{"id":40924,"date":"2016-10-06T15:11:38","date_gmt":"2016-10-06T20:11:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2009-domingo-de-ramos-xxiv-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:38","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:38","slug":"5-de-abril-de-2009-domingo-de-ramos-xxiv-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2009-domingo-de-ramos-xxiv-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"5 de abril de 2009: Domingo de Ramos &#8211; XXIV Jornada Mundial de la Juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Plaza de San Pedro <br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2009_sp.html\">XXIV Jornada Mundial de la Juventud<\/a> <br \/> Domingo 5 de abril de 2009<\/i> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas, <br \/> queridos j&oacute;venes: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> Junto con una creciente muchedumbre de peregrinos, Jes&uacute;s hab&iacute;a subido a Jerusal&eacute;n para la Pascua. En la &uacute;ltima etapa del camino, cerca de Jeric&oacute;, hab&iacute;a curado al ciego Bartimeo, que lo hab&iacute;a invocado como Hijo de David y suplicado piedad. Ahora que ya pod&iacute;a ver, se hab&iacute;a sumado con gratitud al grupo de los peregrinos. Cuando a las puertas de Jerusal&eacute;n Jes&uacute;s mont&oacute; en un borrico, que simbolizaba el reinado de David, entre los peregrinos explot&oacute; espont&aacute;neamente la alegre certeza: Es &eacute;l, el Hijo de David. Y saludan a Jes&uacute;s con la aclamaci&oacute;n mesi&aacute;nica: &laquo;&iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!&raquo;; y a&ntilde;aden: &laquo;&iexcl;Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! &iexcl;Hosanna en el cielo!&raquo;, (<i>Mc<\/i> 11,9s). No sabemos c&oacute;mo se imaginaban exactamente los peregrinos entusiastas el reino de David que llega. Pero nosotros, &iquest;hemos entendido realmente el mensaje de Jes&uacute;s, Hijo de David? &iquest;Hemos entendido lo que es el Reino del que habl&oacute; al ser interrogado por Pilato? &iquest;Comprendemos lo que quiere decir que su Reino no es de este mundo? &iquest;O acaso quisi&eacute;ramos m&aacute;s bien que fuera de este mundo? <\/p>\n<p align=\"left\"> San Juan, en su Evangelio, despu&eacute;s de narrar la entrada en Jerusal&eacute;n, a&ntilde;ade una serie de dichos de Jes&uacute;s, en los que &Eacute;l explica lo esencial de este nuevo g&eacute;nero de reino. A simple vista podemos distinguir en estos textos tres im&aacute;genes diversas del reino en las que, aunque de modo diferente, se refleja el mismo misterio. Ante todo, Juan relata que, entre los peregrinos que quer&iacute;an &laquo;adorar a Dios&raquo; durante la fiesta, hab&iacute;a tambi&eacute;n algunos griegos (cf. 12,20). Fij&eacute;monos en que el verdadero objetivo de estos peregrinos era adorar a Dios. Esto concuerda perfectamente con lo que Jes&uacute;s dice en la purificaci&oacute;n del Templo: &laquo;Mi casa ser&aacute; llamada casa de oraci&oacute;n para todos los pueblos&raquo; (<i>Mc<\/i> 11,17). La verdadera meta de la peregrinaci&oacute;n ha de ser encontrar a Dios, adorarlo, y as&iacute; poner en el justo orden la relaci&oacute;n de fondo de nuestra vida. Los griegos est&aacute;n en busca de Dios, con su vida est&aacute;n en camino hacia Dios. Ahora, mediante dos Ap&oacute;stoles de lengua griega, Felipe y Andr&eacute;s, hacen llegar al Se&ntilde;or esta petici&oacute;n: &laquo;Quisi&eacute;ramos ver a Jes&uacute;s&raquo; (<i>Jn<\/i> 12,21). Son palabras mayores. Queridos amigos, por eso nos hemos reunido aqu&iacute;: Queremos ver a Jes&uacute;s. Para eso han ido a Sydney el a&ntilde;o pasado miles de j&oacute;venes. Ciertamente, habr&aacute;n