{"id":40976,"date":"2016-10-06T15:15:15","date_gmt":"2016-10-06T20:15:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-abril-de-2010-concelebracion-eucaristica-con-los-miembros-de-la-pontificia-comision-biblica\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:15","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:15","slug":"15-de-abril-de-2010-concelebracion-eucaristica-con-los-miembros-de-la-pontificia-comision-biblica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-abril-de-2010-concelebracion-eucaristica-con-los-miembros-de-la-pontificia-comision-biblica\/","title":{"rendered":"15 de abril de 2010: Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica con los miembros de la Pontificia Comisi\u00f3n B\u00edblica"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS MIEMBROS <br \/> DE LA PONTIFICIA COMISI&Oacute;N B&Iacute;BLICA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<br \/> <\/font><\/b><br \/> Capilla Paulina<br \/> Jueves 15 de abril de 2010<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> No he tenido tiempo de preparar una verdadera homil&iacute;a. Quiero s&oacute;lo invitaros a cada uno a la meditaci&oacute;n personal, proponiendo y subrayando algunas frases de la liturgia de hoy, que se prestan al di&aacute;logo orante entre nosotros y la Palabra de Dios. La palabra, la frase que quiero proponer a la meditaci&oacute;n com&uacute;n es esta gran afirmaci&oacute;n de san Pedro: &laquo;Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres&raquo; (<i>Hch<\/i> 5, 29). San Pedro est&aacute; ante la suprema instituci&oacute;n religiosa, a la que generalmente se deber&iacute;a obedecer, pero Dios est&aacute; por encima de esta instituci&oacute;n y Dios le ha dado otro &laquo;ordenamiento&raquo;: debe obedecer a Dios. La obediencia a Dios es la libertad, la obediencia a Dios le da la libertad de oponerse a la instituci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Y aqu&iacute; los exegetas llaman nuestra atenci&oacute;n sobre el hecho de que la respuesta de san Pedro al Sanedr&iacute;n es casi hasta <i>ad verbum<\/i> id&eacute;ntica a la respuesta de S&oacute;crates en el juicio del tribunal de Atenas. El tribunal le ofrece la libertad, la liberaci&oacute;n, pero a condici&oacute;n de que no siga buscando a Dios. Pero buscar a Dios, la b&uacute;squeda de Dios es para &eacute;l un mandato superior, viene de Dios mismo. Y una libertad comprada con la renuncia al camino hacia Dios dejar&iacute;a de ser libertad. Por tanto, no debe obedecer a esos jueces \u2014no debe comprar su vida perdi&eacute;ndose a s&iacute; mismo\u2014 sino que debe obedecer a Dios. La obediencia a Dios tiene la primac&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> Aqu&iacute; es importante subrayar que se trata de obediencia y que es precisamente la obediencia la que da libertad. El tiempo moderno ha hablado de la liberaci&oacute;n del hombre, de su plena autonom&iacute;a; por tanto, tambi&eacute;n de la liberaci&oacute;n de la obediencia a Dios. La obediencia deber&iacute;a dejar de existir, el hombre es libre, es aut&oacute;nomo: nada m&aacute;s. Pero esta autonom&iacute;a es una mentira: es una mentira ontol&oacute;gica, porque el hombre no existe por s&iacute; mismo y para s&iacute; mismo, y tambi&eacute;n es una mentira pol&iacute;tica y pr&aacute;ctica, porque es necesaria la colaboraci&oacute;n, compartir la libertad. Y, si Dios no existe, si Dios no es una instancia accesible al hombre, s&oacute;lo queda como instancia suprema el consenso de la mayor&iacute;a. Por consiguiente, el consenso de la mayor&iacute;a se convierte en la &uacute;ltima palabra a la que debemos obedecer. Y este consenso \u2014lo sabemos por la historia del siglo pasado\u2014 puede ser tambi&eacute;n un &laquo;consenso en el mal&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute;, vemos que la llamada autonom&iacute;a no libera verdaderamente al hombre. La obediencia a Dios es la libertad, porque es la verdad, es la instancia que se sit&uacute;a frente a todas las instancias humanas. En la historia de la humanidad estas palabras de Pedro y de S&oacute;crates son el verdadero faro de la liberaci&oacute;n del hombre, que sabe ver a Dios y, en nombre de Dios, puede y debe obedecer no tanto a los hombres, sino a Dios y as&iacute; liberarse del positivismo de la obediencia humana. Las dictaduras siempre han estado en contra de esta obediencia a Dios. La dictadura nazi, al igual que la marxista, no pueden aceptar a un