{"id":40989,"date":"2016-10-06T15:15:37","date_gmt":"2016-10-06T20:15:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2010-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz\/"},"modified":"2016-10-06T15:15:37","modified_gmt":"2016-10-06T20:15:37","slug":"1-de-enero-de-2010-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2010-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz\/","title":{"rendered":"1 de enero de 2010: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios &#8211; Jornada mundial de la paz"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2010\/20100101.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIO<\/a>S<br \/> XLIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ <\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HO<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Viernes 1 de enero de 2010<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> (<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa01012010.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/b><\/font><i> <font color=\"#663300\"><b> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2010\/20100101\/index.html\">Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n<\/a><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Venerados hermanos, <br \/> ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras, <br \/> queridos hermanos y hermanas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">En el primer d&iacute;a del nuevo a&ntilde;o tenemos la alegr&iacute;a y la gracia de celebrar a la sant&iacute;sima Madre de Dios y, al mismo tiempo, la Jornada mundial de la paz. En ambos aniversarios celebramos a Cristo, Hijo de Dios, nacido de Mar&iacute;a Virgen y nuestra verdadera paz. A todos vosotros, que est&aacute;is aqu&iacute; reunidos: representantes de los pueblos del mundo, de la Iglesia romana y universal, sacerdotes y fieles; y a todos los que est&aacute;n conectados mediante la radio y la televisi&oacute;n, repito las palabras de la antigua bendici&oacute;n: el Se&ntilde;or os muestre su rostro y os conceda la paz (cf. <i>Nm<\/i> 6, 26). Precisamente hoy quiero desarrollar el tema del Rostro y de los rostros a la luz de la Palabra de Dios \u2014Rostro de Dios y rostros de los hombres\u2014, un tema que nos ofrece tambi&eacute;n una clave de lectura del problema de la paz en el mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Hemos escuchado, tanto en la primera lectura \u2014tomada del <i>Libro de los N&uacute;meros<\/i>\u2014 como en el Salmo responsorial, algunas expresiones que contienen la met&aacute;fora del rostro referida a Dios: &quot;El Se&ntilde;or ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor&quot; (<i>Nm <\/i>6, 25); &quot;El Se&ntilde;or tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros: conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvaci&oacute;n&quot; (<i>Sal<\/i> 66, 2-3). El rostro es la expresi&oacute;n por excelencia de la persona, lo que la hace reconocible; a trav&eacute;s de &eacute;l se muestran los sentimientos, los pensamientos y las intenciones del coraz&oacute;n. Dios, por su naturaleza, es invisible; sin embargo, la Biblia le aplica tambi&eacute;n a &eacute;l esta imagen. Mostrar el rostro es expresi&oacute;n de su benevolencia, mientras que ocultarlo indica su ira e indignaci&oacute;n. El <i>Libro del &Eacute;xodo <\/i>dice que &quot;el Se&ntilde;or hablaba con Mois&eacute;s cara a cara, como habla un hombre con su amigo&quot; (<i>Ex<\/i> 33, 11), y tambi&eacute;n a Mois&eacute;s el Se&ntilde;or promete su cercan&iacute;a con una f&oacute;rmula muy singular: &quot;Mi rostro caminar&aacute; contigo y te dar&eacute; descanso&quot; (<i>Ex <\/i>33, 14). Los <i>Salmos<\/i> nos presentan a los creyentes como los que buscan el rostro de Dios (cf. <i>Sal<\/i> 26, 8; 104, 4) y que en el culto aspiran a verlo (cf. <i> Sal<\/i> 42, 3), y nos dicen que &quot;los buenos ver&aacute;n su rostro&quot; (<i>Sal<\/i> 10, 7). <\/p>\n<p align=\"left\">Todo el relato b&iacute;blico se puede leer como un progresivo desvelamiento del rostro de Dios, hasta llegar a su plena manifestaci&oacute;n en Jesucristo. &quot;Al llegar la plenitud de los tiempos \u2014nos ha recordado tambi&eacute;n hoy el ap&oacute;stol san Pablo\u2014, envi&oacute; Dios a su Hijo&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4). Y en seguida a&ntilde;ade: &quot;nacido de mujer, nacido bajo la ley&quot;. El rostro de Dios tom&oacute; un rostro humano, dej&aacute;ndose ver y reconocer en el hijo de la Virgen Mar&iacute;a, a la que por esto veneramos con el t&iacute;tulo alt&iacute;simo de &quot;Madre de Dios&quot;. Ella, que conserv&oacute; en su coraz&oacute;n el secreto de la maternidad divina, fue la primera en ver el rostro de Dios hecho hombre en el peque&ntilde;o fruto de su vientre. La madre tiene una relaci&oacute;n muy especial, &uacute;nica y en cierto modo exclusiva con el hijo reci&eacute;n nacido. El primer rostro que el ni&ntilde;o ve es el de la madre, y esta mirada es decisiva para su relaci&oacute;n