{"id":40964,"date":"2016-10-06T15:14:59","date_gmt":"2016-10-06T20:14:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-junio-de-2010-viaje-apostolico-a-chipre-santa-misa-con-ocasione-de-la-publicacion-del-instrumentum-laboris-de-la-asamblea-especial-para-oriente-proximo-del-sinodo-de-los-obispos-pabellon-de-d\/"},"modified":"2016-10-06T15:14:59","modified_gmt":"2016-10-06T20:14:59","slug":"6-de-junio-de-2010-viaje-apostolico-a-chipre-santa-misa-con-ocasione-de-la-publicacion-del-instrumentum-laboris-de-la-asamblea-especial-para-oriente-proximo-del-sinodo-de-los-obispos-pabellon-de-d","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-junio-de-2010-viaje-apostolico-a-chipre-santa-misa-con-ocasione-de-la-publicacion-del-instrumentum-laboris-de-la-asamblea-especial-para-oriente-proximo-del-sinodo-de-los-obispos-pabellon-de-d\/","title":{"rendered":"6 de junio de 2010: Viaje Apost\u00f3lico a Chipre &#8211; Santa Misa con ocasione de la publicaci\u00f3n del Instrumentum Laboris de la Asamblea especial para Oriente Pr\u00f3ximo del S\u00ednodo de los Obispos, Pabell\u00f3n de Deportes Eleftheria (Nicosia)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2010\/index_cipro.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A CHIPRE<br \/> (4-6 DE JUNIO DE 2010)<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA CON OCASI&Oacute;N DE LA PUBLICACI&Oacute;N<br \/> &nbsp;DEL <i>INSTRUMENTUM LABORIS<\/i> <br \/> DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA EL MEDIO ORIENTE <br \/> DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Pabell&oacute;n de Deportes Eleftheria &#8211; Nicosia<br \/> Domingo 6 de junio de 2010 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\">(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa06062010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\"><font color=\"#663300\">V&iacute;deo<\/font><\/a>)<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>&nbsp;&nbsp; <\/i><\/font><\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo:<\/i><\/p>\n<p>Saludo con gozo a los Patriarcas y Obispos de las distintas comunidades eclesiales del Medio Oriente, llegados a Chipre para esta ocasi&oacute;n, y agradezco especialmente a Monse&ntilde;or Youssef Soueif, Arzobispo Maronita de Chipre, las palabras que me ha dirigido al comienzo de la Misa. Asimismo, saludo muy cordialmente a Su Beatitud Cris&oacute;stomos II.<\/p>\n<p>Deseo igualmente expresar mi alegr&iacute;a al poder celebrar la Eucarist&iacute;a en compa&ntilde;&iacute;a de tantos fieles chipriotas, en esta tierra bendecida por los trabajos apost&oacute;licos de san Pablo y san Bernab&eacute;. Saludo a todos cordialmente y agradezco vuestra hospitalidad y la generosa bienvenida que me hab&eacute;is dispensado. Saludo tambi&eacute;n, de modo particular, a los filipinos, srilankeses y a las dem&aacute;s comunidades de inmigrantes que forman una parte considerable de la poblaci&oacute;n cat&oacute;lica de la isla. Rezo para que vuestra presencia aqu&iacute; enriquezca la vida y el culto de las parroquias a las que pertenec&eacute;is, y para que, por vuestra parte, encontr&eacute;is abundante alimento espiritual en la antigua herencia cristiana de esta tierra, en la que hab&eacute;is establecido vuestro hogar.<\/p>\n<p>Celebramos hoy la solemnidad del Sant&iacute;simo Cuerpo y Sangre de Cristo. &nbsp;El nombre dado a esta fiesta en Occidente, <i>Corpus Christi<\/i>, se usa en la tradici&oacute;n de la Iglesia para designar tres realidades distintas: el cuerpo f&iacute;sico de Jes&uacute;s, nacido de la Virgen Mar&iacute;a; su cuerpo eucar&iacute;stico, el pan del cielo que nos nutre en este gran sacramento, y su cuerpo eclesial, la Iglesia. Al considerar los distintos aspectos del <i>Corpus Christi<\/i>, llegamos a comprender m&aacute;s profundamente el misterio de comuni&oacute;n que nos une a quienes