{"id":40999,"date":"2016-10-06T15:17:07","date_gmt":"2016-10-06T20:17:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-octubre-de-2011-santa-misa-para-la-nueva-evangelizacion\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:07","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:07","slug":"16-de-octubre-de-2011-santa-misa-para-la-nueva-evangelizacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-octubre-de-2011-santa-misa-para-la-nueva-evangelizacion\/","title":{"rendered":"16 de octubre de 2011: Santa Misa para la Nueva Evangelizaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>&nbsp;<\/i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20111016.pdf\">SANTA MISA<\/a> <br \/> PARA LA NUEVA EVANGELIZACI&Oacute;N<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Domingo, 16 de octubre de 2011<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> [<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_FONFNUGH\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong>]<br \/> <\/strong><\/font><span lang=\"es\"> <i><b> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20111016\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Con alegr&iacute;a celebro hoy la santa misa para vosotros, que est&aacute;is comprometidos en muchas partes del mundo en las fronteras de la nueva evangelizaci&oacute;n. Esta liturgia es la conclusi&oacute;n del encuentro que ayer os llam&oacute; a confrontaros sobre los &aacute;mbitos de esa misi&oacute;n y a escuchar algunos testimonios significativos. Yo mismo he querido presentaros algunos pensamientos, mientras hoy parto para vosotros el pan de la Palabra y de la Eucarist&iacute;a, con la certeza \u2014compartida por todos nosotros\u2014 de que sin Cristo, Palabra y Pan de vida, no podemos hacer nada (cf. <i>Jn <\/i>15, 5). Me alegra que este congreso se sit&uacute;e en el contexto del mes de octubre, precisamente una semana antes de la Jornada mundial de las misiones: esto pone de relieve la justa dimensi&oacute;n universal de la nueva evangelizaci&oacute;n, en armon&iacute;a con la de la misi&oacute;n <i>ad gentes<\/i>.<\/p>\n<p>Os dirijo un saludo cordial a todos vosotros, que hab&eacute;is acogido la invitaci&oacute;n del Consejo pontificio para la promoci&oacute;n de la nueva evangelizaci&oacute;n. En particular saludo y doy las gracias al presidente de este dicasterio de reciente instituci&oacute;n, monse&ntilde;or Salvatore Fisichella, y a sus colaboradores.<\/p>\n<p>Pasemos ahora a las lecturas b&iacute;blicas, en las que hoy el Se&ntilde;or nos habla. La primera, tomada del libro de Isa&iacute;as, nos dice que Dios es uno, es &uacute;nico; no hay otros dioses fuera del Se&ntilde;or, e incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan m&aacute;s grande, que s&oacute;lo Dios conoce y lleva adelante. Esta lectura nos da el sentido teol&oacute;gico de la historia: los cambios de &eacute;poca, el sucederse de las grandes potencias, est&aacute;n bajo el supremo dominio de Dios; ning&uacute;n poder terreno puede ponerse en su lugar. La teolog&iacute;a de la historia es un aspecto importante, esencial de la nueva evangelizaci&oacute;n, porque los hombres de nuestro tiempo, tras el nefasto periodo de los imperios totalitarios del siglo XX, necesitan reencontrar una visi&oacute;n global del mundo y del tiempo, una visi&oacute;n verdaderamente libre, pac&iacute;fica, esa visi&oacute;n que el concilio Vaticano II transmiti&oacute; en sus documentos, y que mis predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, ilustraron con su magisterio.