{"id":40959,"date":"2016-10-06T15:14:52","date_gmt":"2016-10-06T20:14:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2010-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-santa-misa-e-imposicion-del-palio-a-los-nuevos-metropolitanos\/"},"modified":"2016-10-06T15:14:52","modified_gmt":"2016-10-06T20:14:52","slug":"29-de-junio-de-2010-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-santa-misa-e-imposicion-del-palio-a-los-nuevos-metropolitanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2010-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-santa-misa-e-imposicion-del-palio-a-los-nuevos-metropolitanos\/","title":{"rendered":"29 de junio de 2010: Solemnidad de San Pedro y San Pablo &#8211; Santa Misa e imposici\u00f3n del palio a los nuevos metropolitanos"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"TmsRmn\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LOS AP&Oacute;STOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b> SANTA MISA E IMPOSICI&Oacute;N DEL PALIO <br \/> A LOS <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/2010\/documents\/ns_lit_doc_20100629_metropoliti_it.html\">NUEVOS METROPOLIT<\/a><\/b><\/font><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/2010\/documents\/ns_lit_doc_20100629_metropoliti_it.html\"><b>ANOS<\/b><\/a>&nbsp;<font size=\"4\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\"><b><i><font color=\"#663300\">HO<\/font><\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i> Bas&iacute;lica Vaticana <br \/> Martes<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 29 de junio de 2010<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\">(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa29062010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\"><font color=\"#663300\">V&iacute;deo<\/font><\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><font size=\"2\">&nbsp; <\/font> <\/i><\/font><i> <font size=\"2\"> <font color=\"#663300\">Librito de la Celebraci&oacute;n: <\/font> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100629_pp1-20.pdf\"> 1<\/a><font color=\"#663300\">, <\/font> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100629_pp21-40.pdf\"> 2<\/a><font color=\"#663300\">, <\/font> <\/font> <font size=\"2\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100629_pp41-80.pdf\"> 3<\/a><\/font><\/i><br \/> <span lang=\"es\"> <i> <font color=\"#663300\" size=\"2\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20100629\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> Los textos b&iacute;blicos de esta liturgia eucar&iacute;stica de la solemnidad de los Ap&oacute;stoles San Pedro y San Pablo, en su gran riqueza, ponen de relieve un tema que se podr&iacute;a resumir as&iacute;: Dios est&aacute; cerca de sus servidores fieles y los libra de todo mal, y libra a la Iglesia de las potencias negativas. Es el tema de la libertad de la Iglesia, que presenta un aspecto hist&oacute;rico y otro m&aacute;s profundamente espiritual.<\/p>\n<p align=\"left\"> Esta tem&aacute;tica atraviesa hoy toda la liturgia de la Palabra. La primera y la segunda lectura hablan, respectivamente, de san Pedro y san Pablo, subrayando precisamente la acci&oacute;n liberadora de Dios respecto de ellos. Especialmente el texto de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i> describe con abundancia de detalles la intervenci&oacute;n del &aacute;ngel del Se&ntilde;or, que libra a Pedro de las cadenas y lo conduce fuera de la c&aacute;rcel de Jerusal&eacute;n, donde lo hab&iacute;a hecho encerrar, bajo estrecha vigilancia, el rey Herodes (cf. <i>Hch<\/i> 12, 1-11). Pablo, en cambio, escribiendo a Timoteo cuando ya siente cercano el fin de su vida terrena, hace un balance completo, del que emerge que el Se&ntilde;or estuvo siempre cerca de &eacute;l, lo libr&oacute; de numerosos peligros y lo librar&aacute; adem&aacute;s introduci&eacute;ndolo en su Reino eterno (cf. <i>2 Tm<\/i> 4, 6-8.17-18). El tema se refuerza en el Salmo responsorial (<i>Sal<\/i> 33) y se desarrolla de modo particular en el texto evang&eacute;lico de la confesi&oacute;n de Pedro, donde Cristo promete que el poder del infierno no prevalecer&aacute; sobre su Iglesia (cf. <i>Mt<\/i> 16, 18)<\/p>\n<p align=\"left\"> Observando bien, se nota, con relaci&oacute;n a esta tem&aacute;tica, cierta progresi&oacute;n. En la primera lectura se narra un episodio espec&iacute;fico que muestra la intervenci&oacute;n del Se&ntilde;or para librar a Pedro de la prisi&oacute;n; en la segunda, Pablo, sobre la base de su extraordinaria experiencia apost&oacute;lica, se dice convencido de que el Se&ntilde;or, que ya lo ha librado &laquo;de la boca del le&oacute;n&raquo;, lo librar&aacute; &laquo;de todo mal&raquo; abri&eacute;ndole las