{"id":40925,"date":"2016-10-06T15:11:40","date_gmt":"2016-10-06T20:11:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-abril-de-2009-capilla-papal-en-el-iv-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:40","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:40","slug":"2-de-abril-de-2009-capilla-papal-en-el-iv-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-abril-de-2009-capilla-papal-en-el-iv-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"2 de abril de 2009: Capilla Papal en el IV aniversario de la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA CON OCASI&Oacute;N <br \/> DEL IV <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/anniversario_gpii\/documents\/index_sp.htm\">ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JUAN PABLO II<\/a><\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/> Jueves 2 de abril de 2009<\/font><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Hace cuatro a&ntilde;os, precisamente en este d&iacute;a, mi amado predecesor el siervo de Dios Juan Pablo II concluy&oacute; su peregrinaci&oacute;n en la tierra, despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de gran sufrimiento. Celebramos la santa Eucarist&iacute;a en sufragio de su alma, mientras damos gracias al Se&ntilde;or por haberlo dado a la Iglesia, durante tantos a&ntilde;os, como Pastor celoso y generoso. Nos re&uacute;ne esta tarde su recuerdo, que sigue vivo en el coraz&oacute;n de la gente, como lo demuestra tambi&eacute;n la peregrinaci&oacute;n ininterrumpida de fieles a su tumba, en la cripta vaticana. Por tanto, presido con emoci&oacute;n y alegr&iacute;a esta santa misa, a la vez que os saludo y agradezco vuestra presencia, venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, as&iacute; como a vosotros, queridos fieles que hab&eacute;is venido de diversas partes del mundo, especialmente de Polonia, con ocasi&oacute;n de este significativo aniversario. <br \/> Saludo a los polacos y, en particular, a la juventud polaca. En el cuarto aniversario de la muerte de Juan Pablo II acoged su llamamiento: &quot;No teng&aacute;is miedo de entregaros a Cristo. &Eacute;l os guiar&aacute;, os dar&aacute; la fuerza para seguirlo todos los d&iacute;as y en cada situaci&oacute;n&quot; (Tor Vergata, <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/2000\/jul-sep\/documents\/hf_jp-ii_spe_20000819_gmg-veglia.html\">Vigilia de oraci&oacute;n<\/a>, <\/i>19 de agosto de 2000: <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 25 de agosto de 2000, p. 12). Que este pensamiento del siervo de Dios os gu&iacute;e por los caminos de vuestra vida, y os conduzca a la felicidad de la ma&ntilde;ana de la Resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Saludo al cardenal vicario, al cardenal arzobispo de Cracovia, el querido cardenal Stanislaw, y a los dem&aacute;s cardenales y prelados; saludo a los sacerdotes, a los religiosos y las religiosas. Os saludo de modo especial a vosotros, queridos j&oacute;venes de Roma, que con esta celebraci&oacute;n os prepar&aacute;is para la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2009_sp.html\">Jornada mundial de la juventud<\/a>, que viviremos juntos el domingo pr&oacute;ximo, domingo de Ramos. Vuestra presencia me trae a la memoria el entusiasmo que Juan Pablo II sab&iacute;a infundir en las nuevas generaciones. Su recuerdo es un est&iacute;mulo para todos nosotros, reunidos en esta bas&iacute;lica donde en muchas ocasiones celebr&oacute; la Eucarist&iacute;a, para dejarnos iluminar e interpelar por la Palabra de Dios, que se acaba de proclamar. <\/p>\n<p align=\"left\">El pasaje evang&eacute;lico de este jueves de la quinta semana de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/lent\/2009\/index_lent2009_sp.html\">Cuaresma<\/a> propone a nuestra meditaci&oacute;n la &uacute;ltima parte del cap&iacute;tulo 8 de san Juan, que, como hemos escuchado, contiene una larga disputa sobre la identidad de Jes&uacute;s. Poco