puesto muchas ilusiones en esta peregrinaci&oacute;n. Pero el objetivo esencial era &eacute;ste: Queremos ver a Jes&uacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iquest;Qu&eacute; dijo, qu&eacute; hizo Jes&uacute;s en aquel momento ante esta petici&oacute;n? En el Evangelio no aparece claramente que hubiera un encuentro entre aquellos griegos y Jes&uacute;s. La vista de Jes&uacute;s va mucho m&aacute;s all&aacute;. El n&uacute;cleo de su respuesta a la solicitud de aquellas personas es: &laquo;Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto&raquo; (<i>Jn<\/i> 12,24). Y esto quiere decir: ahora no tiene importancia un coloquio m&aacute;s o menos breve con algunas personas, que despu&eacute;s vuelven a casa. Vendr&eacute; al encuentro del mundo de los griegos como grano de trigo muerto y resucitado, de manera totalmente nueva y por encima de los l&iacute;mites del momento. Por su resurrecci&oacute;n, Jes&uacute;s supera los l&iacute;mites del espacio y del tiempo. Como Resucitado, recorre la inmensidad del mundo y de la historia. S&iacute;, como Resucitado, va a los griegos y habla con ellos, se les manifiesta, de modo que ellos, los lejanos, se convierten en cercanos y, precisamente en su lengua, en su cultura, la palabra de Jes&uacute;s ir&aacute; avanzando y ser&aacute; entendida de un modo nuevo: as&iacute; viene su Reino. Por tanto, podemos reconocer dos caracter&iacute;sticas esenciales de este Reino. La primera es que este Reino pasa por la cruz. Puesto que Jes&uacute;s se entrega totalmente, como Resucitado puede pertenecer a todos y hacerse presente a todos. En la sagrada Eucarist&iacute;a recibimos el fruto del grano de trigo que muere, la multiplicaci&oacute;n de los panes que contin&uacute;a hasta el fin del mundo y en todos los tiempos. La segunda caracter&iacute;stica dice: su Reino es universal. Se cumple la antigua esperanza de Israel: esta realeza de David ya no conoce fronteras. Se extiende &laquo;de mar a mar&raquo;, como dice el profeta Zacar&iacute;as (9,10), es decir, abarca todo el mundo. Pero esto es posible s&oacute;lo porque no es la soberan&iacute;a de un poder pol&iacute;tico, sino que se basa &uacute;nicamente en la libre adhesi&oacute;n del amor; un amor que responde al amor de Jesucristo, que se ha entregado por todos. Pienso que siempre hemos de aprender de nuevo ambas cosas. Ante todo, la universalidad, la catolicidad. &Eacute;sta significa que nadie puede considerarse a s&iacute; mismo, a su cultura a su tiempo y su mundo como absoluto. Y eso requiere que todos nos acojamos rec&iacute;procamente, renunciando a algo nuestro. La universalidad incluye el misterio de la cruz, la superaci&oacute;n de s&iacute; mismos, la obediencia a la palabra de Jesucristo, que es com&uacute;n, en la com&uacute;n Iglesia. La universalidad es siempre una superaci&oacute;n de s&iacute; mismos, renunciar a algo personal. La universalidad y la cruz van juntas. S&oacute;lo as&iacute; se crea la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> La palabra sobre el grano de trigo que muere sigue formando parte de la respuesta de Jes&uacute;s a los griegos, es su respuesta. Pero, a continuaci&oacute;n, &Eacute;l formula una vez m&aacute;s la ley fundamental de la existencia humana: &laquo;El que se ama a s&iacute; mismo, se pierde, y el que se aborrece a s&iacute; mismo en este mundo, se guardar&aacute; para la vida eterna&raquo; (<i>Jn<\/i> 12,25). Es decir, quien quiere tener su vida para s&iacute;, vivir s&oacute;lo para &eacute;l mismo, tener todo en pu&ntilde;o y explotar todas sus posibilidades, &eacute;ste es precisamente quien pierde la vida. &Eacute;sta se vuelve tediosa y vac&iacute;a. Solamente en el abandono