puertas del cielo; en el Evangelio, en cambio, ya no se habla de ap&oacute;stoles individualmente, sino de la Iglesia en su conjunto y de su seguridad respecto a las fuerzas del mal, entendidas en sentido amplio y profundo. De este modo vemos que la promesa de Jes&uacute;s \u2014&laquo;el poder del infierno no prevalecer&aacute;&raquo; sobre la Iglesia\u2014 comprende ciertamente las experiencias hist&oacute;ricas de persecuci&oacute;n sufridas por Pedro y Pablo y por los dem&aacute;s testigos del Evangelio, pero va m&aacute;s all&aacute;, queriendo asegurar sobre todo la protecci&oacute;n contra las amenazas de orden espiritual; seg&uacute;n lo que el propio Pablo escribe en la <i>Carta a los Efesios<\/i>: &laquo;Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados y las potencias, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los esp&iacute;ritus del mal que habitan en las alturas&raquo; (<i>Ef<\/i> 6, 12).<\/p>\n<p align=\"left\"> En efecto, si pensamos en los dos mil a&ntilde;os de historia de la Iglesia, podemos observar que \u2014como hab&iacute;a anunciado el Se&ntilde;or Jes&uacute;s (cf. <i>Mt<\/i> 10, 16-33)\u2014 a los cristianos jam&aacute;s han faltado las pruebas, que en algunos per&iacute;odos y lugares han asumido el car&aacute;cter de verdaderas persecuciones. Con todo, las persecuciones, a pesar de los sufrimientos que provocan, no constituyen el peligro m&aacute;s grave para la Iglesia. El da&ntilde;o mayor, de hecho, lo sufre por lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, corrompiendo la integridad del Cuerpo m&iacute;stico, debilitando su capacidad de profec&iacute;a y de testimonio, empa&ntilde;ando la belleza de su rostro. El epistolario paulino atestigua ya esta realidad. La <i>Primera Carta a los Corintios<\/i>, por ejemplo, responde precisamente a algunos problemas de divisiones, de incoherencias, de infidelidades al Evangelio que amenazan seriamente a la Iglesia. Pero tambi&eacute;n la <i>Segunda Carta a Timoteo<\/i> \u2014de la que hemos escuchado un pasaje\u2014 habla de los peligros de los &laquo;&uacute;ltimos tiempos&raquo;, identific&aacute;ndolos con actitudes negativas que pertenecen al mundo y que pueden contagiar a la comunidad cristiana: ego&iacute;smo, vanidad, orgullo, apego al dinero, etc. (cf. 3, 1-5). La conclusi&oacute;n del Ap&oacute;stol es tranquilizadora: los hombres que obran el mal \u2014escribe\u2014 &laquo;no llegar&aacute;n muy lejos, porque su necedad ser&aacute; manifiesta a todos&raquo; (3, 9). As&iacute; pues, hay una garant&iacute;a de libertad, asegurada por Dios a la Iglesia, libertad tanto de los lazos materiales que tratan de impedir o coartar su misi&oacute;n, como de los males espirituales y morales, que pueden corromper su autenticidad y su credibilidad.<\/p>\n<p align=\"left\"> El tema de la libertad de la Iglesia, garantizada por Cristo a Pedro, tiene tambi&eacute;n una pertinencia espec&iacute;fica con el rito de la imposici&oacute;n del palio, que hoy renovamos para treinta y ocho arzobispos metropolitanos, a los cuales dirijo mi m&aacute;s cordial saludo, extendi&eacute;ndolo con afecto a cuantos han querido acompa&ntilde;arlos en esta peregrinaci&oacute;n. La comuni&oacute;n con Pedro y con sus sucesores, de hecho, es garant&iacute;a de libertad para los pastores de la Iglesia y para las comunidades a ellos confiadas. Lo es en los dos planos que he puesto de relieve en las reflexiones anteriores. En el plano hist&oacute;rico, la uni&oacute;n con la Sede Apost&oacute;lica asegura a las Iglesias particulares y a las Conferencias episcopales la libertad respecto a poderes locales, nacionales o supranacionales, que en ciertos casos pueden obstaculizar la misi&oacute;n de la Iglesia. Adem&aacute;s, y m&aacute;s esencialmente, el ministerio petrino es garant&iacute;a de libertad en el sentido de la plena adhesi&oacute;n a la verdad, a la aut&eacute;ntica tradici&oacute;n, de modo que el pueblo de Dios sea preservado de errores concernientes a la fe y a la moral. Por tanto, el hecho de que cada a&ntilde;o los nuevos arzobispos metropolitanos vengan a Roma a recibir el palio de manos del Papa se ha de entender en su significado propio, como gesto de comuni&oacute;n, y el tema de la libertad de la Iglesia nos ofrece una clave de lectura particularmente importante. Esto aparece evidente en el caso de las Iglesias marcadas por persecuciones, o sometidas a injerencias pol&iacute;ticas o a otras duras pruebas. Pero esto no es menos relevante en el caso de comunidades que sufren la influencia de doctrinas err&oacute;neas, o de tendencias ideol&oacute;gicas y pr&aacute;cticas contrarias al Evangelio. En este sentido, el palio, por consiguiente, se convierte en garant&iacute;a de libertad, an&aacute;logamente al &laquo;yugo&raquo; de Jes&uacute;s, que &eacute;l invita a cada uno a tomar sobre sus hombros (cf. <i>Mt<\/i> 11, 29-30). Como el mandamiento de Cristo, aun siendo exigente, es &laquo;dulce y ligero&raquo;, y en vez de pesar sobre el que lo lleva, lo alivia, as&iacute; el v&iacute;nculo con la Sede Apost&oacute;lica, aunque sea arduo, sostiene al pastor y la porci&oacute;n de Iglesia confiada a su cuidado, haci&eacute;ndolos m&aacute;s libres y m&aacute;s fuertes.