{"id":40935,"date":"2016-10-06T15:11:54","date_gmt":"2016-10-06T20:11:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2009-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T15:11:54","modified_gmt":"2016-10-06T20:11:54","slug":"6-de-enero-de-2009-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2009-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2009: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Pedro <br \/> Martes 6 de enero de 2009<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">La Epifan&iacute;a, la &quot;manifestaci&oacute;n&quot; de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, es un misterio multiforme. La tradici&oacute;n latina lo identifica con la visita de los Magos al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s en Bel&eacute;n y, por tanto, lo interpreta sobre todo como revelaci&oacute;n del Mes&iacute;as de Israel a los pueblos paganos. En cambio, la tradici&oacute;n oriental privilegia el momento del bautismo de Jes&uacute;s en el r&iacute;o Jord&aacute;n, cuando se manifest&oacute; como Hijo unig&eacute;nito del Padre celestial, consagrado por el Esp&iacute;ritu Santo. Pero el evangelio de san Juan invita a considerar &quot;epifan&iacute;a&quot; tambi&eacute;n las bodas de Can&aacute;, donde Jes&uacute;s, transformando el agua en vino, &quot;manifest&oacute; su gloria y creyeron en &eacute;l sus disc&iacute;pulos&quot; (<i>Jn<\/i> 2, 11). <\/p>\n<p align=\"left\">Y &iquest;qu&eacute; deber&iacute;amos decir nosotros, queridos hermanos, especialmente los sacerdotes de la nueva Alianza, que cada d&iacute;a somos testigos y ministros de la &quot;epifan&iacute;a&quot; de Jesucristo en la santa Eucarist&iacute;a? La Iglesia celebra todos los misterios del Se&ntilde;or en este sant&iacute;simo y humild&iacute;simo sacramento, en el que &eacute;l revela y al mismo tiempo oculta su gloria. &quot;<i>Adoro te devote, latens Deitas<\/i>&quot;. As&iacute;, adorando, oramos con santo Tom&aacute;s de Aquino. <\/p>\n<p align=\"left\">En este a&ntilde;o 2009, que, en el IV centenario de las primeras observaciones de Galileo Galilei con el telescopio, est&aacute; dedicado de modo especial a la astronom&iacute;a, no podemos menos de prestar atenci&oacute;n particular al s&iacute;mbolo de la estrella, tan importante en el relato evang&eacute;lico de los Magos (cf.<i> Mt<\/i> 2, 1-12). Muy probablemente eran astr&oacute;nomos. Desde su punto de observaci&oacute;n, situado al oriente con respecto a Palestina, tal vez en Mesopotamia, hab&iacute;an notado la aparici&oacute;n de un nuevo astro y hab&iacute;an interpretado este fen&oacute;meno celestial como anuncio del nacimiento de un rey, precisamente, seg&uacute;n las Sagradas Escrituras, del rey de los jud&iacute;os (cf.<i> Nm<\/i> 24, 17) . <\/p>\n<p align=\"left\">En este singular episodio, narrado por san Mateo, los Padres de la Iglesia vieron tambi&eacute;n una especie de &quot;revoluci&oacute;n&quot; cosmol&oacute;gica, causada por el ingreso del Hijo de Dios en el mundo. Por ejemplo, san Juan Cris&oacute;stomo escribe: &quot;Cuando la estrella se situ&oacute; sobre el Ni&ntilde;o, se detuvo; y s&oacute;lo una potencia que los astros no tienen pod&iacute;a hacer esto, es decir, primero ocultarse, luego aparecer de nuevo y, por &uacute;ltimo, detenerse&quot; (<i>Homil&iacute;as sobre el evangelio de san Mateo<\/i>, 7, 3). San<\/p>\n<p align=\"left\">Gregorio Nacianceno afirma que el nacimiento de Cristo imprimi&oacute; nuevas &oacute;rbitas a los astros (cf. <i>Poemas dogm&aacute;ticos<\/i>, v, 53-64: <i>PG<\/i> 37, 428-429). Eso claramente se