{"id":40982,"date":"2016-10-06T15:15:26","date_gmt":"2016-10-06T20:15:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-marzo-de-2010-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-juan-de-la-cruz\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:26","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:26","slug":"7-de-marzo-de-2010-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-juan-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-marzo-de-2010-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-juan-de-la-cruz\/","title":{"rendered":"7 de marzo de 2010: Visita pastoral a la parroquia romana de San Juan de la Cruz"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> DE SAN JUAN DE LA CRUZ<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Domingo<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"> 7 de marzo de 2010<\/font><\/i><b><font face=\"Times New Roman\"> <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> (<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/parrocchia07032010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/font><\/b> <i> <font color=\"#663300\" size=\"2\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20100307\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">&quot;Convert&iacute;os, dice el Se&ntilde;or, porque est&aacute; cerca el reino de los cielos&quot; hemos proclamado antes del Evangelio de este tercer domingo de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/lent\/2010\/index_sp.htm\">Cuaresma<\/a>, que nos presenta el tema fundamental de este &quot;tiempo fuerte&quot; del a&ntilde;o lit&uacute;rgico: la invitaci&oacute;n a la conversi&oacute;n de nuestra vida y a realizar obras de penitencia dignas. Jes&uacute;s, como hemos escuchado, evoca dos episodios de sucesos: una represi&oacute;n brutal de la polic&iacute;a romana dentro del templo (cf. <i>Lc<\/i> 13, 1) y la tragedia de dieciocho muertos al derrumbarse la torre de Silo&eacute; (v. 4). La gente interpreta estos hechos como un castigo divino por los pecados de sus v&iacute;ctimas, y, consider&aacute;ndose justa, cree estar a salvo de esa clase de incidentes, pensando que no tiene nada que convertir en su vida. Pero Jes&uacute;s denuncia esta actitud como una ilusi&oacute;n: &quot;&iquest;Pens&aacute;is que esos galileos eran m&aacute;s pecadores que todos los dem&aacute;s galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convert&iacute;s, todos perecer&eacute;is del mismo modo&quot; (vv. 2-3). E invita a reflexionar sobre esos acontecimientos, para un compromiso mayor en el camino de conversi&oacute;n, porque es precisamente el hecho de cerrarse al Se&ntilde;or, de no recorrer el camino de la conversi&oacute;n de uno mismo, que lleva a la muerte, la del alma. En Cuaresma, Dios nos invita a cada uno de nosotros a dar un cambio de rumbo a nuestra existencia, pensando y viviendo seg&uacute;n el Evangelio, corrigiendo algunas cosas en nuestro modo de rezar, de actuar, de trabajar y en las relaciones con los dem&aacute;s. Jes&uacute;s nos llama a ello no con una severidad sin motivo, sino precisamente porque est&aacute; preocupado por nuestro bien, por nuestra felicidad, por nuestra salvaci&oacute;n. Por nuestra parte, debemos responder con un esfuerzo interior sincero, pidi&eacute;ndole que nos haga entender en qu&eacute; puntos en particular debemos convertirnos. <\/p>\n<p align=\"left\">La conclusi&oacute;n del pasaje evang&eacute;lico retoma la perspectiva de la misericordia, mostrando la necesidad y la urgencia de volver a Dios, de renovar la vida seg&uacute;n Dios. Refiri&eacute;ndose a un uso de su tiempo, Jes&uacute;s presenta la par&aacute;bola de una higuera plantada en una vi&ntilde;a; esta higuera resulta est&eacute;ril, no da frutos (cf. <i> Lc<\/i> 13, 6-9). El di&aacute;logo entre el due&ntilde;o y el vi&ntilde;ador, manifiesta, por una parte, la misericordia de Dios, que tiene paciencia y deja al hombre, a todos nosotros, un tiempo para la conversi&oacute;n; y, por otra, la necesidad de comenzar en seguida el cambio interior y exterior de la vida para no perder las ocasiones que la misericordia de Dios nos da para superar nuestra pereza espiritual y corresponder al amor de Dios con nuestro amor filial. <\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n san Pablo, en el pasaje que hemos escuchado, nos exhorta a no hacernos ilusiones: no basta con haber sido bautizados y comer en la misma mesa eucar&iacute;stica, si no vivimos como cristianos y no estamos atentos a los signos del Se&ntilde;or (cf. <i>1 Co<\/i> 10, 1-4). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Juan de la Cruz, estoy muy contento de estar entre vosotros hoy, para celebrar con vosotros el d&iacute;a del Se&ntilde;or. Saludo cordialmente al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro p&aacute;rroco, don Enrico Gemma, a quien agradezco las hermosas palabras que me ha dirigido en nombre de todos, y a los dem&aacute;s sacerdotes que lo coadyuvan. Quiero extender mi saludo a todos los habitantes del barrio, especialmente a los ancianos, los enfermos, las personas solas y que pasan dificultades. Los recuerdo al Se&ntilde;or a todos y cada uno en esta santa misa. <\/p>\n<p align=\"left\">S&eacute; que vuestra parroquia es una comunidad joven. De hecho, comenz&oacute; su actividad pastoral en 1989, durante un periodo de doce a&ntilde;os en un local provisorio, y despu&eacute;s en el complejo parroquial nuevo. Ahora que ten&eacute;is un edificio sagrado nuevo, mi visita desea alentaros a construir cada vez mejor esa Iglesia de piedras vivas que sois vosotros. S&eacute; que la experiencia de los primeros doce a&ntilde;os ha marcado un estilo de vida que permanece todav&iacute;a hoy. La falta de estructuras adecuadas y de tradiciones consolidadas os ha impulsado a encomendaros a la fuerza de la Palabra de Dios, que ha sido l&aacute;mpara para el camino y ha dado frutos concretos de conversi&oacute;n, de participaci&oacute;n en los sacramentos, especialmente en la Eucarist&iacute;a dominical, y de servicio. Os exhorto a hacer de esta Iglesia un lugar en el que se aprende cada vez mejor a escuchar al Se&ntilde;or que nos habla en las sagradas Escrituras. Que sean siempre el centro vivificante de la vuestra comunidad, para que esta sea escuela continua de vida cristiana, de la que parte toda actividad pastoral. <\/p>\n<p align=\"left\">La construcci&oacute;n del nuevo templo parroquial os ha impulsado a un compromiso apost&oacute;lico coral, con una especial atenci&oacute;n al campo de la catequesis y de la liturgia. Me alegro de los esfuerzos pastorales que est&aacute;is realizando. S&eacute; que varios grupos de fieles se re&uacute;nen para rezar, formarse en la escuela del Evangelio, participar en los sacramentos -sobre todo de la Penitencia y de la Eucarist&iacute;a- y vivir esa dimensi&oacute;n esencial para la vida cristiana que es la caridad. Pienso con gratitud en cuantos contribuyen a que las celebraciones lit&uacute;rgicas sean m&aacute;s vivas y participadas, y tambi&eacute;n a cuantos, con la C&aacute;ritas parroquial y el grupo de san Egidio, intentan responder a las numerosas exigencias del territorio, especialmente a las de los m&aacute;s pobres y necesitados. Pienso, por &uacute;ltimo, en las encomiables iniciativas a favor de las familias, de la educaci&oacute;n cristiana de los hijos y de todos los que frecuentan el oratorio. <\/p>\n<p align=\"left\">Desde su nacimiento, esta parroquia se ha abierto a los movimientos y a las nuevas comunidades eclesiales, madurando as&iacute; una amplia conciencia de Iglesia y experimentando nuevas formas de evangelizaci&oacute;n. Os exhorto a proseguir con valent&iacute;a en esta direcci&oacute;n, pero comprometi&eacute;ndoos a implicar a todas las realidades presentes en un proyecto pastoral unitario. Me alegra saber que vuestra comunidad se propone promover, respetando las vocaciones y el papel de los consagrados y de los laicos, la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios. Como ya he recordado, esto exige un cambio de mentalidad, sobre todo respecto de los laicos, &quot;pasando de considerarles &laquo;colaboradores&raquo; del clero a reconocerlos realmente como &laquo;corresponsables&raquo; del ser y actuar de la Iglesia, favoreciendo as&iacute; la consolidaci&oacute;n de un laicado maduro y comprometido&quot; (cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/speeches\/2009\/may\/documents\/hf_ben-xvi_spe_20090526_convegno-diocesi-rm.html\">Discurso de apertura de la Asamblea pastoral de la di&oacute;cesis de Roma<\/a><\/i>, 26 de mayo de 2009). