{"id":40973,"date":"2016-10-06T15:15:11","date_gmt":"2016-10-06T20:15:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-mayo-de-2010-visita-pastoral-a-turin-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-san-carlo\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:11","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:11","slug":"2-de-mayo-de-2010-visita-pastoral-a-turin-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-san-carlo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-mayo-de-2010-visita-pastoral-a-turin-concelebracion-eucaristica-en-la-plaza-san-carlo\/","title":{"rendered":"2 de mayo de 2010: Visita pastoral a Tur\u00edn &#8211; Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en la Plaza \u00abSan Carlo\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2010\/index_torino.html\">VISITA PASTORAL A TUR&Iacute;N<font size=\"4\"> <\/font> <\/a><font size=\"4\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Plaza &laquo;San Carlo&raquo;<br \/> Domingo 2 de mayo de 2010 <\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Me alegra estar con vosotros en este d&iacute;a de fiesta y celebrar juntos esta solemne Eucarist&iacute;a. Saludo a cada uno de los presentes y, en particular, al pastor de vuestra archidi&oacute;cesis, el cardenal Severino Poletto, a quien agradezco las afectuosas palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Saludo tambi&eacute;n a los arzobispos y a los obispos presentes, a los sacerdotes, a los religiosos y las religiosas, a los representantes de las asociaciones y de los movimientos eclesiales. Dirijo un respetuoso saludo al alcalde, Sergio Chiamparino, a quien agradezco sus amables palabras; al representante del Gobierno y a las autoridades civiles y militares, con un agradecimiento especial a quienes han colaborado generosamente en la realizaci&oacute;n de <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2010\/index_torino.html\">mi visita pastoral<\/a>. Mi saludo se extiende tambi&eacute;n a quienes no han podido estar presentes, especialmente a los enfermos, a las personas solas y a quienes pasan por dificultades. Encomiendo al Se&ntilde;or la ciudad de Tur&iacute;n y sus habitantes en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica que, como cada domingo, nos invita a participar de modo comunitario en la mesa de la Palabra de verdad y del Pan de vida eterna. <\/p>\n<p> Estamos en el tiempo pascual, que es el tiempo de la glorificaci&oacute;n de Jes&uacute;s. El Evangelio que acabamos de escuchar nos recuerda que esta glorificaci&oacute;n se realiz&oacute; mediante la pasi&oacute;n. En el misterio pascual pasi&oacute;n y glorificaci&oacute;n est&aacute;n estrechamente vinculadas entre s&iacute;, forman una unidad inseparable. Jes&uacute;s afirma: &laquo;Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en &eacute;l&raquo; (<br \/>\n<i>Jn<\/i> 13, 31) y lo hace cuando Judas sale del Cen&aacute;culo para cumplir su plan de traici&oacute;n, que llevar&aacute; al Maestro a la muerte: precisamente en ese momento comienza la glorificaci&oacute;n de Jes&uacute;s. El evangelista san Juan lo da a entender claramente: de hecho, no dice que Jes&uacute;s fue glorificado s&oacute;lo despu&eacute;s de su pasi&oacute;n, por medio de la resurrecci&oacute;n, sino que muestra que su glorificaci&oacute;n comenz&oacute; precisamente con la pasi&oacute;n. En ella Jes&uacute;s manifiesta su gloria, que es gloria del amor, que entrega toda su persona. &Eacute;l am&oacute; al Padre, cumpliendo su voluntad hasta el final, con una entrega perfecta; am&oacute; a la humanidad dando su vida por nosotros. As&iacute;, ya en su pasi&oacute;n es glorificado, y Dios es glorificado en &eacute;l. Pero la pasi&oacute;n \u2014como expresi&oacute;n real&iacute;sima y profunda de su amor\u2014 es s&oacute;lo un inicio. Por esto Jes&uacute;s afirma que su glorificaci&oacute;n tambi&eacute;n ser&aacute; futura (cf. v. 32). Despu&eacute;s el Se&ntilde;or, en el momento de anunciar que deja este mundo (cf. v. 33), casi como testamento da a sus disc&iacute;pulos un mandamiento para continuar de modo nuevo su presencia en medio de ellos: &laquo;Os doy un mandamiento nuevo: que os am&eacute;is los unos a los otros. Como yo os he amado, as&iacute; amaos tambi&eacute;n vosotros los unos a los otros&raquo; (v. 34). Si nos amamos los unos a los otros, Jes&uacute;s sigue estando presente entre nosotros, y sigue siendo glorificado en el mundo.