{"id":40937,"date":"2016-10-06T15:14:19","date_gmt":"2016-10-06T20:14:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2010-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum\/"},"modified":"2016-10-06T15:14:19","modified_gmt":"2016-10-06T20:14:19","slug":"31-de-diciembre-de-2010-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2010-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2010: V\u00edsperas de la solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios y Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20101231_tedeum.pdf\">V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, <br \/>Y CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; <\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/>Viernes 31 de diciembre de 2010<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\">(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/vesprietedeum31122010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\"><font color=\"#663300\">V&iacute;deo<\/font><\/a>)<br \/> <\/font><\/b><\/font><i><font color=\"#663300\" size=\"2\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20101231\/index.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Al finalizar el a&ntilde;o, nos encontramos esta tarde en la bas&iacute;lica vaticana para celebrar las primeras v&iacute;speras de la solemnidad de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima Madre de Dios y elevar un himno de acci&oacute;n de gracias al Se&ntilde;or por las innumerables gracias que nos ha dado, pero adem&aacute;s y sobre todo por la Gracia en persona, es decir, por el Don viviente y personal del Padre, que es su Hijo predilecto, nuestro Se&ntilde;or Jesucristo. Precisamente esta gratitud por los dones recibidos de Dios en el tiempo que se nos ha concedido vivir nos ayuda a descubrir un gran valor inscrito en el tiempo: marcado en sus ritmos anuales, mensuales, semanales y diarios, est&aacute; habitado por el amor de Dios, por sus dones de gracia; es tiempo de salvaci&oacute;n. S&iacute;, el Dios eterno entr&oacute; y permanece en el tiempo del hombre. Entr&oacute; en &eacute;l y permanece en &eacute;l con la persona de Jes&uacute;s, el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo. Es lo que nos ha recordado el ap&oacute;stol san Pablo en la lectura breve que acabamos de proclamar: &laquo;Cuando lleg&oacute; la plenitud de los tiempos, Dios envi&oacute; a su Hijo&#8230; para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&raquo; (<i>Ga<\/i> 4, 4-5).<\/p>\n<p>Por tanto, el Eterno entra en el tiempo y lo renueva de ra&iacute;z, liberando al hombre del pecado y haci&eacute;ndolo hijo de Dios. Ya &laquo;al principio&raquo;, o sea, con la creaci&oacute;n del mundo y del hombre en el mundo, la eternidad de Dios hizo surgir el tiempo, en el que transcurre la historia humana, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Ahora, con la venida de Cristo y con su redenci&oacute;n, estamos &laquo;en la plenitud&raquo; del tiempo. Como pone de relieve san Pablo, con Jes&uacute;s el tiempo llega a su plenitud, a su cumplimiento, adquiriendo el significado de salvaci&oacute;n y de gracia por el que fue querido por Dios antes de la creaci&oacute;n del mundo. La Navidad nos remite a esta &laquo;plenitud&raquo; del tiempo, es decir, a la salvaci&oacute;n renovadora tra&iacute;da por Jes&uacute;s a todos los hombres. Nos la recuerda y, misteriosa pero realmente, nos la da siempre de nuevo. Nuestro tiempo humano est&aacute; lleno de males, de sufrimientos, de dramas de todo tipo \u2014desde los provocados por la maldad de los hombres hasta los derivados de las cat&aacute;strofes naturales\u2014, pero encierra ya, y de forma definitiva e imborrable, la novedad gozosa y liberadora de Cristo salvador. Precisamente en el Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n podemos contemplar de modo particularmente luminoso y elocuente el encuentro de la eternidad con el tiempo, como suele expresar la liturgia de la Iglesia. La Navidad nos hace volver a encontrar a Dios en la carne humilde y d&eacute;bil de un ni&ntilde;o. &iquest;No hay aqu&iacute; una invitaci&oacute;n a reencontrar la presencia de Dios y de su amor que da la salvaci&oacute;n tambi&eacute;n en las horas breves y fatigosas de nuestra vida cotidiana? &iquest;No es una invitaci&oacute;n a descubrir que nuestro tiempo humano \u2014tambi&eacute;n en los momentos dif&iacute;ciles y duros\u2014 est&aacute; enriquecido incesantemente por las gracias del Se&ntilde;or, es m&aacute;s, por la Gracia que es el Se&ntilde;or mismo?<\/p>\n<p>Al final de este a&ntilde;o 2010, antes de entregar sus d&iacute;as y horas a Dios y a su juicio justo y misericordioso, siento muy viva en el coraz&oacute;n la necesidad de elevar nuestro &laquo;gracias&raquo; a &eacute;l y a su amor por nosotros. En este clima de agradecimiento, deseo dirigir un saludo particular al cardenal vicario, a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a las personas consagradas, as&iacute; como a los numerosos fieles laicos aqu&iacute; reunidos. Saludo al se&ntilde;or alcalde y a las autoridades presentes. Un recuerdo especial va a cuantos atraviesan dificultades y pasan estos d&iacute;as de fiesta entre problemas y sufrimientos. A todos y a cada uno aseguro mi pensamiento afectuoso, que acompa&ntilde;o con la oraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, nuestra Iglesia de Roma est&aacute; comprometida en ayudar a todos los bautizados a vivir fielmente la vocaci&oacute;n que han recibido y a dar testimonio de la belleza de la fe. Para poder ser aut&eacute;nticos disc&iacute;pulos de Cristo, una ayuda esencial nos viene de la meditaci&oacute;n diaria de la Palabra de Dios que, como escrib&iacute; en la reciente exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html\">Verbum Domini<\/a>, <\/i>&laquo;est&aacute; en la base de toda aut&eacute;ntica espiritualidad cristiana&raquo; (<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html#86\">n. 86<\/a>). Por esto deseo animar a todos a cultivar una intensa relaci&oacute;n con ella, en particular a trav&eacute;s de la <i>lectio divina, <\/i>para tener la luz necesaria para discernir los signos de Dios en el tiempo presente y a proclamar eficazmente el Evangelio. De hecho, tambi&eacute;n en Roma hay cada vez m&aacute;s necesidad de un renovado anuncio del Evangelio, para que el coraz&oacute;n de los habitantes de nuestra ciudad se abra al encuentro con ese Ni&ntilde;o, que naci&oacute; por nosotros, con Cristo, Redentor del hombre. Dado que, como recuerda el ap&oacute;stol san Pablo, &laquo;la fe nace de la predicaci&oacute;n y la predicaci&oacute;n se realiza en virtud de la Palabra de Cristo&raquo; (<i>Rm<\/i> 10, 17), una ayuda &uacute;til en esta acci&oacute;n evangelizadora puede venir \u2014como ya se experiment&oacute; durante la Misi&oacute;n ciudadana de preparaci&oacute;n para el gran jubileo del a&ntilde;o 2000\u2014 de los &laquo;Centros de escucha del Evangelio&raquo;, que animo a hacer renacer o a revitalizar no s&oacute;lo en las vecindades, sino tambi&eacute;n en los hospitales, en los lugares de trabajo y en aquellos donde se forman las nuevas generaciones y se elabora la cultura. El Verbo de Dios, de hecho, se hizo carne por todos y su verdad es accesible a todo hombre y a toda cultura. Me ha complacido constatar el ulterior empe&ntilde;o del Vicariato en la organizaci&oacute;n de los &laquo;Di&aacute;logos en la catedral&raquo;, que tendr&aacute;n lugar en la bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n: estas significativas citas expresan el deseo de la Iglesia de salir al encuentro de todos aquellos que buscan respuestas a los grandes interrogantes de la existencia humana.<\/p>\n<p>El lugar privilegiado de la escucha de la Palabra de Dios es la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. La Asamblea diocesana del pasado mes de junio, en la que particip&eacute;, quiso poner de manifiesto la centralidad de la santa misa dominical en la vida de toda comunidad cristiana y ofreci&oacute; indicaciones para que la belleza de los divinos misterios pueda resplandecer m&aacute;s en el acto celebrativo y en los frutos espirituales que derivan de ellos. Animo a los p&aacute;rrocos y a los sacerdotes a cumplir lo indicado en el programa pastoral: la formaci&oacute;n de un grupo lit&uacute;rgico que anime la celebraci&oacute;n, y una catequesis que ayude a todos a conocer m&aacute;s el misterio eucar&iacute;stico, del que brota el testimonio de la caridad. Alimentados por Cristo, tambi&eacute;n nosotros somos atra&iacute;dos en el mismo acto de ofrenda total, que impuls&oacute; al Se&ntilde;or a dar su propia vida, revelando de ese modo el inmenso amor del Padre. El testimonio de la caridad posee, por tanto, una esencial dimensi&oacute;n teologal y est&aacute; profundamente unido al anuncio de la Palabra. En esta celebraci&oacute;n de acci&oacute;n de gracias a Dios por los dones recibidos en el curso del a&ntilde;o, recuerdo en particular la visita que realic&eacute; al <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2010\/february\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20100214_caritas.html\">albergue de C&aacute;ritas en la estaci&oacute;n Termini<\/a> donde, a trav&eacute;s del servicio y la entrega generosa de numerosos voluntarios, muchos hombres y mujeres pueden palpar el amor de Dios. El momento presente genera a&uacute;n preocupaci&oacute;n por la precariedad en la que se encuentran tantas familias y pide a toda la comunidad diocesana que est&eacute; cerca de aquellos que viven en condiciones de pobreza y dificultad. Que Dios, amor infinito, inflame el coraz&oacute;n de cada uno de nosotros con la caridad que lo impuls&oacute; a darnos a su Hijo unig&eacute;nito.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, se nos invita a mirar al futuro, y a mirarlo con la esperanza que es la palabra final del <i>Te Deum<\/i>: &laquo;<i>In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum!<\/i>&raquo;, &laquo;Se&ntilde;or, t&uacute; eres nuestra esperanza, no quedaremos defraudados eternamente&raquo;. Quien nos entrega a Cristo, nuestra esperanza, es siempre ella, la Madre de Dios: Mar&iacute;a sant&iacute;sima. Como hizo con los pastores y a los magos, sus brazos y a&uacute;n m&aacute;s su coraz&oacute;n siguen ofreciendo al mundo a Jes&uacute;s, su Hijo y nuestro Salvador. En &eacute;l est&aacute; toda nuestra esperanza, porque de &eacute;l han venido para todo hombre la salvaci&oacute;n y la paz. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, Y CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica VaticanaViernes 31 de diciembre de 2010 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Al finalizar el a&ntilde;o, nos encontramos esta tarde en la bas&iacute;lica vaticana para celebrar las primeras v&iacute;speras de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2010-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de diciembre de 2010: V\u00edsperas de la solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios y Te Deum\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40937","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40937","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40937"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40937\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40937"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40937"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40937"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}