{"id":40981,"date":"2016-10-06T15:15:25","date_gmt":"2016-10-06T20:15:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2010-domingo-de-ramos-xxv-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:25","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:25","slug":"28-de-marzo-de-2010-domingo-de-ramos-xxv-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2010-domingo-de-ramos-xxv-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"28 de marzo de 2010: Domingo de Ramos &#8211; XXV Jornada Mundial de la Juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100328palme.pdf\">CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS <br \/> Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Plaza de San Pedro<br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2010_sp.html\">XXV Jornada Mundial de la Juventud<\/a><br \/> Domingo 28 de marzo de 2010 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b>(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/palme28032010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/b><\/font> <i> <font color=\"#663300\" size=\"2\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20100328\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas; <br \/> queridos j&oacute;venes: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">El Evangelio de la bendici&oacute;n de los ramos, que hemos escuchado reunidos aqu&iacute; en la plaza de San Pedro, comienza diciendo que &quot;Jes&uacute;s marchaba por delante subiendo a Jerusal&eacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 19, 28). En seguida al inicio de la liturgia de este d&iacute;a, la Iglesia anticipa su respuesta al Evangelio, diciendo: &quot;Sigamos al Se&ntilde;or&quot;. As&iacute; se expresa claramente el tema del domingo de Ramos. Es el seguimiento. Ser cristianos significa considerar el camino de Cristo como el camino justo para ser hombres, como el camino que lleva a la meta, a una humanidad plenamente realizada y aut&eacute;ntica. De modo especial, quiero repetir a todos los j&oacute;venes, en esta <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2010_sp.html\">XXV Jornada mundial de la juventud<\/a>, que ser cristianos es un camino, o mejor, una peregrinaci&oacute;n, un caminar junto a Jesucristo, un caminar en la direcci&oacute;n que &eacute;l nos ha indicado y nos indica. <\/p>\n<p align=\"left\">Pero &iquest;de qu&eacute; direcci&oacute;n se trata? &iquest;C&oacute;mo se encuentra esta direcci&oacute;n? La frase de nuestro Evangelio nos da dos indicaciones al respecto. En primer lugar, dice que se trata de una subida. Esto tiene ante todo un significado muy concreto. Jeric&oacute;, donde comenz&oacute; la &uacute;ltima parte de la peregrinaci&oacute;n de Jes&uacute;s, se encuentra a 250 metros bajo el nivel del mar, mientras que Jerusal&eacute;n \u2014la meta del camino\u2014 est&aacute; a 740-780 metros sobre el nivel del mar: una subida de casi mil metros. Pero este camino exterior es sobre todo una imagen del movimiento interior de la existencia, que se realiza en el seguimiento de Cristo: es una subida a la verdadera altura del ser hombres. El hombre puede escoger un camino c&oacute;modo y evitar toda fatiga. Tambi&eacute;n puede bajar, hasta lo vulgar. Puede hundirse en el pantano de la mentira y de la deshonestidad. Jes&uacute;s camina delante de nosotros y va hacia lo alto. &Eacute;l nos gu&iacute;a hacia lo que es grande, puro; nos gu&iacute;a hacia el aire saludable de las alturas: hacia la vida seg&uacute;n la verdad; hacia la valent&iacute;a que no se deja intimidar por la charlataner&iacute;a de las opiniones dominantes; hacia la paciencia que soporta y sostiene al otro. Nos gu&iacute;a hacia la disponibilidad para con los que sufren, con los abandonados; hacia la fidelidad que est&aacute; de la parte del otro incluso cuando