{"id":40987,"date":"2016-10-06T15:15:34","date_gmt":"2016-10-06T20:15:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-enero-de-2010-fiesta-del-bautismo-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:34","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:34","slug":"10-de-enero-de-2010-fiesta-del-bautismo-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-enero-de-2010-fiesta-del-bautismo-del-senor\/","title":{"rendered":"10 de enero de 2010: Fiesta del Bautismo del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">FIESTA DEL BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"><br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100110.pdf\"> CELEBRACI&Oacute;N DE LA SANTA MISA <\/a><br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100110.pdf\">Y ADMINISTRACI&Oacute;N DEL BAUTISMO A 14 <\/a><\/font> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100110.pdf\">BEB&Eacute;S<\/a><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HO<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">Capilla Sixtina<br \/> Domingo 10 de enero de 2010<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> (<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa10012010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/b><\/font> <i> <font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20100110\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">En la fiesta del Bautismo del Se&ntilde;or, tambi&eacute;n este a&ntilde;o tengo la alegr&iacute;a de administrar el sacramento del Bautismo a algunos reci&eacute;n nacidos, cuyos padres presentan a la Iglesia. Bienvenidos, queridos padres y madres de estos ni&ntilde;os, padrinos y madrinas, amigos y familiares que los acompa&ntilde;&aacute;is. Damos gracias a Dios que hoy llama a estas siete ni&ntilde;as y a estos siete ni&ntilde;os a convertirse en sus hijos en Cristo. Los rodeamos con la oraci&oacute;n y con el afecto, y los acogemos con alegr&iacute;a en la comunidad cristiana, que desde hoy se transforma tambi&eacute;n en su familia. <\/p>\n<p align=\"left\">Con la fiesta del Bautismo de Jes&uacute;s contin&uacute;a el ciclo de las manifestaciones del Se&ntilde;or, que comenz&oacute; en Navidad con el nacimiento del Verbo encarnado en Bel&eacute;n, contemplado por Mar&iacute;a, Jos&eacute; y los pastores en la humildad del pesebre, y que tuvo una etapa importante en la Epifan&iacute;a, cuando el Mes&iacute;as, a trav&eacute;s de los Magos, se manifest&oacute; a todos los pueblos. Hoy Jes&uacute;s se revela, en la orillas del Jord&aacute;n, a Juan y al pueblo de Israel. Es la primera ocasi&oacute;n en la que, ya hombre maduro, entra en el escenario p&uacute;blico, despu&eacute;s de haber dejado Nazaret. Lo encontramos junto al Bautista, a quien acude gran n&uacute;mero de personas, en una escena ins&oacute;lita. En el pasaje evang&eacute;lico que se acaba de proclamar, san Lucas observa ante todo que el pueblo estaba &quot;a la espera&quot; (<i>Lc<\/i> 3, 15). As&iacute; subraya la espera de Israel; en esas personas, que hab&iacute;an dejado sus casas y sus compromisos habituales, percibe el profundo deseo de un mundo diferente y de palabras nuevas, que parecen encontrar respuesta precisamente en las palabras severas, comprometedoras, pero llenas de esperanza, del Precursor. Su bautismo es un bautismo de penitencia, un signo que invita a la conversi&oacute;n, a cambiar de vida, pues se acerca Aquel que &quot;bautizar&aacute; en Esp&iacute;ritu Santo y fuego&quot; (<i>Lc<\/i> 3, 16). De hecho, no se puede aspirar a un mundo nuevo permaneciendo sumergidos en el ego&iacute;smo y en las costumbres vinculadas al pecado. Tambi&eacute;n Jes&uacute;s deja su casa y sus ocupaciones habituales para ir al Jord&aacute;n. Llega en medio de la muchedumbre que est&aacute; escuchando al Bautista y se pone en la fila, como todos, en espera de ser bautizado. Al verlo acercarse, Juan intuye que en ese Hombre hay algo &uacute;nico, que es el Otro misterioso que esperaba y hacia el que hab&iacute;a orientado toda su vida. Comprende que se encuentra ante Alguien m&aacute;s grande que &eacute;l, y que no es digno ni siquiera de desatar la correa de sus sandalias. <\/p>\n<p align=\"left\">En el Jord&aacute;n Jes&uacute;s se manifiesta con una humildad extraordinaria, que recuerda la pobreza y la sencillez del Ni&ntilde;o recostado en el pesebre, y anticipa los sentimientos con los que, al final de sus