{"id":40980,"date":"2016-10-06T15:15:23","date_gmt":"2016-10-06T20:15:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-2010-misa-de-sufragio-en-el-v-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-el-sumo-pontifice-juan-pablo-ii\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:23","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:23","slug":"29-de-marzo-de-2010-misa-de-sufragio-en-el-v-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-el-sumo-pontifice-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-2010-misa-de-sufragio-en-el-v-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-el-sumo-pontifice-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"29 de marzo de 2010: Misa de sufragio en el V  aniversario de la muerte del Siervo de Dios el Sumo Pont\u00edfice Juan Pablo II"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100329gpii.pdf\">CAPILLA PAPAL<\/a> EN EL <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/anniversario_gpii\/documents\/index_sp.htm\">V ANIVERSARIO DE LA MUERTE <br \/> DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Lunes 29 de marzo de 2010<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\"><b><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b>(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/gpii29032010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/b><\/font> <i> <font color=\"#663300\" size=\"2\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20100329\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Nos hemos reunido en torno al altar, junto a la tumba del ap&oacute;stol san Pedro, para ofrecer el sacrificio eucar&iacute;stico en sufragio por el alma elegida del venerable Juan Pablo II, en el <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/anniversario_gpii\/documents\/index_sp.htm\">quinto aniversario de su muerte<\/a>. Lo hacemos con algunos d&iacute;as de antelaci&oacute;n porque el 2 de abril ser&aacute; este a&ntilde;o Viernes santo. Estamos, por lo tanto, en <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/holy-week\/2010\/index_sp.htm\">Semana santa<\/a>, contexto muy propicio para el recogimiento y la oraci&oacute;n, en el que la liturgia nos permite revivir con mayor intensidad los &uacute;ltimos d&iacute;as de la vida terrena de Jes&uacute;s. Deseo expresaros mi agradecimiento a todos vosotros, que particip&aacute;is en esta santa misa. Saludo cordialmente a los cardenales \u2014de manera especial al arzobispo Stanislaw Dziwisz\u2014, a los obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y las religiosas, as&iacute; como a los peregrinos que han llegado para la ocasi&oacute;n desde Polonia, a los muchos j&oacute;venes y a los numerosos fieles que no han querido faltar a esta celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">En la primera lectura b&iacute;blica que se ha proclamado, el profeta Isa&iacute;as presenta la figura de un &quot;siervo de Dios&quot; que es a la vez su elegido, en quien se complace. El siervo actuar&aacute; con firmeza inquebrantable, con una energ&iacute;a que no desfallece hasta que &eacute;l haya cumplido la tarea que se le ha confiado. Sin embargo, no tendr&aacute; a su disposici&oacute;n los medios humanos que parecen indispensables para la realizaci&oacute;n de un plan tan grandioso. &Eacute;l se presentar&aacute; con la fuerza de la convicci&oacute;n, y ser&aacute; el Esp&iacute;ritu que Dios ha puesto en &eacute;l quien le dar&aacute; la capacidad de obrar con suavidad y con fuerza, asegur&aacute;ndole el &eacute;xito final. Lo que el profeta inspirado dice del siervo lo podemos aplicar al amado Juan Pablo II: el Se&ntilde;or lo llam&oacute; a su servicio y, confi&aacute;ndole tareas de responsabilidad cada vez mayor, lo acompa&ntilde;&oacute; tambi&eacute;n con su gracia y con su asistencia continua. Durante su largo pontificado, se prodig&oacute; en proclamar el derecho con firmeza, sin debilidades ni titubeos, sobre todo cuando ten&iacute;a que afrontar resistencias, hostilidades y rechazos. Sab&iacute;a que el Se&ntilde;or lo hab&iacute;a tomado de la mano, y esto le permiti&oacute; ejercer un ministerio muy fecundo, por el que, una vez m&aacute;s, damos fervientes gracias a Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">El Evangelio reci&eacute;n proclamado nos conduce a Betania, donde, como apunta el evangelista, L&aacute;zaro, Marta y Mar&iacute;a ofrecieron una cena al Maestro (cf. <i>Jn<\/i> 12, 1). Este banquete en casa de los tres amigos de Jes&uacute;s se caracteriza por los presentimientos de la muerte inminente: los seis d&iacute;as antes de Pascua, la insinuaci&oacute;n del traidor Judas, la