{"id":40952,"date":"2016-10-06T15:14:40","date_gmt":"2016-10-06T20:14:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-octubre-de-2010-visita-pastoral-a-palermo-celebracion-de-la-santa-misa-foro-italico-de-palermo\/"},"modified":"2016-10-06T15:14:40","modified_gmt":"2016-10-06T20:14:40","slug":"3-de-octubre-de-2010-visita-pastoral-a-palermo-celebracion-de-la-santa-misa-foro-italico-de-palermo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-octubre-de-2010-visita-pastoral-a-palermo-celebracion-de-la-santa-misa-foro-italico-de-palermo\/","title":{"rendered":"3 de octubre de 2010: Visita Pastoral a Palermo &#8211; Celebraci\u00f3n de la Santa Misa (Foro It\u00e1lico de Palermo)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2010\/index_palermo.html\">VISITA PASTORAL A PALERMO <\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\"> &nbsp;<\/font><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Foro It&aacute;lico de Palermo<br \/> Domingo 3 de octubre de 2010<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\">(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa03102010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\"><font color=\"#663300\">V&iacute;deo<\/font><\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Es grande mi alegr&iacute;a al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucarist&iacute;a. Os saludo a todos con afecto y os agradezco vuestra cordial acogida. Saludo en particular a vuestro pastor, el arzobispo monse&ntilde;or Paolo Romeo; le agradezco las expresiones de bienvenida que ha querido dirigirme en nombre de todos, y tambi&eacute;n el significativo regalo que me ha dado. Saludo tambi&eacute;n a los arzobispos y obispos presentes, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a los representantes de las asociaciones y de los movimientos eclesiales. Dirijo un deferente saludo al alcalde, Diego Cammarata, al que agradezco sus amables palabras de saludo, al representante del Gobierno y a las autoridades civiles y militares, que con su presencia han querido honrar nuestro encuentro. Un agradecimiento especial a quienes han prestado generosamente su colaboraci&oacute;n para la organizaci&oacute;n y preparaci&oacute;n de esta jornada. <\/p>\n<p>Queridos amigos, mi visita tiene lugar con ocasi&oacute;n de una importante reuni&oacute;n eclesial regional de los j&oacute;venes y de las familias, con quienes me encontrar&eacute; por la tarde. Pero he venido tambi&eacute;n a compartir con vosotros alegr&iacute;as y esperanzas, fatigas y compromisos, ideales y aspiraciones de esta comunidad diocesana. Cuando los antiguos griegos llegaron a esta zona, como ha recordado el alcalde en su saludo, la llamaron <i>Panormo<\/i>, es decir, &laquo;todo puerto&raquo;: un nombre que quer&iacute;a indicar seguridad, paz y serenidad. Al venir por primera vez entre vosotros, mi deseo es que en verdad esta ciudad, inspir&aacute;ndose en los valores m&aacute;s aut&eacute;nticos de su historia y de su tradici&oacute;n, sepa realizar siempre para sus habitantes, as&iacute; como para toda la naci&oacute;n, el deseo de serenidad y de paz sintetizado en su nombre.<\/p>\n<p>S&eacute; que en Palermo, as&iacute; como en toda Sicilia, no faltan dificultades, problemas y preocupaciones: pienso, de modo particular, en quienes viven concretamente su existencia en condiciones de precariedad, a causa de la falta de trabajo, la incertidumbre por el futuro, el sufrimiento f&iacute;sico y moral y, como ha recordado el arzobispo, a causa del crimen organizado. Hoy estoy en medio de vosotros para dar testimonio de mi cercan&iacute;a y de mi recuerdo en la oraci&oacute;n. Estoy aqu&iacute; para daros un fuerte aliento a no tener miedo de testimoniar con claridad los valores humanos y cristianos, tan profundamente enraizados en la fe y en la historia de este territorio y de su poblaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, toda asamblea lit&uacute;rgica es espacio de la presencia de Dios. Reunidos para la sagrada Eucarist&iacute;a, los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or se sumergen en el sacrificio redentor de Cristo, proclaman que &eacute;l ha resucitado, est&aacute; vivo y es dador de la vida, y testimonian que su presencia es gracia, fuerza y alegr&iacute;a. Abramos el coraz&oacute;n a su palabra y acojamos el don de su presencia. Todos los textos de la liturgia de este domingo nos hablan de la fe, que es el fundamento de toda la vida cristiana. Jes&uacute;s educ&oacute; a sus disc&iacute;pulos a crecer en la fe, a creer y a confiar cada vez m&aacute;s en &eacute;l, para construir su propia vida sobre roca. Por esto le piden: &laquo;Aum&eacute;ntanos la fe&raquo; (<i>Lc<\/i> 17, 6). Es una bella petici&oacute;n que dirigen al Se&ntilde;or, es la petici&oacute;n fundamental: los disc&iacute;pulos no piden bienes materiales, no piden privilegios; piden la gracia de la fe, que oriente e ilumine toda la vida; piden la gracia de reconocer a Dios y poder estar en relaci&oacute;n &iacute;ntima con &eacute;l, recibiendo de &eacute;l todos sus dones, incluso los de la valent&iacute;a, el amor y la esperanza.