{"id":40917,"date":"2016-10-06T15:11:25","date_gmt":"2016-10-06T20:11:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-mayo-de-2009-santa-misa-con-ordenaciones-sacerdotales\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:25","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:25","slug":"3-de-mayo-de-2009-santa-misa-con-ordenaciones-sacerdotales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-mayo-de-2009-santa-misa-con-ordenaciones-sacerdotales\/","title":{"rendered":"3 de mayo de 2009: Santa Misa con ordenaciones sacerdotales"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">JORNADA MUNDIAL DE ORACI&Oacute;N POR LAS VOCACIONES<\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/> EN LA MISA DE ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL <br \/> DE DIECINUEVE DI&Aacute;CONOS DE LA DI&Oacute;CESIS DE ROMA<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> IV Domingo de Pascua, 3 de mayo de 2009<\/font><\/p>\n<p><b> <\/b> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Seg&uacute;n una hermosa tradici&oacute;n, el domingo &quot;del Buen Pastor&quot; el Obispo de Roma se re&uacute;ne con su presbiterio para la ordenaci&oacute;n de nuevos sacerdotes de la di&oacute;cesis. Cada vez es un gran don de Dios; es su gracia. Por tanto, despertemos en nosotros un profundo sentimiento de fe y agradecimiento al vivir esta celebraci&oacute;n. En este clima me complace saludar al cardenal vicario Agostino Vallini, a los obispos auxiliares, a los dem&aacute;s hermanos en el episcopado y en el sacerdocio y, con especial afecto, a vosotros, queridos di&aacute;conos candidatos al presbiterado, juntamente con vuestros familiares y amigos. <\/p>\n<p align=\"left\">La Palabra de Dios que hemos escuchado nos ofrece abundantes sugerencias para la meditaci&oacute;n: considerar&eacute; algunas, para que pueda proyectar una luz indeleble sobre el camino de vuestra vida y sobre vuestro ministerio. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Jes&uacute;s es la piedra; (&#8230;) no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos&quot; (<i>Hch<\/i> 4, 11-12). En el pasaje de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i> \u2014la primera lectura\u2014, impresiona y hace reflexionar esta singular &quot;homonimia&quot; entre Pedro y Jes&uacute;s: Pedro, que recibi&oacute; su nuevo nombre de Jes&uacute;s mismo, afirma que &eacute;l, Jes&uacute;s, es &quot;la piedra&quot;. En efecto, la &uacute;nica roca verdadera es Jes&uacute;s. El &uacute;nico nombre que salva es el suyo. El ap&oacute;stol, y por tanto el sacerdote, recibe su propio &quot;nombre&quot;, es decir, su propia identidad, de Cristo. Todo lo que hace, lo hace en su nombre. Su &quot;yo&quot; es totalmente relativo al &quot;yo&quot; de Jes&uacute;s. En nombre de Cristo, y desde luego no en su propio nombre, el ap&oacute;stol puede realizar gestos de curaci&oacute;n de los hermanos, puede ayudar a los &quot;enfermos&quot; a levantarse y volver a caminar (cf. <i>Hch<\/i> 4, 10). <\/p>\n<p align=\"left\">En el caso de Pedro, el milagro que acaba de realizar manifiesta esto de modo evidente. Y tambi&eacute;n la referencia a lo que dice el Salmo es esencial: &quot;La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular&quot; (<i>Sal<\/i> 117, 22). Jes&uacute;s fue &quot;desechado&quot;, pero el Padre lo prefiri&oacute; y lo puso como cimiento del templo de la Nueva Alianza. As&iacute;, el ap&oacute;stol, como el sacerdote, experimenta a su vez la cruz, y s&oacute;lo a trav&eacute;s de ella llega a ser verdaderamente &uacute;til para la construcci&oacute;n de la Iglesia. Dios quiere construir su Iglesia con personas que, siguiendo a Jes&uacute;s, ponen toda su confianza en Dios, como dice el mismo Salmo: &quot;Mejor es refugiarse en el Se&ntilde;or que fiarse de los hombres; mejor es refugiarse en el Se&ntilde;or que fiarse de los jefes&quot; (<i>Sal<\/i> 117, 8-9). <\/p>\n<p align=\"left\">Al disc&iacute;pulo le toca la misma suerte del Maestro, que, en &uacute;ltima instancia, es la suerte inscrita en la voluntad misma de Dios Padre. Jes&uacute;s lo confes&oacute; al final de su vida, en la gran oraci&oacute;n llamada &quot;sacerdotal&quot;: &quot;Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 25). Tambi&eacute;n lo hab&iacute;a afirmado antes: &quot;Nadie conoce al Padre sino el Hijo&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 27). Jes&uacute;s experiment&oacute; sobre s&iacute; el rechazo de Dios por parte del mundo, la incomprensi&oacute;n, la indiferencia, la desfiguraci&oacute;n del rostro de Dios. Y Jes&uacute;s pas&oacute; el &quot;testigo&quot; a los disc&iacute;pulos: &quot;Yo \u2014dice tambi&eacute;n en su oraci&oacute;n al Padre\u2014 les he dado a conocer tu nombre y se lo seguir&eacute; dando a conocer, para que el amor con que t&uacute; me has amado est&eacute; en ellos y yo en ellos&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 26). <\/p>\n<p align=\"left\">Por eso el disc&iacute;pulo, y especialmente el ap&oacute;stol, experimenta la misma alegr&iacute;a de Jes&uacute;s al conocer el nombre y el rostro del Padre; y comparte tambi&eacute;n su mismo dolor al ver que Dios no es conocido, que su amor no es correspondido. Por una parte exclamamos con alegr&iacute;a, como san Juan en su primera <i>carta<\/i>: &quot;Mirad qu&eacute; amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues &iexcl;lo somos!