{"id":40985,"date":"2016-10-06T15:15:31","date_gmt":"2016-10-06T20:15:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-2010-celebracion-de-visperas-en-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-y-de-la-xiv-jornada-de-la-vida-consagrada\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:31","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:31","slug":"2-de-febrero-de-2010-celebracion-de-visperas-en-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-y-de-la-xiv-jornada-de-la-vida-consagrada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-2010-celebracion-de-visperas-en-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-y-de-la-xiv-jornada-de-la-vida-consagrada\/","title":{"rendered":"2 de febrero de 2010: Celebraci\u00f3n de V\u00edsperas en la Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or y de la XIV Jornada de la vida consagrada"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100202.pdf\"> CELEBRACI&Oacute;N DE V&Iacute;SPERAS <br \/> EN LA FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<br \/> Y XIV JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Martes 2 de febrero de 2010<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> (<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/vespri02022010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">En la fiesta de la Presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Templo celebramos un misterio de la vida de Cristo, vinculado al precepto de la ley de Mois&eacute;s que prescrib&iacute;a a los padres, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento del primog&eacute;nito, que subieran al Templo de Jerusal&eacute;n para ofrecer a su hijo al Se&ntilde;or y para la purificaci&oacute;n ritual de la madre (cf. <i>Ex<\/i> 13, 1-2.11-16; <i>Lv<\/i> 12, 1-8). Tambi&eacute;n Mar&iacute;a y Jos&eacute; cumplen este rito, ofreciendo \u2014seg&uacute;n la ley\u2014 dos t&oacute;rtolas o dos pichones. Leyendo las cosas con m&aacute;s profundidad, comprendemos que en ese momento es Dios mismo quien presenta a su Hijo Unig&eacute;nito a los hombres, mediante las palabras del anciano Sime&oacute;n y de la profetisa Ana. En efecto, Sime&oacute;n proclama que Jes&uacute;s es la &quot;salvaci&oacute;n&quot; de la humanidad, la &quot;luz&quot; de todas las naciones y &quot;signo de contradicci&oacute;n&quot;, porque desvelar&aacute; las intenciones de los corazones (cf.<i> Lc <\/i>2, 29-35). En Oriente esta fiesta se denominaba <i> Hypapante<\/i>, fiesta del <i>encuentro<\/i>: de hecho, Sime&oacute;n y Ana, que encuentran a Jes&uacute;s en el Templo y reconocen en &eacute;l al Mes&iacute;as tan esperado, representan a la humanidad que encuentra a su Se&ntilde;or en la Iglesia. Sucesivamente esta fiesta se extendi&oacute; tambi&eacute;n en Occidente, desarrollando sobre todo el s&iacute;mbolo de la luz, y la procesi&oacute;n con las candelas, que dio origen al t&eacute;rmino &quot;<i>Candelaria<\/i>&quot;. Con este signo visible se quiere manifestar que la Iglesia encuentra en la fe a Aquel que es &quot;la luz de los hombres&quot; y lo acoge con todo el impulso de su fe para llevar esa &quot;luz&quot; al mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">En concomitancia con esta fiesta lit&uacute;rgica, el venerable Juan Pablo II, <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/consecrated_life\/documents\/hf_jp-ii_mes_06011997_i-consecrated-life-day.html\">a partir de 1997<\/a>, quiso que en toda la Iglesia se celebrara una <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/consecrated_life\/index.html\">Jornada especial de la vida consagrada<\/a>. En efecto, la oblaci&oacute;n del Hijo de Dios, simbolizada por su presentaci&oacute;n en el Templo, es un modelo para los hombres y mujeres que consagran toda su vida al Se&ntilde;or. Esta Jornada tiene tres objetivos: ante todo, alabar y dar gracias al Se&ntilde;or por el don de la vida consagrada; en segundo lugar, promover su conocimiento y estima de parte de todo el pueblo de Dios; y, por &uacute;ltimo, invitar a cuantos han dedicado plenamente su vida a la causa del Evangelio a celebrar las maravillas que el Se&ntilde;or ha realizado en ellos. Os agradezco que hay&aacute;is venido, tan numerosos, en esta Jornada dedicada especialmente a vosotros, y deseo saludar con gran afecto a cada uno de vosotros: religiosos, religiosas y personas consagradas, expres&aacute;ndoos cercan&iacute;a cordial y vivo aprecio por el bien que realiz&aacute;is al servicio del pueblo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">La breve lectura tomada de la <i>carta a