{"id":40923,"date":"2016-10-06T15:11:33","date_gmt":"2016-10-06T20:11:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-2009-santa-misa-crismal\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:33","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:33","slug":"9-de-abril-de-2009-santa-misa-crismal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-2009-santa-misa-crismal\/","title":{"rendered":"9 de abril de 2009: Santa Misa crismal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNE MISA CRISMAL<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Jueves Santo 9 de abril de 2009<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>&nbsp;<\/i><\/font><\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p>En el Cen&aacute;culo, la tarde antes de su pasi&oacute;n, el Se&ntilde;or or&oacute; por sus disc&iacute;pulos reunidos en torno a &Eacute;l, pero con la vista puesta al mismo tiempo en la comunidad de los disc&iacute;pulos de todos los siglos, &laquo;los que crean en m&iacute; por la palabra de ellos&raquo; (<i>Jn<\/i> 17,20). En la plegaria por los disc&iacute;pulos de todos los tiempos, &Eacute;l nos ha visto tambi&eacute;n a nosotros y ha rezado por nosotros. Escuchemos lo que pide para los Doce y para los que estamos aqu&iacute; reunidos: &laquo;Santif&iacute;calos en la verdad: tu palabra es verdad. Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; los env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que tambi&eacute;n se consagren ellos en la verdad&raquo; (17,17ss). El Se&ntilde;or pide nuestra santificaci&oacute;n, nuestra consagraci&oacute;n en la verdad. Y nos env&iacute;a para continuar su misma misi&oacute;n. Pero hay en esta s&uacute;plica una palabra que nos llama la atenci&oacute;n, que nos parece poco comprensible. Dice Jes&uacute;s: &laquo;Por ellos me consagro yo&raquo;. &iquest;Qu&eacute; quiere decir? &iquest;Acaso Jes&uacute;s no es de por s&iacute; &laquo;el Santo de Dios&raquo;, como confes&oacute; Pedro en la hora decisiva en Cafarna&uacute;n (cf. <i>Jn<\/i> 6,69)? &iquest;C&oacute;mo puede ahora consagrarse, es decir, santificarse a s&iacute; mismo? <\/p>\n<p>Para entender esto, hemos de aclarar antes de nada lo que quieren decir en la Biblia las palabras &laquo;santo&raquo; y &laquo;santificar\/consagrar&raquo;. Con el t&eacute;rmino &laquo;santo&raquo; se describe en primer lugar la naturaleza de Dios mismo, su modo de ser del todo singular, divino, que corresponde s&oacute;lo a &Eacute;l. S&oacute;lo &Eacute;l es el aut&eacute;ntico y verdadero Santo en el sentido originario. Cualquier otra santidad deriva de &Eacute;l, es participaci&oacute;n en su modo de ser. &Eacute;l es la Luz pur&iacute;sima, la Verdad y el Bien sin mancha. Por tanto, consagrar algo o alguno significa dar en propiedad a Dios algo o alguien, sacarlo del &aacute;mbito de lo que es nuestro e introducirlo en su ambiente, de modo que ya no pertenezca a lo nuestro, sino enteramente a Dios. Consagraci&oacute;n es, pues, un sacar del mundo y un entregar al Dios vivo. La cosa o la persona ya no nos pertenece, ni pertenece a s&iacute; misma, sino que est&aacute; inmersa en Dios. Un privarse as&iacute; de algo para entregarlo a Dios, lo llamamos tambi&eacute;n sacrificio: ya no ser&aacute; propiedad m&iacute;a, sino suya. En el Antiguo Testamento, la entrega de una persona a Dios, es decir, su &laquo;santificaci&oacute;n&raquo;, se identifica con la Ordenaci&oacute;n sacerdotal y, de este modo, se define tambi&eacute;n en qu&eacute; consiste el sacerdocio: es un paso de propiedad, un ser sacado del mundo y entregado a Dios. Con ello se subrayan ahora las dos direcciones que forman parte del proceso de la santificaci&oacute;n\/consagraci&oacute;n. Es un salir del contexto de la vida mundana, un &laquo;ser puestos a parte&raquo; para Dios. Pero precisamente por eso no es una segregaci&oacute;n. Ser entregados a Dios significa m&aacute;s bien ser puestos para representar a los otros. El sacerdote es sustra&iacute;do a los lazos mundanos y entregado a Dios, y precisamente as&iacute;, a partir de Dios, debe quedar disponible para los otros, para todos. Cuando Jes&uacute;s dice &laquo;Yo me consagro&raquo;, &Eacute;l se hace a la vez sacerdote y v&iacute;ctima. Por