{"id":40993,"date":"2016-10-06T15:16:59","date_gmt":"2016-10-06T20:16:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-diciembre-de-2011-santa-misa-por-america-latina\/"},"modified":"2016-10-06T15:16:59","modified_gmt":"2016-10-06T20:16:59","slug":"12-de-diciembre-de-2011-santa-misa-por-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-diciembre-de-2011-santa-misa-por-america-latina\/","title":{"rendered":"12 de diciembre de 2011: Santa Misa por Am\u00e9rica Latina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20111212.pdf\">SANTA MISA POR AM<font face=\"Times New Roman\">&Eacute;<\/font>RICA LATINA<\/a><br \/> <font color=\"#663300\">CON MOTIVO DE LAS CELEBRACIONES POR EL BICENTENARIO <br \/> DE INDEPENDENCIA DE&nbsp; LOS PA&Iacute;SES LATINOAMERICANOS Y DEL CARIBE<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Solemnidad de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe<br \/> Bas&iacute;lica Vaticana, 17.30<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\"><b>[<a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_Y35JBM3M\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong>]<br \/> <\/strong><\/font> <span lang=\"es\"> <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20111212\/index.html\"> <em><strong>Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/strong><\/em><\/a><\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas:<\/em><\/p>\n<p> &laquo;La tierra ha dado su fruto&raquo; (<em>Sal<\/em> 66,7). En esta imagen del salmo que hemos escuchado, en el que se invita a todos los pueblos y naciones a alabar con j&uacute;bilo al Se&ntilde;or que nos salva, los Padres de la Iglesia han sabido reconocer a la Virgen Mar&iacute;a y a Cristo, su Hijo: &laquo;La tierra es santa Mar&iacute;a, la cual viene de nuestra tierra, de nuestro linaje, de este barro, de este fango, de Ad&aacute;n [\u2026]. La tierra ha dado su fruto: primero produjo una flor [&#8230;]; luego esa flor se convirti&oacute; en fruto, para que pudi&eacute;ramos comerlo, para que comi&eacute;ramos su carne. &iquest;Quer&eacute;is saber cu&aacute;l es ese fruto? Es el Virgen que procede de la Virgen; el Se&ntilde;or, de la esclava; Dios, del hombre; el Hijo, de la Madre; el fruto, de la tierra&raquo; (S. Jer&oacute;nimo, <em>Breviarum in Psalm.<\/em> 66: <em>PL<\/em> 26,1010-1011). Tambi&eacute;n nosotros hoy, exultando por el fruto de esta tierra, decimos: &laquo;Que te alaben, Se&ntilde;or, todos los pueblos&raquo; (<em>Sal<\/em> 66,4. 6). Proclamamos el don de la redenci&oacute;n alcanzada por Cristo, y en Cristo, reconocemos su poder y majestad divina.<\/p>\n<p> Animado por estos sentimientos, saludo con afecto fraterno a los se&ntilde;ores cardenales y obispos que nos acompa&ntilde;an, a las diversas representaciones diplom&aacute;ticas, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, as&iacute; como a los grupos de fieles congregados en esta Bas&iacute;lica de San Pedro para celebrar con gozo la solemnidad de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe, Madre y Estrella de la Evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica. Tengo igualmente presentes a todos los que se unen espiritualmente y oran a Dios con nosotros por los diversos pa&iacute;ses latinoamericanos y del Caribe, muchos de los cuales durante este tiempo festejan el Bicentenario de su independencia, y que, m&aacute;s all&aacute; de los aspectos hist&oacute;ricos, sociales y pol&iacute;ticos de los hechos, renuevan al Alt&iacute;simo la gratitud por el gran don de la fe recibida, una fe que anuncia el Misterio redentor de la muerte y resurrecci&oacute;n de Jesucristo, para que todos los pueblos de la tierra en &Eacute;l tengan vida. El Sucesor de Pedro no pod&iacute;a dejar pasar esta efem&eacute;ride sin hacer presente la alegr&iacute;a de la Iglesia por los copiosos dones que Dios en su infinita bondad ha derramado durante estos a&ntilde;os en esas amad&iacute;simas naciones, que tan entra&ntilde;ablemente invocan a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima.<\/p>\n<p> La venerada imagen de la Morenita del Tepeyac, de rostro dulce y sereno, impresa en la tilma del indio san Juan Diego, se presenta como &laquo;la siempre Virgen Mar&iacute;a, Madre del verdadero Dios por quien se vive&raquo; (<em>De la lectura del Oficio. Nic&aacute;n Mopohua<\/em>, 12&ordf; ed., M&eacute;xico, D.F., 1971, 3-19). Ella evoca a la &laquo;mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza, que est&aacute; encinta&raquo; (<em>Ap<\/em> 12,1-2) y se&ntilde;ala la presencia del Salvador a su poblaci&oacute;n ind&iacute;gena y mestiza. Ella nos conduce siempre a su divino Hijo, el cual se revela como fundamento de la dignidad de todos los seres humanos, como un amor m&aacute;s fuerte que las potencias del mal y la muerte, siendo tambi&eacute;n fuente de gozo, confianza filial, consuelo y esperanza.<\/p>\n<p> <em>O Magnificat<\/em>, que proclamamos no Evangelho, &eacute; &laquo;o c&acirc;ntico da M&atilde;e de Deus e o da Igreja, c&acirc;ntico da Filha de Si&atilde;o e do novo Povo de Deus, c&acirc;ntico de a&ccedil;&atilde;o de gra&ccedil;as pela plenitude de gra&ccedil;as distribu&iacute;das na Economia da salva&ccedil;&atilde;o, c&acirc;ntico dos \u201cpobres\u201d, cuja esperan&ccedil;a &eacute; satisfeita pela realiza&ccedil;&atilde;o das promessas feitas a nossos pais&raquo; (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/cathechism_po\/index_new\/p4s1cap1_2566-2649_po.html\"><em>Catecismo da Igreja Cat&oacute;lica<\/em><\/a>, 2619). Em um gesto de reconhecimento ao seu Senhor e de humildade da sua serva, a Virgem Maria eleva a Deus o louvor por tudo o que Ele fez em favor do seu povo Israel. Deus &eacute; Aquele que merece toda a honra e gl&oacute;ria, o Poderoso que fez maravilhas por sua fiel servidora e que hoje continua mostrando o seu amor por todos os homens, particularmente aqueles que enfrentam duras provas.<\/p>\n<p> &laquo;Mira que tu Rey viene hacia ti; &Eacute;l es justo y victorioso, es humilde y est&aacute; montado sobre un asno&raquo; (<em>Zc<\/em> 9,9), hemos escuchado en la primera lectura. Desde la encarnaci&oacute;n del Verbo, el Misterio divino se revela en el acontecimiento de Jesucristo, que es contempor&aacute;neo a toda persona humana en cualquier tiempo y lugar por medio de la Iglesia, de la que Mar&iacute;a es Madre y modelo. Por eso, nosotros podemos hoy continuar alabando a Dios por las maravillas que ha obrado en la vida de los pueblos latinoamericanos y del mundo entero, manifestando su presencia en el Hijo y la efusi&oacute;n de su Esp&iacute;ritu como novedad de vida personal y comunitaria. Dios ha ocultado estas cosas a &laquo;sabios y entendidos&raquo;, d&aacute;ndolas a conocer a los peque&ntilde;os, a los humildes, a los sencillos de coraz&oacute;n (cf.<em> Mt<\/em> 11,25).<\/p>\n<p> Por su &laquo;s&iacute;&raquo; a la llamada de Dios, la Virgen Mar&iacute;a manifiesta entre los hombres el amor divino. En este sentido, Ella, con sencillez y coraz&oacute;n de madre, sigue indicando la &uacute;nica Luz y la &uacute;nica Verdad: su Hijo Jesucristo, que &laquo;es la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido de la vida y a los interrogantes fundamentales que asedian tambi&eacute;n hoy a tantos hombres y mujeres del continente americano&raquo; (Exhort. Ap. postsinodal <em> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_22011999_ecclesia-in-america.html\">Ecclesia in America<\/a><\/em>, 10). Asimismo, Ella &laquo;contin&uacute;a alcanz&aacute;ndonos por su constante intercesi&oacute;n los dones de la eterna salvaci&oacute;n. Con amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo que todav&iacute;a peregrinan y se debaten entre peligros y angustias hasta que sean llevados a la patria feliz&raquo; (<em><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, 62).