con la vida, consigo mismo, con los dem&aacute;s y con Dios; y tambi&eacute;n es decisiva para que pueda convertirse en un &quot;hijo de paz&quot; (<i>Lc<\/i> 10, 6). Entre las muchas tipolog&iacute;as de iconos de la Virgen Mar&iacute;a en la tradici&oacute;n bizantina, se encuentra la llamada &quot;de la ternura&quot;, que representa al ni&ntilde;o Jes&uacute;s con el rostro apoyado \u2014mejilla con mejilla\u2014 en el de la Madre. El Ni&ntilde;o mira a la Madre, y esta nos mira a nosotros, casi como para reflejar hacia el que observa, y reza, la ternura de Dios, que baj&oacute; en ella del cielo y se encarn&oacute; en aquel Hijo de hombre que lleva en brazos. En este icono mariano podemos contemplar algo de Dios mismo: un signo del amor inefable que lo impuls&oacute; a &quot;dar a su Hijo unig&eacute;nito&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16). Pero ese mismo icono nos muestra tambi&eacute;n, en Mar&iacute;a, el rostro de la Iglesia, que refleja sobre nosotros y sobre el mundo entero la luz de Cristo, la Iglesia mediante la cual llega a todos los hombres la buena noticia: &quot;Ya no eres esclavo, sino hijo&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 7), como leemos tambi&eacute;n en san Pablo. <\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, se&ntilde;ores embajadores, queridos amigos: meditar en el misterio del Rostro de Dios y del hombre es un camino privilegiado que lleva a la paz. En efecto, la paz comienza por una mirada respetuosa, que reconoce en el rostro del otro a una persona, cualquiera que sea el color de su piel, su nacionalidad, su lengua y su religi&oacute;n. &iquest;Pero qui&eacute;n, sino Dios, puede garantizar, por decirlo as&iacute;, la &quot;profundidad&quot; del rostro del hombre? En realidad, s&oacute;lo si tenemos a Dios en el coraz&oacute;n, estamos en condiciones de ver en el rostro del otro a un hermano en la humanidad; no un medio, sino un fin; no un rival o un enemigo, sino otro yo, una faceta del misterio infinito del ser humano. Nuestra percepci&oacute;n del mundo, y en particular de nuestros semejantes, depende esencialmente de la presencia del Esp&iacute;ritu de Dios en nosotros. Es una especie de &quot;resonancia&quot;: quien tiene el coraz&oacute;n vac&iacute;o, no percibe m&aacute;s que im&aacute;genes planas, sin relieve. En cambio, cuanto m&aacute;s habite Dios en nosotros, tanto m&aacute;s sensibles seremos tambi&eacute;n a su presencia en lo que nos rodea: en todas las criaturas, y especialmente en las dem&aacute;s personas, aunque a veces precisamente el rostro humano, marcado por la dureza de la vida y del mal, puede resultar dif&iacute;cil de apreciar y de acoger como epifan&iacute;a de Dios. Con mayor raz&oacute;n, por tanto, para reconocernos y respetarnos como realmente somos, es decir, como hermanos, necesitamos referirnos al rostro de un Padre com&uacute;n, que nos ama a todos, a pesar de nuestras limitaciones y nuestros errores. <\/p>\n<p align=\"left\">Es importante ser educados desde peque&ntilde;os en el respeto al otro, tambi&eacute;n cuando es diferente a nosotros. Hoy en las escuelas es cada vez m&aacute;s com&uacute;n la experiencia de clases compuestas por ni&ntilde;os de varias nacionalidades, aunque incluso cuando esto no ocurre, sus rostros son una profec&iacute;a de la humanidad que estamos llamados a formar: una familia de familias y de pueblos. Cuanto m&aacute;s peque&ntilde;os son estos ni&ntilde;os, tanto m&aacute;s suscitan en nosotros la ternura y la alegr&iacute;a por una inocencia y una fraternidad que nos parecen evidentes: a pesar de sus diferencias, lloran y r&iacute;en de la misma manera, tienen las mismas necesidades, se comunican de manera espont&aacute;nea, juegan juntos&#8230; Los rostros de los ni&ntilde;os son como un reflejo de la visi&oacute;n de Dios sobre el mundo. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, apagar su sonrisa? &iquest;Por qu&eacute; envenenar su coraz&oacute;n? Desgraciadamente, el icono de la Madre de Dios de la ternura encuentra su tr&aacute;gico opuesto en las dolorosas im&aacute;genes de tantos ni&ntilde;os y de sus madres afectados por las guerras y la violencia: pr&oacute;fugos, refugiados, emigrantes forzados. Rostros minados por el hambre y las enfermedades, rostros desfigurados por el dolor y la desesperaci&oacute;n. Los rostros de los peque&ntilde;os inocentes son una llamada silenciosa a nuestra responsabilidad: ante su condici&oacute;n inerme, se desploman todas las falsas justificaciones de la guerra y de la violencia. Solamente debemos convertirnos a proyectos de paz, deponer las armas de todo tipo y comprometernos todos juntos a construir un mundo m&aacute;s digno del hombre. <\/p>\n<p align=\"left\">Mi <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20091208_xliii-world-day-peace.html\"> <i>Mensaje<\/i> para la XLIII Jornada mundial de la paz<\/a> de hoy: &quot;Si quieres promover la paz, protege la creaci&oacute;n&quot;, se sit&uacute;a dentro de la perspectiva del Rostro de Dios y de los rostros humanos. De