&iacute;, bajo el monte de los Olivos, donde nuestro Se&ntilde;or or&oacute; y sufri&oacute;, donde llor&oacute; por amor a esta ciudad y por el deseo de que conociera &quot;el camino de la paz&quot; (cf.<i> Lc<\/i> 19, 42), y donde regres&oacute; al Padre, dando su &uacute;ltima bendici&oacute;n en la tierra a sus disc&iacute;pulos y a nosotros. Acojamos hoy esta bendici&oacute;n. Os la imparte de manera especial a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que est&aacute;is vinculados, en una l&iacute;nea ininterrumpida, con los primeros disc&iacute;pulos que se encontraron con el Se&ntilde;or resucitado al partir el pan, con los que experimentaron la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en el Cen&aacute;culo y con los que se convirtieron por la predicaci&oacute;n de san Pedro y de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles. Saludo tambi&eacute;n a todos los presentes y, en particular, a los fieles de Tierra Santa que por varias razones no han podido estar hoy aqu&iacute; con nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">Como Sucesor de san Pedro, he seguido sus huellas para proclamar al Se&ntilde;or resucitado entre vosotros, confirmaros en la fe de vuestros padres e invocar sobre vosotros el consuelo que es don del Par&aacute;clito. Al estar ante vosotros hoy, deseo reconocer las dificultades, la frustraci&oacute;n, el dolor y el sufrimiento que tantos de vosotros han soportado como consecuencia de los conflictos que han afligido a estas tierras, as&iacute; como las amargas experiencias de desplazamiento que muchas de vuestras familias han conocido y \u2014Dios no lo permita\u2014 pueden conocer a&uacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Espero que mi presencia aqu&iacute; sea un signo de que no os olvidamos, de que vuestra perseverante presencia y testimonio son preciosos a los ojos de Dios y constituyen un elemento para el futuro de estas tierras. Precisamente a causa de vuestras profundas ra&iacute;ces en estos lugares, de vuestra antigua y fuerte cultura cristiana y de vuestra inquebrantable confianza en las promesas de Dios, vosotros, los cristianos de Tierra Santa, no s&oacute;lo est&aacute;is llamados a ser un faro de fe para la Iglesia universal, sino tambi&eacute;n levadura de armon&iacute;a, sabidur&iacute;a y equilibrio en la vida de una sociedad que tradicionalmente ha sido, y sigue siendo, pluralista, multi&eacute;tnica y multirreligiosa. <\/p>\n<p align=\"left\">En la segunda lectura de hoy, el ap&oacute;stol san Pablo dice a los Colosenses: &quot;Buscad las cosas de arriba, donde est&aacute; Cristo sentado a la diestra de Dios&quot; (<i>Col<\/i> 3, 1). Estas palabras resuenan con particular fuerza aqu&iacute;, bajo el huerto de Getseman&iacute;, donde Jes&uacute;s acept&oacute; el c&aacute;liz del sufrimiento en total obediencia a la voluntad del Padre, y donde, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, ascendi&oacute; a la derecha del Padre para interceder continuamente por nosotros, miembros de su Cuerpo. San Pablo, el gran heraldo de la esperanza cristiana, experiment&oacute; el precio de esta esperanza, su costo en sufrimiento y persecuci&oacute;n por el Evangelio, y nunca vacil&oacute; en su convicci&oacute;n de que la resurrecci&oacute;n de Cristo era el inicio de una nueva creaci&oacute;n. Como &eacute;l nos dice: &quot;Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces tambi&eacute;n vosotros aparecer&eacute;is gloriosos con &eacute;l&quot; (<i>Col<\/i> 3, 4). <\/p>\n<p align=\"left\">La exhortaci&oacute;n de san Pablo de &quot;buscar las cosas de arriba&quot; debe resonar constantemente en nuestro coraz&oacute;n. Sus palabras nos indican el cumplimiento de la visi&oacute;n de fe en esa Jerusal&eacute;n celeste donde, de acuerdo con las antiguas profec&iacute;as, Dios enjugar&aacute; las l&aacute;grimas de todos los rostros y preparar&aacute; un banquete de salvaci&oacute;n para todos los pueblos (cf. <i>Is<\/i> 25, 6-8; <i>Ap<\/i> 21, 2-4). <\/p>\n<p align=\"left\">Esta es la esperanza, esta es la visi&oacute;n que nos lleva a todos los que amamos esta Jerusal&eacute;n terrestre a verla como una profec&iacute;a y una promesa de la reconciliaci&oacute;n y la paz universal que Dios desea para toda la familia humana. Tristemente, el hecho de estar bajo los muros de esta ciudad nos lleva a considerar cu&aacute;n lejos est&aacute; nuestro mundo del pleno cumplimiento de aquella profec&iacute;a y promesa. En esta ciudad santa, donde la vida venci&oacute; a la muerte, donde el Esp&iacute;ritu se derram&oacute; como primer fruto de la nueva creaci&oacute;n, la esperanza sigue luchando contra la desesperaci&oacute;n, la frustraci&oacute;n y el cinismo, mientras la paz, que es don y llamamiento de Dios, sigue amenazada por el ego&iacute;smo, el conflicto, la divisi&oacute;n y el peso de las ofensas del pasado. <\/p>\n<p align=\"left\">Por esta raz&oacute;n, la comunidad cristiana en esta ciudad que fue testigo de la resurrecci&oacute;n de Cristo y de la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu debe hacer todo lo posible por conservar la esperanza donada por el Evangelio, teniendo en gran aprecio la prenda de la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, testimoniando la fuerza del perd&oacute;n y manifestando la naturaleza m&aacute;s profunda de la Iglesia como signo y sacramento de una humanidad reconciliada, renovada y unificada en Cristo, el nuevo Ad&aacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Reunidos