de s&iacute; mismo, en la entrega desinteresada del yo en favor del t&uacute;, en el &laquo;s&iacute;&raquo; a la vida m&aacute;s grande, la vida de Dios, nuestra vida se ensancha y engrandece. As&iacute;, este principio fundamental que el Se&ntilde;or establece es, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, simplemente id&eacute;ntico al principio del amor. En efecto, el amor significa dejarse a s&iacute; mismo, entregarse, no querer poseerse a s&iacute; mismo, sino liberarse de s&iacute;: no replegarse sobre s&iacute; mismo \u2014&iexcl;qu&eacute; ser&aacute; de m&iacute;!\u2014 sino mirar adelante, hacia el otro, hacia Dios y hacia los hombres que &Eacute;l pone a mi lado. Y este principio del amor, que define el camino del hombre, es una vez m&aacute;s id&eacute;ntico al misterio de la cruz, al misterio de muerte y resurrecci&oacute;n que encontramos en Cristo. Queridos amigos, tal vez sea relativamente f&aacute;cil aceptar esto como gran visi&oacute;n fundamental de la vida. Pero, en la realidad concreta, no se trata simplemente de reconocer un principio, sino de vivir su verdad, la verdad de la cruz y la resurrecci&oacute;n. Y por ello, una vez m&aacute;s, no basta una &uacute;nica gran decisi&oacute;n. Indudablemente, es importante, esencial, lanzarse a la gran decisi&oacute;n fundamental, al gran &laquo;s&iacute;&raquo; que el Se&ntilde;or nos pide en un determinado momento de nuestra vida. Pero el gran &laquo;s&iacute;&raquo; del momento decisivo en nuestra vida \u2014el &laquo;s&iacute;&raquo; a la verdad que el Se&ntilde;or nos pone delante\u2014 ha de ser despu&eacute;s reconquistado cotidianamente en las situaciones de todos los d&iacute;as en las que, una y otra vez, hemos de abandonar nuestro yo, ponernos a disposici&oacute;n, aun cuando en el fondo quisi&eacute;ramos m&aacute;s bien aferrarnos a nuestro yo. Tambi&eacute;n el sacrificio, la renuncia, son parte de una vida recta. Quien promete una vida sin este continuo y renovado don de s&iacute; mismo, enga&ntilde;a a la gente. Sin sacrificio, no existe una vida lograda. Si echo una mirada retrospectiva sobre mi vida personal, tengo que decir que precisamente los momentos en que he dicho &laquo;s&iacute;&raquo; a una renuncia han sido los momentos grandes e importantes de mi vida. <\/p>\n<p align=\"left\"> Finalmente, san Juan ha recogido tambi&eacute;n en su relato de los dichos del Se&ntilde;or para el &laquo;Domingo de Ramos&raquo; una forma modificada de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Huerto de los Olivos. Ante todo una afirmaci&oacute;n: &laquo;Mi alma est&aacute; agitada&raquo; (12,27). Aqu&iacute; aparece el pavor de Jes&uacute;s, ampliamente descrito por los otros tres evangelistas: su terror ante el poder de la muerte, ante todo el abismo de mal que ve, y al cual debe bajar. El Se&ntilde;or sufre nuestras angustias junto con nosotros, nos acompa&ntilde;a a trav&eacute;s de la &uacute;ltima angustia hasta la luz. En Juan, siguen despu&eacute;s dos s&uacute;plicas de Jes&uacute;s. La primera formulada s&oacute;lo de manera condicional: &laquo;&iquest;Qu&eacute; dir&eacute;? Padre, l&iacute;brame de esta hora&raquo; (12,27). Como ser humano, tambi&eacute;n Jes&uacute;s se siente impulsado a rogar que se le libre del terror de la pasi&oacute;n. Tambi&eacute;n nosotros podemos orar de este modo. Tambi&eacute;n nosotros podemos lamentarnos ante el Se&ntilde;or, como Job, presentarle todas las nuestras peticiones que surgen en nosotros frente a la injusticia en el mundo y las trabas de nuestro propio yo. Ante &Eacute;l, no hemos de refugiarnos en frases piadosas, en un mundo ficticio. Orar siempre significa luchar tambi&eacute;n con Dios y, como Jacob, podemos