{"id":40932,"date":"2016-10-06T15:11:49","date_gmt":"2016-10-06T20:11:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2009-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:49","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:49","slug":"25-de-enero-de-2009-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2009-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/","title":{"rendered":"25 de enero de 2009: Clausura de la Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS <br \/> DE LA FIESTA DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLO<br \/> AL FINAL DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros<br \/> Domingo 25 de enero de 2009 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Es grande la alegr&iacute;a cada vez que nos encontramos ante el sepulcro del ap&oacute;stol san Pablo, en la memoria lit&uacute;rgica de su Conversi&oacute;n, para concluir la Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos. Os saludo con afecto a todos. Saludo en particular al cardenal Cordero Lanza di Montezemolo, al abad y a la comunidad de los monjes que nos acogen. Saludo tambi&eacute;n al cardenal Kasper, presidente del Consejo pontificio para la promoci&oacute;n de la unidad de los cristianos. Saludo asimismo a los se&ntilde;ores cardenales presentes, a los obispos y a los pastores de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales, reunidos aqu&iacute; esta tarde. Expreso mi agradecimiento en especial a cuantos han colaborado en la preparaci&oacute;n de los materiales para la oraci&oacute;n, viviendo personalmente el ejercicio de reflexionar y confrontarse en la escucha unos de otros y, todos juntos, de la Palabra de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">La conversi&oacute;n de san Pablo nos ofrece el modelo y nos indica el camino para ir hacia la unidad plena. En efecto, la unidad requiere una conversi&oacute;n: de la divisi&oacute;n a la comuni&oacute;n, de la unidad herida a la unidad restablecida y plena. Esta conversi&oacute;n es don de Cristo resucitado, como sucedi&oacute; en el caso de san Pablo. Lo hemos escuchado de las mismas palabras del Ap&oacute;stol en la lectura que se acaba de proclamar: &quot;Por gracia de Dios soy lo que soy&quot; (<i>1 Co<\/i> 15, 10). El mismo Se&ntilde;or que llam&oacute; a Saulo en el camino de Damasco se dirige a los miembros de su Iglesia, que es una y santa, y llamando a cada uno por su nombre pregunta: &iquest;Por qu&eacute; me has dividido? &iquest;Por qu&eacute; has desgarrado la unidad de mi cuerpo? <\/p>\n<p align=\"left\">La conversi&oacute;n implica dos dimensiones. En el primer paso se conocen y reconocen a la luz de Cristo las culpas, y este reconocimiento se transforma en dolor y arrepentimiento, en deseo de volver a empezar. En el segundo paso se reconoce que este nuevo camino no puede venir de nosotros mismos. Consiste en dejarse conquistar por Cristo. Como dice san Pablo: &quot;Me esfuerzo por correr para conquistarlo, habiendo sido yo tambi&eacute;n conquistado por Cristo Jes&uacute;s&quot; (<i>Flp<\/i> 3, 12). La conversi&oacute;n exige nuestro s&iacute;, mi &quot;correr&quot;; no es en &uacute;ltima instancia una actividad m&iacute;a, sino un don; es dejarse formar por Cristo; es muerte y resurrecci&oacute;n. Por eso san Pablo no dice: &quot;Me he convertido&quot;, sino &quot;he muerto&quot; (<i>Ga<\/i> 2, 19), soy una criatura nueva. <\/p>\n<p align=\"left\">En realidad, la conversi&oacute;n de san Pablo no fue un paso de la inmoralidad a la moralidad \u2014su moralidad era elevada\u2014, de una fe equivocada a una fe correcta \u2014su fe era verdadera, aunque incompleta\u2014, sino que fue ser conquistado por el amor de Cristo: la renuncia a la propia perfecci&oacute;n; fue la humildad de quien se pone sin reserva al servicio de Cristo en favor de los hermanos. Y s&oacute;lo en esta renuncia a nosotros mismos, en esta conformidad con Cristo podemos estar unidos tambi&eacute;n entre nosotros, podemos llegar a ser &quot;uno&quot; en Cristo. La comuni&oacute;n con Cristo resucitado es lo que nos da la unidad. <\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n podemos observar una interesante analog&iacute;a con la din&aacute;mica de la conversi&oacute;n de san Pablo meditando en el texto b&iacute;blico del profeta Ezequiel (<i>Ez<\/i> 37, 15-28) elegido este a&ntilde;o como base de nuestra oraci&oacute;n. En &eacute;l se presenta el gesto simb&oacute;lico de los dos le&ntilde;os unidos en la mano del