{"id":40966,"date":"2016-10-06T15:15:01","date_gmt":"2016-10-06T20:15:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-2010-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:01","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:01","slug":"3-de-junio-de-2010-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-2010-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/","title":{"rendered":"3 de junio de 2010: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100603.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI <br \/>&nbsp;<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>H<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">OMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves 3 de junio de 2010 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\">(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/corpus-domini03062010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\"><font color=\"#663300\">V&iacute;deo<\/font><\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> El sacerdocio del Nuevo Testamento est&aacute; &iacute;ntimamente unido a la Eucarist&iacute;a. Por esto, hoy, en la solemnidad del Corpus Christi y casi al final del A&ntilde;o sacerdotal, se nos invita a meditar en la relaci&oacute;n entre la Eucarist&iacute;a y el sacerdocio de Cristo. En esta direcci&oacute;n nos orientan tambi&eacute;n la primera lectura y el salmo responsorial, que presentan la figura de Melquisedec. El breve pasaje del <i>Libro del G&eacute;nesis <\/i>(cf. 14, 18-20) afirma que Melquisedec, rey de Salem, era &laquo;sacerdote del Dios alt&iacute;simo&raquo; y por eso &laquo;ofreci&oacute; pan y vino&raquo; y &laquo;bendijo a Abram&raquo;, que volv&iacute;a de una victoria en batalla. Abraham mismo le dio el diezmo de todo. El salmo, a su vez, contiene en la &uacute;ltima estrofa una expresi&oacute;n solemne, un juramento de Dios mismo, que declara al Rey Mes&iacute;as: &laquo;T&uacute; eres sacerdote eterno seg&uacute;n el rito de Melquisedec&raquo; (<i>Sal<\/i> 110, 4). As&iacute;, el Mes&iacute;as no s&oacute;lo es proclamado Rey sino tambi&eacute;n Sacerdote. En este pasaje se inspira el autor de la <i>Carta a los Hebreos<\/i> para su amplia y articulada exposici&oacute;n. Y nosotros lo hemos repetido en el estribillo: &laquo;T&uacute; eres sacerdote eterno, Cristo Se&ntilde;or&raquo;: casi una profesi&oacute;n de fe, que adquiere un significado especial en la fiesta de hoy. Es la alegr&iacute;a de la comunidad, la alegr&iacute;a de toda la Iglesia que, contemplando y adorando el Sant&iacute;simo Sacramento, reconoce en &eacute;l la presencia real y permanente de Jes&uacute;s, sumo y eterno Sacerdote.<\/p>\n<p align=\"left\"> La segunda lectura y el Evangelio, en cambio, centran la atenci&oacute;n en el misterio eucar&iacute;stico. De la <i>Primera Carta a los Corintios<\/i> (cf. 11, 23-26) est&aacute; tomado el pasaje fundamental, en el que san Pablo recuerda a la comunidad el significado y el valor de la &laquo;Cena del Se&ntilde;or&raquo;, que el Ap&oacute;stol hab&iacute;a transmitido y ense&ntilde;ado, pero que corr&iacute;an el riesgo de perderse. El Evangelio, en cambio, es el relato del milagro de la multiplicaci&oacute;n de los panes y los peces, en la redacci&oacute;n de san Lucas: un signo atestiguado por todos los Evangelistas y que anuncia el don que Cristo har&aacute; de s&iacute; mismo, para dar a la humanidad la vida eterna. Ambos textos ponen de relieve la oraci&oacute;n de Cristo, en el acto de partir el pan. Naturalmente, hay una neta diferencia entre los dos momentos: cuando parte los panes y los peces para las multitudes, Jes&uacute;s da gracias al Padre celestial por su providencia, confiando en que no dejar&aacute; que falte el alimento a toda esa gente. En la &uacute;ltima Cena, en cambio, Jes&uacute;s convierte el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre, para que los disc&iacute;pulos puedan alimentarse de &eacute;l y vivir en comuni&oacute;n &iacute;ntima y real con &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"left\"> Lo primero que conviene recordar siempre es que Jes&uacute;s no era un sacerdote seg&uacute;n la tradici&oacute;n jud&iacute;a. Su familia no era sacerdotal. No pertenec&iacute;a a la descendencia de Aar&oacute;n, sino a la de Jud&aacute; y, por tanto, legalmente