la situaci&oacute;n se pone dif&iacute;cil. Gu&iacute;a hacia la disponibilidad a prestar ayuda; hacia la bondad que no se deja desarmar ni siquiera por la ingratitud. Nos lleva hacia el amor, nos lleva hacia Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s &quot;marchaba por delante subiendo a Jerusal&eacute;n&quot;. Si leemos estas palabras del Evangelio en el contexto del camino de Jes&uacute;s en su conjunto \u2014un camino que prosigue hasta el final de los tiempos\u2014 podemos descubrir distintos niveles en la indicaci&oacute;n de la meta &quot;Jerusal&eacute;n&quot;. Naturalmente, ante todo debe entenderse simplemente el lugar &quot;Jerusal&eacute;n&quot;: es la ciudad en la que se encuentra el Templo de Dios, cuya unicidad deb&iacute;a aludir a la unicidad de Dios mismo. Este lugar anuncia, por tanto, dos cosas: por un lado, dice que Dios es uno solo en todo el mundo, supera inmensamente todos nuestros lugares y tiempos; es el Dios al que pertenece toda la creaci&oacute;n. Es el Dios al que buscan todos los hombres en lo m&aacute;s &iacute;ntimo y al que, de alguna manera, tambi&eacute;n todos conocen. Pero este Dios se ha dado un nombre. Se nos ha dado a conocer: comenz&oacute; una historia con los hombres; eligi&oacute; a un hombre \u2014Abraham\u2014 como punto de partida de esta historia. El Dios infinito es al mismo tiempo el Dios cercano. &Eacute;l, que no puede ser encerrado en ning&uacute;n edificio, quiere sin embargo habitar entre nosotros, estar totalmente con nosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">Si Jes&uacute;s junto con el Israel peregrino sube hacia Jerusal&eacute;n, es para celebrar con Israel la Pascua: el memorial de la liberaci&oacute;n de Israel, memorial que al mismo tiempo siempre es esperanza de la libertad definitiva, que Dios dar&aacute;. Y Jes&uacute;s va hacia esta fiesta consciente de que &eacute;l mismo es el Cordero en el que se cumplir&aacute; lo que dice al respecto el <i>libro del &Eacute;xodo<\/i>: un cordero sin defecto, macho, que al ocaso, ante los ojos de los hijos de Israel, es inmolado &quot;como rito perenne&quot; (cf.<i> Ex<\/i> 12, 5-6.14). Y, por &uacute;ltimo, Jes&uacute;s sabe que su camino ir&aacute; m&aacute;s all&aacute;: no acabar&aacute; en la cruz. Sabe que su camino rasgar&aacute; el velo entre este mundo y el mundo de Dios; que &eacute;l subir&aacute; hasta el trono de Dios y reconciliar&aacute; a Dios y al hombre en su cuerpo. Sabe que su cuerpo resucitado ser&aacute; el nuevo sacrificio y el nuevo Templo; que en torno a &eacute;l, con los &aacute;ngeles y los santos, se formar&aacute; la nueva Jerusal&eacute;n que est&aacute; en el cielo y, sin embargo, tambi&eacute;n ya en la tierra, porque con su pasi&oacute;n &eacute;l abri&oacute; la frontera entre cielo y tierra. Su camino lleva m&aacute;s all&aacute; de la cima del monte del Templo, hasta la altura de Dios mismo: esta es la gran subida a la cual nos invita a todos. &Eacute;l permanece siempre con nosotros en la tierra y ya ha llegado a Dios; &eacute;l nos gu&iacute;a en la tierra y m&aacute;s all&aacute; de la tierra. <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, en la amplitud de la subida de Jes&uacute;s se hacen visibles las dimensiones de nuestro seguimiento, la meta a la cual &eacute;l quiere llevarnos: hasta las alturas de Dios, a la comuni&oacute;n con Dios, al estar-con-Dios. Esta es la verdadera meta, y la comuni&oacute;n con &eacute;l es el camino. La comuni&oacute;n con &eacute;l es estar en camino, una subida permanente hacia la verdadera altura de nuestra llamada. Caminar junto con Jes&uacute;s siempre es al mismo tiempo caminar en el &quot;nosotros&quot; de quienes queremos seguirlo. Nos introduce en esta comunidad. Porque el camino hasta la vida verdadera, hasta ser hombres conformes al modelo del Hijo