{"id":40983,"date":"2016-10-06T15:15:28","date_gmt":"2016-10-06T20:15:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-febrero-de-2010-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:28","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:28","slug":"17-de-febrero-de-2010-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-febrero-de-2010-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/","title":{"rendered":"17 de febrero de 2010: Statio y Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100217.pdf\">STATIO Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL<\/a> <br \/> DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO <br \/>A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA, EN EL AVENTINO <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CEN<\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b>IZA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de Santa Sabina<br \/>Mi&eacute;rcoles de Ceniza 17 de febrero de 2010<\/font><\/i><b><font face=\"Times New Roman\"> <br \/> <\/font><\/b><span lang=\"es\"> <i> <font color=\"#663300\" size=\"2\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20100217\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">&laquo;T&uacute; amas a todas tus criaturas, Se&ntilde;or, y no odias nada de lo que has hecho; <br \/> cierras los ojos a los pecados de los hombres, <br \/> para que se arrepientan. Y los perdonas, <br \/> porque t&uacute; eres nuestro Dios y Se&ntilde;or&raquo; (Ant&iacute;fona de entrada) <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerados hermanos en el episcopado; <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Con esta conmovedora invocaci&oacute;n, tomada del <i>Libro de la Sabidur&iacute;a<\/i> (cf. <i> Sb<\/i> 11, 23-26), la liturgia introduce en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica del mi&eacute;rcoles de Ceniza. Son palabras que, de alg&uacute;n modo, abren todo el itinerario cuaresmal, poniendo en su fundamento la omnipotencia del amor de Dios, su se&ntilde;or&iacute;o absoluto sobre toda criatura, que se traduce en indulgencia infinita, animada por una constante y universal voluntad de vida. En efecto, perdonar a alguien equivale a decirle: no quiero que mueras, sino que vivas; quiero siempre y s&oacute;lo tu bien. <\/p>\n<p align=\"left\">Esta certeza absoluta sostuvo a Jes&uacute;s durante los cuarenta d&iacute;as que pas&oacute; en el desierto de Judea, despu&eacute;s del bautismo recibido de Juan en el Jord&aacute;n. Ese largo tiempo de silencio y de ayuno fue para &eacute;l un abandonarse completamente en el Padre y en su proyecto de amor; tambi&eacute;n fue un &quot;bautismo&quot;, o sea, una &quot;inmersi&oacute;n&quot; en su voluntad, y en este sentido un anticipo de la pasi&oacute;n y de la cruz. Adentrarse en el desierto y permanecer all&iacute; largamente, solo, significaba exponerse voluntariamente a los asaltos del enemigo, el tentador que hizo caer a Ad&aacute;n y por cuya envidia entr&oacute; en el mundo la muerte (cf. <i>Sb<\/i> 2, 24); significaba entablar con &eacute;l la batalla en campo abierto, desafiarle sin otras armas que la confianza ilimitada en el amor omnipotente del Padre. Me basta tu amor, me alimento de tu voluntad (cf. <i>Jn<\/i> 4, 34): esta convicci&oacute;n habitaba la mente y el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s durante aquella &quot;cuaresma&quot; suya. No fue un acto de orgullo, una empresa tit&aacute;nica, sino una elecci&oacute;n de humildad, coherente con la Encarnaci&oacute;n y el bautismo en el Jord&aacute;n, en la misma l&iacute;nea de obediencia al amor misericordioso del Padre, quien &quot;tanto am&oacute; al mundo que le dio a su Hijo unig&eacute;nito&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16). <\/p>\n<p align=\"left\">Todo esto el Se&ntilde;or Jes&uacute;s lo hizo por nosotros. Lo hizo para salvarnos y, al mismo tiempo, para mostrarnos el camino para seguirlo. La salvaci&oacute;n, de hecho, es don, es gracia de Dios, pero para tener efecto en mi existencia requiere mi asentimiento, una acogida demostrada con obras, o sea, con la voluntad de vivir como Jes&uacute;s, de caminar tras &eacute;l. Seguir a Jes&uacute;s en el desierto cuaresmal es, por lo tanto, condici&oacute;n necesaria para participar en su Pascua, en su &quot;&eacute;xodo&quot;. Ad&aacute;n fue expulsado del Para&iacute;so terrenal, s&iacute;mbolo de la comuni&oacute;n con Dios; ahora, para volver a esta comuni&oacute;n y por consiguiente a la verdadera vida, la vida eterna, hay que atravesar el desierto, la prueba de la fe. No solos, sino con Jes&uacute;s. &Eacute;l \u2014como siempre\u2014 nos ha precedido y ya ha vencido el combate contra el esp&iacute;ritu del mal. Este es el sentido de la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/lent\/2010\/index_sp.htm\">Cuaresma,<\/a> tiempo lit&uacute;rgico que cada a&ntilde;o nos invita a renovar la opci&oacute;n de seguir a Cristo por el camino de la humildad para participar en su victoria sobre el pecado y sobre la muerte. <\/p>\n<p align=\"left\">Desde esta perspectiva se comprende tambi&eacute;n el signo penitencial de la ceniza, que se impone en la cabeza de cuantos inician con buena voluntad el itinerario cuaresmal. Es esencialmente un gesto de humildad, que significa: reconozco lo que soy, una criatura fr&aacute;gil, hecha de tierra y destinada a la tierra, pero hecha tambi&eacute;n a imagen de Dios y destinada a &eacute;l. Polvo, s&iacute;, pero amado, plasmado por su amor, animado por su soplo vital, capaz de reconocer su voz y de responderle; libre y, por esto, capaz tambi&eacute;n de