respuesta de Jes&uacute;s que recuerda uno de los piadosos actos de la sepultura anticipado por Mar&iacute;a, la alusi&oacute;n a que no lo tendr&iacute;an siempre con ellos, el prop&oacute;sito de eliminar a L&aacute;zaro, en el que se refleja la voluntad de matar a Jes&uacute;s. En este relato evang&eacute;lico hay un gesto sobre el que deseo llamar la atenci&oacute;n: Mar&iacute;a de Betania, &quot;tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungi&oacute; los pies de Jes&uacute;s y los sec&oacute; con sus cabellos&quot; (12, 3). El gesto de Mar&iacute;a es la expresi&oacute;n de fe y de amor grandes por el Se&ntilde;or: para ella no es suficiente lavar los pies del Maestro con agua, sino que los unge con una gran cantidad de perfume precioso que \u2014como protestar&aacute; Judas\u2014 se habr&iacute;a podido vender por trescientos denarios; y no unge la cabeza, como era costumbre, sino los pies: Mar&iacute;a ofrece a Jes&uacute;s cuanto tiene de mayor valor y lo hace con un gesto de profunda devoci&oacute;n. El amor no calcula, no mide, no repara en gastos, no pone barreras, sino que sabe donar con alegr&iacute;a, busca s&oacute;lo el bien del otro, vence la mezquindad, la cicater&iacute;a, los resentimientos, la cerraz&oacute;n que el hombre lleva a veces en su coraz&oacute;n. <br \/> Mar&iacute;a se pone a los pies de Jes&uacute;s en humilde actitud de servicio, como har&aacute; el propio Maestro en la &uacute;ltima Cena, cuando, como dice el cuarto Evangelio, &quot;se levant&oacute; de la mesa, se quit&oacute; sus vestidos y, tomando una toalla, se la ci&ntilde;&oacute;. Luego ech&oacute; agua en una jofaina y se puso a lavar los pies de los disc&iacute;pulos&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 4-5), para que \u2014dijo\u2014 &quot;tambi&eacute;n vosotros hag&aacute;is como yo he hecho con vosotros&quot; (v. 15): la regla de la comunidad de Jes&uacute;s es la del amor que sabe servir hasta el don de la vida. Y el perfume se difunde: &quot;Toda la casa \u2014anota el evangelista\u2014 se llen&oacute; del olor del perfume&quot; (<i>Jn<\/i> 12, 3). El significado del gesto de Mar&iacute;a, que es respuesta al amor infinito de Dios, se expande entre todos los convidados; todo gesto de caridad y de devoci&oacute;n aut&eacute;ntica a Cristo no se limita a un hecho personal, no se refiere s&oacute;lo a la relaci&oacute;n entre el individuo y el Se&ntilde;or, sino a todo el cuerpo de la Iglesia; es contagioso: infunde amor, alegr&iacute;a y luz. <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 11): al acto de Mar&iacute;a se contraponen la actitud y las palabras de Judas, quien, bajo el pretexto de la ayuda a los pobres oculta el ego&iacute;smo y la falsedad del hombre cerrado en s&iacute; mismo, encadenado por la avidez de la posesi&oacute;n, que no se deja envolver por el buen perfume del amor divino. Judas calcula all&iacute; donde no se puede calcular, entra con &aacute;nimo mezquino en el espacio reservado al amor, al don, a la entrega total. Y Jes&uacute;s, que hasta aquel momento hab&iacute;a permanecido en silencio, interviene a favor del gesto de Mar&iacute;a: &quot;D&eacute;jala, que lo guarde para el d&iacute;a de mi sepultura&quot; (<i>Jn<\/i> 12, 7). Jes&uacute;s comprende que Mar&iacute;a ha intuido el amor de Dios e indica que ya se acerca su &quot;hora&quot;, la &quot;hora&quot; en la que el Amor hallar&aacute; su expresi&oacute;n suprema en el madero de la cruz: el Hijo de Dios se entrega a s&iacute; mismo para que el hombre tenga vida, desciende a los abismos de la muerte para llevar al hombre a las alturas de Dios, no teme humillarse &quot;haci&eacute;ndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 8). San Agust&iacute;n, en el Serm&oacute;n en el que comenta este pasaje evang&eacute;lico, nos dirige a cada uno, con palabras apremiantes, la invitaci&oacute;n a entrar en este circuito de amor, imitando el gesto de Mar&iacute;a y situ&aacute;ndonos concretamente en el seguimiento de Jes&uacute;s. Escribe san Agust&iacute;n: &quot;Toda alma que quiera ser fiel, &uacute;nase a Mar&iacute;a para ungir con perfume precioso los pies del Se&ntilde;or&#8230; Unja los pies de Jes&uacute;s: siga las huellas del Se&ntilde;or llevando una vida digna. Seque los pies con los cabellos: si tienes cosas superfluas, dalas a los pobres, y habr&aacute;s enjugado los pies del Se&ntilde;or&quot; (<i>In Ioh. evang.<\/i>, 50, 6). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, toda la vida del venerable Juan Pablo II se desarroll&oacute; en el signo de esta caridad, de la capacidad de entregarse de manera generosa, sin reservas, sin medida, sin c&aacute;lculo. Lo que lo mov&iacute;a era el amor a Cristo, a quien hab&iacute;a consagrado su vida, un amor sobreabundante e incondicional. Y precisamente porque se acerc&oacute; cada vez m&aacute;s a Dios en el amor, pudo hacerse compa&ntilde;ero de viaje para el hombre de hoy, extendiendo en el mundo el perfume del amor de Dios. Quien tuvo la alegr&iacute;a de conocerlo y frecuentarlo, pudo palpar cu&aacute;n viva era en &eacute;l la certeza &quot;de contemplar la bondad del Se&ntilde;or en la tierra de los vivos&quot;, como hemos escuchado en el Salmo responsorial (27, 13); certeza que lo acompa&ntilde;&oacute; a lo largo de toda su vida y que, de forma especial, se manifest&oacute; durante el &uacute;ltimo per&iacute;odo de su peregrinaci&oacute;n terrena: de hecho, la progresiva debilidad f&iacute;sica jam&aacute;s hizo mella en su fe inconmovible, en su luminosa esperanza, en su ferviente caridad. Se dej&oacute; consumir por Cristo, por la Iglesia, por el mundo entero: el suyo fue un sufrimiento vivido hasta el final por amor y con amor. <\/p>\n<p align=\"left\">En la <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/2003\/documents\/hf_jp-ii_hom_20031016_xxv-pontificate.html\">homil&iacute;a<\/a> con ocasi&oacute;n del <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/holy_father\/special_features\/hf_jp_ii_xxv_sp.htm\"> XXV aniversario de su pontificado<\/a>, confi&oacute; que en el momento de la elecci&oacute;n hab&iacute;a sentido fuertemente en su coraz&oacute;n la pregunta de Jes&uacute;s a Pedro: &quot;&iquest;Me amas? &iquest;Me amas m&aacute;s que estos&#8230;?&quot; (<i>Jn<\/i> 21, 15-16); y a&ntilde;adi&oacute;: &quot;Cada d&iacute;a se repite en mi coraz&oacute;n el mismo di&aacute;logo entre Jes&uacute;s y Pedro. En esp&iacute;ritu, contemplo la mirada ben&eacute;vola de Cristo resucitado. &Eacute;l, consciente de mi fragilidad humana, me anima a responder con confianza, como Pedro: &quot;Se&ntilde;or, t&uacute; lo sabes todo; t&uacute; sabes que te quiero&quot; (<i>Jn<\/i> 21, 17). Y despu&eacute;s me invita a asumir las responsabilidades que &eacute;l mismo me ha confiado&quot; (16 de octubre de 2003: <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 24 de octubre de 2003, p. 3). Son palabras cargadas de fe y de amor, el amor de Dios, que todo lo vence. <\/p>\n<p align=\"left\">Deseo, por &uacute;ltimo, saludar a los polacos aqu&iacute; presentes. Os reun&iacute;s numerosos en torno a la tumba del venerable siervo de Dios con un sentimiento especial, como hijas e hijos de la misma tierra, formados en la misma cultura y tradici&oacute;n espiritual. La vida y la obra de Juan Pablo II, gran polaco, puede ser para vosotros un motivo de orgullo. Pero es necesario que record&eacute;is que representa asimismo una gran llamada a ser testigos fieles de la fe, de la esperanza y del amor que &eacute;l ense&ntilde;&oacute; sin cesar. Que por intercesi&oacute;n de Juan Pablo II os sostenga siempre la bendici&oacute;n del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">Mientras proseguimos la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, disponi&eacute;ndonos a vivir los d&iacute;as gloriosos de la Pasi&oacute;n, Muerte y Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, encomend&eacute;monos con confianza \u2014a ejemplo del venerable Juan Pablo II\u2014 a la intercesi&oacute;n de la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, para que nos sostenga en el compromiso de ser, en toda circunstancia, ap&oacute;stoles incansables de su Hijo divino y de su Amor misericordioso. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL EN EL V ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Lunes 29 de marzo de 2010 (V&iacute;deo) Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio; queridos hermanos y hermanas: Nos hemos reunido en torno al &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-marzo-de-2010-misa-de-sufragio-en-el-v-aniversario-de-la-muerte-del-siervo-de-dios-el-sumo-pontifice-juan-pablo-ii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de marzo de 2010: Misa de sufragio en el V  aniversario de la muerte del Siervo de Dios el Sumo Pont\u00edfice Juan Pablo II\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40980","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40980","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40980"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40980\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40980"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40980"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40980"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}