{"id":40974,"date":"2016-10-06T15:15:12","date_gmt":"2016-10-06T20:15:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-2010-funeral-del-cardenal-tomas-spidlik\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:12","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:12","slug":"20-de-abril-de-2010-funeral-del-cardenal-tomas-spidlik","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-2010-funeral-del-cardenal-tomas-spidlik\/","title":{"rendered":"20 de abril de 2010: Funeral del cardenal Tom\u00e1\u0161 \u0160pidl\u00edk"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CAPILLA PAPAL PARA LAS EXEQUIAS <br \/> DEL CARDENALE TOM&Aacute;\u0160 \u0160PIDL&Iacute;K, S.J.<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana, Altar de la C&aacute;tedra <br \/>Martes 20 de abril de 2010<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> (<a onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/omelia20042010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\" href=\"#\">V&iacute;deo<\/a>)<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Venerados hermanos, <br \/> ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> Unas de las &uacute;ltimas palabras pronunciadas por el difunto cardenal \u0160pidl&iacute;k fueron estas: &laquo;Durante toda la vida he buscado el rostro de Jes&uacute;s, y ahora estoy feliz y sereno porque me voy a verlo&raquo;. Este estupendo pensamiento \u2014tan sencillo, casi infantil en su expresi&oacute;n y, sin embargo, tan profundo y verdadero\u2014 remite inmediatamente a la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s, que reson&oacute; hace poco en el Evangelio: &laquo;Padre, los que t&uacute; me has dado, quiero que donde yo est&eacute; est&eacute;n tambi&eacute;n conmigo, para que contemplen mi gloria, la que me has dado; porque me has amado antes de la creaci&oacute;n del mundo&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 24). Es hermoso y consolador meditar esta correspondencia entre el deseo del hombre, que aspira a ver el rostro del Se&ntilde;or, y el deseo del propio Jes&uacute;s. En realidad, la de Cristo es mucho m&aacute;s que una aspiraci&oacute;n: es una voluntad. Jes&uacute;s dice al Padre: &laquo;Los que t&uacute; me has dado, quiero que donde yo est&eacute; est&eacute;n tambi&eacute;n conmigo&raquo;. Es precisamente aqu&iacute;, en esta voluntad, donde encontramos la &laquo;roca&raquo;, el fundamento s&oacute;lido para creer y esperar. De hecho, la voluntad de Jes&uacute;s coincide con la de Dios Padre, y junto con la obra del Esp&iacute;ritu Santo constituye para el hombre una especie de &laquo;abrazo&raquo; seguro, fuerte y dulce, que lo lleva a la vida eterna.<\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Qu&eacute; inmenso don escuchar esta voluntad de Dios de sus propios labios! Pienso que los grandes hombres de fe viven inmersos en esta gracia, tienen el don de percibir con especial fuerza esta verdad, y as&iacute; pueden afrontar tambi&eacute;n duras pruebas, como hizo el padre Tom&aacute;\u0161 \u0160pidl&iacute;k, sin perder la confianza, m&aacute;s a&uacute;n, conservando un vivo sentido del humor, que ciertamente es una se&ntilde;al de inteligencia pero tambi&eacute;n de libertad interior. Bajo este aspecto, era evidente la semejanza entre nuestro amado cardenal y el venerable Juan Pablo II: ambos sol&iacute;an tener salidas ingeniosas o hacer bromas, aunque durante su juventud hab&iacute;an vivido experiencias personales dif&iacute;ciles y, en ciertos aspectos, parecidas. La Providencia hizo que se encontraran y colaboraran por el bien de la Iglesia, especialmente para que aprenda a respirar plenamente &laquo;con sus dos pulmones&raquo;, como le gustaba decir al Papa eslavo.