de Dios Jesucristo supera nuestras propias fuerzas; este caminar tambi&eacute;n significa siempre ser llevados. Nos encontramos, por decirlo as&iacute;, en una cordada con Jesucristo, junto a &eacute;l en la subida hacia las alturas de Dios. &Eacute;l tira de nosotros y nos sostiene. Integrarnos en esa cordada, aceptar que no podemos hacerla solos, forma parte del seguimiento de Cristo. Forma parte de &eacute;l este acto de humildad: entrar en el &quot;nosotros&quot; de la Iglesia; aferrarse a la cordada, la responsabilidad de la comuni&oacute;n: no romper la cuerda con la testarudez y la pedanter&iacute;a. El humilde creer con la Iglesia, estar unidos en la cordada de la subida hacia Dios, es una condici&oacute;n esencial del seguimiento. Tambi&eacute;n forma parte de este ser llamados juntos a la cordada el no comportarse como due&ntilde;os de la Palabra de Dios, no ir tras una idea equivocada de emancipaci&oacute;n. La humildad de &quot;estar-con&quot; es esencial para la subida. Tambi&eacute;n forma parte de ella dejar siempre que el Se&ntilde;or nos tome de nuevo de la mano en los sacramentos; dejarnos purificar y corroborar por &eacute;l; aceptar la disciplina de la subida, aunque estemos cansados. <\/p>\n<p align=\"left\">Por &uacute;ltimo, debemos decir tambi&eacute;n: la cruz forma parte de la subida hacia la altura de Jesucristo, de la subida hasta la altura de Dios mismo. Al igual que en las vicisitudes de este mundo no se pueden alcanzar grandes resultados sin renuncia y duro ejercicio; y al igual que la alegr&iacute;a por un gran descubrimiento del conocimiento o por una verdadera capacidad operativa va unida a la disciplina, m&aacute;s a&uacute;n, al esfuerzo del aprendizaje, as&iacute; el camino hacia la vida misma, hacia la realizaci&oacute;n de la propia humanidad est&aacute; vinculado a la comuni&oacute;n con Aquel que subi&oacute; a la altura de Dios mediante la cruz. En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, la cruz es expresi&oacute;n de lo que el amor significa: s&oacute;lo se encuentra quien se pierde a s&iacute; mismo. <\/p>\n<p align=\"left\">Resumiendo: el seguimiento de Cristo requiere como primer paso despertar la nostalgia por el aut&eacute;ntico ser hombres y, as&iacute;, despertar para Dios. Requiere tambi&eacute;n entrar en la cordada de quienes suben, en la comuni&oacute;n de la Iglesia. En el &quot;nosotros&quot; de la Iglesia entramos en comuni&oacute;n con el &quot;t&uacute;&quot; de Jesucristo y as&iacute; alcanzamos el camino hacia Dios. Adem&aacute;s, se requiere escuchar la Palabra de Jesucristo y vivirla: con fe, esperanza y amor. As&iacute; estamos en camino hacia la Jerusal&eacute;n definitiva y ya desde ahora, de alg&uacute;n modo, nos encontramos all&aacute;, en la comuni&oacute;n de todos los santos de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Nuestra peregrinaci&oacute;n siguiendo a Jesucristo no va hacia una ciudad terrena, sino hacia la nueva ciudad de Dios que crece en medio de este mundo. La peregrinaci&oacute;n hacia la Jerusal&eacute;n terrestre, sin embargo, puede ser tambi&eacute;n para nosotros, los cristianos, un elemento &uacute;til para ese viaje m&aacute;s grande. Yo mismo atribu&iacute; a mi peregrinaci&oacute;n a <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2009\/index_holy-land.html\">Tierra Santa<\/a> del a&ntilde;o pasado tres significados. Ante todo, pens&eacute; que a nosotros nos pod&iacute;a suceder en esa ocasi&oacute;n lo que san Juan dice al inicio de su <i>primera carta<\/i>: lo que hemos o&iacute;do, de alguna manera lo podemos contemplar y tocar con nuestras manos (cf. <i>1 Jn <\/i>1, 1). La fe en Jesucristo no es una invenci&oacute;n legendaria. Se funda en una historia que ha acontecido verdaderamente. Esta historia nosotros, por decirlo as&iacute;, la podemos