los Hebreos<\/i>, que se acaba de proclamar, une bien los motivos que dieron origen a esta significativa y hermosa celebraci&oacute;n, y nos brinda algunas pautas de reflexi&oacute;n. Este texto \u2014se trata de dos vers&iacute;culos, pero muy densos\u2014 abre la segunda parte de la <i>carta a los Hebreos<\/i>, introduciendo el tema central de Cristo sumo sacerdote. En realidad, ser&iacute;a necesario considerar tambi&eacute;n el vers&iacute;culo inmediatamente precedente, que dice: &quot;Teniendo, pues, tal sumo sacerdote que penetr&oacute; los cielos \u2014Jes&uacute;s, el Hijo de Dios\u2014 mantengamos firmes la fe que profesamos&quot; (<i>Hb<\/i> 4, 14). Este vers&iacute;culo muestra a Jes&uacute;s que asciende al Padre; el sucesivo lo presenta mientras desciende hacia los hombres. A Cristo se le presenta como <i> el<\/i> Mediador: es verdadero Dios y verdadero hombre, y por lo tanto pertenece realmente al mundo divino y al humano. <\/p>\n<p align=\"left\">En realidad, una vida consagrada, una vida consagrada a Dios <i>mediante<\/i> Cristo, en la Iglesia s&oacute;lo tiene sentido precisamente a partir de esta <i>fe<\/i>, de esta profesi&oacute;n de fe en Jesucristo, el Mediador &uacute;nico y definitivo. S&oacute;lo tiene sentido si &eacute;l es <i>verdaderamente<\/i> mediador entre Dios y nosotros; de lo contrario, se tratar&iacute;a s&oacute;lo de una forma de sublimaci&oacute;n o de evasi&oacute;n. Si Cristo no fuera verdaderamente Dios, y no fuera, al mismo tiempo, plenamente hombre, la vida cristiana en cuanto tal no tendr&iacute;a fundamento, y de forma muy especial no lo tendr&iacute;a cualquier consagraci&oacute;n cristiana del hombre y de la mujer. La vida consagrada, en efecto, testimonia y expresa &quot;con fuerza&quot; precisamente que Dios y el hombre se buscan mutuamente, que el amor los atrae; la persona consagrada, por el mero hecho de existir, representa como un &quot;puente&quot; hacia Dios para todos aquellos que se encuentran con ella, les recuerda y les remite a Dios. Y todo esto en virtud de la mediaci&oacute;n de Jesucristo, el Consagrado del Padre. &Eacute;l es el fundamento. &Eacute;l, que ha compartido nuestra flaqueza, para que pudi&eacute;semos participar de su naturaleza divina. <\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro texto insiste, m&aacute;s que en la fe, en la &quot;confianza&quot; con la que podemos acercarnos al &quot;trono de la gracia&quot;, puesto que nuestro sumo sacerdote ha sido &eacute;l mismo &quot;probado en todo igual que nosotros&quot;. Podemos acercarnos para &quot;alcanzar misericordia&quot;, &quot;hallar gracia&quot;, y &quot;para una ayuda en el momento oportuno&quot;. Me parece que estas palabras contienen una gran verdad y a la vez un gran consuelo para nosotros, que hemos recibido el don y el compromiso de una consagraci&oacute;n especial en la Iglesia. Pienso en particular en vosotros, queridos hermanos y hermanas. Vosotros os hab&eacute;is acercado con plena confianza al &quot;trono de la gracia&quot; que es Cristo, a su cruz, a su Coraz&oacute;n, a su divina presencia en la Eucarist&iacute;a. Cada uno de vosotros se ha acercado a &eacute;l como a la fuente del Amor puro y fiel, un Amor tan grande y bello que lo merece todo, incluso m&aacute;s que nuestro todo, porque no basta una vida entera para contracambiar lo que Cristo es y lo que ha hecho por nosotros. Pero vosotros os hab&eacute;is acercado, y cada d&iacute;a os acerc&aacute;is a &eacute;l, tambi&eacute;n para encontrar ayuda en el momento oportuno y en la hora de la prueba. <\/p>\n<p align=\"left\">Las personas consagradas est&aacute;n llamadas de modo especial a ser testigos de esta misericordia del Se&ntilde;or, en la cual el hombre encuentra su salvaci&oacute;n. Ellas mantienen viva la experiencia del perd&oacute;n de Dios, porque tienen la conciencia de ser personas salvadas, de ser grandes cuando se reconocen peque&ntilde;as, de sentirse renovadas y envueltas por la santidad de Dios cuando reconocen su pecado. Por esto, tambi&eacute;n para el hombre de hoy, la vida consagrada es una escuela privilegiada de &quot;compunci&oacute;n del coraz&oacute;n&quot;, de reconocimiento humilde de su miseria, y tambi&eacute;n es una escuela de confianza en la misericordia de Dios, en su amor que nunca abandona. En realidad, cuanto m&aacute;s nos acercamos a Dios, cuanto m&aacute;s cerca estamos de &eacute;l, tanto m&aacute;s &uacute;tiles somos a los dem&aacute;s. Las personas consagradas experimentan la gracia, la misericordia y el perd&oacute;n de Dios no s&oacute;lo para s&iacute; mismas, sino