<\/p>\n<p align=\"left\"> Esta libertad y presencia de esp&iacute;ritu tiene su fundamento objetivo en la resurrecci&oacute;n de Cristo. Me complace subrayarlo porque nos encontramos en el tiempo lit&uacute;rgico pascual y porque lo sugieren la primera y la segunda lectura b&iacute;blica de esta celebraci&oacute;n. En su primera predicaci&oacute;n, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, san Pedro, lleno de Esp&iacute;ritu Santo, anuncia que en Jesucristo se cumple el salmo 16. Es estupendo ver c&oacute;mo el Esp&iacute;ritu Santo revela a los Ap&oacute;stoles toda la belleza de esas palabras en la plena luz interior de la Resurrecci&oacute;n: &laquo;Ve&iacute;a constantemente al Se&ntilde;or delante de m&iacute;, puesto que est&aacute; a mi derecha, para que no vacile. Por eso se ha alegrado mi coraz&oacute;n y se ha alborozado mi lengua, y hasta mi carne reposar&aacute; en la esperanza&raquo; (<i>Hch<\/i> 2, 25-26; cf. <i>Sal<\/i> 16, 8-9). Esta oraci&oacute;n se cumple de modo sobreabundante cuando Cristo, el Santo de Dios, no es abandonado en los infiernos. &Eacute;l fue el primero en conocer &laquo;los caminos de la vida&raquo; y fue colmado de alegr&iacute;a con la presencia del Padre (cf. <i>Hch<\/i> 2, 27-28; Sal 16, 11). La esperanza y la alegr&iacute;a de Jes&uacute;s resucitado son tambi&eacute;n la esperanza y la alegr&iacute;a de sus amigos, gracias a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. Lo demostraba habitualmente el padre \u0160pidl&iacute;k con su manera de vivir, y con el paso de los a&ntilde;os este testimonio suyo era cada vez m&aacute;s elocuente, porque, pese a su avanzada edad y a los inevitables achaques, su esp&iacute;ritu permanec&iacute;a lozano y juvenil. &iquest;Qu&eacute; es esto sino amistad con el Se&ntilde;or resucitado?<\/p>\n<p align=\"left\"> En la segunda lectura, san Pedro alaba a Dios porque &laquo;por su gran misericordia, mediante la resurrecci&oacute;n de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva&raquo;. Y a&ntilde;ade: &laquo;Por lo cual rebos&aacute;is de alegr&iacute;a, aunque sea preciso que todav&iacute;a por alg&uacute;n tiempo se&aacute;is afligidos con diversas pruebas&raquo; (<i>1 P<\/i> 1, 3.6). Tambi&eacute;n aqu&iacute; se manifiesta claramente que la esperanza y la alegr&iacute;a son realidades teologales que emanan del misterio de la resurrecci&oacute;n de Cristo y del don de su Esp&iacute;ritu. Podr&iacute;amos decir que el Esp&iacute;ritu Santo las toma del coraz&oacute;n de Cristo resucitado y las infunde en el coraz&oacute;n de sus amigos.<\/p>\n<p align=\"left\"> He querido introducir la imagen del &laquo;coraz&oacute;n&raquo; porque, como muchos de vosotros sab&eacute;is, el padre \u0160pidl&iacute;k la eligi&oacute; para el lema de su escudo cardenalicio: <i>Ex toto corde<\/i>, &laquo;con todo el coraz&oacute;n&raquo;. Esta expresi&oacute;n se encuentra en el libro del Deuteronomio, dentro del primer y fundamental mandamiento de la ley, donde Mois&eacute;s dice al pueblo: &laquo;Escucha, Israel: el Se&ntilde;or, nuestro Dios, es el &uacute;nico Se&ntilde;or. Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma y con todas tus fuerzas&raquo; (<i>Dt<\/i> 6, 4-5). As&iacute; pues, &laquo;con todo el coraz&oacute;n&raquo; \u2014<i>ex toto corde<\/i>\u2014, se refiere al modo como Israel debe amar a su Dios. Jes&uacute;s confirma la primac&iacute;a de este mandamiento, al que acompa&ntilde;a el del amor al pr&oacute;jimo, afirmando que es &laquo;semejante&raquo; al primero y que de ambos dependen toda la ley y los profetas (cf. <i>Mt<\/i> 22, 37-39). Al elegir este lema, nuestro venerado hermano, por decirlo as&iacute;, puso su vida dentro del mandamiento del amor, la inscribi&oacute; por completo en el primado de Dios y de la caridad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hay otro aspecto, un significado m&aacute;s de la expresi&oacute;n <i>ex toto corde<\/i>, que seguramente el padre \u0160pidl&iacute;k