d&iacute;as en la tierra, llegar&aacute; a lavar los pies de sus disc&iacute;pulos y sufrir&aacute; la terrible humillaci&oacute;n de la cruz. El Hijo de Dios, el que no tiene pecado, se mezcla con los pecadores, muestra la cercan&iacute;a de Dios al camino de conversi&oacute;n del hombre. Jes&uacute;s carga sobre sus hombros el peso de la culpa de toda la humanidad, comienza su misi&oacute;n poni&eacute;ndose en nuestro lugar, en el lugar de los pecadores, en la perspectiva de la cruz. <\/p>\n<p align=\"left\">Cuando, recogido en oraci&oacute;n, tras el bautismo, sale del agua, se abren los cielos. Es el momento esperado por tantos profetas: &quot;Si rompieses los cielos y descendieses&quot;, hab&iacute;a invocado Isa&iacute;as (<i>Is<\/i> 63, 19). En ese momento \u2014parece sugerir san Lucas\u2014 esa oraci&oacute;n es escuchada. De hecho, &quot;se abri&oacute; el cielo, y baj&oacute; sobre &eacute;l el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Lc<\/i> 3, 21-22); se escucharon palabras nunca antes o&iacute;das: &quot;T&uacute; eres mi hijo amado; en ti me complazco&quot; (<i>Lc<\/i> 3, 22). Al salir de las aguas, como afirma san Gregorio Nacianceno, &quot;ve c&oacute;mo se rasgan y se abren los cielos, los cielos que Ad&aacute;n hab&iacute;a cerrado para s&iacute; y para toda su descendencia&quot; (<i>Discurso 39 en el Bautismo del Se&ntilde;or: PG<\/i> 36). El Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo descienden entre los hombres y nos revelan su amor que salva. Si los &aacute;ngeles llevaron a los pastores el anuncio del nacimiento del Salvador, y la estrella gui&oacute; a los Magos llegados de Oriente, ahora es la voz misma del Padre la que indica a los hombres la presencia de su Hijo en el mundo e invita a mirar a la resurrecci&oacute;n, a la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. <\/p>\n<p align=\"left\">El alegre anuncio del Evangelio es el eco de esta voz que baja del cielo. Por eso, con raz&oacute;n, san Pablo, como hemos escuchado en la segunda lectura, escribe a Tito: &quot;Hijo m&iacute;o, se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres&quot; (<i>Tt<\/i> 2, 11). De hecho, el Evangelio es para nosotros gracia que da alegr&iacute;a y sentido a la vida. Esa gracia, sigue diciendo el ap&oacute;stol san Pablo, &quot;nos ense&ntilde;a a que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad&quot; (v. 12); es decir, nos conduce a una vida m&aacute;s feliz, m&aacute;s hermosa, m&aacute;s solidaria, a una vida seg&uacute;n Dios. Podemos decir que tambi&eacute;n para estos ni&ntilde;os hoy se abren los cielos. Recibir&aacute;n el don de la gracia del Bautismo y el Esp&iacute;ritu Santo habitar&aacute; en ellos como en un templo, transformando en profundidad su coraz&oacute;n. Desde este momento, la voz del Padre los llamar&aacute; tambi&eacute;n a ellos a ser sus hijos en Cristo y, en su familia que es la Iglesia, dar&aacute; a cada uno de ellos el don sublime de la fe. Este don, ahora que no tienen la posibilidad de comprenderlo plenamente, se depositar&aacute; en su coraz&oacute;n como una semilla llena de vida, que espera desarrollarse y dar fruto. Hoy son bautizados en la fe de la Iglesia, profesada por sus padres, padrinos y madrinas, y por los cristianos presentes, que despu&eacute;s los llevar&aacute;n de la mano en el seguimiento de Cristo. El rito del Bautismo recuerda con insistencia el tema de la fe ya desde el inicio, cuando el celebrante recuerda a los padres que, al pedir el bautismo para sus hijos, asumen el compromiso de &quot;educarlos en la fe&quot;. Esta tarea se exige de manera a&uacute;n m&aacute;s fuerte a los padres y padrinos en la tercera parte de la celebraci&oacute;n, que comienza dirigi&eacute;ndoles estas palabras: &quot;Ten&eacute;is la tarea de educarlos en la fe para que la vida divina que reciben como don sea preservada del pecado y crezca cada d&iacute;a. Por tanto, si en virtud de vuestra fe est&aacute;is dispuestos a asumir este compromiso (&#8230;), profesad vuestra fe en Jesucristo. Es la fe de la Iglesia, en la que son bautizados vuestros hijos&quot;. Estas palabras del rito sugieren que, en cierto sentido, la profesi&oacute;n de fe y la renuncia al pecado de padres, padrinos y madrinas representan la premisa necesaria para que la Iglesia confiera el Bautismo a sus hijos. <\/p>\n<p align=\"left\">Inmediatamente antes de derramar el agua en la cabeza del reci&eacute;n nacido, se alude nuevamente a la fe. El celebrante dirige una &uacute;ltima pregunta: &quot;&iquest;Quer&eacute;is que este ni&ntilde;o reciba el Bautismo en la fe de la Iglesia, que todos juntos hemos profesado?