formamos parte de la Iglesia. En la eucarist&iacute;a, el Esp&iacute;ritu Santo congrega \u201cen la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo\u201d (cf. <i>Plegaria Eucar&iacute;stica II<\/i>), para formar el &uacute;nico pueblo santo de Dios. Como el Esp&iacute;ritu Santo descendi&oacute; sobre los Ap&oacute;stoles en el cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, as&iacute; tambi&eacute;n el mismo Esp&iacute;ritu Santo act&uacute;a en cada celebraci&oacute;n de la Misa con un doble objetivo: santificar las ofrendas del pan y del vino, para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y llenar a cuantos se nutren de estas santas ofrendas, para que formen un solo cuerpo, un solo esp&iacute;ritu en Cristo.<\/p>\n<p>San Agust&iacute;n explica espl&eacute;ndidamente este proceso (cf. <i>Serm&oacute;n<\/i> 272). Nos recuerda que el pan no se hace a partir de un solo grano, sino de muchos. Para que todos los granos se transformen en pan, primero hay que molerlos. Alude aqu&iacute; al exorcismo que han de hacer los catec&uacute;menos antes de su bautismo. Cada uno de nosotros que formamos parte de la Iglesia necesita salir del mundo cerrado de su individualismo y aceptar la \u2018compa&ntilde;&iacute;a\u2019 de los dem&aacute;s, que \u201ccomparten el pan\u201d con nosotros. Ya no debemos pensar m&aacute;s a partir del \u201cyo\u201d, sino del \u201cnosotros\u201d. Por esto, todos los d&iacute;as pedimos a \u201cnuestro\u201d Padre el pan \u201cnuestro\u201d de cada d&iacute;a. La condici&oacute;n previa para entrar en la vida divina a la que estamos llamados es derribar las barreras entre nosotros y nuestros vecinos. Necesitamos ser liberados de lo que nos aprisiona y a&iacute;sla: temor y desconfianza rec&iacute;proca, avidez y ego&iacute;smo, malevolencia, para arriesgarnos a la vulnerabilidad a la que nos exponemos cuando nos abrimos al amor.<\/p>\n<p>Los granos de trigo, una vez triturados, se mezclan en la masa y se meten en el horno. Aqu&iacute;, san Agust&iacute;n se refiere a la inmersi&oacute;n en las aguas bautismales a la que sigue el don sacramental del Esp&iacute;ritu Santo, que inflama el coraz&oacute;n de los fieles con el fuego del amor de Dios. Este proceso que une y transforma los granos aislados en un &uacute;nico pan nos ofrece una imagen sugerente de la acci&oacute;n unificadora del Esp&iacute;ritu Santo sobre los miembros de la Iglesia, realizada de una manera eminente a trav&eacute;s de la celebraci&oacute;n de la eucarist&iacute;a. Quienes participan en este gran sacramento y se alimentan de su Cuerpo eucar&iacute;stico se transforman en el Cuerpo eclesial de Cristo. \u201cS&eacute; lo que ves\u201d, dice san Agust&iacute;n anim&aacute;ndolos, \u201cy recibe lo que eres\u201d.<\/p>\n<p>Estas significativas palabras nos invitan a responder generosamente a la llamada a \u201cser Cristo\u201d para los que nos rodean. Ahora somos su cuerpo en la tierra. Parafraseando una c&eacute;lebre expresi&oacute;n atribuida a santa Teresa de &Aacute;vila, somos los ojos con los que mira compasivamente a los que pasan necesidad, somos las manos que extiende para bendecir y curar, somos los pies de los que se sirve para hacer el bien, y somos los labios con los que se proclama su Evangelio. Sin embargo, es importante comprender que cuando participamos de este modo en su obra de salvaci&oacute;n, no estamos honrando la memoria de un h&eacute;roe muerto prolongando lo que &eacute;l hizo. Al contrario, Cristo vive en nosotros, su cuerpo, la Iglesia, su pueblo sacerdotal. Al tomarlo a &Eacute;l como alimento en la eucarist&iacute;a y acogiendo en nuestros corazones su Esp&iacute;ritu Santo, nos transformamos realmente en el Cuerpo de Cristo que hemos recibido, estamos verdaderamente en comuni&oacute;n con &Eacute;l y entre nosotros, y nos transformamos en verdaderos instrumentos suyos, dando testimonio de &Eacute;l en el mundo.