{"id":40994,"date":"2016-10-06T15:17:00","date_gmt":"2016-10-06T20:17:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-diciembre-de-2011-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-santa-maria-de-las-gracias-en-casal-boccone\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:00","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:00","slug":"11-de-diciembre-de-2011-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-santa-maria-de-las-gracias-en-casal-boccone","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-diciembre-de-2011-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-santa-maria-de-las-gracias-en-casal-boccone\/","title":{"rendered":"11 de diciembre de 2011: Visita pastoral a la parroquia romana \u00abSanta Mar\u00eda de las Gracias\u00bb, en Casal Boccone"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\" class=\"style1\"> <font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA <br \/> &quot;SANTA MAR&Iacute;A DE LAS GRACIAS&quot;, EN CASAL BOCCONE<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/advent\/2011\/index_sp.html#III_DOMINGO_DE_ADVIENTO\">III Domingo de Adviento &quot;Gaudete&quot;<\/a>, 11 de diciembre de 2011<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\"><b>[<a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_GMDGEAUY\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong>]<br \/> <\/strong><\/font> <i><b> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20111211\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de Santa Mar&iacute;a de las Gracias: <\/i> <\/p>\n<p>Hemos escuchado la profec&iacute;a de Isa&iacute;as: &laquo;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or, Dios, est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres&#8230; a proclamar un a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Is<\/i> 61, 1-2). Estas palabras, pronunciadas hace muchos siglos, resuenan muy actuales tambi&eacute;n para nosotros, hoy, mientras nos encontramos a mitad del Adviento y ya cerca de la gran solemnidad de la Navidad. Son palabras que renuevan la esperanza, preparan para acoger la salvaci&oacute;n del Se&ntilde;or y anuncian la inauguraci&oacute;n de un tiempo de gracia y de liberaci&oacute;n. <\/p>\n<p>El Adviento es precisamente tiempo de espera, de esperanza y de preparaci&oacute;n para la visita del Se&ntilde;or. A este compromiso nos invitan tambi&eacute;n la figura y la predicaci&oacute;n de Juan Bautista, como hemos escuchado en el Evangelio reci&eacute;n proclamado (cf. <i>Jn <\/i>1, 6-8.19-28). Juan se retir&oacute; al desierto para llevar una vida muy austera y para invitar, tambi&eacute;n con su vida, a la gente a la conversi&oacute;n; confiere un bautismo de agua, un rito de penitencia &uacute;nico, que lo distingue de los m&uacute;ltiples ritos de purificaci&oacute;n exterior de las sectas de la &eacute;poca. &iquest;Qui&eacute;n es, pues, este hombre? &iquest;Qui&eacute;n es Juan Bautista? Su respuesta refleja una humildad sorprendente. No es el Mes&iacute;as, no es la luz. No es El&iacute;as que volvi&oacute; a la tierra, ni el gran profeta esperado. Es el precursor, un simple testigo, totalmente subordinado a Aquel que anuncia; una voz en el desierto, como tambi&eacute;n hoy, en el desierto de las grandes ciudades de este mundo, de gran ausencia de Dios, necesitamos voces que simplemente nos anuncien: &laquo;Dios existe, est&aacute; siempre cerca, aunque parezca ausente&raquo;. Es una voz en el desierto y es un testigo de la luz; y esto nos conmueve el coraz&oacute;n, porque en este mundo con tantas tinieblas, tantas oscuridades, todos estamos llamados a ser testigos de la luz. Esta es precisamente la misi&oacute;n del tiempo de Adviento: ser testigos de la luz, y s&oacute;lo podemos serlo si llevamos en nosotros la luz, si no s&oacute;lo estamos seguros de que la luz existe, sino que tambi&eacute;n hemos visto un poco de luz. En la Iglesia, en la Palabra de Dios, en la celebraci&oacute;n de los Sacramentos, en el sacramento de la Confesi&oacute;n, con el perd&oacute;n que recibimos, en la celebraci&oacute;n de la santa Eucarist&iacute;a, donde el Se&ntilde;or se entrega en nuestras manos y en nuestro coraz&oacute;n, tocamos la luz y recibimos esta misi&oacute;n: ser hoy testigos de que la luz existe, llevar la luz a nuestro tiempo. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, me alegra mucho estar en medio de vosotros, en este hermoso domingo, &laquo;Gaudete&raquo;, domingo de la alegr&iacute;a, que nos dice: &laquo;incluso en medio de tantas dudas y dificultades, la alegr&iacute;a existe porque Dios existe y est&aacute; con nosotros&raquo;. Saludo cordialmente al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro p&aacute;rroco, don Domenico Monteforte, a quien agradezco no s&oacute;lo las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros, sino tambi&eacute;n el hermoso regalo de la historia de la parroquia. Y saludo al vicario parroquial. Saludo asimismo a las comunidades religiosas: a las Hermanas Ap&oacute;stoles de la Consolata, a las Maestras P&iacute;as Venerinas y a los Guanelianos; son una de las presencias valiosas en vuestra parroquia y un gran recurso espiritual y pastoral para la vida de la comunidad, testigos de luz. Saludo, adem&aacute;s, a las personas comprometidas en el &aacute;mbito parroquial: me refiero a los catequistas \u2014les agradezco su trabajo\u2014, a los miembros del grupo de oraci&oacute;n inspirado en la Renovaci&oacute;n en el Esp&iacute;ritu Santo, a los j&oacute;venes del movimiento Juventud Ardiente Mariana. Y quiero extender mi saludo a todos los habitantes del barrio, especialmente a los ancianos, a los enfermos, a las personas solas y a las que atraviesan dificultades, sin olvidar a la numerosa comunidad filipina que, bien insertada, participa activamente en los momentos fundamentales de la vida comunitaria. <\/p>\n<p>Vuestra parroquia naci&oacute; en uno de los barrios t&iacute;picos del campo romano; fue erigida can&oacute;nicamente en 1985 con este hermoso t&iacute;tulo de Santa Mar&iacute;a de las Gracias; dio sus primeros pasos en la d&eacute;cada de 1960, cuando, por iniciativa de un grupo de padres dominicos, guiados por el recordado padre Gerard Reed, se prepar&oacute;, en una habitaci&oacute;n familiar, una peque&ntilde;a capilla, sucesivamente trasladada a un local m&aacute;s grande, que desempe&ntilde;&oacute; la funci&oacute;n de iglesia parroquial hasta el a&ntilde;o 2010, el a&ntilde;o pasado. Como sab&eacute;is, ese a&ntilde;o, exactamente el 1 de mayo, se tuvo la dedicaci&oacute;n del edificio en el que estamos celebrando la Eucarist&iacute;a. Esta nueva iglesia es un espacio privilegiado para crecer en el conocimiento y en el amor de Aquel a quien dentro de pocos d&iacute;as acogeremos con alegr&iacute;a en su Nacimiento. Mientras contemplo esta iglesia y los edificios parroquiales, veo el fruto de paciencia, de entrega, de amor, y con mi presencia deseo animaros a realizar cada vez mejor la Iglesia de piedras vivas que sois vosotros mismos; cada uno de vosotros debe sentirse como un elemento de este edificio vivo; la comunidad se construye con la contribuci&oacute;n que cada uno ofrece, con el compromiso de todos; y pienso, de modo especial, en los campos de la catequesis, la liturgia y la caridad, pilares fundamentales de la vida cristiana. <\/p>\n<p>Vuestra comunidad es joven; lo he comprobado al saludar a vuestros ni&ntilde;os. Es joven porque est&aacute; constituida, sobre todo por lo que ata&ntilde;e a los nuevos asentamientos, por familias j&oacute;venes, y tambi&eacute;n porque son numerosos los ni&ntilde;os y los muchachos que la pueblan, gracias a Dios. Espero vivamente que, tambi&eacute;n mediante la contribuci&oacute;n de personas competentes y generosas, vuestro compromiso educativo se desarrolle cada vez mejor y que vuestra parroquia, contando con la ayuda del Vicariato de Roma, se dote