<\/p>\n<p>Sin responder directamente a su petici&oacute;n, Jes&uacute;s recurre a una imagen parad&oacute;jica para expresar la incre&iacute;ble vitalidad de la fe. Como una palanca mueve mucho m&aacute;s que su propio peso, as&iacute; la fe, incluso una pizca de fe, es capaz de realizar cosas impensables, extraordinarias, como arrancar de ra&iacute;z un &aacute;rbol grande y transplantarlo en el mar (<i>ib<\/i>.). La fe \u2014fiarse de Cristo, acogerlo, dejar que nos transforme, seguirlo sin reservas\u2014 hace posibles las cosas humanamente imposibles, en cualquier realidad. Nos da testimonio de esto el profeta Habacuc en la primera lectura. Implora al Se&ntilde;or a partir de una situaci&oacute;n tremenda de violencia, de iniquidad y de opresi&oacute;n; y precisamente en esta situaci&oacute;n dif&iacute;cil y de inseguridad, el profeta introduce una visi&oacute;n que ofrece una parte del proyecto que Dios est&aacute; trazando y realizando en la historia: &laquo;El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivir&aacute; por su fe&raquo; (<i>Ha<\/i> 2, 4). El imp&iacute;o, el que no act&uacute;a seg&uacute;n la voluntad de Dios, conf&iacute;a en su propio poder, pero se apoya en una realidad fr&aacute;gil e inconsistente; por ello se doblar&aacute;, est&aacute; destinado a caer; el justo, en cambio, conf&iacute;a en una realidad oculta pero s&oacute;lida; conf&iacute;a en Dios y por ello tendr&aacute; la vida.<\/p>\n<p>En los siglos pasados la Iglesia que est&aacute; en Palermo se vio enriquecida y animada por una fe ferviente, que encontr&oacute; su expresi&oacute;n m&aacute;s alta y acabada en los santos y santas. Pienso en santa Rosal&iacute;a, a la que vener&aacute;is y honr&aacute;is y que, desde el monte <i>Pellegrino, <\/i>vela sobre vuestra ciudad, de la que es patrona. Y pienso tambi&eacute;n en otras dos grandes santas de Sicilia: &Aacute;gueda y Luc&iacute;a. No hay que olvidar que vuestro sentido religioso siempre ha inspirado y orientado la vida familiar, alimentando valores, como la capacidad de entrega y de solidaridad con los dem&aacute;s, especialmente con los que sufren, y el innato respeto por la vida, que constituyen una preciosa herencia que se debe custodiar celosamente y se debe impulsar a&uacute;n m&aacute;s en nuestros d&iacute;as. Queridos amigos, conservad este precioso tesoro de fe de vuestra Iglesia; que sean siempre los valores cristianos los que gu&iacute;en vuestras decisiones y vuestras acciones.<\/p>\n<p>La segunda parte del Evangelio de hoy presenta otra ense&ntilde;anza, una ense&ntilde;anza de humildad, pero que est&aacute; estrechamente ligada a la fe. Jes&uacute;s nos invita a ser humildes y pone el ejemplo de un siervo que ha trabajado en el campo. Cuando regresa a casa, el patr&oacute;n le pide que trabaje m&aacute;s. Seg&uacute;n la mentalidad del tiempo de Jes&uacute;s, el patr&oacute;n ten&iacute;a pleno derecho a hacerlo. El siervo deb&iacute;a al patr&oacute;n una disponibilidad completa, y el patr&oacute;n no se sent&iacute;a obligado hacia &eacute;l por haber cumplido las &oacute;rdenes recibidas. Jes&uacute;s nos hace tomar conciencia de que, frente a Dios, nos encontramos en una situaci&oacute;n semejante: somos siervos de Dios; no somos acreedores frente a &eacute;l, sino que somos siempre deudores, porque a &eacute;l le debemos todo, porque todo es un don suyo. Aceptar y hacer su voluntad es la actitud que debemos tener cada d&iacute;a, en cada momento de nuestra vida. Ante Dios no debemos presentarnos nunca como quien cree haber prestado un servicio y por ello merece una gran recompensa. Esta es una falsa concepci&oacute;n que puede nacer en todos, incluso en las personas que trabajan mucho al servicio del Se&ntilde;or, en la Iglesia. En cambio, debemos ser conscientes de que, en