tanto, Bultmann tiene raz&oacute;n traduciendo la afirmaci&oacute;n &laquo;Yo me consagro&raquo; por &laquo;Yo me sacrifico&raquo;. &iquest;Comprendemos ahora lo que sucede cuando Jes&uacute;s dice: &laquo;Por ellos me consagro yo&raquo;? &Eacute;ste es el acto sacerdotal en el que Jes&uacute;s \u2014el hombre Jes&uacute;s, que es una cosa sola con el Hijo de Dios\u2014 se entrega al Padre por nosotros. Es la expresi&oacute;n de que &Eacute;l es al mismo tiempo sacerdote y v&iacute;ctima. Me consagro, me sacrifico: esta palabra abismal, que nos permite asomarnos a lo &iacute;ntimo del coraz&oacute;n de Jesucristo, deber&iacute;a ser una y otra vez objeto de nuestra reflexi&oacute;n. En ella se encierra todo el misterio de nuestra redenci&oacute;n. Y ella contiene tambi&eacute;n el origen del sacerdocio de la Iglesia, de nuestro sacerdocio. <\/p>\n<p>S&oacute;lo ahora podemos comprender a fondo la s&uacute;plica que el Se&ntilde;or ha presentado al Padre por los disc&iacute;pulos, por nosotros. &laquo;Cons&aacute;gralos en la verdad&raquo;: &eacute;sta es la inserci&oacute;n de los ap&oacute;stoles en el sacerdocio de Jesucristo, la instituci&oacute;n de su sacerdocio nuevo para la comunidad de los fieles de todos los tiempos. &laquo;Cons&aacute;gralos en la verdad&raquo;: &eacute;sta es la verdadera oraci&oacute;n de consagraci&oacute;n para los ap&oacute;stoles. El Se&ntilde;or pide que Dios mismo los atraiga hacia s&iacute;, al seno de su santidad. Pide que los sustraiga de s&iacute; mismos y los tome como propiedad suya, para que, desde &Eacute;l, puedan desarrollar el servicio sacerdotal para el mundo. Esta oraci&oacute;n de Jes&uacute;s aparece dos veces en forma ligeramente modificada. En ambos casos debemos escuchar con mucha atenci&oacute;n para empezar a entender, al menos vagamente, la sublime realidad que se est&aacute; operando aqu&iacute;. &laquo;Cons&aacute;gralos en la verdad&raquo;. Y Jes&uacute;s a&ntilde;ade: &laquo;Tu palabra es verdad&raquo;. Por tanto, los disc&iacute;pulos son sumidos en lo &iacute;ntimo de Dios mediante su inmersi&oacute;n en la palabra de Dios. La palabra de Dios es, por decirlo as&iacute;, el ba&ntilde;o que los purifica, el poder creador que los transforma en el ser de Dios. Y entonces, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;n las cosas en nuestra vida? &iquest;Estamos realmente impregnados por la palabra de Dios? &iquest;Es ella en verdad el alimento del que vivimos, m&aacute;s que lo que pueda ser el pan y las cosas de este mundo? &iquest;La conocemos verdaderamente? &iquest;La amamos? &iquest;Nos ocupamos interiormente de esta palabra hasta el punto de que realmente deja una impronta en nuestra vida y forma nuestro pensamiento? &iquest;O no es m&aacute;s bien nuestro pensamiento el que se amolda una y otra vez a todo lo que se dice y se hace? &iquest;Acaso no son con frecuencia las opiniones predominantes los criterios que marcan nuestros pasos? &iquest;Acaso no nos quedamos, a fin de cuentas, en la superficialidad de todo lo que frecuentemente se impone al hombre de hoy? &iquest;Nos dejamos realmente purificar en nuestro interior por la palabra de Dios? Nietzsche se ha burlado de la humildad y la obediencia como virtudes serviles, por las cuales se habr&iacute;a reprimido a los hombres. En su lugar, ha puesto el orgullo y la libertad absoluta del hombre. Ahora bien, hay caricaturas de una humildad equivocada y una falsa sumisi&oacute;n que no queremos imitar. Pero existe tambi&eacute;n la soberbia destructiva y la presunci&oacute;n, que disgregan toda comunidad y acaban en la violencia. &iquest;Sabemos aprender de Cristo la recta humildad, que corresponde a la verdad de nuestro ser, y esa obediencia que se somete a la verdad, a la voluntad de Dios? &laquo;Santif&iacute;calos en la verdad: tu palabra es verdad&raquo;: esta palabra de la incorporaci&oacute;n en el sacerdocio ilumina nuestra vida y nos llama a ser siempre nuevamente disc&iacute;pulos de esa verdad que se desvela en la palabra de Dios. <\/p>\n<p>En la interpretaci&oacute;n de esta frase podemos dar un paso m&aacute;s todav&iacute;a. &iquest;Acaso no ha dicho Cristo de s&iacute; mismo: &laquo;Yo soy la verdad&raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 