profeta, que con este gesto representa la acci&oacute;n futura de Dios. Es la segunda parte del cap&iacute;tulo 37, que en la primera parte contiene la c&eacute;lebre visi&oacute;n de los huesos secos y de la resurrecci&oacute;n de Israel, realizada por el Esp&iacute;ritu de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo no constatar que el signo prof&eacute;tico de la reunificaci&oacute;n del pueblo de Israel se pone despu&eacute;s del gran s&iacute;mbolo de los huesos secos vivificados por el Esp&iacute;ritu? De ah&iacute; deriva un esquema teol&oacute;gico an&aacute;logo al de la conversi&oacute;n de san Pablo: en primer lugar est&aacute; el poder de Dios, que con su Esp&iacute;ritu realiza la resurrecci&oacute;n como una nueva creaci&oacute;n. Este Dios, que es el Creador y es capaz de resucitar a los muertos, tambi&eacute;n es capaz de volver a conducir a la unidad al pueblo dividido en dos. <\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo, como Ezequiel y m&aacute;s que &eacute;l, se convierte en instrumento elegido de la predicaci&oacute;n de la unidad conquistada por Jes&uacute;s mediante la cruz y la resurrecci&oacute;n: la unidad entre los jud&iacute;os y los paganos, para formar un solo pueblo nuevo. La resurrecci&oacute;n de Cristo extiende el per&iacute;metro de la unidad: no s&oacute;lo unidad de las tribus de Israel, sino tambi&eacute;n unidad entre jud&iacute;os y paganos (cf. <i>Ef<\/i> 2; <i>Jn<\/i> 10, 16); unificaci&oacute;n de la humanidad dispersa por el pecado y a&uacute;n m&aacute;s unidad de todos los creyentes en Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">La elecci&oacute;n de este pasaje del profeta Ezequiel la debemos a los hermanos de Corea, que se han sentido fuertemente interpelados por esta p&aacute;gina b&iacute;blica, como coreanos y como cristianos. En la divisi&oacute;n del pueblo jud&iacute;o en dos reinos se han visto reflejados como hijos de una &uacute;nica tierra, que las vicisitudes pol&iacute;ticas han separado, una parte al norte y otra al sur. Y esta experiencia humana les ha ayudado a comprender mejor el drama de la divisi&oacute;n entre los cristianos. <\/p>\n<p align=\"left\">Ahora, a la luz de esta Palabra de Dios que nuestros hermanos coreanos han elegido y propuesto a todos, emerge una verdad llena de esperanza: Dios promete a su pueblo una nueva unidad, que debe ser signo e instrumento de reconciliaci&oacute;n y de paz tambi&eacute;n en el plano hist&oacute;rico, para todas las naciones. La unidad que Dios da a su Iglesia, y por la cual rezamos, es naturalmente la comuni&oacute;n en sentido espiritual, en la fe y en la caridad; pero nosotros sabemos que esta unidad en Cristo es fermento de fraternidad tambi&eacute;n en el plano social, en las relaciones entre las naciones y para toda la familia humana. Es la levadura del reino de Dios que hace crecer toda la masa (cf. <i>Mt<\/i> 13, 33). <\/p>\n<p align=\"left\">En este sentido, la oraci&oacute;n que elevamos en estos d&iacute;as, refiri&eacute;ndonos a la profec&iacute;a de Ezequiel, se ha hecho tambi&eacute;n intercesi&oacute;n por las diversas situaciones de conflicto que afligen actualmente a la humanidad. Donde las palabras humanas son impotentes, porque prevalece el tr&aacute;gico estr&eacute;pito de la violencia y de las armas, la fuerza prof&eacute;tica de la Palabra de Dios act&uacute;a y nos repite que la paz es posible y que debemos ser instrumentos de reconciliaci&oacute;n y de paz. Por eso nuestra oraci&oacute;n por la unidad y por la paz exige siempre ser confirmada con gestos valientes de reconciliaci&oacute;n entre los cristianos. <\/p>\n<p align=\"left\">Pienso tambi&eacute;n en Tierra Santa: es muy importante que los fieles que viven en ella, al igual que los peregrinos que la visitan, den a todos el testimonio de que la diversidad de los ritos y de las tradiciones no deber&iacute;a constituir un obst&aacute;culo al respeto mutuo y a la caridad fraterna. En la leg&iacute;tima diversidad de las diferentes tradiciones debemos buscar la unidad en la fe, en nuestro &quot;s&iacute;&quot; fundamental a Cristo y a su &uacute;nica Iglesia. As&iacute; las diferencias ya no ser&aacute;n un obst&aacute;culo que nos separe, sino riqueza en la multiplicidad de las expresiones de la fe com&uacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Quiero concluir esta reflexi&oacute;n haciendo referencia a un acontecimiento que los de m&aacute;s edad ciertamente no olvidamos. El 25 de enero de 