{"id":40928,"date":"2016-10-06T15:11:44","date_gmt":"2016-10-06T20:11:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-marzo-de-2009-viaje-apostolico-a-camerun-y-angola-santa-misa-en-la-iglesia-de-san-pablo-de-luanda\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:44","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:44","slug":"21-de-marzo-de-2009-viaje-apostolico-a-camerun-y-angola-santa-misa-en-la-iglesia-de-san-pablo-de-luanda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-marzo-de-2009-viaje-apostolico-a-camerun-y-angola-santa-misa-en-la-iglesia-de-san-pablo-de-luanda\/","title":{"rendered":"21 de marzo de 2009: Viaje Apost\u00f3lico a Camer\u00fan y Angola &#8211; Santa Misa en la iglesia de San Pablo de Luanda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_camerun-angola.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO <br \/> DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br \/> A CAMER&Uacute;N Y ANGOLA<font size=\"4\"><b><i> <br \/> <\/i><\/b><\/font>(17-23 DE MARZO DE 2009)<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS OBISPOS, <br \/> SACERDOTES, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS, <br \/> MOVIMIENTOS ECLESIALES Y CATEQUISTAS <br \/> DE ANGOLA Y SANTO TOM&Eacute;<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>H<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">OMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Iglesia de San Pablo, Luanda<br \/> S&aacute;bado 21 de marzo de 2009<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas,<br \/> Queridos trabajadores de la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or<\/i><\/p>\n<p> Como hemos escuchado, los hijos de Israel se dec&iacute;an unos a otros: &laquo;Esforc&eacute;monos por conocer al Se&ntilde;or&raquo;. Con estas palabras se animaban mientras se ve&iacute;an llenos de tribulaciones. Seg&uacute;n el profeta, &eacute;stas ca&iacute;an sobre ellos porque viv&iacute;an en la ignorancia de Dios; su coraz&oacute;n ten&iacute;a poco amor. Y el &uacute;nico m&eacute;dico capaz de curarlo era el Se&ntilde;or. Es m&aacute;s, como buen m&eacute;dico, &eacute;l mismo hab&iacute;a abierto la herida para que as&iacute; se curase la llaga. Y el pueblo se decide: &laquo;Volvamos al Se&ntilde;or: &eacute;l nos desgarr&oacute;, &eacute;l nos curar&aacute;&raquo; (<i>Os<\/i> 6,1). De este modo, se han encontrado la miseria humana y la Misericordia divina, que no desea sino acoger a los desventurados.<\/p>\n<p> Lo podemos ver en el pasaje del Evangelio que se ha proclamado: &laquo;Dos hombres subieron al templo a orar&raquo;; de all&iacute;, uno &laquo;baj&oacute; a su casa justificado&raquo; y el otro no (<i>Lc<\/i> 18, 10.14). Este &uacute;ltimo present&oacute; todos sus m&eacute;ritos ante Dios, casi como convirti&eacute;ndolo en un deudor suyo. En el fondo, no sent&iacute;a la necesidad de Dios, aunque le daba gracias por haberlo hecho tan perfecto y no &laquo;como ese publicano&raquo;. Y, sin embargo, es precisamente el publicano quien bajar&aacute; a su casa justificado. Consciente de sus pecados, que le hacen agachar la cabeza, aunque, en realidad, est&aacute; totalmente dirigido hacia el Cielo, &eacute;l espera todo del Se&ntilde;or: &laquo;&iexcl;Oh Dios!, ten compasi&oacute;n de este pecador&raquo; (<i>Lc<\/i> 18,13). Llama a la puerta de la Misericordia, que se abre y lo justifica, &laquo;porque \u2013 concluye Jes&uacute;s \u2013 todo el que se enaltece ser&aacute; humillado, y el que se humilla ser&aacute; enaltecido&raquo; (<i>Lc<\/i> 18,14).<\/p>\n<p> San Pablo, patr&oacute;n de la ciudad de Luanda y de esta estupenda Iglesia, construida hace casi cincuenta a&ntilde;os, nos habla por experiencia propia de este Dios rico en Misericordia. Con el Jubileo paulino que se est&aacute; celebrando, he querido resaltar el bimilenario del nacimiento de San Pablo, con el objetivo de aprender de &eacute;l a conocer mejor a Jesucristo. &Eacute;ste es el testimonio que nos ha dejado: &laquo;Pod&eacute;is fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: Que Jes&uacute;s vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeci&oacute; de m&iacute;: para que en m&iacute;, el primero, mostrara Cristo toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creer&aacute;n en &eacute;l y tendr&aacute;n vida eterna&raquo; (<i>1 Tm<\/i> 1,15-16). Con el pasar de los siglos, el n&uacute;mero de los que han recibido la gracia no ha dejado de aumentar. T&uacute; y yo somos uno de ellos. Demos gracias a Dios porque nos ha llamado a entrar en esta muchedumbre de todos los tiempos para hacerla avanzar hacia el futuro. Imitando a los que han ido en pos de Jes&uacute;s, seguimos al mismo Cristo y as&iacute; entramos en la Luz.