ha de entender en sentido simb&oacute;lico y teol&oacute;gico. En efecto, mientras la teolog&iacute;a pagana divinizaba los elementos y las fuerzas del cosmos, la fe cristiana, llevando a cumplimiento la revelaci&oacute;n b&iacute;blica, contempla a un &uacute;nico Dios, Creador y Se&ntilde;or de todo el universo. <\/p>\n<p align=\"left\">El amor divino, encarnado en Cristo, es la ley fundamental y universal de la creaci&oacute;n. Esto, en cambio, no se entiende en sentido po&eacute;tico, sino real. Por lo dem&aacute;s, as&iacute; lo entend&iacute;a Dante, cuando, en el verso sublime que concluye el Para&iacute;so y toda la Divina Comedia, define a Dios &quot;el amor que mueve el sol y las dem&aacute;s estrellas&quot; (<i>Para&iacute;so<\/i>, XXIII, 145). Esto significa que las estrellas, los planetas y todo el universo no est&aacute;n gobernados por una fuerza ciega, no obedecen &uacute;nicamente a las din&aacute;micas de la materia. <\/p>\n<p align=\"left\">Por consiguiente, no son los elementos c&oacute;smicos los que se han de divinizar, sino, al contrario, en todo y por encima de todo hay una voluntad personal, el Esp&iacute;ritu de Dios, que en Cristo se revel&oacute; como Amor (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>, 5). Si es as&iacute;, entonces los hombres, como escribe san Pablo a los Colosenses, no son esclavos de los &quot;elementos del cosmos&quot; (cf. <i>Col<\/i> 2, 8), sino que son libres, es decir, capaces de relacionarse con la libertad creadora de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Dios est&aacute; en el origen de todo y lo gobierna todo, no a la manera de un motor fr&iacute;o y an&oacute;nimo, sino como Padre, Esposo, Amigo, Hermano, como <i>Logos<\/i>, &quot;Palabra-Raz&oacute;n&quot;, que se uni&oacute; a nuestra carne mortal una vez para siempre y comparti&oacute; plenamente nuestra condici&oacute;n, manifestando el sobreabundante poder de su gracia. <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; pues, en el cristianismo hay una concepci&oacute;n cosmol&oacute;gica peculiar, que encontr&oacute; elevad&iacute;simas expresiones en la filosof&iacute;a y en la teolog&iacute;a medievales. Tambi&eacute;n en nuestra &eacute;poca da signos interesantes de un nuevo florecimiento, gracias a la pasi&oacute;n y a la fe de numerosos cient&iacute;ficos, los cuales, siguiendo las huellas de Galileo, no renuncian ni a la raz&oacute;n ni a la fe, m&aacute;s a&uacute;n, valoran ambas a fondo, en su rec&iacute;proca fecundidad. <\/p>\n<p align=\"left\">El pensamiento cristiano compara el cosmos con un &quot;libro&quot; \u2014as&iacute; dec&iacute;a tambi&eacute;n Galileo\u2014 consider&aacute;ndolo como la obra de un Autor que se expresa mediante la &quot;sinfon&iacute;a&quot; de la creaci&oacute;n. Dentro de esta sinfon&iacute;a se encuentra, en cierto momento, lo que en lenguaje musical se llamar&iacute;a un &quot;solo&quot;, un tema encomendado a un solo instrumento o a una sola voz, y es tan importante que de &eacute;l depende el significado de toda la &oacute;pera. Este &quot;solo&quot; es Jes&uacute;s, al que precisamente corresponde un signo regio: la aparici&oacute;n de una nueva estrella en el firmamento. <\/p>\n<p align=\"left\">Los escritores cristianos antiguos comparan a Jes&uacute;s con un nuevo sol. Seg&uacute;n los conocimientos astrof&iacute;sicos actuales, lo deber&iacute;amos comparar con una estrella a&uacute;n m&aacute;s central, no s&oacute;lo para el sistema solar, sino incluso para todo el universo conocido. En este misterioso designio, al mismo tiempo f&iacute;sico y