<\/p>\n<p>\u201cEn el grupo de los creyentes todos pensaban y sent&iacute;an lo mismo\u201d (<i>Hch<\/i> 4,32). En las comunidades cristianas primitivas que se alimentaban de la mesa del Se&ntilde;or vemos los efectos de esta acci&oacute;n unificadora del Esp&iacute;ritu Santo. Pon&iacute;an sus bienes en com&uacute;n y cualquier apego material era superado por amor a los hermanos. Encontraban soluciones equitativas a sus diferencias, como vemos por ejemplo en la resoluci&oacute;n de la disputa entre helenistas y hebreos acerca del suministro diario (cf. <i>Hch<\/i> 6, 1-6). As&iacute;, un atento observador pudo comentar poco m&aacute;s tarde: \u201cMirad c&oacute;mo se aman estos cristianos, y c&oacute;mo est&aacute;n dispuestos a morir unos por otros\u201d (Tertuliano, <i>Apologia<\/i>, 39). M&aacute;s a&uacute;n, su amor no se limitaba al grupo de los creyentes. No se ve&iacute;an a s&iacute; mismos como beneficiarios exclusivos y privilegiados de los favores divinos, sino m&aacute;s bien como mensajeros, para llevar la buena noticia de la salvaci&oacute;n en Cristo hasta los confines del mundo. De esta manera, el mensaje que Cristo resucitado confi&oacute; a los Ap&oacute;stoles se extendi&oacute; con rapidez por todo el Medio Oriente, y desde all&iacute; por el mundo entero.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas en Cristo, como ellos hicieron, tambi&eacute;n nosotros estamos llamados hoy a tener un s&oacute;lo coraz&oacute;n y una sola alma, a profundizar en nuestra comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or y con los dem&aacute;s, y a dar testimonio de &Eacute;l ante el mundo. <\/p>\n<p>Estamos llamados a superar nuestras diferencias, a poner paz y reconciliaci&oacute;n donde exista un conflicto, a ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Estamos llamados a tender una mano a quien lo necesite, a compartir con generosidad nuestros bienes materiales con los m&aacute;s desafortunados. Estamos llamados a proclamar de manera incansable la muerte y la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, hasta que &Eacute;l vuelva. Por Cristo, con &Eacute;l y en &Eacute;l, en la unidad que es el don del Esp&iacute;ritu Santo a la Iglesia, demos honor y gloria a Dios nuestro Padre del cielo, en compa&ntilde;&iacute;a de todos los &aacute;ngeles y santos que cantan su alabanza por los siglos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A CHIPRE (4-6 DE JUNIO DE 2010) SANTA MISA CON OCASI&Oacute;N DE LA PUBLICACI&Oacute;N &nbsp;DEL INSTRUMENTUM LABORIS DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA EL MEDIO ORIENTE DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Pabell&oacute;n de Deportes Eleftheria &#8211; Nicosia Domingo 6 de junio de 2010 (V&iacute;deo) &nbsp;&nbsp; Queridos hermanos y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-junio-de-2010-viaje-apostolico-a-chipre-santa-misa-con-ocasione-de-la-publicacion-del-instrumentum-laboris-de-la-asamblea-especial-para-oriente-proximo-del-sinodo-de-los-obispos-pabellon-de-d\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab6 de junio de 2010: Viaje Apost\u00f3lico a Chipre &#8211; Santa Misa con ocasione de la publicaci\u00f3n del Instrumentum Laboris de la Asamblea especial para Oriente Pr\u00f3ximo del S\u00ednodo de los Obispos, Pabell\u00f3n de Deportes Eleftheria (Nicosia)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40964","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40964","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40964"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40964\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40964"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40964"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40964"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}