{"id":40943,"date":"2016-10-06T15:14:28","date_gmt":"2016-10-06T20:14:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2010-celebracion-de-las-exequias-del-cardenal-urbano-navarrete\/"},"modified":"2016-10-06T15:14:28","modified_gmt":"2016-10-06T20:14:28","slug":"24-de-noviembre-de-2010-celebracion-de-las-exequias-del-cardenal-urbano-navarrete","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-2010-celebracion-de-las-exequias-del-cardenal-urbano-navarrete\/","title":{"rendered":"24 de noviembre de 2010: Celebraci\u00f3n de las exequias del cardenal Urbano Navarrete"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">EXEQUIAS DEL CARDENAL URBANO NAVARRETE<br \/> RITO DE LA &laquo;ULTIMA COMMENDATIO&raquo; Y DE LA &laquo;VALEDICTIO&raquo;<\/font><\/p>\n<p><center><br \/>\n <font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\"><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/i><br \/> <\/font><\/b><br \/> <i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Mi&eacute;rcoles 24 de noviembre de 2010<\/i><\/font><\/p>\n<p> <span lang=\"es\"> <i> <font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20101124\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/b><\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;<i>Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertar&aacute;n<\/i>&raquo; (<i>Dn<\/i> 12, 2).<\/p>\n<p>Las palabras del profeta Daniel, que hemos escuchado en la primera lectura, son un claro testimonio b&iacute;blico de la fe en la resurrecci&oacute;n de los muertos. La visi&oacute;n prof&eacute;tica se proyecta hacia el tiempo final: despu&eacute;s de un per&iacute;odo de gran angustia, Dios salvar&aacute; a su pueblo. Sin embargo, la salvaci&oacute;n ser&aacute; s&oacute;lo para quienes est&aacute;n inscritos en el &laquo;libro de la vida&raquo;. El horizonte que describe Daniel es el del pueblo de la Alianza, que, en la dificultad, en la prueba, en la persecuci&oacute;n, debe tomar posici&oacute;n frente a Dios: mantenerse firme en la fe de los padres o renegarla. El profeta anuncia la consiguiente doble suerte final: unos se despertar&aacute;n a la &laquo;vida eterna&raquo;, otros al &laquo;oprobio eterno&raquo;. Por tanto, se resalta la justicia de Dios, la cual no permite que quienes han dado la vida por Dios la pierdan definitivamente. Es la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s: quien acepta poner el reino de Dios en primer lugar; quien sabe dejar casa, padre, madre por &eacute;l; quien est&aacute; dispuesto a perder su existencia por este tesoro precioso, recibir&aacute; en herencia la vida eterna (cf. <i>Mt<\/i> 19, 29; <i>Lc <\/i> 9, 24).<\/p>\n<p>Se&ntilde;ores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridos fieles todos, a la luz de la fe en Cristo, nuestra vida y resurrecci&oacute;n, celebramos hoy las exequias del querido y venerado cardenal Urbano Navarrete, que el pasado lunes, a la edad de noventa a&ntilde;os, termin&oacute; su larga y fecunda peregrinaci&oacute;n terrena. Nos complace pensar que pertenece al grupo de aquellos que entregaron sin reservas su vida por el reino de Dios, y por esto confiamos en que ahora su nombre est&eacute; inscrito en el &laquo;libro de la vida&raquo;.<\/p>\n<p>&laquo;Los que ense&ntilde;aron a la multitud la justicia brillar&aacute;n, como estrellas, por toda la eternidad&raquo; (<i>Dn<\/i> 12, 3).<\/p>\n<p>Con el coraz&oacute;n conmovido y agradecido, en este momento deseo recordar al difunto purpurado como &laquo;maestro de justicia&raquo;. El estudio escrupuloso y la ense&ntilde;anza apasionada del derecho can&oacute;nico representaron un elemento central de su vida. Educar, especialmente a las generaciones j&oacute;venes, en la verdadera justicia, la de Cristo, la del Evangelio: este fue el ministerio que el cardenal Navarrete desempe&ntilde;&oacute; a lo largo de toda su vida. A esto se dedic&oacute; generosamente, prodig&aacute;ndose con humilde disponibilidad, en las diversas situaciones en las que lo puso la obediencia y la providencia de Dios: desde las aulas universitarias, en particular como experto de derecho matrimonial, hasta el cargo de decano de la Facultad de derecho can&oacute;nico de la Pontificia Universidad Gregoriana, y la alta responsabilidad de rector de ese Ateneo. Asimismo, deseo subrayar su atenci&oacute;n a importantes acontecimientos eclesiales como el S&iacute;nodo diocesano de Roma y el concilio Vaticano II; as&iacute; como su competente contribuci&oacute;n cient&iacute;fica a la revisi&oacute;n del C&oacute;digo de derecho can&oacute;nico y la provechosa colaboraci&oacute;n con varios dicasterios de la Curia romana, en calidad de apreciado consultor. <\/p>\n<p>A prop&oacute;sito de su propia vocaci&oacute;n sacerdotal y religiosa, el cardenal Navarrete, en una entrevista reciente, hab&iacute;a dicho con sencillez: &laquo;Nunca he dudado de mi elecci&oacute;n. Nunca me vino la duda de que este no fuese mi camino, ni siquiera en los momentos de la contestaci&oacute;n&raquo;, en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles. Esta