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, siento una gran alegr&iacute;a de encontrarme hoy entre vosotros, mis compa&ntilde;eros de jornada en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or; de ella os ocup&aacute;is cada d&iacute;a preparando el vino de la Misericordia divina y derram&aacute;ndolo sobre las heridas de vuestro pueblo tan atribulado. Mons. Gabriel Mbilingi, con las amables palabras de bienvenida que me ha dirigido, se ha hecho int&eacute;rprete de vuestras esperanzas y preocupaciones. Con el alma llena de gratitud y esperanza, os saludo a todos, hombres y mujeres dedicados a la causa de Jesucristo, a los que est&aacute;is aqu&iacute; y a los que represent&aacute;is: Obispos, presb&iacute;teros, consagrados y consagradas, seminaristas, catequistas, l&iacute;deres de los diversos Movimientos y Asociaciones de esta querida Iglesia de Dios. Deseo recordar tambi&eacute;n a las religiosas contemplativas, presencia invisible pero sumamente fecunda para nuestros pasos. Permitidme por &uacute;ltimo un saludo particular a los salesianos y a los fieles de esta parroquia de San Pablo que nos acogen en su Iglesia, cedi&eacute;ndonos sin hesitar el puesto que habitualmente les corresponde a ellos en la asamblea lit&uacute;rgica. S&eacute; que se encuentran reunidos en el campo adyacente y espero verlos y bendecirlos al final de esta Eucarist&iacute;a, pero ya desde ahora les digo: &laquo;Much&iacute;simas gracias. Que Dios suscite entre vosotros y por medio vuestro muchos ap&oacute;stoles que sigan los pasos de vuestro Patrono&raquo;.<\/p>\n<p> En la vida de Pablo, su encuentro con Jes&uacute;s cuando iba de camino hacia Damasco ha sido fundamental: Cristo se le aparece como luz deslumbrante, le habla, lo conquista. El ap&oacute;stol vio a Jes&uacute;s resucitado, es decir, al hombre en su estado perfecto. As&iacute;, pues, se produce en &eacute;l un cambio de perspectiva, pasando a verlo todo partiendo de este estado final del hombre en Jes&uacute;s: lo que antes le parec&iacute;a esencial y fundamental, ahora es para &eacute;l como &laquo;basura&raquo;; ya no es &laquo;ganancia&raquo; sino p&eacute;rdida, porque ahora lo &uacute;nico que cuenta es la vida en Cristo (cf. <i>Flp<\/i> 3,7-8). No se trata de un simple madurar del &laquo;yo&raquo; de Pablo, sino de un morir a s&iacute; mismo y de resucitar en Cristo: ha muerto en &eacute;l una forma de existencia, y una forma nueva nace en &eacute;l con Jes&uacute;s resucitado.<\/p>\n<p> Hermanos y amigos, &laquo;esforc&eacute;monos por conocer al Se&ntilde;or&raquo; resucitado. Como sab&eacute;is, Jes&uacute;s, hombre perfecto, es tambi&eacute;n nuestro Dios verdadero. En &Eacute;l Dios se hizo visible para hacernos part&iacute;cipes de su vida divina. De esta manera, se inaugura con &Eacute;l una nueva dimensi&oacute;n del ser, de la vida, en la que tambi&eacute;n la materia est&aacute; integrada, y mediante la cual surge un nuevo mundo. Pero este salto cualitativo de la historia universal que Jes&uacute;s ha realizado por nosotros y para nosotros, &iquest;c&oacute;mo llega concretamente al ser humano, impregnando su vida y arrebat&aacute;ndola hacia lo alto? Llega a cada uno de nosotros a trav&eacute;s de la fe y el bautismo. En efecto, este sacramento es muerte y resurrecci&oacute;n, transformaci&oacute;n en una nueva vida, de tal manera que la persona bautizada puede decir con Pablo: &laquo;Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m&iacute;&raquo; (<i>Ga<\/i> 2,20). Vivo, pero no soy yo. En cierta manera, se me quita mi yo, para quedar integrado en un Yo m&aacute;s grande; conservo todav&iacute;a mi yo, pero transformado y abierto a los otros mediante mi inserci&oacute;n en el Otro: en Cristo alcanzo mi nuevo espacio de vida. &iquest;Qu&eacute; es lo que ha sucedido en nosotros? Responde Pablo: que todos hab&eacute;is sido hechos uno en Cristo Jes&uacute;s (cf. <i>Ga<\/i> 3,28).