Dios que est&eacute; por encima del poder ideol&oacute;gico; y la libertad de los m&aacute;rtires, que reconocen a Dios, precisamente en la obediencia al poder divino, es siempre el acto de liberaci&oacute;n con el cual nos llega la libertad de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy, gracias a Dios, no vivimos bajo dictaduras, pero existen formas sutiles de dictadura: un conformismo que se convierte en obligatorio, pensar como piensan todos, actuar como act&uacute;an todos, y las sutiles agresiones contra la Iglesia, o incluso otras menos sutiles, demuestran que este conformismo puede ser realmente una verdadera dictadura. Para nosotros vale esto: se debe obedecer a Dios antes que a los hombres. Pero esto supone que conozcamos realmente a Dios y que queramos obedecerle de verdad. Dios no es un pretexto para la propia voluntad, sino que realmente &eacute;l es quien nos llama y nos invita, si fuera necesario, incluso al martirio. Por eso, ante esta palabra que inicia una nueva historia de libertad en el mundo, pidamos sobre todo conocer a Dios, conocer humilde y verdaderamente a Dios y, conociendo a Dios, aprender la verdadera obediencia que es el fundamento de la libertad humana.<\/p>\n<p align=\"left\"> Escojamos una segunda frase de la primera lectura: san Pedro dice que Dios ha exaltado a Cristo a su derecha como jefe y Salvador (cf. <i>Hch<\/i> 5, 31). Jefe es la traducci&oacute;n del t&eacute;rmino griego <i>archegos<\/i>, que implica una visi&oacute;n mucho m&aacute;s din&aacute;mica: <i>archegos<\/i> es aquel que muestra el camino, que precede; es un movimiento, un movimiento hacia lo alto. Dios lo ha exaltado a su derecha; por tanto, hablar de Cristo como <i>archegos<\/i> significa que Cristo camina delante de nosotros, nos precede, nos muestra el camino. Y estar en comuni&oacute;n con Cristo es estar en un camino, subir con Cristo, es seguir a Cristo, es esta subida hacia lo alto, es seguir al <i>archegos<\/i>, a aquel que ya ha pasado, que nos precede y nos muestra el camino. <\/p>\n<p align=\"left\"> Aqu&iacute;, evidentemente, es importante que se nos diga a d&oacute;nde llega Cristo y a d&oacute;nde tenemos que llegar tambi&eacute;n nosotros: <i>hypsosen<\/i> \u2014las alturas\u2014 subir a la derecha del Padre. Seguir a Cristo no es s&oacute;lo imitar sus virtudes, no es s&oacute;lo vivir en este mundo de modo semejante a Cristo, en la medida de lo posible, seg&uacute;n su palabra, sino que es un camino que tiene una meta. Y la meta es la derecha del Padre. Este camino de Jes&uacute;s, este seguimiento de Jes&uacute;s acaba a la derecha del Padre. En el horizonte de este seguimiento est&aacute; todo el camino de Jes&uacute;s, tambi&eacute;n llegar a la derecha del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\"> En este sentido, la meta de este camino es la vida eterna a la derecha del Padre en comuni&oacute;n con Cristo. Nosotros hoy con frecuencia tenemos un poco de miedo a hablar de la vida eterna. Hablamos de las cosas que son &uacute;tiles para el mundo, mostramos que el cristianismo ayuda tambi&eacute;n a mejorar el mundo, pero no nos atrevemos a decir que su meta es la vida eterna y que de esa meta vienen luego los criterios de la vida. Debemos entender de nuevo que el cristianismo ser&iacute;a un &laquo;fragmento&raquo; si no pensamos en esta meta, que queremos seguir al <i>archegos<\/i> a la altura de Dios, a la gloria del Hijo que nos hace hijos en el Hijo y debemos reconocer de nuevo que s&oacute;lo en la gran perspectiva de la vida eterna el cristianismo revela todo su sentido. Debemos tener la valent&iacute;a, la alegr&iacute;a, la gran esperanza de que la vida eterna existe, es la verdadera vida, y de esta verdadera vida viene la luz que ilumina tambi&eacute;n a este mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Si bien se puede decir que, aun prescindiendo de la vida eterna, del cielo prometido, es mejor vivir seg&uacute;n los criterios cristianos, porque vivir seg&uacute;n la verdad y el amor, aun sufriendo muchas persecuciones, en s&iacute; mismo es bien y es mejor que todo lo dem&aacute;s, precisamente esta voluntad de vivir seg&uacute;n la verdad y seg&uacute;n el amor tambi&eacute;n debe abrir a toda la amplitud del proyecto de Dios para nosotros, a la valent&iacute;a de tener ya la alegr&iacute;a en la espera de la vida eterna, de la subida siguiendo a nuestro <i>archegos<\/i>. <i>Soter<\/i> es el Salvador, que nos salva de la ignorancia, busca las cosas &uacute;ltimas. El Salvador nos salva de la soledad, nos salva de un vac&iacute;o que permanece en la vida sin la eternidad, nos salva d&aacute;ndonos el amor en su plenitud. &Eacute;l es el gu&iacute;a. Cristo, el <i>archegos<\/i>, nos salva d&aacute;ndonos la luz, d&aacute;ndonos la verdad, d&aacute;ndonos el amor de Dios.