{"id":40947,"date":"2016-10-06T15:14:33","date_gmt":"2016-10-06T20:14:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-noviembre-de-2010-viaje-apostolico-a-santiago-de-compostela-y-barcelona-santa-misa-con-ocasion-del-ano-santo-compostelano-en-la-plaza-del-obradoiro-santiago-de-compostela\/"},"modified":"2016-10-06T15:14:33","modified_gmt":"2016-10-06T20:14:33","slug":"6-de-noviembre-de-2010-viaje-apostolico-a-santiago-de-compostela-y-barcelona-santa-misa-con-ocasion-del-ano-santo-compostelano-en-la-plaza-del-obradoiro-santiago-de-compostela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-noviembre-de-2010-viaje-apostolico-a-santiago-de-compostela-y-barcelona-santa-misa-con-ocasion-del-ano-santo-compostelano-en-la-plaza-del-obradoiro-santiago-de-compostela\/","title":{"rendered":"6 de noviembre de 2010: Viaje apost\u00f3lico a Santiago de Compostela y Barcelona &#8211; Santa Misa con ocasi\u00f3n del A\u00f1o Santo Compostelano en la Plaza del Obradoiro (Santiago de Compostela)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2010\/index_spagna.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y BARCELONA<br \/> (6-7 DE NOVIEMBRE DE 2010)<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA CON OCASI&Oacute;N <br \/> DEL A&Ntilde;O SANTO COMPOSTELANO <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela<br \/> S&aacute;bado 6 de noviembre de 2010<\/font><\/i> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>En gallego:<\/i><\/p>\n<p>Benqueridos irm&aacute;ns en Xesucristo:<\/p>\n<p>Dou gracias a Deus polo don de poder estar aqu&iacute;, nesta espl&eacute;ndida praza chea de arte, cultura e significado espiritual. Neste Ano Santo, chego como peregrino entre os peregrinos, acompa&ntilde;ando a tantos deles que ve&ntilde;en ata aqu&iacute; sedentos da fe en Cristo Resucitado. Fe anunciada e transmitida fielmente polos Ap&oacute;stolos, como Santiago o Maior, ao que se venera en Compostela desde tempo inmemorial.<\/p>\n<p><i>[Amad&iacute;simos Hermanos en Jesucristo:<\/i><\/p>\n<p><i>Doy gracias a Dios por el don de poder estar aqu&iacute;, en esta espl&eacute;ndida plaza repleta de arte, cultura y significado espiritual. En este A&ntilde;o Santo, llego como peregrino entre los peregrinos, acompa&ntilde;ando a tantos como vienen hasta aqu&iacute; sedientos de la fe en Cristo resucitado. Fe anunciada y transmitida fielmente por los Ap&oacute;stoles, como Santiago el Mayor, a quien se venera en Compostela desde tiempo inmemorial.]<\/i><\/p>\n<p>Agradezco las gentiles palabras de bienvenida de Monse&ntilde;or Juli&aacute;n Barrio Barrio, Arzobispo de esta Iglesia particular, y la amable presencia de Sus Altezas Reales los Pr&iacute;ncipes de Asturias, de los Se&ntilde;ores Cardenales, as&iacute; como de los numerosos Hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio. Vaya tambi&eacute;n mi saludo cordial a los Parlamentarios Europeos, miembros del intergrupo \u201cCamino de Santiago\u201d, as&iacute; como a las distinguidas Autoridades Nacionales, Auton&oacute;micas y Locales que han querido estar presentes en esta celebraci&oacute;n. Todo ello es signo de deferencia para con el Sucesor de Pedro y tambi&eacute;n del sentimiento entra&ntilde;able que Santiago de Compostela despierta en Galicia y en los dem&aacute;s pueblos de Espa&ntilde;a, que reconoce al Ap&oacute;stol como su Patr&oacute;n y protector. Un caluroso saludo igualmente a las personas consagradas, seminaristas y fieles que participan en esta Eucarist&iacute;a y, con una emoci&oacute;n particular, a los peregrinos, forjadores del genuino esp&iacute;ritu jacobeo, sin el cual poco o nada se entender&iacute;a de lo que aqu&iacute; tiene lugar.<\/p>\n<p>Una&nbsp; frase de la primera lectura afirma con admirable sencillez: &laquo;Los ap&oacute;stoles daban testimonio de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or con mucho valor&raquo; (<i>Hch<\/i> 4,33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no se halla una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jes&uacute;s justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo conden&oacute; por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que har&aacute; justicia a todos los injustamente humillados de la historia.<\/p>\n<p>&laquo;Testigos de esto somos nosotros y el Esp&iacute;ritu Santo, que Dios da a los que le obedecen&raquo; (<i>Hch<\/i> 5,32), dicen los ap&oacute;stoles. As&iacute; pues, ellos dieron testimonio de la vida, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo Jes&uacute;s, a quien conocieron mientras predicaba y hac&iacute;a milagros. A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los ap&oacute;stoles, conociendo al Se&ntilde;or cada d&iacute;a m&aacute;s y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contempor&aacute;neos. As&iacute; imitaremos tambi&eacute;n a San Pablo que, en medio de tantas tribulaciones, naufragios y soledades, proclamaba exultante: &laquo;Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros&raquo; (<i>2 Co<\/i> 4,7).