&quot;. S&oacute;lo despu&eacute;s de la respuesta afirmativa se administra el sacramento. Tambi&eacute;n en los ritos explicativos \u2014unci&oacute;n con el crisma, entrega del vestido blanco y de la vela encendida, gesto del &quot;effet&aacute;&quot;\u2014 la fe representa el tema central. &quot;Prestad atenci&oacute;n \u2014dice la f&oacute;rmula que acompa&ntilde;a la entrega de la vela\u2014 para que vuestros ni&ntilde;os (&#8230;) vivan siempre como hijos de la luz; y, perseverando en la fe, salgan al encuentro del Se&ntilde;or que viene&quot;; &quot;Que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s \u2014sigue diciendo el celebrante en el rito del &quot;effet&aacute;&quot;\u2014 te conceda la gracia de escuchar pronto su palabra y de profesar tu fe, para alabanza y gloria de Dios Padre&quot;. Todo concluye, despu&eacute;s, con la bendici&oacute;n final, que recuerda una vez m&aacute;s a los padres su compromiso de ser para sus hijos &quot;los primeros testigos de la fe&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, para estos ni&ntilde;os hoy es un gran d&iacute;a. Con el Bautismo, al participar en la muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, comienzan con &eacute;l la aventura gozosa y entusiasmante del disc&iacute;pulo. La liturgia la presenta como una experiencia de luz. De hecho, al entregar a cada uno la vela encendida en el cirio pascual, la Iglesia afirma: &quot;Recibid la luz de Cristo&quot;. El Bautismo ilumina con la luz de Cristo, abre los ojos a su resplandor e introduce en el misterio de Dios a trav&eacute;s de la luz divina de la fe. En esta luz los ni&ntilde;os que van a ser bautizados tendr&aacute;n que caminar durante toda la vida, con la ayuda de las palabras y el ejemplo de los padres, de los padrinos y madrinas. Estos tendr&aacute;n que esforzarse por alimentar con palabras y con el testimonio de su vida las antorchas de la fe de los ni&ntilde;os para que pueda resplandecer en este mundo, que con frecuencia camina a tientas en las tinieblas de la duda, y llevar la luz del Evangelio que es vida y esperanza. S&oacute;lo as&iacute;, ya adultos, podr&aacute;n pronunciar con plena conciencia la f&oacute;rmula que aparece al final de la profesi&oacute;n de fe de este rito: &quot;Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia. Y nosotros nos gloriamos de profesarla en Cristo Jes&uacute;s, nuestro Se&ntilde;or&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n en nuestros d&iacute;as la fe es un don que hay que volver a descubrir, cultivar y testimoniar. Que en esta celebraci&oacute;n del Bautismo el Se&ntilde;or nos conceda a todos la gracia de vivir la belleza y la alegr&iacute;a de ser cristianos para que podamos introducir a los ni&ntilde;os bautizados en la plenitud de la adhesi&oacute;n a Cristo. Encomendemos a estos peque&ntilde;os a la intercesi&oacute;n materna de la Virgen Mar&iacute;a. Pid&aacute;mosle a ella que, revestidos con el vestido blanco, signo de su nueva dignidad de hijos de Dios, sean durante toda su vida fieles disc&iacute;pulos de Cristo y valientes testigos del Evangelio. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FIESTA DEL BAUTISMO DEL SE&Ntilde;OR CELEBRACI&Oacute;N DE LA SANTA MISA Y ADMINISTRACI&Oacute;N DEL BAUTISMO A 14 BEB&Eacute;S HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Capilla Sixtina Domingo 10 de enero de 2010 (V&iacute;deo) Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En la fiesta del Bautismo del Se&ntilde;or, tambi&eacute;n este a&ntilde;o tengo la alegr&iacute;a de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-enero-de-2010-fiesta-del-bautismo-del-senor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de enero de 2010: Fiesta del Bautismo del Se\u00f1or\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40987","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40987","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40987"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40987\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40987"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40987"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40987"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}