contemplar y tocar. Es conmovedor encontrarse en Nazaret en el lugar donde el &aacute;ngel se apareci&oacute; a Mar&iacute;a y le transmiti&oacute; la misi&oacute;n de convertirse en la Madre del Redentor. Es conmovedor estar en Bel&eacute;n en el lugar donde el Verbo se hizo carne, vino a habitar entre nosotros; pisar el terreno santo en el cual Dios quiso hacerse hombre y ni&ntilde;o. Es conmovedor subir la escalera hacia el Calvario hasta el lugar en el que Jes&uacute;s muri&oacute; por nosotros en la cruz. Y, por &uacute;ltimo, estar ante el sepulcro vac&iacute;o; rezar donde su cuerpo inerte descans&oacute; y donde al tercer d&iacute;a tuvo lugar la resurrecci&oacute;n. Seguir los caminos exteriores de Jes&uacute;s debe ayudarnos a caminar con m&aacute;s alegr&iacute;a y con una nueva certeza por el camino interior que &eacute;l nos ha indicado y que es &eacute;l mismo. <\/p>\n<p align=\"left\">Pero cuando vamos a Tierra Santa como peregrinos, tambi&eacute;n vamos \u2014y este es el segundo aspecto\u2014 como mensajeros de la paz, con la oraci&oacute;n por la paz; con la fuerte invitaci&oacute;n, dirigida a todos, a hacer en aquel lugar, que lleva en su nombre la palabra &quot;paz&quot;, todo lo posible a fin de que llegue a ser verdaderamente un lugar de paz. As&iacute; esta peregrinaci&oacute;n es al mismo tiempo \u2014como tercer aspecto\u2014 un aliento para los cristianos a permanecer en el pa&iacute;s de sus or&iacute;genes y a comprometerse intensamente por la paz all&iacute;. <\/p>\n<p align=\"left\">Volvamos una vez m&aacute;s a la liturgia del domingo de Ramos. En la oraci&oacute;n con la que se bendicen los ramos de palma rezamos para que en la comuni&oacute;n con Cristo podamos dar fruto de buenas obras. De una interpretaci&oacute;n equivocada de san Pablo se desarroll&oacute; repetidamente, a lo largo de la historia y tambi&eacute;n hoy, la opini&oacute;n de que las buenas obras no forman parte del ser cristianos, de que en cualquier caso son insignificantes para la salvaci&oacute;n del hombre. Pero aunque san Pablo dice que las obras no pueden justificar al hombre, con esto no se opone a la importancia del obrar correcto y, a pesar de que habla del fin de la Ley, no declara superados e irrelevantes los diez mandamientos. No es necesario ahora reflexionar sobre toda la amplitud de la cuesti&oacute;n que interesaba al Ap&oacute;stol. Es importante observar que con el t&eacute;rmino &quot;Ley&quot; no entiende los diez mandamientos, sino el complejo estilo de vida mediante el cual Israel se deb&iacute;a proteger contra las tentaciones del paganismo. Sin embargo, ahora Cristo ha llevado a Dios a los paganos. A ellos no se les impone esa forma de distinci&oacute;n. Para ellos la Ley es &uacute;nicamente Cristo. Pero esto significa el amor a Dios y al pr&oacute;jimo y a todo lo que forma parte de ese amor. Forman parte de este amor los mandamientos le&iacute;dos de un modo nuevo y m&aacute;s profundo a partir de Cristo, los mandamientos que no son sino reglas fundamentales del verdadero amor: ante todo y como principio fundamental la adoraci&oacute;n de Dios, la primac&iacute;a de Dios, que expresan los primeros tres mandamientos. Nos dicen: sin Dios no se logra nada como debe ser. A partir de la persona de Jesucristo sabemos qui&eacute;n es ese Dios y c&oacute;mo es. Siguen luego la santidad de la familia (cuarto mandamiento), la santidad de la vida (quinto mandamiento), el ordenamiento del matrimonio (sexto mandamiento), el ordenamiento social (s&eacute;ptimo mandamiento) y, por &uacute;ltimo, la inviolabilidad de la verdad (octavo mandamiento). Todo esto hoy reviste m&aacute;xima actualidad y precisamente tambi&eacute;n en el sentido de san Pablo, si leemos todas sus cartas. &quot;Dar fruto con buenas obras&quot;: al inicio de la Semana santa pidamos al