{"id":40991,"date":"2016-10-06T15:16:56","date_gmt":"2016-10-06T20:16:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2011-misa-de-nochebuena\/"},"modified":"2016-10-06T15:16:56","modified_gmt":"2016-10-06T20:16:56","slug":"24-de-diciembre-de-2011-misa-de-nochebuena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2011-misa-de-nochebuena\/","title":{"rendered":"24 de diciembre de 2011: Misa de Nochebuena"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20111224.pdf\">MISA DE NOCHEBUENA <\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> 24 de diciembre de 2011 <\/font><\/i> <b> &nbsp;<\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font face=\"Times New Roman\">(<\/font><\/b><font face=\"Times New Roman\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_ZIZD6TWI\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong>)<br \/> <\/strong><\/font><i><span lang=\"es\"><em><strong> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20111224\/index.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/strong><\/em><\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas<\/i><\/p>\n<p>La lectura que acabamos de escuchar, tomada de la Carta de san Pablo Ap&oacute;stol a Tito, comienza solemnemente con la palabra <i>apparuit<\/i>, que tambi&eacute;n encontramos en la lectura de la Misa de la aurora: <i>apparuit \u2013 ha aparecido<\/i>. Esta es una palabra program&aacute;tica, con la cual la Iglesia quiere expresar de manera sint&eacute;tica la esencia de la Navidad. Antes, los hombres hab&iacute;an hablado y creado im&aacute;genes humanas de Dios de muchas maneras. Dios mismo hab&iacute;a hablado a los hombres de diferentes modos (cf. <i>Hb<\/i> 1,1: Lectura de la Misa del d&iacute;a). Pero ahora ha sucedido algo m&aacute;s: &Eacute;l ha aparecido. Se ha mostrado. Ha salido de la luz inaccesible en la que habita. &Eacute;l mismo ha venido entre nosotros. Para la Iglesia antigua, esta era la gran alegr&iacute;a de la Navidad: Dios se ha manifestado. Ya no es s&oacute;lo una idea, algo que se ha de intuir a partir de las palabras. &Eacute;l &laquo;ha aparecido&raquo;. Pero ahora nos preguntamos: &iquest;C&oacute;mo ha aparecido? &iquest;Qui&eacute;n es &eacute;l realmente? La lectura de la Misa de la aurora dice a este respecto: &laquo;Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre&raquo; (<i>Tt<\/i> 3,4). Para los hombres de la &eacute;poca precristiana, que ante los horrores y las contradicciones del mundo tem&iacute;an que Dios no fuera bueno del todo, sino que podr&iacute;a ser sin duda tambi&eacute;n cruel y arbitrario, esto era una verdadera &laquo;epifan&iacute;a&raquo;, la gran luz que se nos ha aparecido: Dios es pura bondad. Y tambi&eacute;n hoy, quienes ya no son capaces de reconocer a Dios en la fe se preguntan si el &uacute;ltimo poder que funda y sostiene el mundo es verdaderamente bueno, o si acaso el mal es tan potente y originario como el bien y lo bello, que en algunos momentos luminosos encontramos en nuestro cosmos. &laquo;Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre&raquo;: &eacute;sta es una nueva y consoladora certidumbre que se nos da en Navidad.<\/p>\n<p>En las tres misas de Navidad, la liturgia cita un pasaje del libro del profeta Isa&iacute;as, que describe m&aacute;s concretamente a&uacute;n la epifan&iacute;a que se produjo en Navidad: &laquo;Un ni&ntilde;o nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Pr&iacute;ncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin l&iacute;mites&raquo; (<i>Is<\/i> 9,5s). No sabemos si el profeta pensaba con esta palabra en alg&uacute;n ni&ntilde;o nacido en su &eacute;poca. Pero parece imposible. Este es el &uacute;nico texto en el Antiguo Testamento en el que se dice de un ni&ntilde;o, de un ser humano, que su nombre ser&aacute; Dios fuerte, Padre para siempre. Nos encontramos ante una visi&oacute;n que va, mucho m&aacute;s all&aacute; del momento hist&oacute;rico, hacia algo misterioso que pertenece al futuro. Un ni&ntilde;o, en toda su debilidad, es Dios poderoso. Un ni&ntilde;o, en toda su indigencia y dependencia, es Padre perpetuo. Y la paz ser&aacute; &laquo;sin l&iacute;mites&raquo;. El profeta se hab&iacute;a referido antes a esto hablando de &laquo;una luz grande&raquo; y, a prop&oacute;sito de la paz venidera, hab&iacute;a dicho que la vara del opresor, la bota que pisa con estr&eacute;pito y la t&uacute;nica empapada de sangre ser&iacute;an pasto del fuego (cf. <i>Is<\/i> 9,1.3-4).<\/p>\n<p>Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como ni&ntilde;o. Precisamente as&iacute; se contrapone a toda violencia y trae un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo est&aacute; constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y t&uacute;nicas ensangrentadas, clamemos al Se&ntilde;or: T&uacute;, el Dios poderoso, has venido como ni&ntilde;o y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencer&aacute;. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser ni&ntilde;o, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia contin&uacute;a en el mundo, y por eso tambi&eacute;n te rogamos: Demuestra tu poder, &iexcl;oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las t&uacute;nicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro.<\/p>\n<p>La Navidad es Epifan&iacute;a: la manifestaci&oacute;n de Dios y de su gran luz en un ni&ntilde;o que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Bel&eacute;n, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de As&iacute;s celebr&oacute; la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensi&oacute;n del misterio de la Navidad. Francisco de As&iacute;s llam&oacute; a la Navidad &laquo;la fiesta de las fiestas&raquo; \u2013 m&aacute;s que todas las dem&aacute;s solemnidades \u2013 y la celebr&oacute; con &laquo;inefable fervor&raquo; (<i>2 Celano, 199<\/i>: <i>Fonti Francescane, 787<\/i>). Besaba con gran devoci&oacute;n las im&aacute;genes del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los ni&ntilde;os, nos dice Tom&aacute;s de Celano (<i>ib&iacute;d.<\/i>). Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrecci&oacute;n, Cristo hab&iacute;a abatido las puertas de la muerte y, de este modo, hab&iacute;a cambiado radicalmente el mundo: hab&iacute;a creado para el hombre un lugar en Dios mismo. Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarqu&iacute;a objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por &eacute;l y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jes&uacute;s con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen Mar&iacute;a, fue envuelto en pa&ntilde;ales y acostado en un pesebre. La resurrecci&oacute;n presupone la encarnaci&oacute;n. El Hijo de Dios como ni&ntilde;o, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovi&oacute; profundamente el coraz&oacute;n del Santo de As&iacute;s, transformando la fe en amor. &laquo;Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre&raquo;: esta frase de san Pablo adquir&iacute;a as&iacute; una hondura del todo nueva. En el ni&ntilde;o en el establo de Bel&eacute;n, se puede, por decirlo as&iacute;, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el a&ntilde;o lit&uacute;rgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Todo eso no tiene nada de sensibler&iacute;a. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jes&uacute;s se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jes&uacute;s, al ni&ntilde;o, porque en este ser ni&ntilde;o se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el ni&ntilde;o Jes&uacute;s, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor. La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Se&ntilde;or que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detr&aacute;s de ellas al ni&ntilde;o en el establo de Bel&eacute;n, para descubrir as&iacute; la verdadera alegr&iacute;a y la verdadera luz. <\/p>\n<p>Francisco hac&iacute;a celebrar la santa Eucarist&iacute;a sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. <i>1 Celano<\/i>, 85: <i>Fonti<\/i>, 469). Posteriormente, sobre este pesebre se construy&oacute; un altar para que, all&iacute; d&oacute;nde un tiempo los animales com&iacute;an paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvaci&oacute;n del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. <i>1 Celano<\/i>, 87: <i>Fonti<\/i>, 471). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto di&aacute;cono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espl&eacute;ndidos cantos navide&ntilde;os de los frailes, la celebraci&oacute;n parec&iacute;a toda una explosi&oacute;n de alegr&iacute;a (cf. <i>1 Celano<\/i>, 85 y 86: <i>Fonti<\/i>, 469 y 470). Precisamente el encuentro con la humildad de Dios se transformaba en alegr&iacute;a: su bondad crea la verdadera fiesta. <\/p>\n<p>Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jes&uacute;s, en Bel&eacute;n, descubre que el portal, que un tiempo ten&iacute;a cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y los califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una peque&ntilde;a abertura de un metro y medio. La intenci&oacute;n fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jes&uacute;s, tiene que inclinarse. Me parece que en eso se manifiesta una verdad m&aacute;s profunda, por la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como ni&ntilde;o, hemos de apearnos del caballo de nuestra raz&oacute;n &laquo;ilustrada&raquo;. Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al coraz&oacute;n capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo as&iacute;, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido. Celebremos as&iacute; la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesi&oacute;n por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al coraz&oacute;n que se ha hecho sencillo. Y pidamos tambi&eacute;n en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condici&oacute;n de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE NOCHEBUENA SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana 24 de diciembre de 2011 &nbsp; (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas La lectura que acabamos de escuchar, tomada de la Carta de san Pablo Ap&oacute;stol a Tito, comienza solemnemente con la palabra apparuit, que tambi&eacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-diciembre-de-2011-misa-de-nochebuena\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de diciembre de 2011: Misa de Nochebuena\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40991","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40991"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40991\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40991"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40991"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}