tambi&eacute;n para los hermanos, al estar llamadas a llevar en el coraz&oacute;n y en la oraci&oacute;n las angustias y los anhelos de los hombres, especialmente de aquellos que est&aacute;n alejados de Dios. En particular, las comunidades que viven en clausura, con su compromiso espec&iacute;fico de fidelidad a &quot;estar con el Se&ntilde;or&quot;, a &quot;estar al pie de la cruz&quot;, a menudo desempe&ntilde;an ese papel vicario, unidas al Cristo de la Pasi&oacute;n, cargando sobre s&iacute; los sufrimientos y las pruebas de los dem&aacute;s y ofreciendo todo con alegr&iacute;a para la salvaci&oacute;n del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Por &uacute;ltimo, queridos amigos, elevemos al Se&ntilde;or un himno de acci&oacute;n de gracias y de alabanza por la vida consagrada. Si no existiera, el mundo ser&iacute;a mucho m&aacute;s pobre. M&aacute;s all&aacute; de valoraciones superficiales de funcionalidad, la vida consagrada es importante precisamente porque es signo de gratuidad y de amor, tanto m&aacute;s en una sociedad que corre el riesgo de ahogarse en el torbellino de lo ef&iacute;mero y lo &uacute;til (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031996_vita-consecrata.html\">Vita consecrata<\/a><\/i>, 105). La vida consagrada, en cambio, testimonia la sobreabundancia de amor que impulsa a &quot;perder&quot; la propia vida, como respuesta a la sobreabundancia de amor del Se&ntilde;or, que &quot;perdi&oacute;&quot; su vida por nosotros primero. En este momento pienso en las personas consagradas que sienten el peso de la fatiga diaria, con escasas gratificaciones humanas; pienso en los religiosos y las religiosas de edad avanzada, en los enfermos, en quienes pasan por un momento dif&iacute;cil en su apostolado&#8230; Ninguno de ellos es in&uacute;til, porque el Se&ntilde;or los asocia al &quot;trono de la gracia&quot;. Al contrario, son un don precioso para la Iglesia y para el mundo, sediento de Dios y de su Palabra. <\/p>\n<p align=\"left\">Por lo tanto, llenos de confianza y de gratitud, renovemos tambi&eacute;n nosotros el gesto de la ofrenda total de nosotros mismos present&aacute;ndonos en el Templo. Que para los religiosos presb&iacute;teros el A&ntilde;o sacerdotal sea una ocasi&oacute;n ulterior para intensificar el camino de santificaci&oacute;n y, para todos los consagrados y consagradas, un est&iacute;mulo a acompa&ntilde;ar y sostener su ministerio con fervorosa oraci&oacute;n. Este a&ntilde;o de gracia culminar&aacute; en Roma, el pr&oacute;ximo mes de junio, en el encuentro internacional de los sacerdotes, al cual invito a quienes ejercen el ministerio sagrado. Nos acercamos al Dios tres veces santo, para ofrecer nuestra vida y nuestra misi&oacute;n, personal y comunitaria, de hombres y mujeres consagrados al reino de Dios. Realicemos este gesto interior en &iacute;ntima comuni&oacute;n espiritual con la Virgen Mar&iacute;a: mientras la contemplamos en el acto de presentar al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s en el Templo, la veneramos como primera y perfecta consagrada, llevada por el Dios que lleva en brazos; Virgen, pobre y obediente, totalmente entregada a nosotros, porque es toda de Dios. Siguiendo su ejemplo, y con su ayuda maternal, renovemos nuestro &quot;heme aqu&iacute;&quot; y nuestro &quot;<i>fiat<\/i>&quot;. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE V&Iacute;SPERAS EN LA FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR Y XIV JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Martes 2 de febrero de 2010 (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En la fiesta de la Presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el Templo celebramos un misterio de la vida &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-febrero-de-2010-celebracion-de-visperas-en-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-y-de-la-xiv-jornada-de-la-vida-consagrada\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de febrero de 2010: Celebraci\u00f3n de V\u00edsperas en la Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or y de la XIV Jornada de la vida consagrada\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40985","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40985","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40985"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40985\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40985"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40985"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40985"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}