antes &eacute;l se hab&iacute;a presentado como &quot;la luz del mundo&quot; (v. 12), usando tres veces (vv. 24.28.58) la expresi&oacute;n &quot;Yo soy&quot;, que en sentido fuerte alude al nombre de Dios revelado a Mois&eacute;s (cf. <i>Ex<\/i> 3, 14). Y a&ntilde;ade: &quot;Si alguno guarda mi Palabra, no ver&aacute; la muerte jam&aacute;s&quot; (v. 51), declarando as&iacute; que hab&iacute;a sido enviado por Dios, que es su Padre, a traer a los hombres la libertad radical del pecado y de la muerte, indispensable para entrar en la vida eterna. <\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, sus palabras hieren el orgullo de sus interlocutores; tambi&eacute;n la referencia al gran patriarca Abraham se convierte en motivo de conflicto. &quot;En verdad, en verdad os digo \u2014afirma el Se&ntilde;or\u2014: antes de que Abraham existiera, Yo soy&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 58). Sin medios t&eacute;rminos, declara su preexistencia y, por tanto, su superioridad con respecto a Abraham, suscitando \u2014comprensiblemente\u2014 la reacci&oacute;n escandalizada de los jud&iacute;os. Pero Jes&uacute;s no puede callar su propia identidad; sabe que, al final, ser&aacute; el Padre mismo quien le dar&aacute; la raz&oacute;n, glorific&aacute;ndolo con la muerte y la resurrecci&oacute;n, porque, precisamente cuando sea elevado en la cruz, se revelar&aacute; como el Hijo unig&eacute;nito de Dios (cf. <i>Jn<\/i> 8, 28; Mc 15, 39). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, al meditar en esta p&aacute;gina del Evangelio de san Juan, surge de forma espont&aacute;nea la consideraci&oacute;n de que realmente es muy dif&iacute;cil dar testimonio de Cristo. Y el pensamiento se dirige al amado siervo de Dios Karol Wojtyla, Juan Pablo II, que desde joven se mostr&oacute; intr&eacute;pido y audaz defensor de Cristo: no dud&oacute; en gastar todas sus energ&iacute;as por &eacute;l con el fin de difundir por todas partes su luz; no acept&oacute; ceder a componendas cuando se trataba de proclamar y defender su Verdad; no se cans&oacute; nunca de difundir su amor. Desde el inicio de su pontificado hasta el 2 de abril de 2005, no tuvo miedo de proclamar, a todos y siempre, que s&oacute;lo Jes&uacute;s es el Salvador y el verdadero Liberador del hombre y de todo el hombre. <\/p>\n<p align=\"left\">En la primera lectura escuchamos las palabras dirigidas a Abraham: &quot;Te har&eacute; muy fecundo&quot; (<i>Gn<\/i> 17, 6). Si testimoniar la propia adhesi&oacute;n al Evangelio nunca es f&aacute;cil, ciertamente conforta la certeza de que Dios hace fecundo nuestro empe&ntilde;o, cuando es sincero y generoso. Tambi&eacute;n desde este punto de vista nos parece significativa la experiencia espiritual del siervo de Dios Juan Pablo II. Contemplando su existencia, vemos realizada en ella la promesa de fecundidad hecha por Dios a Abraham, de la que se hace eco la primera lectura, tomada del libro del <i>G&eacute;nesis<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Se podr&iacute;a decir que, especialmente en los a&ntilde;os de su largo pontificado, &eacute;l engendr&oacute; para la fe a muchos hijos e hijas. De ello sois signo visible vosotros, queridos j&oacute;venes presentes esta tarde: vosotros, j&oacute;venes de Roma, y vosotros, j&oacute;venes llegados de Sydney y de Madrid, que represent&aacute;is idealmente a las multitudes de chicos y chicas que participaron en las veintitr&eacute;s <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/index_sp.html\">Jornadas mundiales de la juventud<\/a> que se han celebrado ya en diversas partes del mundo. &iexcl;Cu&aacute;ntas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, cu&aacute;ntas j&oacute;venes familias decididas a vivir el ideal evang&eacute;lico y a tender a la santidad est&aacute;n vinculadas al testimonio y a la predicaci&oacute;n de mi venerado predecesor! &iexcl;Cu&aacute;ntos chicos y chicas se han convertido o han perseverado