cuanto antes de un oratorio bien estructurado, con espacios adecuados para el juego y los encuentros, de modo que responda a las necesidades de crecimiento en la fe y en una sana sociabilidad para las generaciones j&oacute;venes. Me alegra cuanto hac&eacute;is en la preparaci&oacute;n de los muchachos y de los j&oacute;venes para los Sacramentos. El desaf&iacute;o que afrontamos consiste en trazar y proponer un verdadero itinerario de formaci&oacute;n en la fe, que implique a quienes se acercan a la iniciaci&oacute;n cristiana, ayud&aacute;ndoles no s&oacute;lo a recibir los Sacramentos, sino tambi&eacute;n a vivirlos, para ser aut&eacute;nticos cristianos. Este objetivo, <i>recibir, <\/i>debe ser <i>vivir<\/i>, como hemos escuchado en la primera lectura: debe brotar la justicia como germina la semilla en la tierra. Vivir los Sacramentos: as&iacute; brota la justicia y tambi&eacute;n el derecho y el amor. <\/p>\n<p>A este prop&oacute;sito, la actual verificaci&oacute;n pastoral diocesana, que ata&ntilde;e precisamente a la iniciaci&oacute;n cristiana, es una ocasi&oacute;n propicia para profundizar y vivir los Sacramentos que hemos recibido, como el Bautismo y la Confirmaci&oacute;n, y aquellos a los que recurrimos para alimentar el camino de fe, la Penitencia y la Eucarist&iacute;a. Por esto es necesaria, en primer lugar, la atenci&oacute;n a la relaci&oacute;n con Dios, mediante la escucha de su Palabra, la respuesta a la Palabra en la oraci&oacute;n, y el don de la Eucarist&iacute;a. Yo s&eacute; que en la parroquia se han introducido encuentros de oraci&oacute;n, de <i>lectio divina, <\/i>y que se tiene adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica: son iniciativas valiosas para el crecimiento espiritual a nivel personal y comunitario. Os exhorto encarecidamente a participar en ellos cada vez en mayor n&uacute;mero. De modo especial, deseo recordar la importancia y la centralidad de la Eucarist&iacute;a. La santa misa ha de ser el centro de vuestro domingo, que es preciso redescubrir y vivir como d&iacute;a de Dios y de la comunidad, d&iacute;a en el cual alabar y celebrar a Aquel que naci&oacute; por nosotros, que muri&oacute; y resucit&oacute; por nuestra salvaci&oacute;n, y nos pide vivir juntos en la alegr&iacute;a y ser una comunidad abierta y dispuesta a acoger a todas las personas solas o que atraviesan dificultades. No perd&aacute;is el sentido del Domingo y sed fieles al encuentro eucar&iacute;stico. Los primeros cristianos estaban dispuestos a dar la vida por esto. Sab&iacute;an que esta es la vida, y hace vivir. <\/p>\n<p>Al venir entre vosotros, no puedo ignorar que en vuestro territorio constituyen un gran desaf&iacute;o algunos grupos religiosos que se presentan como depositarios de la verdad del Evangelio. A este respecto siento el deber de recomendaros estar vigilantes y profundizar las razones de la fe y del Mensaje cristiano, tal como nos lo transmite con garant&iacute;a de autenticidad la tradici&oacute;n milenaria de la Iglesia. Continuad la obra de evangelizaci&oacute;n con la catequesis y la correcta informaci&oacute;n sobre lo que cree y anuncia la Iglesia cat&oacute;lica; presentad con claridad las verdades de la fe cristiana; como dice san Pedro, estad dispuestos &laquo;para dar explicaci&oacute;n a todo el que os pida una raz&oacute;n de vuestra esperanza&raquo; (<i>1 P<\/i> 3, 15); vivid el lenguaje comprensible a todos del amor y la fraternidad, pero sin olvidar el compromiso de purificar y reforzar vuestra fe frente a los peligros y a las insidias que pueden amenazarla en estos tiempos. Superad los l&iacute;mites del individualismo, de encerraros en vosotros mismos; la fascinaci&oacute;n del relativismo, seg&uacute;n el cual se considera l&iacute;cito todo comportamiento; la atracci&oacute;n que ejercen formas de sentimiento religioso que exploran las necesidades y las aspiraciones m&aacute;s profundas del alma humana, proponiendo perspectivas de satisfacciones