hecho, podemos afirmar que el hombre es capaz de respetar a las criaturas en la medida en la que lleva en su esp&iacute;ritu un sentido pleno de la vida; de otro modo se despreciar&aacute; a s&iacute; mismo y lo que lo rodea, no respetar&aacute; el entorno en el que vive, la creaci&oacute;n. Quien sabe reconocer en el cosmos los reflejos del rostro invisible del Creador, tendr&aacute; mayor amor a las criaturas, mayor sensibilidad hacia su valor simb&oacute;lico. Especialmente el <i> Libro de los Salmos <\/i>es rico en ejemplos de este modo propiamente humano de relacionarse con la naturaleza: con el cielo, el mar, las monta&ntilde;as, las colinas, los r&iacute;os, los animales&#8230; &quot;&iexcl;Cu&aacute;ntas son tus obras, Se&ntilde;or! \u2014exclama el salmista\u2014. Todas las hiciste con sabidur&iacute;a. La tierra est&aacute; llena de tus criaturas&quot; (<i>Sal<\/i> 103, 24). <\/p>\n<p align=\"left\">La perspectiva del &quot;rostro&quot; invita en particular a reflexionar en lo que, tambi&eacute;n en este <i>Mensaje<\/i>, llam&eacute; &quot;ecolog&iacute;a humana&quot;. Existe un nexo muy estrecho entre el respeto a la persona y la salvaguardia de la creaci&oacute;n. &quot;Los deberes respecto al medio ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en s&iacute; misma y en su relaci&oacute;n con los dem&aacute;s (<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20091208_xliii-world-day-peace.html\"><i>ib<\/i>., 12<\/a>). Si el hombre se degrada, se degrada el entorno en el que vive; si la cultura tiende a un nihilismo, si no te&oacute;rico, al menos pr&aacute;ctico, la naturaleza no podr&aacute; menos de pagar las consecuencias. De hecho, se puede constatar un influjo rec&iacute;proco entre el rostro del hombre y el &quot;rostro&quot; del medio ambiente: &quot;cuando se respeta la ecolog&iacute;a humana en la sociedad, tambi&eacute;n la ecolog&iacute;a ambiental se beneficia&quot; (<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20091208_xliii-world-day-peace.html\"><i>ib<\/i>.<\/a>; cf. <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html#51\">Caritas in veritate<\/a>, <\/i>51). Renuevo, por tanto, mi llamada a invertir en educaci&oacute;n, poni&eacute;ndose como objetivo, adem&aacute;s de la necesaria transmisi&oacute;n de nociones t&eacute;cnico-cient&iacute;ficas, una m&aacute;s amplia y profunda &quot;responsabilidad ecol&oacute;gica&quot;, basada en el respeto al hombre y a sus derechos y deberes fundamentales. S&oacute;lo as&iacute; el compromiso por el medio ambiente puede convertirse verdaderamente en educaci&oacute;n para la paz y en construcci&oacute;n de la paz. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, en el tiempo de Navidad se repite un Salmo que contiene, entre otras cosas, tambi&eacute;n un ejemplo estupendo de c&oacute;mo la venida de Dios transfigura la creaci&oacute;n y provoca una especie de fiesta c&oacute;smica. Este himno comienza con una invitaci&oacute;n universal a la alabanza: &quot;Cantad al Se&ntilde;or un c&aacute;ntico nuevo; cantad al Se&ntilde;or, toda la tierra; cantad al Se&ntilde;or, bendecid su nombre&quot; (<i>Sal<\/i> 95, 1). Pero en cierto momento este llamamiento al j&uacute;bilo se extiende a toda la creaci&oacute;n: &quot;Al&eacute;grese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los &aacute;rboles del bosque&quot; (<i>ib.<\/i> 11-12). La fiesta de la fe se convierte en fiesta del hombre y de la creaci&oacute;n: la fiesta que en Navidad se expresa tambi&eacute;n mediante los adornos en los &aacute;rboles, en las calles y en las casas. Todo vuelve a florecer porque Dios ha venido a nosotros. La Virgen Madre muestra al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s a los pastores de Bel&eacute;n, que se alegran y alaban al Se&ntilde;or (cf. <i>Lc<\/i> 2, 20); la Iglesia renueva el misterio para los hombres de todas las generaciones, les muestra el rostro de Dios, para que, con su bendici&oacute;n, puedan caminar por la senda de la paz. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS XLIII JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Viernes 1 de enero de 2010 (V&iacute;deo) Im&aacute;genes de la celebraci&oacute;n &nbsp; Venerados hermanos, ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras, queridos hermanos y hermanas: En el primer d&iacute;a del nuevo a&ntilde;o tenemos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2010-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de enero de 2010: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios &#8211; Jornada mundial de la paz\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40989","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40989","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40989"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40989\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40989"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40989"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40989"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}