&quot;; y, por otra, constatamos con amargura: &quot;El mundo no nos conoce porque no lo conoci&oacute; a &eacute;l&quot; (<i>1 Jn<\/i> 3, 1). Es verdad, y nosotros, los sacerdotes, lo experimentamos: el &quot;mundo&quot; \u2014en la acepci&oacute;n que tiene este t&eacute;rmino en san Juan\u2014 no comprende al cristiano, no comprende a los ministros del Evangelio. En parte porque de hecho no conoce a Dios, y en parte porque no quiere conocerlo. El mundo no quiere conocer a Dios, para que no lo perturbe su voluntad, y por eso no quiere escuchar a sus ministros; eso podr&iacute;a ponerlo en crisis. <\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute; es necesario prestar atenci&oacute;n a una realidad de hecho: este &quot;mundo&quot;, interpretado en sentido evang&eacute;lico, asecha tambi&eacute;n a la Iglesia, contagiando a sus miembros e incluso a los ministros ordenados. Bajo la palabra &quot;mundo&quot; san Juan indica y quiere aclarar una mentalidad, una manera de pensar y de vivir que puede contaminar incluso a la Iglesia, y de hecho la contamina; por eso requiere vigilancia y purificaci&oacute;n constantes. Hasta que Dios no se manifieste plenamente, sus hijos no ser&aacute;n plenamente &quot;semejantes a &eacute;l&quot; (<i>1 Jn<\/i> 3, 2). Estamos &quot;en&quot; el mundo y corremos el riesgo de ser tambi&eacute;n &quot;del&quot; mundo, mundo en el sentido de esta mentalidad. Y, de hecho, a veces lo somos. <br \/> Por eso Jes&uacute;s, al final, no rog&oacute; por el mundo \u2014tambi&eacute;n aqu&iacute; en ese sentido\u2014, sino por sus disc&iacute;pulos, para que el Padre los protegiera del maligno y fueran libres y diferentes del mundo, aun viviendo en el mundo (cf. <i>Jn<\/i> 17, 9.15). En aquel momento, al final de la &uacute;ltima Cena, Jes&uacute;s elev&oacute; al Padre la oraci&oacute;n de consagraci&oacute;n por los Ap&oacute;stoles y por todos los sacerdotes de todos los tiempos, cuando dijo: &quot;Cons&aacute;gralos en la verdad&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 17). Y a&ntilde;adi&oacute;: &quot;Por ellos me consagro yo, para que ellos tambi&eacute;n sean consagrados en la verdad&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 19). <\/p>\n<p align=\"left\">Ya coment&eacute; estas palabras de Jes&uacute;s en la homil&iacute;a de la <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2009\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20090409_messa-crismale.html\">Misa Crismal<\/a>, el pasado Jueves santo. Hoy me remito a esa reflexi&oacute;n, haciendo referencia al evangelio del buen pastor, donde Jes&uacute;s declara: &quot;Yo doy mi vida por las ovejas&quot; (<i>Jn<\/i> 10, 15.17.18). <\/p>\n<p align=\"left\">Ser sacerdote en la Iglesia significa entrar en esta entrega de Cristo, mediante el sacramento del Orden, y entrar con todo su ser. Jes&uacute;s dio la vida por todos, pero de modo particular se consagr&oacute; por aquellos que el Padre le hab&iacute;a dado, para que fueran consagrados en la verdad, es decir, en &eacute;l, y pudieran hablar y actuar en su nombre, representarlo, prolongar sus gestos salv&iacute;ficos: partir el Pan de la vida y perdonar los pecados. As&iacute;, el buen Pastor dio su vida por todas las ovejas, pero la dio y la da de modo especial a aquellas que &eacute;l mismo, &quot;con afecto de predilecci&oacute;n&quot;, ha llamado y llama a seguirlo por el camino del servicio pastoral. <\/p>\n<p align=\"left\">Adem&aacute;s, Jes&uacute;s rog&oacute; de manera singular por Sim&oacute;n Pedro, y se sacrific&oacute; por &eacute;l, porque un d&iacute;a, a orillas del lago Tiber&iacute;ades, deb&iacute;a decirle: &quot;Apacienta mis ovejas&quot; (<i>Jn<\/i> 21, 16-17). De modo an&aacute;logo, todo sacerdote es destinatario de una oraci&oacute;n personal de Cristo, y de su mismo sacrificio, y s&oacute;lo en cuanto tal est&aacute; habilitado para colaborar con &eacute;l en el apacentamiento de la grey, que compete de modo total y exclusivo al Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute; quiero tocar un punto que