<\/p>\n<p> La gestaci&oacute;n del Cuerpo de Cristo en la historia se va completando paulatinamente mediante este nuestro ser cristificados por obra y gracia del Esp&iacute;ritu de Dios. En este momento, me es grato volver con el pensamiento quinientos a&ntilde;os atr&aacute;s, o sea a los a&ntilde;os 1506 y siguientes, cuando en estas tierras, a las que entonces ven&iacute;an los portugueses, se estableci&oacute; el primer reino cristiano subsahariano, gracias a la fe y a la determinaci&oacute;n del rey Dom Alfonso I Mbemba-a-Nzinga, que rein&oacute; desde el mencionado a&ntilde;o 1506 hasta el 1543, a&ntilde;o en que muri&oacute;; el reino permaneci&oacute; oficialmente cat&oacute;lico desde el siglo XVI hasta el XVIII, con un embajador en Roma. Mirad c&oacute;mo dos etnias tan diferentes \u2013banta y lusitana\u2013 pudieron encontrar en la religi&oacute;n cristiana una plataforma de entendimiento, esforz&aacute;ndose para que ese entendimiento perdurase y las divergencias \u2013que las hubo, y graves\u2013 no separaran los dos reinos. De hecho, el bautismo hace que todos los creyentes sean uno en Cristo.<\/p>\n<p> Hoy os toca a vosotros, hermanos y hermanas, siguiendo la estela de aquellos heroicos y santos mensajeros de Dios, llevar a Cristo resucitado a vuestros compatriotas. Muchos de ellos viven temerosos de los esp&iacute;ritus, de los poderes nefastos de los que creen estar amenazados; desorientados, llegan a condenar a ni&ntilde;os de la calle y tambi&eacute;n a los m&aacute;s ancianos, porque, seg&uacute;n dicen, son brujos. &iquest;Qui&eacute;n puede ir a anunciarles que Cristo ha vencido a la muerte y a todos esos poderes oscuros? (cf. <i>Ef<\/i> 1,19-23; 6,10-12). Algunos objetan: &laquo;&iquest;Porqu&eacute; no los dejamos en paz? Ellos tienen su verdad; nosotros, la nuestra. Intentemos convivir pac&iacute;ficamente, dejando a cada uno como es, para que realice del mejor modo su autenticidad&raquo;. Pero, si nosotros estamos convencidos y tenemos la experiencia de que sin Cristo la vida es incompleta, le falta una realidad, que es la realidad fundamental, debemos tambi&eacute;n estar convencidos de que no hacemos ninguna injusticia a nadie si les mostramos a Cristo y le ofrecemos la posibilidad de encontrar tambi&eacute;n, de este modo, su verdadera autenticidad, la alegr&iacute;a de haber encontrado la vida. Es m&aacute;s, debemos hacerlo, es nuestra obligaci&oacute;n ofrecer a todos esta posibilidad de alcanzar la vida eterna.<\/p>\n<p> Muy queridos hermanos y hermanas, dig&aacute;mosles como el pueblo israelita: &laquo;Volvamos al Se&ntilde;or: &eacute;l nos desgarr&oacute;, &eacute;l nos curar&aacute;&raquo;. Ayudemos a que la miseria humana se encuentre con la Misericordia divina. El Se&ntilde;or nos hace sus amigos, se nos entrega, nos entrega su Cuerpo en la Eucarist&iacute;a, nos conf&iacute;a su Iglesia. Hemos de ser, pues, verdaderamente sus amigos, tener un mismo sentir con &Eacute;l, querer lo que &Eacute;l quiere y no querer lo que &Eacute;l no quiere. Jes&uacute;s mismo dijo: &laquo;Vosotros sois mis amigos, si hac&eacute;is lo que yo os mando&raquo; (<i>Jn<\/i> 15,14). Que &eacute;ste sea nuestro prop&oacute;sito com&uacute;n: cumplir todos juntos su voluntad: &laquo;Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creaci&oacute;n&raquo; (<i>Mc<\/i> 16,15). Como hizo san Pablo, abracemos su voluntad: &laquo;No tengo m&aacute;s remedio que predicar el Evangelio, y &iexcl;ay de m&iacute; si no anuncio el Evangelio!&raquo; (cf. <i>1 Co<\/i> 9, 16).<\/p>\n<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A CAMER&Uacute;N Y ANGOLA (17-23 DE MARZO DE 2009) CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS OBISPOS, SACERDOTES, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS, MOVIMIENTOS ECLESIALES Y CATEQUISTAS DE ANGOLA Y SANTO TOM&Eacute; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Iglesia de San Pablo, Luanda S&aacute;bado 21 de marzo de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-marzo-de-2009-viaje-apostolico-a-camerun-y-angola-santa-misa-en-la-iglesia-de-san-pablo-de-luanda\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab21 de marzo de 2009: Viaje Apost\u00f3lico a Camer\u00fan y Angola &#8211; Santa Misa en la iglesia de San Pablo de Luanda\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40928","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40928","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40928"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40928\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40928"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40928"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40928"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}