<\/p>\n<p>Junto a estas palabras del Ap&oacute;stol de los gentiles, est&aacute;n las propias palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, y que invitan a vivir desde la humildad de Cristo que, siguiendo en todo la voluntad del Padre, ha venido para servir, &laquo;para dar su vida en rescate por muchos&raquo; (<i>Mt<\/i> 20,28). Para los disc&iacute;pulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opci&oacute;n, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de &Eacute;l, incluso con los gestos m&aacute;s sencillos. Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la comunidad, basado en la l&oacute;gica del amor y del servicio, Jes&uacute;s se dirige tambi&eacute;n a los &laquo;jefes de los pueblos&raquo;, porque donde no hay entrega por los dem&aacute;s surgen formas de prepotencia y explotaci&oacute;n que no dejan espacio para una aut&eacute;ntica promoci&oacute;n humana integral. Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los j&oacute;venes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la v&iacute;a para que, renunciando a un modo de pensar ego&iacute;sta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jes&uacute;s, pod&aacute;is realizaros plenamente y ser semilla de esperanza.<\/p>\n<p>Esto es lo que nos recuerda tambi&eacute;n la celebraci&oacute;n de este A&ntilde;o Santo Compostelano. Y esto es lo que en el secreto del coraz&oacute;n, sabi&eacute;ndolo expl&iacute;citamente o sinti&eacute;ndolo sin saber expresarlo con palabras, viven tantos peregrinos que caminan a Santiago de Compostela para abrazar al Ap&oacute;stol. El cansancio del andar, la variedad de paisajes, el encuentro con personas de otra nacionalidad, los abren a lo m&aacute;s profundo y com&uacute;n que nos une a los humanos: seres en b&uacute;squeda, seres necesitados de verdad y de belleza, de una experiencia de gracia, de caridad y de paz, de perd&oacute;n y de redenci&oacute;n. Y en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de todos esos hombres resuena la presencia de Dios y la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. S&iacute;, a todo hombre que hace silencio en su interior y pone distancia a las apetencias, deseos y quehaceres inmediatos, al hombre que ora, Dios le alumbra para que le encuentre y para que reconozca a Cristo. Quien peregrina a Santiago, en el fondo, lo hace para encontrarse sobre todo con Dios que, reflejado en la majestad de Cristo, lo acoge y bendice al llegar al P&oacute;rtico de la Gloria.<\/p>\n<p>Desde aqu&iacute;, como mensajero del Evangelio que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la Europa que peregrin&oacute; a Compostela. &iquest;Cu&aacute;les son sus grandes necesidades, temores y esperanzas? &iquest;Cu&aacute;l es la aportaci&oacute;n espec&iacute;fica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el &uacute;ltimo medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Su aportaci&oacute;n se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como &eacute;sta: que Dios existe y que es &Eacute;l quien nos ha dado la vida. Solo &Eacute;l es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detr&aacute;s de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el coraz&oacute;n del hombre. Bien comprendi&oacute; esto Santa Teresa de Jes&uacute;s cuando escribi&oacute;: \u201cS&oacute;lo Dios basta\u201d.<\/p>\n<p>Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicci&oacute;n de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quer&iacute;a ensombrecer la verdadera fe b&iacute;blica en Dios, que envi&oacute; al mundo a su Hijo Jesucristo, a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna (cf.<i> Jn<\/i> 3,16). <\/p>\n<p>El autor sagrado afirma tajante ante un paganismo para el cual Dios es envidioso o despectivo del hombre: &iquest;C&oacute;mo hubiera creado Dios todas las cosas si no las hubiera amado, &Eacute;l que en su plenitud infinita no necesita nada? (cf. <i>Sab<\/i> 11,24-26).&nbsp; &iquest;C&oacute;mo se hubiera revelado a los hombres si no quisiera velar por ellos?