Se&ntilde;or que nos conceda cada vez m&aacute;s a todos este fruto. <\/p>\n<p align=\"left\">Al final del Evangelio para la bendici&oacute;n de los ramos escuchamos la aclamaci&oacute;n con la que los peregrinos saludan a Jes&uacute;s a las puertas de Jerusal&eacute;n. Son palabras del <i>Salmo <\/i>118, que originariamente los sacerdotes proclamaban desde la ciudad santa a los peregrinos, pero que, mientras tanto, se hab&iacute;a convertido en expresi&oacute;n de la esperanza mesi&aacute;nica: &quot;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or&quot; (<i>Sal<\/i> 118, 26; <i>Lc<\/i> 19, 38). Los peregrinos ven en Jes&uacute;s al Esperado, al que viene en nombre del Se&ntilde;or, m&aacute;s a&uacute;n, seg&uacute;n el Evangelio de san Lucas, introducen una palabra m&aacute;s: &quot;Bendito el que viene, el rey, en nombre del Se&ntilde;or&quot;. Y prosiguen con una aclamaci&oacute;n que recuerda el mensaje de los &aacute;ngeles en Navidad, pero lo modifican de una manera que hace reflexionar. Los &aacute;ngeles hab&iacute;an hablado de la gloria de Dios en las alturas y de la paz en la tierra para los hombres a los que Dios ama. Los peregrinos en la entrada de la ciudad santa dicen: &quot;Paz en el cielo y gloria en las alturas&quot;. Saben muy bien que en la tierra no hay paz. Y saben que el lugar de la paz es el cielo; saben que ser lugar de paz forma parte de la esencia del cielo. As&iacute;, esta aclamaci&oacute;n es expresi&oacute;n de una profunda pena y, a la vez, es oraci&oacute;n de esperanza: que Aquel que viene en nombre del Se&ntilde;or traiga a la tierra lo que est&aacute; en el cielo. Que su realeza se convierta en la realeza de Dios, presencia del cielo en la tierra. La Iglesia, antes de la consagraci&oacute;n eucar&iacute;stica, canta las palabras del <i>Salmo<\/i> con las que se saluda a Jes&uacute;s antes de su entrada en la ciudad santa: saluda a Jes&uacute;s como el rey que, al venir de Dios, en nombre de Dios entra en medio de nosotros. Este saludo alegre sigue siendo tambi&eacute;n hoy s&uacute;plica y esperanza. Pidamos al Se&ntilde;or que nos traiga el cielo: la gloria de Dios y la paz de los hombres. Entendemos este saludo en el esp&iacute;ritu de la petici&oacute;n del Padre Nuestro: &quot;H&aacute;gase tu voluntad en la tierra como en el cielo&quot;. Sabemos que el cielo es cielo, lugar de la gloria y de la paz, porque all&iacute; reina totalmente la voluntad de Dios. Y sabemos que la tierra no es cielo hasta que en ella se realice la voluntad de Dios. Por tanto, saludemos a Jes&uacute;s que viene del cielo y pid&aacute;mosle que nos ayude a conocer y a hacer la voluntad de Dios. Que la realeza de Dios entre en el mundo y as&iacute; el mundo se colme del esplendor de la paz. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"><\/font><i><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro XXV Jornada Mundial de la Juventud Domingo 28 de marzo de 2010 (V&iacute;deo) Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Queridos hermanos y hermanas; queridos j&oacute;venes: El Evangelio de la bendici&oacute;n de los ramos, que hemos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-2010-domingo-de-ramos-xxv-jornada-mundial-de-la-juventud\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de marzo de 2010: Domingo de Ramos &#8211; XXV Jornada Mundial de la Juventud\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40981","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40981","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40981"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40981\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40981"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40981"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40981"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}