<\/p>\n<p align=\"left\"> Reflexionemos tambi&eacute;n sobre otro vers&iacute;culo: Cristo, el Salvador, concedi&oacute; a Israel la conversi&oacute;n y el perd&oacute;n de los pecados (<i>ib<\/i>., v. 31) \u2014en el texto griego el t&eacute;rmino es <i>metanoia<\/i>\u2014, concedi&oacute; la penitencia y el perd&oacute;n de los pecados. Para m&iacute;, se trata de una observaci&oacute;n muy importante: la penitencia es una gracia. Existe una tendencia en ex&eacute;gesis que dice: Jes&uacute;s en Galilea anunci&oacute; una gracia sin condici&oacute;n, totalmente incondicional; por tanto, tambi&eacute;n sin penitencia, gracia como tal, sin condiciones humanas previas. Pero esta es una falsa interpretaci&oacute;n de la gracia. La penitencia es gracia; es una gracia que reconozcamos nuestro pecado, es una gracia que reconozcamos que tenemos necesidad de renovaci&oacute;n, de cambio, de una trasformaci&oacute;n de nuestro ser. Penitencia, poder hacer penitencia, es el don de la gracia. Y debo decir que nosotros, los cristianos, tambi&eacute;n en los &uacute;ltimos tiempos, con frecuencia hemos evitado la palabra penitencia, nos parec&iacute;a demasiado dura. Ahora, bajo los ataques del mundo que nos hablan de nuestros pecados, vemos que poder hacer penitencia es gracia. Y vemos que es necesario hacer penitencia, es decir, reconocer lo que en nuestra vida hay de equivocado, abrirse al perd&oacute;n, prepararse al perd&oacute;n, dejarse transformar. El dolor de la penitencia, es decir, de la purificaci&oacute;n, de la transformaci&oacute;n, este dolor es gracia, porque es renovaci&oacute;n, es obra de la misericordia divina. Estas dos cosas que dice san Pedro \u2014penitencia y perd&oacute;n\u2014 corresponden al inicio de la predicaci&oacute;n de Jes&uacute;s: <i>metanoeite<\/i>, es decir, convert&iacute;os (cf. <i>Mc<\/i> 1, 15). Por lo tanto, este es el punto fundamental: la <i>metanoia<\/i> no es algo privado, que parecer&iacute;a sustituido por la gracia, sino que la <i>metanoia<\/i> es la llegada de la gracia que nos trasforma.<\/p>\n<p align=\"left\"> Por &uacute;ltimo, unas palabras del Evangelio, donde se nos dice que quien cree tiene la vida eterna (cf. <i>Jn<\/i> 3, 36). En la fe, en este &laquo;transformarse&raquo; que la penitencia concede, en esta conversi&oacute;n, en este nuevo camino del vivir, llegamos a la vida, a la verdadera vida. Y aqu&iacute; me vienen a la mente otros dos textos. En la &laquo;Oraci&oacute;n sacerdotal&raquo; el Se&ntilde;or dice: esta es la vida, que te conozcan a ti y a tu consagrado (cf. <i>Jn<\/i> 17, 3). Conocer lo esencial, conocer a la Persona decisiva, conocer a Dios y a su enviado es vida, vida y conocimiento, conocimiento de realidades que son la vida. Y el otro texto es la respuesta del Se&ntilde;or a los saduceos sobre la resurrecci&oacute;n, donde, a partir de los libros de Mois&eacute;s, el Se&ntilde;or prueba el hecho de la resurrecci&oacute;n diciendo: Dios es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (cf. <i>Mt<\/i> 22, 31-32; <i>Mc<\/i> 12, 26-27; <i>Lc<\/i> 20, 37-38). Dios no es un Dios de muertos. Si Dios es Dios de estos, est&aacute;n vivos. Quien est&aacute; inscrito en el nombre de Dios participa de la vida de Dios, vive. Creer es estar inscritos en el nombre de Dios. Y as&iacute; estamos vivos. Quien pertenece al nombre de Dios no es un muerto, pertenece al Dios vivo. En este sentido deber&iacute;amos entender el dinamismo de la fe, que es inscribir nuestro nombre en el nombre de Dios y as&iacute; entrar en la vida. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pidamos al Se&ntilde;or que esto suceda y realmente conozcamos a Dios en nuestra vida, para que nuestro nombre entre en el nombre de Dios y nuestra existencia se convierta en verdadera vida: vida eterna, amor y verdad.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS MIEMBROS DE LA PONTIFICIA COMISI&Oacute;N B&Iacute;BLICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Capilla Paulina Jueves 15 de abril de 2010 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: No he tenido tiempo de preparar una verdadera homil&iacute;a. 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