1959, hace exactamente 50 a&ntilde;os, el beato Papa Juan XXIII manifest&oacute; por primera vez en este lugar su voluntad de convocar &quot;un Concilio ecum&eacute;nico para la Iglesia universal&quot; (<i>AAS<\/i> li [1959], p. 68). Hizo este anuncio a los padres cardenales, en la sala Capitular del monasterio de San Pablo, despu&eacute;s de celebrar la misa solemne en la bas&iacute;lica. De aquella providencial decisi&oacute;n, sugerida a mi venerado predecesor, seg&uacute;n su firme convicci&oacute;n, por el Esp&iacute;ritu Santo, deriv&oacute; tambi&eacute;n una contribuci&oacute;n fundamental al ecumenismo, condensado en el decreto <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>. En &eacute;l, entre otras cosas, se lee: &quot;El aut&eacute;ntico ecumenismo no se da sin la conversi&oacute;n interior (cf. <i>Ef <\/i>4, 23). Porque los deseos de unidad brotan y maduran como fruto de la renovaci&oacute;n de la mente, de la negaci&oacute;n de s&iacute; mismo y de una efusi&oacute;n lib&eacute;rrima de la caridad&quot; (n. 7). <\/p>\n<p align=\"left\">La actitud de conversi&oacute;n interior en Cristo, de renovaci&oacute;n espiritual, de mayor caridad con los dem&aacute;s cristianos ha dado lugar a una nueva situaci&oacute;n en las relaciones ecum&eacute;nicas. Los frutos de los di&aacute;logos teol&oacute;gicos, con sus convergencias y con la identificaci&oacute;n m&aacute;s precisa de las divergencias que a&uacute;n siguen existiendo, impulsan a proseguir valientemente en dos direcciones: en la recepci&oacute;n de cuanto se ha logrado positivamente y en un compromiso renovado hacia el futuro. <\/p>\n<p align=\"left\">Oportunamente, el Consejo pontificio para la promoci&oacute;n de la unidad de los cristianos, al que agradezco el servicio que presta a la causa de la unidad de todos los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or, ha reflexionado recientemente sobre la recepci&oacute;n y el futuro del di&aacute;logo ecum&eacute;nico. Esta reflexi&oacute;n, que por una parte quiere valorar justamente lo que se ha conseguido, por otra pretende encontrar nuevos caminos para continuar las relaciones entre las Iglesias y comunidades eclesiales en el contexto actual. Sigue abierto ante nosotros el horizonte de la unidad plena. Se trata de una tarea ardua, pero entusiasmante, para los cristianos que quieren vivir en sinton&iacute;a con la oraci&oacute;n del Se&ntilde;or: &quot;Que todos sean uno, para que el mundo crea&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21). El concilio Vaticano II nos asegur&oacute; que &quot;el santo prop&oacute;sito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la Iglesia de Cristo, una y &uacute;nica, supera las fuerzas y las capacidades humanas&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html\">Unitatis redintegratio<\/a><\/i>, 24). <\/p>\n<p align=\"left\">Confiando en la oraci&oacute;n del Se&ntilde;or Jesucristo, y animados por los significativos pasos dados por el movimiento ecum&eacute;nico, invoquemos con fe al Esp&iacute;ritu Santo para que siga iluminando y guiando nuestro camino. Que el ap&oacute;stol san Pablo, que tanto trabaj&oacute; y sufri&oacute; por la unidad del Cuerpo m&iacute;stico de Cristo, nos impulse y nos asista desde el cielo; y que la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, Madre de la unidad de la Iglesia, nos acompa&ntilde;e y nos sostenga. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LAS SEGUNDAS V&Iacute;SPERAS DE LA FIESTA DE LA CONVERSI&Oacute;N DE SAN PABLO AL FINAL DE LA SEMANA DE ORACI&Oacute;N POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pablo extramuros Domingo 25 de enero de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Es grande la alegr&iacute;a cada vez &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-enero-de-2009-clausura-de-la-semana-de-oracion-por-la-unidad-de-los-cristianos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab25 de enero de 2009: Clausura de la Semana de oraci\u00f3n por la unidad de los cristianos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40932","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40932","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40932"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40932\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40932"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40932"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40932"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}