<\/p>\n<p>La segunda lectura es el inicio de la <i>Primera Carta a los Tesalonicenses, <\/i>y esto ya es muy sugerente, pues se trata de la carta m&aacute;s antigua que nos ha llegado del mayor evangelizador de todos los tiempos, el ap&oacute;stol san Pablo. &Eacute;l nos dice ante todo que no se evangeliza de manera aislada: tambi&eacute;n &eacute;l ten&iacute;a de hecho como colaboradores a Silvano y Timoteo (cf. <i>1 Ts<\/i> 1, 1), y a muchos otros. E inmediatamente a&ntilde;ade otra cosa muy importante: que el anuncio siempre debe ir precedido, acompa&ntilde;ado y seguido por la oraci&oacute;n. En efecto, escribe: &laquo;En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones&raquo; (v. 2). El Ap&oacute;stol asegura que es bien consciente de que los miembros de la comunidad no han sido elegidos por &eacute;l, sino por Dios: &laquo;&eacute;l os ha elegido&raquo;, afirma (v. 4). Todo misionero del Evangelio siempre debe tener presente esta verdad: es el Se&ntilde;or quien toca los corazones con su Palabra y su Esp&iacute;ritu, llamando a las personas a la fe y a la comuni&oacute;n en la Iglesia. Por &uacute;ltimo, san Pablo nos deja una ense&ntilde;anza muy valiosa, extra&iacute;da de su experiencia. Escribe: &laquo;Cuando os anunci&eacute; nuestro Evangelio, no fue s&oacute;lo de palabra, sino tambi&eacute;n con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo y con plena convicci&oacute;n&raquo; (v. 5). La evangelizaci&oacute;n, para ser eficaz, necesita la fuerza del Esp&iacute;ritu, que anime el anuncio e infunda en quien lo lleva esa &laquo;plena convicci&oacute;n&raquo; de la que nos habla el Ap&oacute;stol. Este t&eacute;rmino &laquo;convicci&oacute;n&raquo;, &laquo;plena convicci&oacute;n&raquo;, en el original griego, es <i>plerofor&iacute;a<\/i>: un vocablo que no expresa tanto el aspecto subjetivo, psicol&oacute;gico, sino m&aacute;s bien la plenitud, la fidelidad, la integridad, en este caso del anuncio de Cristo. Anuncio que, para ser completo y fiel, necesita ir acompa&ntilde;ado de signos, de gestos, como la predicaci&oacute;n de Jes&uacute;s. Palabra, Esp&iacute;ritu y convicci&oacute;n \u2014as&iacute; entendida\u2014 son por tanto inseparables y concurren a hacer que el mensaje evang&eacute;lico se difunda con eficacia.<\/p>\n<p>Nos detenemos ahora en el pasaje del Evangelio. Se trata del texto sobre la legitimidad del tributo que hay que pagar al C&eacute;sar, que contiene la c&eacute;lebre respuesta de Jes&uacute;s: &laquo;Dad al C&eacute;sar lo que es del C&eacute;sar, y a Dios lo que es de Dios&raquo; (<i>Mt <\/i>22, 21). Pero antes de llegar a este punto, hay un pasaje que se puede referir a quienes tienen la misi&oacute;n de evangelizar. De hecho, los interlocutores de Jes&uacute;s \u2014disc&iacute;pulos de los fariseos y herodianos\u2014 se dirigen a &eacute;l con palabras de aprecio, diciendo: &laquo;Sabemos que eres sincero y que ense&ntilde;as el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie&raquo; (v. 16). Precisamente esta afirmaci&oacute;n, aunque brote de hipocres&iacute;a, debe llamar nuestra atenci&oacute;n. Los disc&iacute;pulos de los fariseos y los herodianos no creen en lo que dicen. S&oacute;lo lo afirman como una <i>captatio benevolentiae <\/i>para que los escuche, pero su coraz&oacute;n est&aacute; muy lejos de esa verdad; m&aacute;s bien quieren tender una trampa a Jes&uacute;s para poderlo acusar. Para nosotros en cambio, esa expresi&oacute;n es preciosa y verdadera: Jes&uacute;s, en efecto, es sincero y ense&ntilde;a el camino de Dios seg&uacute;n la verdad y no depende de nadie. &Eacute;l mismo es este &laquo;camino de Dios&raquo;, que nosotros estamos llamados a recorrer. Podemos recordar aqu&iacute; las palabras de Jes&uacute;s mismo, en el Evangelio de san Juan: &laquo;Yo soy el camino, la verdad y la vida&raquo; (14, 6). Es iluminador al respecto el comentario de san Agust&iacute;n: &laquo;era necesario que Jes&uacute;s dijera: \u201cYo soy el camino, la verdad y la vida\u201d porque, una vez conocido el camino, faltaba conocer la meta. El camino conduc&iacute;a a la verdad, conduc&iacute;a a la vida\u2026 y nosotros &iquest;a d&oacute;nde vamos sino a &eacute;l? y &iquest;por qu&eacute; camino vamos sino por &eacute;l?&raquo; (<i>In Ioh<\/i> 69, 2). Los nuevos evangelizadores est&aacute;n llamados a ser los primeros en avanzar por este camino que es Cristo, para dar a conocer a los dem&aacute;s la belleza del Evangelio que da la vida. Y en este camino, nunca avanzamos solos, sino en compa&ntilde;&iacute;a: una experiencia de comuni&oacute;n y de fraternidad que se ofrece a cuantos encontramos, para hacerlos part&iacute;cipes de nuestra experiencia de Cristo y de su Iglesia. As&iacute;, el testimonio unido al anuncio puede abrir el coraz&oacute;n de quienes est&aacute;n en busca de la verdad, para que puedan descubrir el sentido de su propia vida.