<\/p>\n<p align=\"left\"> Quiero extraer una &uacute;ltima indicaci&oacute;n de la Palabra de Dios, en particular de la promesa de Cristo seg&uacute;n la cual el poder del infierno no prevalecer&aacute; sobre su Iglesia. Estas palabras pueden tener tambi&eacute;n un significativo valor ecum&eacute;nico, puesto que, como alud&iacute; hace poco, uno de los efectos t&iacute;picos de la acci&oacute;n del Maligno es precisamente la divisi&oacute;n en el seno de la comunidad eclesial. De hecho, las divisiones son s&iacute;ntomas de la fuerza del pecado, que contin&uacute;a actuando en los miembros de la Iglesia tambi&eacute;n despu&eacute;s de la redenci&oacute;n. Pero la Palabra de Cristo es clara: &laquo;<i>Non praevalebunt<\/i>&raquo;, &laquo;No prevalecer&aacute;n&raquo; (<i>Mt<\/i> 16, 18). La unidad de la Iglesia est&aacute; enraizada en la uni&oacute;n con Cristo, y la causa de la unidad plena de los cristianos \u2014que siempre se ha de buscar y renovar, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n\u2014 tambi&eacute;n est&aacute; sostenida por su oraci&oacute;n y su promesa. En la lucha contra el esp&iacute;ritu del mal, Dios nos ha dado en Jes&uacute;s el &laquo;Abogado&raquo; defensor y, despu&eacute;s de su Pascua, &laquo;otro Par&aacute;clito&raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 14, 16), el Esp&iacute;ritu Santo, que permanece con nosotros para siempre y conduce a la Iglesia hacia la plenitud de la verdad (cf. <i>Jn<\/i> 14, 16; 16, 13), que es tambi&eacute;n la plenitud de la caridad y de la unidad. Con estos sentimientos de confiada esperanza, me alegra saludar a la delegaci&oacute;n del Patriarcado de Constantinopla que, seg&uacute;n la bella costumbre de las visitas rec&iacute;procas, participa en la celebraci&oacute;n de los santos patronos de Roma. Juntos damos gracias a Dios por los progresos en las relaciones ecum&eacute;nicas entre cat&oacute;licos y ortodoxos, y renovamos el compromiso de corresponder generosamente a la gracia de Dios, que nos conduce a la comuni&oacute;n plena.<\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos amigos, os saludo cordialmente a cada uno: se&ntilde;ores cardenales, hermanos en el episcopado, se&ntilde;ores embajadores y autoridades civiles \u2014en particular al alcalde de Roma\u2014, sacerdotes, religiosos y fieles laicos. Os agradezco vuestra presencia. Que los santos ap&oacute;stoles Pedro y Pablo os obtengan amar cada vez m&aacute;s a la santa Iglesia, Cuerpo m&iacute;stico de Cristo, nuestro Se&ntilde;or, y mensajera de unidad y de paz para todos los hombres. Que os obtengan tambi&eacute;n ofrecer con alegr&iacute;a por su santidad y su misi&oacute;n las fatigas y los sufrimientos soportados por fidelidad al Evangelio. Que la Virgen Mar&iacute;a, Reina de los Ap&oacute;stoles y Madre de la Iglesia, vele siempre sobre vosotros, en particular sobre el ministerio de los arzobispos metropolitanos. Que con su ayuda celestial viv&aacute;is y actu&eacute;is siempre con la libertad que Cristo nos conquist&oacute;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LOS AP&Oacute;STOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO SANTA MISA E IMPOSICI&Oacute;N DEL PALIO A LOS NUEVOS METROPOLITANOS&nbsp;&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Martes 29 de junio de 2010 (V&iacute;deo) &nbsp; Librito de la Celebraci&oacute;n: 1, 2, 3 Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Los textos b&iacute;blicos de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2010-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo-santa-misa-e-imposicion-del-palio-a-los-nuevos-metropolitanos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de junio de 2010: Solemnidad de San Pedro y San Pablo &#8211; Santa Misa e imposici\u00f3n del palio a los nuevos metropolitanos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40959","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40959","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40959"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40959\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40959"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40959"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40959"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}