<\/p>\n<p>Jes&uacute;s habla de un &laquo;mandamiento nuevo&raquo;. &iquest;Cu&aacute;l es su novedad? En el Antiguo Testamento Dios ya hab&iacute;a dado el mandato del amor; pero ahora este mandamiento es nuevo porque Jes&uacute;s a&ntilde;ade algo muy importante: &laquo;Como yo os he amado, as&iacute; amaos tambi&eacute;n vosotros los unos a los otros&raquo;. Lo nuevo es precisamente este &laquo;amar como Jes&uacute;s ha amado&raquo;. Todo nuestro amar est&aacute; precedido por su amor y se refiere a este amor, se inserta en este amor, se realiza precisamente por este amor. El Antiguo Testamento no presentaba ning&uacute;n modelo de amor, sino que formulaba solamente el precepto de amar. Jes&uacute;s, en cambio, se presenta a s&iacute; mismo como modelo y como fuente de amor. Se trata de un amor sin l&iacute;mites, universal, capaz de transformar tambi&eacute;n todas las circunstancias negativas y todos los obst&aacute;culos en ocasiones para progresar en el amor. Y en los santos de esta ciudad vemos la realizaci&oacute;n de este amor, siempre desde la fuente del amor de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p>En los siglos pasados la Iglesia que est&aacute; en Tur&iacute;n ha conocido una rica tradici&oacute;n de santidad y de generoso servicio a los hermanos \u2014como han recordado el cardenal arzobispo y el se&ntilde;or alcalde\u2014 gracias a la obra de celosos sacerdotes, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa, y de fieles laicos. Las palabras de Jes&uacute;s adquieren una resonancia especial para esta Iglesia de Tur&iacute;n, una Iglesia generosa y activa, comenzando por sus sacerdotes. Al darnos el mandamiento nuevo, Jes&uacute;s nos pide vivir su mismo amor, vivir de su mismo amor, que es el signo verdaderamente cre&iacute;ble, elocuente y eficaz para anunciar al mundo la venida del reino de Dios. Obviamente, s&oacute;lo con nuestras fuerzas somos d&eacute;biles y limitados. En nosotros permanece siempre una resistencia al amor y en nuestra existencia hay muchas dificultades que provocan divisiones, resentimientos y rencores. Pero el Se&ntilde;or nos ha prometido estar presente en nuestra vida, haci&eacute;ndonos capaces de este amor generoso y total, que sabe vencer todos los obst&aacute;culos, tambi&eacute;n los que radican en nuestro coraz&oacute;n. Si estamos unidos a Cristo, podemos amar verdaderamente de este modo. Amar a los dem&aacute;s como Jes&uacute;s nos ha amado s&oacute;lo es posible con la fuerza que se nos comunica en la relaci&oacute;n con &eacute;l, especialmente en la Eucarist&iacute;a, en la que se hace presente de modo real su sacrificio de amor que genera amor: es la verdadera novedad en el mundo y la fuerza de una glorificaci&oacute;n permanente de Dios, que se glorifica en la continuidad del amor de Jes&uacute;s en nuestro amor. <\/p>\n<p>Quiero dirigir ahora unas palabras de aliento en particular a los sacerdotes y a los di&aacute;conos de esta Iglesia, que se dedican con generosidad al trabajo pastoral, as&iacute; como a los religiosos y a las religiosas. A veces, ser obreros en la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or puede ser arduo, los compromisos se multiplican, las exigencias son muchas y no faltan los problemas: aprended a sacar diariamente de la relaci&oacute;n de amor con Dios en la oraci&oacute;n la fuerza para llevar el anuncio prof&eacute;tico de salvaci&oacute;n; volved a centrar vuestra existencia en lo esencial del Evangelio; cultivad una dimensi&oacute;n real de comuni&oacute;n y de fraternidad dentro del presbiterio, de vuestras comunidades, en las relaciones con el pueblo de Dios; testimoniad en el ministerio el poder del amor que viene de lo Alto, viene del Se&ntilde;or presente entre nosotros. <\/p>\n<p>La primera lectura que hemos escuchado nos presenta precisamente un modo especial de glorificaci&oacute;n de Jes&uacute;s: el apostolado y sus frutos. Pablo y Bernab&eacute;, al t&eacute;rmino de su primer viaje apost&oacute;lico, regresan a las ciudades que ya hab&iacute;an visitado y alientan de nuevo a los disc&iacute;pulos, exhort&aacute;ndolos a permanecer firmes en la fe, porque, como ellos dicen, &laquo;es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios&raquo; (<i>Hch<\/i> 14, 22). La vida cristiana, queridos hermanos y hermanas, no es f&aacute;cil; s&eacute; que tampoco en Tur&iacute;n faltan dificultades, problemas, preocupaciones: pienso, en particular, en quienes viven concretamente su existencia en condiciones de precariedad, a causa de la falta de trabajo, de la incertidumbre por el futuro, del sufrimiento f&iacute;sico y moral; pienso en las familias, en los j&oacute;venes, en las personas ancianas que con frecuencia viven en soledad, en los marginados, en los inmigrantes. S&iacute;, la vida lleva a afrontar muchas dificultades, muchos problemas, pero lo que permite afrontar, vivir y superar el peso de los problemas cotidianos es precisamente la certeza que nos viene de la fe, la certeza de que no estamos solos, de que Dios nos ama a cada uno sin distinci&oacute;n y est&aacute; cerca de cada uno con su amor. El amor universal de Cristo resucitado fue lo que impuls&oacute; a los Ap&oacute;stoles a salir de s&iacute; mismos, a difundir la Palabra de Dios, a dar su vida sin reservas por los dem&aacute;s, con valent&iacute;a, alegr&iacute;a y serenidad. Cristo resucitado posee una fuerza de amor que supera todo l&iacute;mite, no se detiene ante ning&uacute;n obst&aacute;culo. Y la comunidad cristiana, especialmente en las realidades de mayor compromiso pastoral, deber ser instrumento concreto de este amor de Dios.