14,6)? &iquest;Y acaso no es &Eacute;l mismo la Palabra viva de Dios, a la que se refieren todas las otras palabras? Cons&aacute;gralos en la verdad, quiere decir, pues, en lo m&aacute;s hondo: hazlos una sola cosa conmigo, Cristo. Suj&eacute;talos a m&iacute;. Ponlos dentro de m&iacute;. Y, en efecto, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino hay <i>un &uacute;nico<\/i> sacerdote de la Nueva Alianza, Jesucristo mismo. Por tanto, el sacerdocio de los disc&iacute;pulos s&oacute;lo puede ser participaci&oacute;n en el sacerdocio de Jes&uacute;s. As&iacute;, pues, nuestro ser sacerdotes no es m&aacute;s que un nuevo y radical modo de uni&oacute;n con Cristo. &Eacute;sta se nos ha dado sustancialmente para siempre en el Sacramento. Pero este nuevo sello del ser puede convertirse para nosotros en un juicio de condena, si nuestra vida no se desarrolla entrando en la verdad del Sacramento. A este prop&oacute;sito, las promesas que hoy renovamos dicen que nuestra voluntad ha de ser orientada as&iacute;: <i>&laquo;Domino Iesu arctius coniungi et conformari, vobismetipsis abrenuntiantes&raquo;<\/i>. Unirse a Cristo supone la renuncia. Comporta que no queremos imponer nuestro rumbo y nuestra voluntad; que no deseamos llegar a ser esto o lo otro, sino que nos abandonamos a &Eacute;l, donde sea y del modo que &Eacute;l quiera servirse de nosotros. San Pablo dec&iacute;a a este respecto: &laquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&raquo; (<i>Ga<\/i> 2,20). En el &laquo;s&iacute;&raquo; de la Ordenaci&oacute;n sacerdotal hemos hecho esta renuncia fundamental al deseo de ser aut&oacute;nomos, a la &laquo;autorrealizaci&oacute;n&raquo;. Pero hace falta cumplir d&iacute;a tras d&iacute;a este gran &laquo;s&iacute;&raquo; en los muchos peque&ntilde;os &laquo;s&iacute;&raquo; y en las peque&ntilde;as renuncias. Este &laquo;s&iacute;&raquo; de los peque&ntilde;os pasos, que en su conjunto constituyen el gran &laquo;s&iacute;&raquo;, s&oacute;lo se podr&aacute; realizar sin amargura y autocompasi&oacute;n si Cristo es verdaderamente el centro de nuestra vida. Si entramos en una verdadera familiaridad con &Eacute;l. En efecto, entonces experimentamos en medio de las renuncias, que en un primer momento pueden causar dolor, la alegr&iacute;a creciente de la amistad con &Eacute;l; todos los peque&ntilde;os, y a veces tambi&eacute;n grandes signos de su amor, que continuamente nos da. &laquo;Quien se pierde a s&iacute; mismo, se guarda&raquo;. Si nos arriesgamos a perdernos a nosotros mismos por el Se&ntilde;or, experimentamos lo verdadera que es su palabra. <\/p>\n<p>Estar inmersos en la Verdad, en Cristo, es un proceso que forma parte de la oraci&oacute;n en la que nos ejercitamos en la amistad con &Eacute;l y tambi&eacute;n aprendemos a conocerlo: en su modo de ser, pensar, actuar. Orar es un caminar en comuni&oacute;n personal con Cristo, exponiendo ante &Eacute;l nuestra vida cotidiana, nuestros logros y fracasos, nuestras dificultades y alegr&iacute;as: es un sencillo presentarnos a nosotros mismos delante de &Eacute;l. Pero para que eso no se convierta en una autocontemplaci&oacute;n, es importante aprender continuamente a orar rezando con la Iglesia. Celebrar la Eucarist&iacute;a quiere decir orar. Celebramos correctamente la Eucarist&iacute;a cuando entramos con nuestro pensamiento y nuestro ser en las palabras que la Iglesia nos propone. En ellas est&aacute; presente la oraci&oacute;n de todas las generaciones, que nos llevan consigo por el camino hacia el Se&ntilde;or. Y, como sacerdotes, en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica somos aquellos que, con su oraci&oacute;n, abren paso a la plegaria de los fieles de hoy. Si estamos unidos interiormente a las palabras de la oraci&oacute;n, si nos dejamos guiar y transformar por ellas, tambi&eacute;n los fieles tienen al alcance esas palabras. Y, entonces, todos nos hacemos realmente &laquo;un cuerpo solo y una sola alma&raquo; con Cristo. <\/p>\n<p>Estar inmersos en la verdad y, as&iacute;, en la santidad de Dios, tambi&eacute;n significa para nosotros aceptar el car&aacute;cter exigente de la verdad; contraponerse tanto en las cosas grandes como en las peque&ntilde;as a la mentira que hay en