bajo los muros de esta ciudad sagrada para los seguidores de tres grandes religiones, &iquest;c&oacute;mo no dirigir nuestro pensamiento a la vocaci&oacute;n universal de Jerusal&eacute;n? Esta vocaci&oacute;n, anunciada por los profetas, tambi&eacute;n aparece como un hecho indiscutible, una realidad irrevocable, fundada en la historia compleja de esta ciudad y de su pueblo. Jud&iacute;os, musulmanes y cristianos consideran esta ciudad como su casa espiritual. &iexcl;Cu&aacute;nto hay que hacer todav&iacute;a para convertirla verdaderamente en una &quot;ciudad de paz&quot; para todos los pueblos, donde todos puedan venir en peregrinaci&oacute;n buscando a Dios y escuchar su voz, &quot;una voz que habla de paz&quot;! (cf. <i>Sal<\/i> 85, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">De hecho, Jerusal&eacute;n ha sido siempre una ciudad en cuyas calles se hablan diversos idiomas, cuyas piedras son pisadas por gente de toda raza y lengua, cuyos muros son s&iacute;mbolo del cuidado providente de Dios para toda la familia humana. Como un microcosmos de nuestro mundo globalizado, esta ciudad, para vivir su vocaci&oacute;n universal, debe ser un lugar que ense&ntilde;e universalidad, respeto a los dem&aacute;s, di&aacute;logo y compresi&oacute;n mutua; un lugar donde el prejuicio, la ignorancia y el miedo que los alimenta, sean superados por la honradez, la integridad y la b&uacute;squeda de la paz. Entre estos muros no deber&iacute;a haber lugar para la mezquindad, la discriminaci&oacute;n, la violencia y la injusticia. Los creyentes en un Dios de misericordia \u2014sea que se declaren jud&iacute;os, cristianos o musulmanes\u2014 deben ser los primeros en promover esta cultura de reconciliaci&oacute;n y paz, por m&aacute;s lento que sea el proceso y por m&aacute;s agobiante que sea el peso de los recuerdos del pasado. <\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute; quiero referirme directamente a la tr&aacute;gica realidad \u2014que nunca puede dejar de ser fuente de preocupaci&oacute;n para todos aquellos que aman esta ciudad y esta tierra\u2014 de la partida de numerosos miembros de la comunidad cristiana en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Aunque hay razones comprensibles que llevan a muchos, especialmente j&oacute;venes, a emigrar, esta decisi&oacute;n trae consigo como consecuencia un gran empobrecimiento cultural y espiritual de la ciudad. Deseo repetir hoy lo que he dicho en otras ocasiones: en Tierra Santa hay lugar para todos. Mientras exhorto a las autoridades a respetar, sostener y valorar la presencia cristiana aqu&iacute;, al mismo tiempo quiero aseguraros la solidaridad, el amor y el apoyo de toda la Iglesia y de la Santa Sede. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, el Evangelio que acabamos de escuchar nos dice que san Pedro y san Juan corrieron a la tumba vac&iacute;a, y que san Juan &quot;vio y crey&oacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 8). Aqu&iacute;, en Tierra Santa, con los ojos de la fe, vosotros, junto con los peregrinos de todo el mundo que llenan sus iglesias y santuarios, goz&aacute;is de la bendici&oacute;n de &quot;ver&quot; los lugares santificados por la presencia de Cristo, por su ministerio terreno, por su pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n, y por el don de su Esp&iacute;ritu Santo. Aqu&iacute;, como el ap&oacute;stol santo Tom&aacute;s, ten&eacute;is la oportunidad de &quot;tocar&quot; las realidades hist&oacute;ricas que se encuentran en el fundamento de nuestra confesi&oacute;n de fe en el Hijo de Dios. La intenci&oacute;n de mi oraci&oacute;n por vosotros hoy es que sig&aacute;is, d&iacute;a a d&iacute;a, &quot;viendo y creyendo&quot; en los signos de la providencia de Dios y en su infinita misericordia, &quot;escuchando&quot; con renovada fe y esperanza las consoladoras palabras de la predicaci&oacute;n apost&oacute;lica, &quot;tocando&quot; los manantiales de la gracia en los sacramentos, y encarnando para los dem&aacute;s la prenda de nuevos inicios, la libertad nacida del perd&oacute;n, la luz interior y la paz que pueden traer salvaci&oacute;n y esperanza incluso en las realidades humanas m&aacute;s oscuras. <\/p>\n<p align=\"left\">En la iglesia del Santo Sepulcro, los peregrinos de todos los siglos han venerado la piedra que, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, estaba ante la entrada de la tumba en la ma&ntilde;ana de la resurrecci&oacute;n de Cristo. Volvamos frecuentemente a esa tumba vac&iacute;a. Reafirmemos all&iacute; nuestra fe en la victoria de la vida, y oremos para que toda &quot;piedra pesada&quot;, colocada en la puerta de nuestro coraz&oacute;n, bloqueando as&iacute; nuestra completa sumisi&oacute;n al Se&ntilde;or en la fe, la esperanza y el amor, quede desplazada por la fuerza de la luz y de la vida que en aquella ma&ntilde;ana de Pascua resplandeci&oacute; desde Jerusal&eacute;n para todo el mundo. &iexcl;Cristo ha resucitado, aleluya! &iexcl;Ha resucitado verdaderamente, aleluya! <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PEREGRINACI&Oacute;N DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A TIERRA SANTA (8-15 DE MAYO DE 2009) SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Valle de Josafat &#8211; Jerusal&eacute;n Martes 12 de mayo de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas en el Se&ntilde;or: &quot;&iexcl;Cristo ha resucitado, aleluya!&quot;. 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