f&aacute;ciles, pero ilusorias. La fe es un don de Dios, pero que pide nuestra respuesta, la decisi&oacute;n de seguir a Cristo no s&oacute;lo cuando cura y alivia, sino tambi&eacute;n cuando habla de amor hasta la entrega de s&iacute; mismos. <\/p>\n<p>Otro punto en el que quiero insistir es el testimonio de la caridad, que debe caracterizar vuestra vida de comunidad. En estos a&ntilde;os la hab&eacute;is visto crecer r&aacute;pidamente tambi&eacute;n en el n&uacute;mero de sus miembros, pero asimismo hab&eacute;is visto llegar a muchas personas en dificultades o en situaciones de necesidad, que necesitan de vosotros, de vuestra ayuda material, pero tambi&eacute;n y sobre todo de vuestra fe y de vuestro testimonio de creyentes. Haced que el rostro de vuestra comunidad exprese siempre concretamente el amor de Dios rico en misericordia y que invite a acudir a &eacute;l con confianza. <\/p>\n<p>Una palabra especial de afecto y amistad quiero dirigiros a vosotros, queridos muchachos, muchachas y j&oacute;venes que me escuch&aacute;is, as&iacute; como a vuestros coet&aacute;neos que viven en esta parroquia. El hoy y el ma&ntilde;ana de la historia, as&iacute; como el futuro de la fe, est&aacute;n encomendados de modo especial a vosotros, que sois las nuevas generaciones. La Iglesia espera mucho de vuestro entusiasmo, de vuestra capacidad de mirar hacia adelante, de estar animados por ideales, y de vuestro deseo de radicalidad en las opciones de vida. La parroquia os acompa&ntilde;a y quiero que sint&aacute;is tambi&eacute;n mi apoyo. <\/p>\n<p>&laquo;Hermanos, estad siempre alegres&raquo; (<i>1 Ts<\/i> 5, 16). Esta invitaci&oacute;n a la alegr&iacute;a, dirigida por san Pablo a los cristianos de Tesal&oacute;nica en aquel tiempo, caracteriza tambi&eacute;n a este domingo, llamado com&uacute;nmente &laquo;Gaudete&raquo;. Esta invitaci&oacute;n resuena desde las primeras palabras de la ant&iacute;fona de entrada: &laquo;Alegraos siempre en el Se&ntilde;or; os lo repito, alegraos. El Se&ntilde;or est&aacute; cerca&raquo;; as&iacute; escribe san Pablo desde la c&aacute;rcel a los cristianos de Filipos (cf. <i>Flp<\/i> 4, 4-5) y nos lo dice tambi&eacute;n a nosotros. S&iacute;, nos alegramos porque el Se&ntilde;or est&aacute; cerca y dentro de pocos d&iacute;as, en la noche de Navidad, celebraremos el misterio de su Nacimiento. Mar&iacute;a, la primera en escuchar la invitaci&oacute;n del &aacute;ngel: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia: el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 28), nos se&ntilde;ala el camino para alcanzar la verdadera alegr&iacute;a, la que proviene de Dios. Santa Mar&iacute;a de las Gracias, Madre del Divino Amor, ruega por todos nosotros. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA &quot;SANTA MAR&Iacute;A DE LAS GRACIAS&quot;, EN CASAL BOCCONE HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI III Domingo de Adviento &quot;Gaudete&quot;, 11 de diciembre de 2011 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de Santa Mar&iacute;a de las Gracias: Hemos escuchado la profec&iacute;a de Isa&iacute;as: &laquo;El Esp&iacute;ritu &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-diciembre-de-2011-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-santa-maria-de-las-gracias-en-casal-boccone\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab11 de diciembre de 2011: Visita pastoral a la parroquia romana \u00abSanta Mar\u00eda de las Gracias\u00bb, en Casal Boccone\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40994","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40994","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40994"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40994\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40994"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40994"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40994"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}