metaf&iacute;sico, que llev&oacute; a la aparici&oacute;n del ser humano como coronaci&oacute;n de los elementos de la creaci&oacute;n, vino al mundo Jes&uacute;s, &quot;nacido de mujer&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4), como escribe san Pablo. El Hijo del hombre resume en s&iacute; la tierra y el cielo, la creaci&oacute;n y el Creador, la carne y el Esp&iacute;ritu. Es el centro del cosmos y de la historia, porque en &eacute;l se unen sin confundirse el Autor y su obra. <\/p>\n<p align=\"left\">En el Jes&uacute;s terreno se encuentra el culmen de la creaci&oacute;n y de la historia, pero en el Cristo resucitado se va m&aacute;s all&aacute;: el paso, a trav&eacute;s de la muerte, a la vida eterna anticipa el punto de la &quot;recapitulaci&oacute;n&quot; de todo en Cristo (cf. <i> Ef<\/i> 1, 10). En efecto, &quot;todo fue creado por &eacute;l y para &eacute;l&quot;, escribe el Ap&oacute;stol (<i>Col<\/i> 1, 16). Y, precisamente con la resurrecci&oacute;n de entre los muertos, &eacute;l obtuvo &quot;el primado sobre todas las cosas&quot; (<i>Col<\/i> 1, 18). Lo afirma Jes&uacute;s mismo al aparecerse a los disc&iacute;pulos despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n: &quot;Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 18). <\/p>\n<p align=\"left\">Esta conciencia sostiene el camino de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, a lo largo de las sendas de la historia. No hay sombra, por m&aacute;s densa que sea, que pueda oscurecer la luz de Cristo. Por eso, los que creen en Cristo mantienen siempre la esperanza, tambi&eacute;n hoy, ante la gran crisis social y econ&oacute;mica que aflige a la humanidad; ante el odio y la violencia destructora que no dejan de ensangrentar a muchas regiones de la tierra; ante el ego&iacute;smo y la pretensi&oacute;n del hombre de erigirse como dios de s&iacute; mismo, que a veces lleva a peligrosas alteraciones del plan divino sobre la vida y la dignidad del ser humano, sobre la familia y la armon&iacute;a de la creaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Como advert&iacute; ya en la citada enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\">Spe salvi<\/a><\/i>, nuestro esfuerzo por liberar la vida humana y el mundo de los envenenamientos y de las contaminaciones que podr&iacute;an destruir el presente y el futuro, conserva su valor y su sentido aunque aparentemente no tengamos &eacute;xito o parezcamos impotentes ante el empuje de fuerzas hostiles, porque &quot;lo que nos da &aacute;nimos y orienta nuestra actividad, tanto en los momentos buenos como en los malos, es la gran esperanza fundada en las promesas de Dios&quot; (n. 35). <\/p>\n<p align=\"left\">El se&ntilde;or&iacute;o universal de Cristo se ejerce de modo especial sobre la Iglesia. &quot;Bajo sus pies \u2014se lee en la <i>carta a los Efesios<\/i>\u2014 (Dios) someti&oacute; todas las cosas y lo constituy&oacute; Cabeza suprema de la Iglesia, que es su Cuerpo, la plenitud del que lo llena todo en todo&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 22-23). La Epifan&iacute;a es la manifestaci&oacute;n del Se&ntilde;or y, como reflejo, es la manifestaci&oacute;n de la Iglesia, porque el Cuerpo no se puede separar de la Cabeza. <\/p>\n<p align=\"left\">La primera lectura de la liturgia de hoy, tomada del llamado &quot;tercer Isa&iacute;as&quot;, nos ofrece la perspectiva precisa para comprender la realidad de la Iglesia, como misterio de luz refleja: &quot;Lev&aacute;ntate, brilla, \u2014dice el profeta dirigi&eacute;ndose a Jerusal&eacute;n\u2014 porque llega tu luz; la gloria del