<\/p>\n<p>Exhorto a las familias a vivir la dimensi&oacute;n cristiana del amor en las acciones cotidianas sencillas, en las relaciones familiares, superando divisiones e incomprensiones, cultivando la fe que hace todav&iacute;a m&aacute;s firme la comuni&oacute;n. Que en el rico y variado mundo de la Universidad y de la cultura tampoco falte el testimonio del amor del que nos habla el Evangelio de hoy, con la capacidad de escucha atenta y de di&aacute;logo humilde en la b&uacute;squeda de la Verdad, seguros de que es la Verdad misma la que nos sale al encuentro y nos aferra. Deseo tambi&eacute;n alentar el esfuerzo, a menudo dif&iacute;cil, de quien est&aacute; llamado a administrar el sector p&uacute;blico: la colaboraci&oacute;n para buscar el bien com&uacute;n y hacer que la ciudad sea cada vez m&aacute;s humana y habitable es una se&ntilde;al de que el pensamiento cristiano sobre el hombre nunca va contra su libertad, sino en favor de una mayor plenitud que s&oacute;lo encuentra su realizaci&oacute;n en una &laquo;civilizaci&oacute;n del amor&raquo;. A todos, en particular a los j&oacute;venes, quiero decir que no pierdan nunca la esperanza, la que viene de Cristo resucitado, de la victoria de Dios sobre el pecado, sobre el odio y sobre la muerte.<\/p>\n<p>La segunda lectura de hoy nos muestra precisamente el resultado final de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s: es la nueva Jerusal&eacute;n, la ciudad santa, que desciende del cielo, de Dios, engalanada como una esposa ataviada para su esposo (cf. <i>Ap<\/i> 21, 2). Aquel que fue crucificado, que comparti&oacute; nuestro sufrimiento, como nos recuerda tambi&eacute;n, de manera elocuente, la S&aacute;bana Santa, ha resucitado y nos quiere reunir a todos en su amor. Se trata de una esperanza estupenda, &laquo;fuerte&raquo;, s&oacute;lida, porque, como dice el libro del Apocalipsis: &laquo;(Dios) enjugar&aacute; toda l&aacute;grima de sus ojos, y no habr&aacute; ya muerte ni habr&aacute; llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado&raquo; (<i>Ap<\/i> 21, 4). &iquest;Acaso la S&aacute;bana Santa no comunica el mismo mensaje? En ella vemos reflejados como en un espejo nuestros padecimientos en los sufrimientos de Cristo: &laquo;<i>Passio Christi. Passio hominis<\/i>&raquo;. Precisamente por esto la S&aacute;bana Santa es un signo de esperanza: Cristo afront&oacute; la cruz para atajar el mal; para hacernos entrever, en su Pascua, la anticipaci&oacute;n del momento en que para nosotros enjugar&aacute; toda l&aacute;grima y ya no habr&aacute; muerte, ni llanto, ni gritos ni fatigas. <\/p>\n<p>El pasaje del Apocalipsis termina con la afirmaci&oacute;n: &laquo;Dijo el que est&aacute; sentado en el trono: \u201cMira que hago un mundo nuevo\u201d&raquo; (<i>Ap<\/i> 21, 5). Lo primero absolutamente nuevo realizado por Dios fue la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s, su glorificaci&oacute;n celestial, la cual es el inicio de toda una serie de &laquo;cosas nuevas&raquo;, a las que pertenecemos tambi&eacute;n nosotros. &laquo;Cosas nuevas&raquo; son un mundo lleno de alegr&iacute;a, en el que ya no hay sufrimientos ni vejaciones, ya no hay rencor ni odio, sino s&oacute;lo el amor que viene de Dios y que lo transforma todo. <\/p>\n<p>Querida Iglesia que est&aacute; en Tur&iacute;n, he venido entre vosotros para confirmaros en la fe. Deseo exhortaros, con fuerza y con afecto, a permanecer firmes en la fe que hab&eacute;is recibido, que da sentido a la vida, que da fuerza para amar; a no perder nunca la luz de la esperanza en Cristo resucitado, que es capaz de transformar la realidad y hacer nuevas todas las cosas; a vivir de modo sencillo y concreto el amor de Dios en la ciudad, en los barrios, en las comunidades, en las familias: &laquo;Como yo os he amado, as&iacute; amaos los unos a los otros&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A TUR&Iacute;N &nbsp; CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza &laquo;San Carlo&raquo; Domingo 2 de mayo de 2010 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Me alegra estar con vosotros en este d&iacute;a de fiesta y celebrar juntos esta solemne Eucarist&iacute;a. 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