realidad, no hacemos nunca bastante por Dios. Debemos decir, como nos sugiere Jes&uacute;s: &laquo;Somos siervos in&uacute;tiles, hemos hecho lo que ten&iacute;amos que hacer&raquo; (<i>Lc<\/i> 17, 10). Esta es una actitud de humildad que nos pone verdaderamente en nuestro sitio y permite al Se&ntilde;or ser muy generoso con nosotros. En efecto, en otra parte del Evangelio nos promete que &laquo;se ce&ntilde;ir&aacute;, nos pondr&aacute; a su mesa y nos servir&aacute;&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 12, 37). Queridos amigos, si hacemos cada d&iacute;a la voluntad de Dios, con humildad, sin pretender nada de &eacute;l, ser&aacute; Jes&uacute;s mismo quien nos sirva, quien nos ayude, quien nos anime, quien nos d&eacute; fuerza y serenidad.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n el ap&oacute;stol san Pablo, en la segunda lectura de hoy, habla de la fe. Invita a Timoteo a tener fe y, por medio de ella, a practicar la caridad. Exhorta al disc&iacute;pulo a reavivar en la fe el don de Dios que est&aacute; en &eacute;l por la imposici&oacute;n de las manos de Pablo, es decir, el don de la ordenaci&oacute;n, recibido para desempe&ntilde;ar el ministerio apost&oacute;lico como colaborador de Pablo (cf. 2 <i> Tm<\/i> 1, 6). No debe dejar apagar este don; debe hacerlo cada vez m&aacute;s vivo por medio de la fe. Y el Ap&oacute;stol a&ntilde;ade: &laquo;Dios no nos ha dado un esp&iacute;ritu de timidez, sino de fortaleza, de amor y de templanza&raquo; (v. 7).<\/p>\n<p>Queridos palermitanos y queridos sicilianos, vuestra bella isla fue una de las primeras regiones de Italia que acogi&oacute; la fe de los ap&oacute;stoles, recibi&oacute; el anuncio de la Palabra de Dios y se adhiri&oacute; a la fe de una manera tan generosa que, incluso en medio de las dificultades y las persecuciones, siempre ha germinado en ella la flor de la santidad. Sicilia ha sido y es tierra de santos, pertenecientes a todas las condiciones de vida, que ha vivido el Evangelio con sencillez e integridad. A vosotros, fieles laicos, os repito: &iexcl;no teng&aacute;is miedo de vivir y testimoniar la fe en los diversos ambientes de la sociedad, en las m&uacute;ltiples situaciones de la existencia humana, sobre todo en las dif&iacute;ciles! La fe os da la fuerza de Dios para tener siempre confianza y valent&iacute;a, para seguir adelante con nueva decisi&oacute;n, para emprender las iniciativas necesarias a fin de dar un rostro cada vez m&aacute;s bello a vuestra tierra. Y cuando encontr&eacute;is la oposici&oacute;n del mundo, escuchad las palabras del Ap&oacute;stol: &laquo;No tengas miedo de dar la cara por nuestro Se&ntilde;or&raquo; (v. 8). Hay que avergonzarse del mal, de lo que ofende a Dios, de lo que ofende al hombre; hay que avergonzarse del mal que se produce a la comunidad civil y religiosa con acciones que se pretende que queden ocultas. La tentaci&oacute;n del des&aacute;nimo, de la resignaci&oacute;n, afecta a quien es d&eacute;bil en la fe, a quien confunde el mal con el bien, a quien piensa que ante el mal, con frecuencia profundo, no hay nada que hacer. En cambio, quien est&aacute; s&oacute;lidamente fundado en la fe, quien tiene plena confianza en Dios y vive en la Iglesia, es capaz de llevar la fuerza extraordinaria del Evangelio. As&iacute; se comportaron los santos y las santas que florecieron a lo largo de los siglos en Palermo y en toda Sicilia, as&iacute; como laicos y sacerdotes de hoy, bien conocidos a vosotros, como por ejemplo don Pino Puglisi. Que sean ellos quienes os mantengan siempre unidos y alimenten en cada uno el deseo de proclamar, con las palabras y las obras, la presencia y el amor de Cristo. Pueblo de Sicilia, mira con esperanza tu futuro. Haz emerger en toda su luz el bien que quieres, que buscas y que tienes. Vive con valent&iacute;a los valores del Evangelio para hacer que resplandezca la luz del bien. Con la fuerza de Dios todo es posible. Que la Madre de Cristo, la Virgen <i>Odigitria, <\/i>tan venerada por vosotros, os asista y os lleve al conocimiento profundo de su Hijo.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A PALERMO &nbsp;SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Foro It&aacute;lico de Palermo Domingo 3 de octubre de 2010 (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Es grande mi alegr&iacute;a al poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucarist&iacute;a. 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