{"id":40934,"date":"2016-10-06T15:11:52","date_gmt":"2016-10-06T20:11:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-enero-de-2009-fiesta-del-bautismo-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:52","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:52","slug":"11-de-enero-de-2009-fiesta-del-bautismo-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-enero-de-2009-fiesta-del-bautismo-del-senor\/","title":{"rendered":"11 de enero de 2009: Fiesta del Bautismo del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FIESTA DEL BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR<br \/> SANTA MISA Y BAUTISMO DE LOS NI&Ntilde;OS <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Capilla Sixtina<br \/> Domingo 11 de enero de 2009<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras que el evangelista san Marcos menciona al inicio de su evangelio: &quot;T&uacute; eres mi Hijo amado, en ti me complazco&quot; (<i>Mc<\/i> 1, 11), nos introducen en el coraz&oacute;n de la fiesta de hoy del Bautismo del Se&ntilde;or, con la que se concluye el tiempo de Navidad. El ciclo de las solemnidades navide&ntilde;as nos permite meditar en el nacimiento de Jes&uacute;s anunciado por los &aacute;ngeles, envueltos en el esplendor luminoso de Dios. El tiempo navide&ntilde;o nos habla de la estrella que gu&iacute;a a los Magos de Oriente hasta la casa de Bel&eacute;n, y nos invita a mirar al cielo que se abre sobre el Jord&aacute;n, mientras resuena la voz de Dios. Son signos a trav&eacute;s de los cuales el Se&ntilde;or no se cansa de repetirnos: &quot;S&iacute;, estoy aqu&iacute;. Os conozco. Os amo. Hay un camino que desde m&iacute; va hasta vosotros. Hay un camino que desde vosotros sube hacia m&iacute;&quot;. El Creador, para poder dejarse ver y tocar, asumi&oacute; en Jes&uacute;s las dimensiones de un ni&ntilde;o, de un ser humano como nosotros. Al mismo tiempo, Dios, al hacerse peque&ntilde;o, hizo resplandecer la luz de su grandeza, porque, precisamente abaj&aacute;ndose hasta la impotencia inerme del amor, demuestra cu&aacute;l es la verdadera grandeza, m&aacute;s a&uacute;n, qu&eacute; quiere decir ser Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">El significado de la Navidad, y m&aacute;s en general el sentido del a&ntilde;o lit&uacute;rgico, es precisamente el de acercarnos a estos signos divinos, para reconocerlos presentes en los acontecimientos de todos los d&iacute;as, a fin de que nuestro coraz&oacute;n se abra al amor de Dios. Y si la Navidad y la Epifan&iacute;a sirven sobre todo para hacernos capaces de ver, para abrirnos los ojos y el coraz&oacute;n al misterio de un Dios que viene a estar con nosotros, la fiesta del Bautismo de Jes&uacute;s nos introduce, podr&iacute;amos decir, en la cotidianidad de una relaci&oacute;n personal con &eacute;l. En efecto, Jes&uacute;s se ha unido a nosotros, mediante la inmersi&oacute;n en las aguas del Jord&aacute;n. El Bautismo es, por decirlo as&iacute;, el puente que Jes&uacute;s ha construido entre &eacute;l y nosotros, el camino por el que se hace accesible a nosotros; es el arco iris divino sobre nuestra vida, la promesa del gran s&iacute; de Dios, la puerta de la esperanza y, al mismo tiempo, la se&ntilde;al que nos indica el camino por recorrer de modo activo y gozoso para encontrarlo y sentirnos amados por &eacute;l. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, estoy verdaderamente feliz porque tambi&eacute;n este a&ntilde;o, en este d&iacute;a de fiesta, tengo la oportunidad de bautizar a algunos ni&ntilde;os. Sobre ellos se posa hoy la &quot;complacencia&quot; de Dios. Desde que el Hijo unig&eacute;nito del Padre se hizo bautizar, el cielo realmente se abri&oacute; y sigue abri&eacute;ndose, y podemos encomendar toda nueva vida que nace en manos de Aquel que es m&aacute;s poderoso que los poderes ocultos del mal. En efecto, esto es lo que implica el Bautismo: restituimos a Dios lo que de &eacute;l ha venido. El ni&ntilde;o no es propiedad de los padres, sino que el Creador lo conf&iacute;a a su responsabilidad, libremente y de modo siempre nuevo, para que ellos le ayuden a ser un hijo libre de Dios. S&oacute;lo si los padres maduran esta certeza lograr&aacute;n encontrar el equilibrio justo entre la pretensi&oacute;n de poder disponer de sus hijos como si fueran una posesi&oacute;n privada, plasm&aacute;ndolos seg&uacute;n sus propias ideas y deseos, y la actitud libertaria que se expresa dej&aacute;ndolos crecer con plena autonom&iacute;a, satisfaciendo todos sus deseos y aspiraciones, considerando esto un modo justo de cultivar su personalidad. <\/p>\n<p align=\"left\">Si con este sacramento el reci&eacute;n bautizado se convierte en hijo adoptivo de Dios, objeto de su amor infinito que lo tutela y defiende de las fuerzas oscuras del maligno, es preciso ense&ntilde;arle a reconocer a Dios como su Padre y a relacionarse con &eacute;l con actitud de hijo. Por tanto, seg&uacute;n la tradici&oacute;n cristiana, tal como hacemos hoy, cuando se bautiza a los ni&ntilde;os introduci&eacute;ndolos en la luz de Dios y de sus ense&ntilde;anzas, no se los fuerza, sino que se les da la riqueza de la vida divina en la que reside la verdadera libertad, que es propia de los hijos de Dios; una libertad que deber&aacute; educarse y formarse con la maduraci&oacute;n de los a&ntilde;os, para que llegue a ser capaz de opciones personales responsables. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos padres, queridos padrinos y madrinas, os saludo a todos con afecto y me uno a vuestra alegr&iacute;a por estos ni&ntilde;os que hoy renacen a la vida eterna. Sed conscientes del don recibido y no ces&eacute;is de dar gracias al Se&ntilde;or que, con el sacramento que hoy reciben, introduce a vuestros hijos en una nueva familia, m&aacute;s grande y estable, m&aacute;s abierta y numerosa que la vuestra: me refiero a la familia de los creyentes, a la Iglesia, una familia que tiene a Dios por Padre y en la que todos se reconocen hermanos en Jesucristo. As&iacute; pues, hoy vosotros encomend&aacute;is a vuestros hijos a la bondad de Dios, que es fuerza de luz y de amor; y ellos, aun en medio de las dificultades de la vida, no se sentir&aacute;n jam&aacute;s abandonados si permanecen unidos a &eacute;l. Por tanto, preocupaos por educarlos en la fe, por ense&ntilde;arles a rezar y a crecer como hac&iacute;a Jes&uacute;s, y con su ayuda, &quot;en sabidur&iacute;a, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 52). <\/p>\n<p align=\"left\">Volviendo ahora al pasaje evang&eacute;lico, tratemos de comprender a&uacute;n m&aacute;s lo que sucede hoy aqu&iacute;. San Marcos narra que, mientras Juan Bautista predica a orillas del r&iacute;o Jord&aacute;n, proclamando la urgencia de la conversi&oacute;n con vistas a la venida ya pr&oacute;xima del Mes&iacute;as, he aqu&iacute; que Jes&uacute;s, mezclado entre la gente, se presenta para ser bautizado. Ciertamente, el bautismo de Juan es un bautismo de penitencia, muy distinto del sacramento que instituir&aacute; Jes&uacute;s. Sin embargo, en aquel momento ya se vislumbra la misi&oacute;n del Redentor, puesto que, cuando sale del agua, resuena una voz desde cielo y baja sobre &eacute;l el Esp&iacute;ritu Santo (cf. <i> Mc<\/i> 1, 10): el Padre celestial lo proclama como su hijo predilecto y testimonia p&uacute;blicamente su misi&oacute;n salv&iacute;fica universal, que se cumplir&aacute; plenamente con su muerte en la cruz y su resurrecci&oacute;n. S&oacute;lo entonces, con el sacrificio pascual, el perd&oacute;n de los pecados ser&aacute; universal y total. Con el Bautismo, no nos sumergimos simplemente en las aguas del Jord&aacute;n para proclamar nuestro compromiso de conversi&oacute;n, sino que se efunde en nosotros la sangre redentora de Cristo, que nos purifica y nos salva. Es el Hijo amado del Padre, en el que &eacute;l se complace, quien adquiere de nuevo para nosotros la dignidad y la alegr&iacute;a de llamarnos y ser realmente &quot;hijos&quot; de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Dentro de poco reviviremos este misterio evocado por la solemnidad que hoy celebramos; los signos y s&iacute;mbolos del sacramento del Bautismo nos ayudar&aacute;n a comprender lo que el Se&ntilde;or realiza en el coraz&oacute;n de estos ni&ntilde;os, haci&eacute;ndolos &quot;suyos&quot; para siempre, morada elegida de su Esp&iacute;ritu y &quot;piedras vivas&quot; para la construcci&oacute;n del edificio espiritual que es la Iglesia. La Virgen Mar&iacute;a, Madre de Jes&uacute;s, el Hijo amado de Dios, vele sobre ellos y sobre sus familias y los acompa&ntilde;e siempre, para que puedan realizar plenamente el proyecto de salvaci&oacute;n que, con el Bautismo, se realiza en su vida. Y nosotros, queridos hermanos y hermanas, acompa&ntilde;&eacute;moslos con nuestra oraci&oacute;n; oremos por los padres, los padrinos y las madrinas y por sus parientes, para que les ayuden a crecer en la fe; oremos por todos nosotros aqu&iacute; presentes para que, participando devotamente en esta celebraci&oacute;n, renovemos las promesas de nuestro Bautismo y demos gracias al Se&ntilde;or por su constante asistencia. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FIESTA DEL BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR SANTA MISA Y BAUTISMO DE LOS NI&Ntilde;OS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Capilla Sixtina Domingo 11 de enero de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Las palabras que el evangelista san Marcos menciona al inicio de su evangelio: &quot;T&uacute; eres mi Hijo amado, en ti me complazco&quot; (Mc 1, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-enero-de-2009-fiesta-del-bautismo-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab11 de enero de 2009: Fiesta del Bautismo del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40934","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40934","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40934"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40934\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40934"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40934"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40934"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}