el mundo en tantas formas diferentes; aceptar la fatiga de la verdad, para que su alegr&iacute;a m&aacute;s profunda est&eacute; presente en nosotros. Cuando hablamos del ser consagrados en la verdad, tampoco hemos de olvidar que, en Jesucristo, verdad y amor son una misma cosa. Estar inmersos en &Eacute;l significa afondar en su bondad, en el amor verdadero. El amor verdadero no cuesta poco, puede ser tambi&eacute;n muy exigente. Opone resistencia al mal, para llevar el verdadero bien al hombre. Si nos hacemos uno con Cristo, aprendemos a reconocerlo precisamente en los que sufren, en los pobres, en los peque&ntilde;os de este mundo; entonces nos convertimos en personas que sirven, que reconocen a sus hermanos y hermanas, y en ellos encuentran a &Eacute;l mismo. <\/p>\n<p>&laquo;Cons&aacute;gralos en la verdad&raquo;. &Eacute;sta es la primera parte de aquel dicho de Jes&uacute;s. Pero luego a&ntilde;ade: &laquo;Y por ellos me consagro yo, para que tambi&eacute;n se consagren ellos en la verdad&raquo; (<i>Jn<\/i> 17,19), es decir, verdaderamente. Pienso que esta segunda parte tiene un propio significado espec&iacute;fico. En las religiones del mundo hay m&uacute;ltiples modos rituales de &laquo;santificaci&oacute;n&raquo;, de consagraci&oacute;n de una persona humana. Pero todos estos ritos pueden quedarse en simples formalidades. Cristo pide para los disc&iacute;pulos la verdadera santificaci&oacute;n, que transforma su ser, a ellos mismos; que no se quede en una forma ritual, sino que sea un verdadero convertirse en propiedad del mismo Dios. Tambi&eacute;n podr&iacute;amos decir: Cristo ha pedido para nosotros el Sacramento que nos toca en la profundidad de nuestro ser. Pero tambi&eacute;n ha rogado para que esta transformaci&oacute;n en nosotros, d&iacute;a tras d&iacute;a, se haga vida; para que en lo ordinario, en lo concreto de cada d&iacute;a, estemos verdaderamente inundados de &nbsp;la luz de Dios. <\/p>\n<p>La v&iacute;spera de mi Ordenaci&oacute;n sacerdotal, hace 58 a&ntilde;os, abr&iacute; la Sagrada Escritura porque todav&iacute;a quer&iacute;a recibir una palabra del Se&ntilde;or para aquel d&iacute;a y mi camino futuro de sacerdote. Mis ojos se detuvieron en este pasaje: &laquo;Santif&iacute;calos en la verdad: tu palabra es verdad&raquo;. Entonces me d&iacute; cuenta: el Se&ntilde;or est&aacute; hablando de m&iacute;, y est&aacute; habl&aacute;ndome a m&iacute;. Y lo mismo me ocurrir&aacute; ma&ntilde;ana. No somos consagrados en &uacute;ltimo t&eacute;rmino por ritos, aunque haya necesidad de ellos. El ba&ntilde;o en el que nos sumerge el&nbsp; Se&ntilde;or es &Eacute;l mismo, la Verdad en persona. La Ordenaci&oacute;n sacerdotal significa ser injertados en &Eacute;l, en la Verdad. Pertenezco de un modo nuevo a &Eacute;l y, por tanto, a los otros, &laquo;para que venga su Reino&raquo;. Queridos amigos, en esta hora de la renovaci&oacute;n de las promesas queremos pedir al Se&ntilde;or que nos haga hombres de verdad, hombres de amor, hombres de Dios. Rogu&eacute;mosle que nos atraiga cada vez m&aacute;s dentro de s&iacute;, para que nos convirtamos verdaderamente en sacerdotes de la Nueva Alianza. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> &nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNE MISA CRISMAL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro Jueves Santo 9 de abril de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En el Cen&aacute;culo, la tarde antes de su pasi&oacute;n, el Se&ntilde;or or&oacute; por sus disc&iacute;pulos reunidos en torno a &Eacute;l, pero con la vista puesta al mismo tiempo en la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-2009-santa-misa-crismal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de abril de 2009: Santa Misa crismal\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40923","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40923","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40923"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40923\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40923"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40923"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40923"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}