afirmaci&oacute;n resume la fidelidad generosa de este servidor de la Iglesia a la llamada del Se&ntilde;or, a la voluntad de Dios. Con el equilibrio que lo caracterizaba sol&iacute;a decir que eran tres los principios fundamentales que lo guiaban en el estudio: mucho amor al pasado, a la tradici&oacute;n, porque quien en el campo cient&iacute;fico, y particularmente eclesi&aacute;stico, no ama el pasado es como un hijo sin padres; luego, la sensibilidad hacia los problemas, las exigencias y los desaf&iacute;os del presente, donde Dios nos ha colocado; por &uacute;ltimo, la capacidad de mirar y de abrirse al futuro sin temor, sino con esperanza, la que viene de la fe. Una visi&oacute;n profundamente cristiana, que gui&oacute; su compromiso por Dios, por la Iglesia, por el hombre en la ense&ntilde;anza y en las obras.<\/p>\n<p>&laquo;Dios, rico en misericordia&#8230; nos vivific&oacute; juntamente con Cristo&raquo; (<i>Ef<\/i> 2, 4).<\/p>\n<p>Iluminados por las palabras de san Pablo, que hemos escuchado en la segunda lectura, dirigimos la mirada al misterio de la encarnaci&oacute;n, pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, donde descansa nuestra aut&eacute;ntica justicia, don de la misericordia de Dios. La gracia divina derramada con abundancia sobre nosotros a trav&eacute;s de la sangre redentora de Cristo crucificado, nos lava de las culpas, nos libera de la muerte y nos abre la puerta de la vida eterna. El Ap&oacute;stol repite con fuerza: &laquo;Por gracia hab&eacute;is sido salvados&raquo; (v. 5), por un don del amor sobreabundante del Padre que sacrific&oacute; a su Hijo. En Cristo el hombre encuentra el camino de la salvaci&oacute;n, y tambi&eacute;n la historia humana recibe su punto de referencia y su significado profundo. En este horizonte de esperanza, pensamos hoy en el cardenal Urbano Navarrete: se ha dormido en el Se&ntilde;or al t&eacute;rmino de una laboriosa existencia, en la cual profes&oacute; incesantemente la fe en este misterio de amor, proclamando a todos con la palabra y con la vida: &laquo;Por gracia hab&eacute;is sido salvados&raquo; (<i>Ef<\/i> 2, 5).<\/p>\n<p>&laquo;Padre, quiero que los que t&uacute; me has dado est&eacute;n tambi&eacute;n conmigo donde yo est&eacute;&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 24).<\/p>\n<p>Esta ardiente voluntad salv&iacute;fica de Cristo ilumina la vida despu&eacute;s de la muerte: Jes&uacute;s quiere que los que el Padre le ha dado est&eacute;n con &eacute;l y contemplen su gloria. Por tanto, hay un destino de felicidad, de uni&oacute;n plena con Dios, que sigue a la fidelidad con la hemos quedado unidos a Jesucristo en nuestro camino terreno. Ser&aacute; entrar en la comuni&oacute;n de los santos donde reinan la paz y la alegr&iacute;a de participar juntos en la gloria de Cristo.<\/p>\n<p>La luminosa verdad de fe de la vida eterna nos conforta cada vez que damos la &uacute;ltima despedida a un hermano difunto. El cardenal Urbano Navarrete, hijo espiritual de san Ignacio de Loyola, es uno de los disc&iacute;pulos fieles que el Padre dio a Cristo &laquo;para que est&eacute;n con &eacute;l&raquo;; estuvo &laquo;con Jes&uacute;s&raquo; durante su larga existencia, conoci&oacute; su nombre (cf. v. 26), lo am&oacute; viviendo en &iacute;ntima uni&oacute;n con &eacute;l, especialmente en los prolongados tiempos de oraci&oacute;n, donde encontraba en la fuente de la salvaci&oacute;n la fuerza para ser fiel a la voluntad de Dios, en toda circunstancia, incluso la m&aacute;s adversa. Esto lo hab&iacute;a aprendido desde peque&ntilde;o en su familia, gracias al luminoso ejemplo de sus padres \u2014especialmente de su padre\u2014, los cuales supieron crear en la familia un clima de profunda fe cristiana, favoreciendo en sus seis hijos, tres de los cuales jesuitas y dos religiosas, la valent&iacute;a de dar testimonio de su fe, sin anteponer nada al amor de Cristo y haci&eacute;ndolo todo para la mayor gloria de Dios.<\/p>\n<p>Queridos amigos, esta es la mirada de fe que ha sostenido la larga vida de nuestro venerado hermano, y esta es la fe que ha predicado. Queremos dirigirnos a Dios, rico en misericordia, para que ahora la fe del cardenal Urbano Navarrete se convierta en visi&oacute;n, encuentro cara a cara con &eacute;l, en cuyo amor supo reconocer y buscar el cumplimiento de toda ley. A la intercesi&oacute;n de la Madre de Jes&uacute;s y Madre nuestra encomendamos su alma. Estamos seguros de que ella, <i>Speculum iustitiae<\/i>, lo acoger&aacute; para introducirlo en el cielo de Dios, donde podr&aacute; gozar eternamente de la plenitud de la paz. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EXEQUIAS DEL CARDENAL URBANO NAVARRETE RITO DE LA &laquo;ULTIMA COMMENDATIO&raquo; Y DE LA &laquo;VALEDICTIO&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Mi&eacute;rcoles 24 de noviembre de 2010 Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; &laquo;Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertar&aacute;n&raquo; (Dn 12, 2). 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