en su camino cristiano gracias a su oraci&oacute;n, a su &aacute;nimo, a su apoyo y a su ejemplo! <\/p>\n<p align=\"left\">Es verdad. Juan Pablo II lograba comunicar una fuerte carga de esperanza, fundada en la fe en Jesucristo, que &quot;es el mismo ayer, hoy y siempre&quot; (<i>Hb<\/i> 13, 8), como rezaba el lema del <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/jubilee_2000\/index_sp.htm\">gran jubileo del a&ntilde;o 2000<\/a>. Como padre afectuoso y atento educador, indicaba puntos de referencia seguros y firmes, indispensables para todos, de modo especial para la juventud. Y en la hora de la agon&iacute;a y de la muerte, esta nueva generaci&oacute;n quiso manifestarle que hab&iacute;a comprendido sus ense&ntilde;anzas, recogi&eacute;ndose silenciosamente en oraci&oacute;n en la plaza de San Pedro y en muchos otros lugares del mundo. Los j&oacute;venes sent&iacute;an que su muerte constitu&iacute;a una p&eacute;rdida: mor&iacute;a &quot;su&quot; Papa, al que consideraban &quot;su padre&quot; en la fe. Al mismo tiempo, advert&iacute;an que les dejaba en herencia su valor y la coherencia de su testimonio. <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No hab&iacute;a subrayado muchas veces la necesidad de una adhesi&oacute;n radical al Evangelio, exhortando a adultos y j&oacute;venes a tomar en serio esta responsabilidad educativa com&uacute;n? Como sab&eacute;is, yo tambi&eacute;n he querido retomar este anhelo suyo, hablando en diversas ocasiones de la emergencia educativa que concierne hoy a las familias, a la Iglesia, a la sociedad y especialmente a las nuevas generaciones. En la edad del crecimiento, los muchachos necesitan adultos capaces de proponerles principios y valores; sienten la necesidad de personas que sepan ense&ntilde;ar con la vida, antes que con las palabras, a gastarse por altos ideales. <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Pero de d&oacute;nde sacar la luz y la sabidur&iacute;a para llevar a cabo esta misi&oacute;n, que implica a todos en la Iglesia y en la sociedad? Ciertamente, no basta aprovechar los recursos humanos; es necesario fiarse tambi&eacute;n y en primer lugar de la ayuda divina. &quot;El Se&ntilde;or es fiel por siempre&quot;: as&iacute; hemos rezado hace poco en el Salmo responsorial, seguros de que Dios nunca abandona a quienes permanecen fieles a &eacute;l. Esto nos recuerda el tema de la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2009_sp.html\">24&ordf; Jornada mundial de la juventud<\/a>, que se celebrar&aacute; a nivel diocesano el domingo pr&oacute;ximo. Est&aacute; tomado de la primera <i> carta de san Pablo a Timoteo<\/i>: &quot;Hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo&quot; (<i>1 Tm<\/i> 4, 10). El Ap&oacute;stol habla en nombre de la comunidad cristiana, en nombre de cuantos han cre&iacute;do en Cristo y son diversos de &quot;los dem&aacute;s que no tienen esperanza&quot; (<i>1 Ts<\/i> 4, 13), precisamente porque esperan, es decir, tienen confianza en el futuro, una confianza que no se basa s&oacute;lo en ideas o previsiones humanas, sino en Dios, en el &quot;Dios vivo&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes, no se puede vivir sin esperar. La experiencia muestra que todo, incluida nuestra vida misma, corre peligro, puede derrumbarse por cualquier motivo interno o externo a nosotros, en cualquier momento. Es normal: todo lo humano, y por tanto tambi&eacute;n la esperanza, no tiene fundamento en s&iacute; mismo, sino que necesita una &quot;roca&quot; en la cual apoyarse. Por eso, san Pablo escribe que los cristianos est&aacute;n llamados a fundar la esperanza humana en el &quot;Dios vivo&quot;. S&oacute;lo en &eacute;l es segura y fiable. M&aacute;s a&uacute;n, s&oacute;lo Dios, que en Jesucristo nos ha revelado la plenitud de su amor, puede ser nuestra esperanza firme, pues en &eacute;l, nuestra esperanza, hemos sido salvados (cf. <i>Rm<\/i> 8, 24). <\/p>\n<p align=\"left\">Pero, prestad