Se&ntilde;or amanece sobre ti&quot; (<i>Is<\/i> 60, 1). La Iglesia es humanidad iluminada, &quot;bautizada&quot; en la gloria de Dios, es decir, en su amor, en su belleza, en su se&ntilde;or&iacute;o. <\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia sabe que su humanidad, con sus l&iacute;mites y sus miserias, pone m&aacute;s de relieve la obra del Esp&iacute;ritu Santo. Ella no puede jactarse de nada, excepto en su Se&ntilde;or: no proviene de ella la luz, no es suya la gloria. Pero su alegr&iacute;a, que nadie le podr&aacute; arrebatar, es precisamente ser &quot;signo e instrumento&quot; de Aquel que es &quot;<i>lumen gentium<\/i>&quot;, luz de los pueblos (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 1). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, en este a&ntilde;o paulino, la fiesta de la Epifan&iacute;a invita a la Iglesia, y en ella a cada comunidad y a cada fiel, a imitar, como hizo el Ap&oacute;stol de los gentiles, el servicio que la estrella prest&oacute; a los Magos de Oriente gui&aacute;ndolos hasta Jes&uacute;s (cf. san Le&oacute;n Magno, <i>Discurso 3 en la Epifan&iacute;a<\/i>, 5: <i>PL<\/i> 54, 244)<i>.<\/i> &iquest;Qu&eacute; fue la vida de san Pablo, despu&eacute;s de su conversi&oacute;n, sino una &quot;carrera&quot; para llevar a los pueblos la luz de Cristo y, viceversa, llevar a los pueblos a Cristo? La gracia de Dios convirti&oacute; a san Pablo en una &quot;estrella&quot; para los gentiles. Su ministerio es ejemplo y est&iacute;mulo para la Iglesia a redescubrir que es esencialmente misionera y a renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, especialmente a quienes a&uacute;n no lo conocen. <\/p>\n<p align=\"left\">Pero, al mirar a san Pablo, no podemos olvidar que toda su predicaci&oacute;n se alimentaba de las Sagradas Escrituras. Por eso, en la perspectiva de la reciente Asamblea del S&iacute;nodo de los obispos, es preciso reafirmar con fuerza que la Iglesia y cada uno de los cristianos s&oacute;lo pueden ser luz, que gu&iacute;a a Cristo, si se alimentan asidua e &iacute;ntimamente de la Palabra de Dios. La Palabra, y ciertamente no nosotros, es la que ilumina, purifica y convierte. Nosotros somos servidores de la Palabra de vida. San Pablo se conceb&iacute;a a s&iacute; mismo y su ministerio como un servicio al Evangelio. &quot;Todo lo hago por el Evangelio&quot;, escribe (<i>1 Co<\/i> 9, 23). Lo mismo deber&iacute;a poder decir tambi&eacute;n la Iglesia, cada comunidad eclesial, cada obispo y cada presb&iacute;tero: todo lo hago por el Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, orad por nosotros, los pastores de la Iglesia, a fin de que, asimilando diariamente la Palabra de Dios, podamos transmitirla con fidelidad a los hermanos. Pero tambi&eacute;n nosotros oramos por todos vosotros, los fieles, porque cada cristiano, por el Bautismo y la Confirmaci&oacute;n, est&aacute; llamado a anunciar a Cristo, luz del mundo, con la palabra y el testimonio de su vida. <\/p>\n<p align=\"left\">Que la Virgen Mar&iacute;a, Estrella de la evangelizaci&oacute;n, nos ayude a llevar a cabo juntos esta misi&oacute;n; e interceda por nosotros desde el cielo san Pablo, Ap&oacute;stol de los gentiles. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2009 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Pedro Martes 6 de enero de 2009 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: La Epifan&iacute;a, la &quot;manifestaci&oacute;n&quot; de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, es un misterio multiforme. 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