desobedecerle, cediendo a la tentaci&oacute;n del orgullo y de la autosuficiencia. He aqu&iacute; el pecado, enfermedad mortal que pronto entr&oacute; a contaminar la tierra bendita que es el ser humano. Creado a imagen del Santo y del Justo, el hombre perdi&oacute; su inocencia y ahora s&oacute;lo puede volver a ser justo gracias a la justicia de Dios, la justicia del amor que \u2014como escribe san Pablo\u2014 &quot;se ha manifestado por medio de la fe en Cristo&quot; (<i>Rm<\/i> 3, 22). En estas palabras del Ap&oacute;stol me he inspirado para mi <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/lent\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20091030_lent-2010.html\">Mensaje<\/a><\/i>, dirigido a todos los fieles con ocasi&oacute;n de esta Cuaresma: una reflexi&oacute;n sobre el tema de la justicia a la luz de las Sagradas Escrituras y de su cumplimiento en Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">En las lecturas b&iacute;blicas del mi&eacute;rcoles de Ceniza tambi&eacute;n est&aacute; presente el tema de la justicia. Ante todo, la p&aacute;gina del profeta Joel y el salmo responsorial \u2014el <i>Miserere<\/i>\u2014 forman un d&iacute;ptico penitencial que pone de relieve c&oacute;mo en el origen de toda injusticia material y social se encuentra lo que la Biblia llama &quot;iniquidad&quot;, esto es, el pecado, que consiste fundamentalmente en una desobediencia a Dios, es decir, una falta de amor. &quot;S&iacute; \u2014confiesa el salmista\u2014, reconozco mi culpa, \/ tengo siempre presente mi pecado. \/ Contra ti, contra ti s&oacute;lo pequ&eacute;, \/ comet&iacute; la maldad que aborreces&quot; (<i>Sal<\/i> 50, 5-6). El primer acto de justicia es, por tanto, reconocer la propia iniquidad, y reconocer que est&aacute; enraizada en el &quot;coraz&oacute;n&quot;, en el centro mismo de la persona humana. Los &quot;ayunos&quot;, los &quot;llantos&quot;, los &quot;lamentos&quot; (cf. <i>Jl<\/i> 2, 12) y toda expresi&oacute;n penitencial s&oacute;lo tienen valor a los ojos de Dios si son signo de corazones sinceramente arrepentidos. Igualmente el Evangelio, tomado del &quot;Serm&oacute;n de la monta&ntilde;a&quot;, insiste en la exigencia de practicar la &quot;justicia&quot; \u2014limosna, oraci&oacute;n, ayuno\u2014 no ante los hombres, sino s&oacute;lo a los ojos de Dios, que &quot;ve en lo secreto&quot; (cf. <i>Mt<\/i> 6, 1-6.16-18). La verdadera &quot;recompensa&quot; no es la admiraci&oacute;n de los dem&aacute;s, sino la amistad con Dios y la gracia que se deriva de ella, una gracia que da paz y fortaleza para hacer el bien, amar hasta a quien no lo merece, perdonar a quien nos ha ofendido. <\/p>\n<p align=\"left\">La segunda lectura, el llamamiento de san Pablo a dejarse reconciliar con Dios (cf. <i>2 Co<\/i> 5, 20), contiene uno de los c&eacute;lebres pasajes paulinos que reconduce toda la reflexi&oacute;n sobre la justicia hacia el misterio de Cristo. Escribe san Pablo: &quot;Al que no hab&iacute;a pecado \u2014o sea, a su Hijo hecho hombre\u2014, Dios lo hizo expiaci&oacute;n por nuestro pecado, para que vini&eacute;ramos a ser justicia de Dios en &eacute;l&quot; (<i>2 Co<\/i> 5, 21). En el coraz&oacute;n de Cristo, esto es, en el centro de su Persona divino-humana, se jug&oacute; en t&eacute;rminos decisivos y definitivos todo el drama de la libertad. Dios llev&oacute; hasta las consecuencias extremas su plan de salvaci&oacute;n, permaneciendo fiel a su amor aun a costa de entregar a su Hijo unig&eacute;nito a la muerte, y una muerte de cruz. Como escrib&iacute; en el <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/lent\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20091030_lent-2010.html\"> <i>Mensaje<\/i> cuaresmal<\/a>, &quot;aqu&iacute; se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana&#8230; Gracias a la acci&oacute;n de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia &quot;mayor&quot;, que es la del amor (cf. <i>Rm<\/i> 13, 8-10)&quot; (<i>L&#8217;Osservatore Romano,<\/i> edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 7 de febrero de 2010, p. 11). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma ensancha nuestro horizonte, nos orienta hacia la vida eterna. En esta tierra estamos de peregrinaci&oacute;n, &quot;no tenemos aqu&iacute; ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro&quot;, dice la carta a los Hebreos (<i>Hb<\/i> 13, 14). La Cuaresma permite comprender la relatividad de los bienes de esta tierra y as&iacute; nos hace capaces para afrontar las renuncias necesarias, nos hace libres para hacer el bien. Abramos la tierra a la luz del cielo, a la presencia de Dios entre nosotros. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>STATIO Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA, EN EL AVENTINO SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de Santa SabinaMi&eacute;rcoles de Ceniza 17 de febrero de 2010 Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; &laquo;T&uacute; amas a todas tus criaturas, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-febrero-de-2010-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab17 de febrero de 2010: Statio y Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40983","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40983","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40983"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40983\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40983"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40983"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40983"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}