<\/p>\n<p> Actualmente, mientras se conmemora en diversos lugares de Am&eacute;rica Latina el Bicentenario de su independencia, el camino de la integraci&oacute;n en ese querido continente avanza, a la vez que se advierte su nuevo protagonismo emergente en el concierto mundial. En estas circunstancias, es importante que sus diversos pueblos salvaguarden su rico tesoro de fe y su dinamismo hist&oacute;rico-cultural, siendo siempre defensores de la vida humana desde su concepci&oacute;n hasta su ocaso natural y promotores de la paz; han de tutelar igualmente la familia en su genuina naturaleza y misi&oacute;n, intensificando al mismo tiempo una vasta y capilar tarea educativa que prepare rectamente a las personas y las haga conscientes de sus capacidades, de modo que afronten digna y responsablemente su destino. Est&aacute;n llamados asimismo a fomentar cada vez m&aacute;s iniciativas acertadas y programas efectivos que propicien la reconciliaci&oacute;n y la fraternidad, incrementen la solidaridad y el cuidado del medio ambiente, vigorizando a la vez los esfuerzos para superar la miseria, el analfabetismo y la corrupci&oacute;n y erradicar toda injusticia, violencia, criminalidad, inseguridad ciudadana, narcotr&aacute;fico y extorsi&oacute;n.<\/p>\n<p> Cuando la Iglesia se preparaba para recordar el quinto centenario de la plantatio de la Cruz de Cristo en la buena tierra del continente americano, el beato Juan Pablo II formul&oacute; en su suelo, por primera vez, el programa de una evangelizaci&oacute;n nueva, nueva &laquo;en su ardor, en sus m&eacute;todos, en su expresi&oacute;n&raquo; (cf. <em> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1983\/march\/documents\/hf_jp-ii_spe_19830309_assemblea-celam.html\">Discurso a la Asamblea del CELAM<\/a><\/em>, 9 marzo 1983, III: <i>AAS<\/i> 75, 1983, 778). Desde mi responsabilidad de confirmar en la fe, tambi&eacute;n yo deseo animar el af&aacute;n apost&oacute;lico que actualmente impulsa y pretende la &laquo;misi&oacute;n continental&raquo; promovida en Aparecida, para que &laquo;la fe cristiana arraigue m&aacute;s profundamente en el coraz&oacute;n de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo&raquo; (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, <i>Documento conclusivo<\/i>, 13). As&iacute; se multiplicar&aacute;n los aut&eacute;nticos disc&iacute;pulos y misioneros del Se&ntilde;or y se renovar&aacute; la vocaci&oacute;n de Latinoam&eacute;rica y el Caribe a la esperanza. Que la luz de Dios brille, pues, cada vez m&aacute;s en la faz de cada uno de los hijos de esa amada tierra y que su gracia redentora oriente sus decisiones, para que contin&uacute;en avanzando sin desfallecer en la construcci&oacute;n de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusi&oacute;n de la justicia. Con estos vivos deseos, y sostenido por el auxilio de la providencia divina, tengo la intenci&oacute;n de emprender un Viaje apost&oacute;lico antes de la santa Pascua a M&eacute;xico y Cuba, para proclamar all&iacute; la Palabra de Cristo y se afiance la convicci&oacute;n de que &eacute;ste es un tiempo precioso para evangelizar con una fe recia, una esperanza viva y una caridad ardiente.<\/p>\n<p> Encomiendo todos estos prop&oacute;sitos a la amorosa mediaci&oacute;n de Santa Mar&iacute;a de Guadalupe, nuestra Madre del cielo, as&iacute; como los actuales destinos de las naciones latinoamericanas y caribe&ntilde;as y el camino que est&aacute;n recorriendo hacia un ma&ntilde;ana mejor. Invoco igualmente sobre ellas la intercesi&oacute;n de tantos santos y beatos que el Esp&iacute;ritu ha suscitado a lo largo y ancho de la historia de ese continente, ofreciendo modelos heroicos de virtudes cristianas en la diversidad de estados de vida y de ambientes sociales, para que su ejemplo favorezca cada vez m&aacute;s una nueva evangelizaci&oacute;n bajo la mirada de Cristo, Salvador del hombre y fuerza de su vida.<\/p>\n<p> Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA POR AM&Eacute;RICA LATINA CON MOTIVO DE LAS CELEBRACIONES POR EL BICENTENARIO DE INDEPENDENCIA DE&nbsp; LOS PA&Iacute;SES LATINOAMERICANOS Y DEL CARIBE HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Solemnidad de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe Bas&iacute;lica Vaticana, 17.30 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: &laquo;La tierra ha dado su fruto&raquo; (Sal 66,7). 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