decirle: &laquo;no te soltar&eacute; hasta que me bendigas&raquo; (<i>Gn<\/i> 32,27). Pero luego viene la segunda petici&oacute;n de Jes&uacute;s: &laquo;Glorifica tu nombre&raquo; (<i>Jn<\/i> 12,28). En los sin&oacute;pticos, este ruego se expresa as&iacute;: &laquo;No se haga mi voluntad, sino la tuya&raquo; (<i>Lc<\/i> 22,42). Al final, la gloria de Dios, su se&ntilde;or&iacute;a, su voluntad, es siempre m&aacute;s importante y m&aacute;s verdadera que mi pensamiento y mi voluntad. Y esto es lo esencial en nuestra oraci&oacute;n y en nuestra vida: aprender este orden justo de la realidad, aceptarlo &iacute;ntimamente; confiar en Dios y creer que &Eacute;l est&aacute; haciendo lo que es justo; que su voluntad es la verdad y el amor; que mi vida se hace buena si aprendo a ajustarme a este orden. Vida, muerte y resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, son para nosotros la garant&iacute;a de que verdaderamente podemos fiarnos de Dios. De este modo se realiza su Reino. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos amigos. Al t&eacute;rmino de esta liturgia, los j&oacute;venes de Australia entregar&aacute;n la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud a sus coet&aacute;neos de Espa&ntilde;a. La Cruz est&aacute; en camino de una a otra parte del mundo, de mar a mar. Y nosotros la acompa&ntilde;amos. Avancemos con ella por su camino y as&iacute; encontraremos nuestro camino. Cuando tocamos la Cruz, m&aacute;s a&uacute;n, cuando la llevamos, tocamos el misterio de Dios, el misterio de Jesucristo: el misterio de que Dios ha tanto amado al mundo, a nosotros, que entreg&oacute; a su Hijo &uacute;nico por nosotros (cf. <i>Jn<\/i> 3,16). Toquemos el misterio maravilloso del amor de Dios, la &uacute;nica verdad realmente redentora. Pero hagamos nuestra tambi&eacute;n la ley fundamental, la norma constitutiva de nuestra vida, es decir, el hecho que sin el &laquo;s&iacute;&raquo; a la Cruz, sin caminar d&iacute;a tras d&iacute;a en comuni&oacute;n con Cristo, no se puede lograr la vida. Cuanto m&aacute;s renunciemos a algo por amor de la gran verdad y el gran amor \u2014 por amor de la verdad y el amor de Dios \u2014, tanto m&aacute;s grande y rica se hace la vida. Quien quiere guardar su vida para s&iacute; mismo, la pierde. Quien da su vida \u2014 cotidianamente, en los peque&ntilde;os gestos que forman parte de la gran decisi&oacute;n \u2014, la encuentra. Esta es la verdad exigente, pero tambi&eacute;n profundamente bella y liberadora, en la que queremos entrar paso a paso durante el camino de la Cruz por los continentes. Que el Se&ntilde;or bendiga este camino. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\"> &nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro XXIV Jornada Mundial de la Juventud Domingo 5 de abril de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, queridos j&oacute;venes: Junto con una creciente muchedumbre de peregrinos, Jes&uacute;s hab&iacute;a subido a Jerusal&eacute;n para la Pascua. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-abril-de-2009-domingo-de-ramos-xxiv-jornada-mundial-de-la-juventud\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab5 de abril de 2009: Domingo de Ramos &#8211; XXIV Jornada Mundial de la Juventud\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40924","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40924","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40924"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40924\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40924"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40924"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40924"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}