me interesa de manera particular: la oraci&oacute;n y su relaci&oacute;n con el servicio. Hemos visto que ser ordenado sacerdote significa entrar de modo sacramental y existencial en la oraci&oacute;n de Cristo por los &quot;suyos&quot;. De ah&iacute; deriva para nosotros, los presb&iacute;teros, una vocaci&oacute;n particular a la oraci&oacute;n, en sentido fuertemente cristoc&eacute;ntrico: estamos llamados a &quot;permanecer&quot; en Cristo \u2014como suele repetir el evangelista san Juan (cf. <i>Jn<\/i> 1, 35-39; 15, 4-10)\u2014, y este permanecer en Cristo se realiza de modo especial en la oraci&oacute;n. Nuestro ministerio est&aacute; totalmente vinculado a este &quot;permanecer&quot; que equivale a orar, y de &eacute;l deriva su eficacia. <\/p>\n<p align=\"left\">Desde esta perspectiva debemos pensar en las diversas formas de oraci&oacute;n de un sacerdote, ante todo en la santa misa diaria. La celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica es el acto de oraci&oacute;n m&aacute;s grande y m&aacute;s elevado, y constituye el centro y la fuente de la que reciben su &quot;savia&quot; tambi&eacute;n las otras formas: la liturgia de las Horas, la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, la <i>lectio divina<\/i>, el santo rosario y la meditaci&oacute;n. Todas estas formas de oraci&oacute;n, que tienen su centro en la Eucarist&iacute;a, hacen que en la jornada del sacerdote, y en toda su vida, se realicen las palabras de Jes&uacute;s: &quot;Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las m&iacute;as me conocen a m&iacute;, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas&quot; (<i>Jn<\/i> 10, 14-15). <\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, este &quot;conocer&quot; y &quot;ser conocido&quot; en Cristo, y mediante &eacute;l en la sant&iacute;sima Trinidad, es la realidad m&aacute;s verdadera y m&aacute;s profunda de la oraci&oacute;n. El sacerdote que ora mucho, y que ora bien, se va desprendiendo progresivamente de s&iacute; mismo y se une cada vez m&aacute;s a Jes&uacute;s, buen Pastor y Servidor de los hermanos. Al igual que &eacute;l, tambi&eacute;n el sacerdote &quot;da su vida&quot; por las ovejas que le han sido encomendadas. Nadie se la quita: &eacute;l mismo la da, en uni&oacute;n con Cristo Se&ntilde;or, que tiene el poder de dar su vida y el poder de recuperarla no s&oacute;lo para s&iacute;, sino tambi&eacute;n para sus amigos, unidos a &eacute;l por el sacramento del Orden. As&iacute;, la misma vida de Cristo, Cordero y Pastor, se comunica a toda la grey mediante los ministros consagrados. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos di&aacute;conos, que el Esp&iacute;ritu Santo grabe esta divina Palabra, que he comentado brevemente, en vuestro coraz&oacute;n, para que d&eacute; frutos abundantes y duraderos. Lo pedimos por intercesi&oacute;n de los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo, as&iacute; como de san Juan Mar&iacute;a Vianney, el cura de Ars, bajo cuyo patrocinio he puesto el pr&oacute;ximo A&ntilde;o sacerdotal. Os lo obtenga la Madre del buen Pastor, Mar&iacute;a sant&iacute;sima. En todas las circunstancias de vuestra vida contempladla a ella, estrella de vuestro sacerdocio. Como a los sirvientes en las bodas de Can&aacute;, tambi&eacute;n a vosotros Mar&iacute;a os repite: &quot;Haced lo que &eacute;l os diga&quot; (<i>Jn<\/i> 2, 5). Siguiendo el ejemplo de la Virgen, sed siempre hombres de oraci&oacute;n y de servicio, para llegar a ser, en el ejercicio fiel de vuestro ministerio, sacerdotes santos seg&uacute;n el coraz&oacute;n de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JORNADA MUNDIAL DE ORACI&Oacute;N POR LAS VOCACIONES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI EN LA MISA DE ORDENACI&Oacute;N SACERDOTAL DE DIECINUEVE DI&Aacute;CONOS DE LA DI&Oacute;CESIS DE ROMA Bas&iacute;lica de San Pedro IV Domingo de Pascua, 3 de mayo de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Seg&uacute;n una hermosa tradici&oacute;n, el domingo &quot;del Buen Pastor&quot; el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-mayo-de-2009-santa-misa-con-ordenaciones-sacerdotales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab3 de mayo de 2009: Santa Misa con ordenaciones sacerdotales\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40917","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40917","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40917"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40917\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40917"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40917"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40917"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}