&nbsp; Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y c&uacute;spide de nuestra libertad; no su oponente. &iquest;C&oacute;mo el hombre mortal se va a fundar a s&iacute; mismo y c&oacute;mo el hombre pecador se va a reconciliar a s&iacute; mismo? &iquest;C&oacute;mo es posible que se haya hecho silencio p&uacute;blico sobre la realidad primera y esencial de la vida humana? &iquest;C&oacute;mo lo m&aacute;s determinante de ella puede ser recluido en la mera intimidad o remitido a la penumbra? Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, &iquest;c&oacute;mo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e im&aacute;n de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla? Por eso, es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jam&aacute;s en vano; que no se pervierta haci&eacute;ndola servir a fines que le son impropios. Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la percibamos as&iacute; en la vida de cada d&iacute;a, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los a&ntilde;os traen consigo.<\/p>\n<p>Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que hab&iacute;an descubierto las mejores tradiciones: adem&aacute;s de la b&iacute;blica, fundamental en este orden, tambi&eacute;n las de &eacute;poca cl&aacute;sica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filos&oacute;ficas y literarias, culturales y sociales de Europa.<\/p>\n<p>Ese Dios y ese hombre son los que se han manifestado concreta e hist&oacute;ricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perd&oacute;n al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido sin&oacute;nimos en nuestra historia, porque Cristo se dej&oacute; clavar en ella para darnos el supremo testimonio de su amor, para invitarnos al perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n, para ense&ntilde;arnos a vencer el mal con el bien. No dej&eacute;is de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y gu&iacute;a. &iexcl;Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!<\/p>\n<p>Dejadme que proclame desde aqu&iacute; la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginaci&oacute;n o la muerte infligidas a los m&aacute;s d&eacute;biles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por qui&eacute;n es su Padre y responderle a la pregunta por &eacute;l. La Europa de la ciencia y de las tecnolog&iacute;as, la Europa de la civilizaci&oacute;n y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensi&oacute;n que de ambos se nos ofrece en Jesucristo.<\/p>\n<p>Queridos amigos, levantemos una mirada esperanzadora hacia todo lo que Dios nos ha prometido y nos ofrece. Que &Eacute;l nos d&eacute; su fortaleza, que aliente a esta Archidi&oacute;cesis compostelana, que vivifique la fe de sus hijos y los ayude a seguir fieles a su vocaci&oacute;n de sembrar y dar vigor al Evangelio, tambi&eacute;n en otras tierras.<\/p>\n<p><i>En gallego:<\/i><\/p>\n<p>Que Santiago, o Amigo do Se&ntilde;or, acade abundantes bendici&oacute;ns para Galicia, para os demais pobos de Espa&ntilde;a, de Europa e de tantos outros lugares al&eacute;n mar onde o Ap&oacute;stolo e sinal de identidade cristi&aacute; e promotor do anuncio de Cristo. Amen!<\/p>\n<p><i>[Que Santiago, el amigo del Se&ntilde;or, alcance abundantes bendiciones para Galicia, para los dem&aacute;s pueblos de Espa&ntilde;a, de Europa y de tantos otros lugares allende los mares, donde el Ap&oacute;stol es signo de identidad cristiana y promotor del anuncio de Cristo. Amen!] <\/i><\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A SANTIAGO DE COMPOSTELA Y BARCELONA (6-7 DE NOVIEMBRE DE 2010) SANTA MISA CON OCASI&Oacute;N DEL A&Ntilde;O SANTO COMPOSTELANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza del Obradoiro, Santiago de Compostela S&aacute;bado 6 de noviembre de 2010 &nbsp; &nbsp; En gallego: Benqueridos irm&aacute;ns en Xesucristo: Dou gracias a Deus polo don de poder &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-noviembre-de-2010-viaje-apostolico-a-santiago-de-compostela-y-barcelona-santa-misa-con-ocasion-del-ano-santo-compostelano-en-la-plaza-del-obradoiro-santiago-de-compostela\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de noviembre de 2010: Viaje apost\u00f3lico a Santiago de Compostela y Barcelona &#8211; Santa Misa con ocasi\u00f3n del A\u00f1o Santo Compostelano en la Plaza del Obradoiro (Santiago de Compostela)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40947","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40947","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40947"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40947\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40947"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40947"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40947"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}