ten&iacute;a presente y quer&iacute;a manifestar con su lema. Tambi&eacute;n a partir de la ra&iacute;z b&iacute;blica, en la espiritualidad oriental el s&iacute;mbolo del coraz&oacute;n representa la sede de la oraci&oacute;n, del encuentro entre el hombre y Dios, pero tambi&eacute;n con los dem&aacute;s hombres y con el cosmos. Y aqu&iacute; es preciso recordar que en el escudo del cardenal \u0160pidl&iacute;k el coraz&oacute;n, que destaca en el escudo, contiene una cruz en cuyos brazos se entrecruzan las palabras PHOS y ZOE, &laquo;luz&raquo; y &laquo;vida&raquo;, que son nombres de Dios. Por consiguiente, el hombre que acoge plenamente, <i>ex toto corde<\/i>, el amor de Dios, acoge la luz y la vida, y se convierte a su vez en luz y vida en la humanidad y en el universo.<\/p>\n<p align=\"left\"> Pero, &iquest;qui&eacute;n es este hombre? &iquest;Qui&eacute;n es este &laquo;coraz&oacute;n&raquo; del mundo, sino Jesucristo? &Eacute;l es la Luz y la Vida, porque en &eacute;l &laquo;reside corporalmente toda la plenitud de la divinidad&raquo; (<i>Col<\/i> 2, 9). Y aqu&iacute; me complace recordar que nuestro difunto hermano fue miembro de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, es decir, hijo espiritual de san Ignacio, el cual pone en el centro de la fe y de la espiritualidad la contemplaci&oacute;n de Dios en el misterio de Cristo. En este s&iacute;mbolo del coraz&oacute;n coinciden Oriente y Occidente, no en un sentido de devoci&oacute;n sino profundamente cristol&oacute;gico, como pusieron de relieve otros te&oacute;logos jesuitas del siglo pasado. Y Cristo, figura central de la Revelaci&oacute;n, es tambi&eacute;n el principio formal del arte cristiano, un &aacute;mbito en el cual el padre \u0160pidl&iacute;k fue un gran maestro, inspirador de ideas y de proyectos expresivos que han encontrado una s&iacute;ntesis importante en la capilla <i>Redemptoris Mater<\/i> del palacio apost&oacute;lico.<\/p>\n<p align=\"left\"> Quiero concluir volviendo al tema de la Resurrecci&oacute;n, citando un texto muy querido por el cardenal \u0160pidl&iacute;k, un pasaje de los Himnos sobre la Resurrecci&oacute;n de san Efr&eacute;n el Sirio: &laquo;Descendi&oacute; de las alturas como Se&ntilde;or, sali&oacute; del vientre como un siervo, la muerte se arrodill&oacute; ante &eacute;l en el Sheol, y la vida lo ha adorado en su resurrecci&oacute;n. &iexcl;Bendita su victoria!&raquo; (n. 1, 8).<\/p>\n<p align=\"left\"> Que la Virgen Madre de Dios acompa&ntilde;e el alma de nuestro venerado hermano en el abrazo de la sant&iacute;sima Trinidad, donde &laquo;con todo el coraz&oacute;n&raquo; alabar&aacute; para siempre su infinito amor. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL PARA LAS EXEQUIAS DEL CARDENALE TOM&Aacute;\u0160 \u0160PIDL&Iacute;K, S.J. HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana, Altar de la C&aacute;tedra Martes 20 de abril de 2010 (V&iacute;deo) &nbsp; &nbsp; Venerados hermanos, ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras, queridos hermanos y hermanas: Unas de las &uacute;ltimas palabras pronunciadas por el difunto cardenal \u0160pidl&iacute;k fueron estas: &laquo;Durante &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-2010-funeral-del-cardenal-tomas-spidlik\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab20 de abril de 2010: Funeral del cardenal Tom\u00e1\u0161 \u0160pidl\u00edk\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40974","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40974","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40974"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40974\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40974"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40974"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40974"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}