el camino del sacerdocio le estaba vedado. La persona y la actividad de Jes&uacute;s de Nazaret no se sit&uacute;an en la l&iacute;nea de los antiguos sacerdotes, sino m&aacute;s bien en la de los profetas. Y en esta l&iacute;nea Jes&uacute;s se alej&oacute; de una concepci&oacute;n ritual de la religi&oacute;n, criticando el planteamiento que daba valor a los preceptos humanos vinculados a la pureza ritual m&aacute;s que a la observancia de los mandamientos de Dios, es decir, al amor a Dios y al pr&oacute;jimo, que, como dice el Se&ntilde;or, &laquo;vale m&aacute;s que todos los holocaustos y sacrificios&raquo; (<i>Mc<\/i> 12, 33). Tambi&eacute;n en el interior del templo de Jerusal&eacute;n, lugar sagrado por excelencia, Jes&uacute;s realiza un gesto t&iacute;picamente prof&eacute;tico, cuando expulsa a los cambistas y a los vendedores de animales, actividades que serv&iacute;an para la ofrenda de los sacrificios tradicionales. As&iacute; pues, a Jes&uacute;s no se le reconoce como un Mes&iacute;as sacerdotal, sino prof&eacute;tico y real. Incluso su muerte, que los cristianos con raz&oacute;n llamamos &laquo;sacrificio&raquo;, no ten&iacute;a nada de los sacrificios antiguos, m&aacute;s a&uacute;n, era todo lo contrario: la ejecuci&oacute;n de una condena a muerte, por crucifixi&oacute;n, la m&aacute;s infamante, llevada a cabo fuera de las murallas de Jerusal&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> Entonces, &iquest;en qu&eacute; sentido Jes&uacute;s es sacerdote? Nos lo dice precisamente la Eucarist&iacute;a. Podemos tomar como punto de partida las palabras sencillas que describen a Melquisedec: &laquo;Ofreci&oacute; pan y vino&raquo; (<i>Gn<\/i> 14, 18). Es lo que hizo Jes&uacute;s en la &uacute;ltima Cena: ofreci&oacute; pan y vino, y en ese gesto se resumi&oacute; totalmente a s&iacute; mismo y resumi&oacute; toda su misi&oacute;n. En ese acto, en la oraci&oacute;n que lo precede y en las palabras que lo acompa&ntilde;an radica todo el sentido del misterio de Cristo, como lo expresa la Carta a los Hebreos en un pasaje decisivo, que es necesario citar: &laquo;En los d&iacute;as de su vida mortal \u2014escribe el autor refiri&eacute;ndose a Jes&uacute;s\u2014 ofreci&oacute; ruegos y s&uacute;plicas con poderoso clamor y l&aacute;grimas a Dios que pod&iacute;a salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su pleno abandono a &eacute;l. Aun siendo Hijo, con lo que padeci&oacute; aprendi&oacute; la obediencia; y, hecho perfecto, se convirti&oacute; en causa de salvaci&oacute;n eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote seg&uacute;n el rito de Melquisedec&raquo; (5, 7-10). En este texto, que alude claramente a la agon&iacute;a espiritual de Getseman&iacute;, la pasi&oacute;n de Cristo se presenta como una oraci&oacute;n y como una ofrenda. Jes&uacute;s afronta su &laquo;hora&raquo;, que lo lleva a la muerte de cruz, inmerso en una profunda oraci&oacute;n, que consiste en la uni&oacute;n de su voluntad con la del Padre. Esta doble y &uacute;nica voluntad es una voluntad de amor. La tr&aacute;gica prueba que Jes&uacute;s afronta, vivida en esta oraci&oacute;n, se transforma en ofrenda, en sacrificio vivo.<\/p>\n<p align=\"left\"> Dice la <i>Carta a los Hebreos<\/i> que Jes&uacute;s &laquo;fue escuchado&raquo;. &iquest;En qu&eacute; sentido? En el sentido de que Dios Padre lo liber&oacute; de la muerte y lo resucit&oacute;. Fue escuchado precisamente por su pleno abandono a la voluntad del Padre: el designio de amor de Dios pudo realizarse perfectamente en Jes&uacute;s que, habiendo obedecido hasta el extremo de la muerte en cruz, se convirti&oacute; en &laquo;causa de salvaci&oacute;n&raquo; para todos los que le obedecen. Es decir, se convirti&oacute; en sumo sacerdote porque &eacute;l mismo tom&oacute; sobre s&iacute; todo el pecado del mundo, como &laquo;Cordero de Dios&raquo;. Es el Padre quien le confiere este sacerdocio en el momento mismo en que Jes&uacute;s cruza el paso de su muerte y resurrecci&oacute;n. No es un sacerdocio seg&uacute;n el ordenamiento de la ley de Mois&eacute;s (cf. Lv 8-9), sino &laquo;seg&uacute;n el rito de Melquisedec&raquo;, seg&uacute;n un orden prof&eacute;tico, que s&oacute;lo depende de su singular relaci&oacute;n con Dios.