atenci&oacute;n: en momentos como este, dado el contexto cultural y social en que vivimos, podr&iacute;a ser m&aacute;s fuerte el riesgo de reducir la esperanza cristiana a una ideolog&iacute;a, a un eslogan de grupo, a un revestimiento exterior. Nada m&aacute;s contrario al mensaje de Jes&uacute;s. &Eacute;l no quiere que sus disc&iacute;pulos &quot;representen un papel&quot;, quiz&aacute;s el de la esperanza. Quiere que &quot;sean&quot; esperanza, y s&oacute;lo pueden serlo si permanecen unidos a &eacute;l. Quiere que cada uno de vosotros, queridos j&oacute;venes amigos, sea una peque&ntilde;a fuente de esperanza para su pr&oacute;jimo, y que todos juntos se&aacute;is un oasis de esperanza para la sociedad dentro de la cual est&aacute;is insertados. <\/p>\n<p align=\"left\">Ahora bien, esto es posible con una condici&oacute;n: que viv&aacute;is <i>de <\/i>&eacute;l y <i>en<\/i> &eacute;l, mediante la oraci&oacute;n y los sacramentos, como os he escrito en el <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/youth\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20090222_youth.html\">Mensaje de este a&ntilde;o<\/a>. Si las palabras de Cristo permanecen en nosotros, podemos propagar la llama del amor que &eacute;l ha encendido en la tierra; podemos enarbolar la antorcha de la fe y de la esperanza, con la que avanzamos hacia &eacute;l, mientras esperamos su vuelta gloriosa al final de los tiempos. Es la antorcha que el Papa Juan Pablo II nos ha dejado en herencia. Me la entreg&oacute; a m&iacute;, como sucesor suyo; y yo esta tarde la entrego idealmente, una vez m&aacute;s, de un modo especial a vosotros, j&oacute;venes de Roma, para que sig&aacute;is siendo centinelas de la ma&ntilde;ana, vigilantes y gozosos en esta alba del tercer milenio. Responded generosamente al llamamiento de Cristo. En particular, durante el A&ntilde;o sacerdotal que comenzar&aacute; el 19 de junio pr&oacute;ximo, si Jes&uacute;s os llama, estad prontos y dispuestos a seguirlo en el camino del sacerdocio y de la vida consagrada. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Este es el momento favorable, este es el d&iacute;a de la salvaci&oacute;n&quot;. En la aclamaci&oacute;n antes del Evangelio, la liturgia nos ha exhortado a renovar ahora \u2014y en cada instante es &quot;momento favorable&quot;\u2014 nuestra decidida voluntad de seguir a Cristo, seguros de que &eacute;l es nuestra salvaci&oacute;n. Este es, en el fondo, el mensaje que nos repite esta tarde el querido Papa Juan Pablo II. Mientras encomendamos su alma elegida a la intercesi&oacute;n maternal de la Virgen Mar&iacute;a, a la que siempre am&oacute; tiernamente, esperamos vivamente que desde el cielo no cese de acompa&ntilde;arnos y de interceder por nosotros. Que nos ayude a cada uno de nosotros a vivir repitiendo d&iacute;a tras d&iacute;a a Dios, como &eacute;l hizo, por medio de Mar&iacute;a, con plena confianza: <i> Totus tuus!<\/i> Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA CON OCASI&Oacute;N DEL IV ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro Jueves 2 de abril de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Hace cuatro a&ntilde;os, precisamente en este d&iacute;a, mi amado predecesor el siervo de Dios Juan Pablo II concluy&oacute; su peregrinaci&oacute;n en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-abril-de-2009-capilla-papal-en-el-iv-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de abril de 2009: Capilla Papal en el IV aniversario de la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40925","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40925","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40925"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40925\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40925"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40925"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40925"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}