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridas familias cristianas, queridos j&oacute;venes que viv&iacute;s en este barrio y que frecuent&aacute;is la parroquia, dejaos llevar cada vez m&aacute;s por el deseo de anunciar a todos el Evangelio de Jesucristo. No esper&eacute;is que otros vengan a transmitiros otros mensajes, que no llevan a la vida, m&aacute;s bien sed vosotros mismos misioneros de Cristo para los hermanos, donde viven, trabajan, estudian o simplemente pasan el tiempo libre. Poned en marcha tambi&eacute;n aqu&iacute; una pastoral vocacional capilar y org&aacute;nica, hecha de educaci&oacute;n de las familias y de los j&oacute;venes a la oraci&oacute;n y a vivir la vida como un don que proviene de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, el tiempo fuerte de la Cuaresma nos invita a cada uno de nosotros a reconocer el misterio de Dios, que se hace presente en nuestra vida, como hemos escuchado en la primera lectura. Mois&eacute;s ve en el desierto una zarza que arde, pero no se consume. En un primer momento, impulsado por la curiosidad, se acerca para ver este acontecimiento misterioso y entonces de la zarza sale una voz que lo llama, diciendo: &quot;Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob&quot; (<i>Ex<\/i> 3, 6). Y es precisamente este Dios quien lo manda de nuevo a Egipto con la misi&oacute;n de llevar al pueblo de Israel a la tierra prometida, pidiendo al fara&oacute;n, en su nombre, la liberaci&oacute;n de Israel. En ese momento Mois&eacute;s pregunta a Dios cu&aacute;l es su nombre, el nombre con el que Dios muestra su autoridad especial, para poderse presentar al pueblo y despu&eacute;s al fara&oacute;n. La respuesta de Dios puede parecer extra&ntilde;a; parece que responde pero no responde. Simplemente dice de s&iacute; mismo: &quot;Yo soy el que soy&quot;. &quot;&Eacute;l es&quot; y esto tiene que ser suficiente. Por lo tanto, Dios no ha rechazado la petici&oacute;n de Mois&eacute;s, manifiesta su nombre, creando as&iacute; la posibilidad de la invocaci&oacute;n, de la llamada, de la relaci&oacute;n. Revelando su nombre Dios entabla una relaci&oacute;n entre &eacute;l y nosotros. Nos permite invocarlo, entra en relaci&oacute;n con nosotros y nos da la posibilidad de estar en relaci&oacute;n con &eacute;l. Esto significa que se entrega, de alguna manera, a nuestro mundo humano, haci&eacute;ndose accesible, casi uno de nosotros. Afronta el riesgo de la relaci&oacute;n, del estar con nosotros. Lo que comenz&oacute; con la zarza ardiente en el desierto se cumple en la zarza ardiente de la cruz, donde Dios, ahora accesible en su Hijo hecho hombre, hecho realmente uno de nosotros, se entrega en nuestras manos y, de ese modo, realiza la liberaci&oacute;n de la humanidad. En el G&oacute;lgota Dios, que durante la noche de la hu&iacute;da de Egipto se revel&oacute; como aquel que libera de la esclavitud, se revela como Aquel que abraza a todo hombre con el poder salv&iacute;fico de la cruz y de la Resurrecci&oacute;n y lo libera del pecado y de la muerte, lo acepta en el abrazo de su amor. <\/p>\n<p align=\"left\">Permanezcamos en la contemplaci&oacute;n de este misterio del nombre de Dios para comprender mejor el misterio de la Cuaresma, y vivir personalmente y como comunidad en permanente conversi&oacute;n, para ser en el mundo una constante epifan&iacute;a, testimonio del Dios vivo, que libera y salva por amor. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN JUAN DE LA CRUZ SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Domingo 7 de marzo de 2010 (V&iacute;deo) Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: &quot;Convert&iacute;os, dice el Se&ntilde;or, porque est&aacute; cerca el reino de los cielos&quot; hemos proclamado antes del Evangelio de este &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-marzo-de-2010-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-juan-de-la-cruz\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de marzo de 2010: Visita pastoral a la parroquia romana de San Juan de la Cruz\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40982","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40982","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40982"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40982\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40982"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40982"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40982"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}