<\/p>\n<p align=\"left\"> Volvamos a la expresi&oacute;n de la <i>Carta a los Hebreos<\/i> que dice: &laquo;Aun siendo Hijo, con lo que padeci&oacute; aprendi&oacute; la obediencia&raquo;. El sacerdocio de Cristo conlleva el sufrimiento. Jes&uacute;s sufri&oacute; verdaderamente, y lo hizo por nosotros. Era el Hijo y no necesitaba aprender la obediencia, pero nosotros s&iacute; ten&iacute;amos y tenemos siempre necesidad de aprenderla. Por eso, el Hijo asumi&oacute; nuestra humanidad y por nosotros se dej&oacute; &laquo;educar&raquo; en el crisol del sufrimiento, se dej&oacute; transformar por &eacute;l, como el grano de trigo que, para dar fruto, debe morir en la tierra. A trav&eacute;s de este proceso Jes&uacute;s fue &laquo;hecho perfecto&raquo;, en griego <i>teleiotheis<\/i>. Debemos detenernos en este t&eacute;rmino, porque es muy significativo. Indica la culminaci&oacute;n de un camino, es decir, precisamente el camino de educaci&oacute;n y transformaci&oacute;n del Hijo de Dios mediante el sufrimiento, mediante la pasi&oacute;n dolorosa. Gracias a esta transformaci&oacute;n Jesucristo llega a ser &laquo;sumo sacerdote&raquo; y puede salvar a todos los que le obedecen. El t&eacute;rmino <i>teleiotheis<\/i>, acertadamente traducido con &laquo;hecho perfecto&raquo;, pertenece a una ra&iacute;z verbal que, en la versi&oacute;n griega del Pentateuco \u2014es decir, los primeros cinco libros de la Biblia\u2014 siempre se usa para indicar la consagraci&oacute;n de los antiguos sacerdotes. Este descubrimiento es muy valioso, porque nos aclara que la pasi&oacute;n fue para Jes&uacute;s como una consagraci&oacute;n sacerdotal. &Eacute;l no era sacerdote seg&uacute;n la Ley, pero lleg&oacute; a serlo de modo existencial en su Pascua de pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n: se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo en expiaci&oacute;n y el Padre, exalt&aacute;ndolo por encima de toda criatura, lo constituy&oacute; Mediador universal de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> Volvamos a nuestra meditaci&oacute;n, a la Eucarist&iacute;a, que dentro de poco ocupar&aacute; el centro de nuestra asamblea lit&uacute;rgica. En ella Jes&uacute;s anticip&oacute; su sacrificio, un sacrificio no ritual, sino personal. En la &uacute;ltima Cena act&uacute;a movido por el &laquo;Esp&iacute;ritu eterno&raquo; con el que se ofrecer&aacute; en la cruz (cf. <i>Hb<\/i> 9, 14). Dando gracias y bendiciendo, Jes&uacute;s transforma el pan y el vino. El amor divino es lo que transforma: el amor con que Jes&uacute;s acepta con anticipaci&oacute;n entregarse totalmente por nosotros. Este amor no es sino el Esp&iacute;ritu Santo, el Esp&iacute;ritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia su sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or, haciendo presente en el Sacramento el mismo sacrificio que se realiza luego de modo cruento en la cruz. As&iacute; pues, podemos concluir que Cristo es sacerdote verdadero y eficaz porque estaba lleno de la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, estaba colmado de toda la plenitud del amor de Dios, y esto precisamente &laquo;en la noche en que fue entregado&raquo;, precisamente en la &laquo;hora de las tinieblas&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 22, 53). Esta fuerza divina, la misma que realiz&oacute; la encarnaci&oacute;n del Verbo, es la que transforma la violencia extrema y la injusticia extrema en un acto supremo de amor y de justicia. Esta es la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia, en la doble forma del sacerdocio com&uacute;n de los bautizados y el ordenado de los ministros, para transformar el mundo con el amor de Dios. Todos, sacerdotes y fieles, nos alimentamos de la misma Eucarist&iacute;a; todos nos postramos para adorarla, porque en ella est&aacute; presente nuestro Maestro y Se&ntilde;or, est&aacute; presente el verdadero Cuerpo de Jes&uacute;s, V&iacute;ctima y Sacerdote, salvaci&oacute;n del mundo. Venid, exultemos con cantos de alegr&iacute;a. Venid, adoremos. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI &nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 3 de junio de 2010 (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: El sacerdocio del Nuevo Testamento est&aacute; &iacute;ntimamente unido a la Eucarist&iacute;a. 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