<\/p>\n<p>Una breve reflexi&oacute;n tambi&eacute;n sobre la cuesti&oacute;n central del tributo al C&eacute;sar. Jes&uacute;s responde con un sorprendente realismo pol&iacute;tico, vinculado al teocentrismo de la tradici&oacute;n prof&eacute;tica. El tributo al C&eacute;sar se debe pagar, porque la imagen de la moneda es suya; pero el hombre, todo hombre, lleva en s&iacute; mismo otra imagen, la de Dios y, por tanto, a &eacute;l, y s&oacute;lo a &eacute;l, cada uno debe su existencia. Los Padres de la Iglesia, bas&aacute;ndose en el hecho de que Jes&uacute;s se refiere a la imagen del emperador impresa en la moneda del tributo, interpretaron este paso a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer cap&iacute;tulo del libro del G&eacute;nesis. Un autor an&oacute;nimo escribe: &laquo;La imagen de Dios no est&aacute; impresa en el oro, sino en el g&eacute;nero humano. La moneda del C&eacute;sar es oro, la de Dios es la humanidad\u2026 Por tanto, da tu riqueza material al C&eacute;sar, pero reserva a Dios la inocencia &uacute;nica de tu conciencia, donde se contempla a Dios\u2026 El C&eacute;sar, en efecto, ha impreso su imagen en cada moneda, pero Dios ha escogido al hombre, que &eacute;l ha creado, para reflejar su gloria&raquo; (An&oacute;nimo, <i>Obra incompleta sobre Mateo, <\/i>Homil&iacute;a 42). Y san Agust&iacute;n utiliz&oacute; muchas veces esta referencia en sus homil&iacute;as: &laquo;Si el C&eacute;sar reclama su propia imagen impresa en la moneda \u2014afirma\u2014, &iquest;no exigir&aacute; Dios del hombre la imagen divina esculpida en &eacute;l? (<i>En. in Ps., <\/i>Salmo 94, 2). Y tambi&eacute;n: &laquo;Del mismo modo que se devuelve al C&eacute;sar la moneda, as&iacute; se devuelve a Dios el alma iluminada e impresa por la luz de su rostro\u2026 En efecto, Cristo habita en el interior del hombre&raquo; (<i>Ib.<\/i>, Salmo 4, 8).<\/p>\n<p>Esta palabra de Jes&uacute;s es rica en contenido antropol&oacute;gico, y no se la puede reducir &uacute;nicamente al &aacute;mbito pol&iacute;tico. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinci&oacute;n entre la esfera de autoridad del C&eacute;sar y la de Dios, entre el &aacute;mbito pol&iacute;tico y el religioso. La misi&oacute;n de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, hacer memoria de su soberan&iacute;a, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida.<\/p>\n<p>Precisamente para dar renovado impulso a la misi&oacute;n de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto \u2014en el que a menudo se encuentran\u2014 hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quiero anunciar en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica que he decidido convocar un &laquo;A&ntilde;o de la fe&raquo; que ilustrar&eacute; con una carta apost&oacute;lica especial. Este &laquo;A&ntilde;o de la fe&raquo; comenzar&aacute; el 11 de octubre de 2012, en el 50&ordm; aniversario de la apertura del concilio Vaticano II, y terminar&aacute; el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Ser&aacute; un momento de gracia y de compromiso por una conversi&oacute;n a Dios cada vez m&aacute;s plena, para reforzar nuestra fe en &eacute;l y para anunciarlo con alegr&iacute;a al hombre de nuestro tiempo. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, vosotros est&aacute;is entre los protagonistas de la nueva evangelizaci&oacute;n que la Iglesia ha emprendido y lleva adelante, no sin dificultad, pero con el mismo entusiasmo de los primeros cristianos. En conclusi&oacute;n, hago m&iacute;as las palabras del ap&oacute;stol san Pablo que hemos escuchado: doy gracias a Dios por todos vosotros. Y os aseguro que os llevo en mis oraciones, consciente de la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Se&ntilde;or (cf. <i>1 Ts <\/i> 1, 3). La Virgen Mar&iacute;a, que no tuvo miedo de responder &laquo;s&iacute;&raquo; a la Palabra del Se&ntilde;or y, despu&eacute;s de haberla concebido en su seno, se puso en camino llena de alegr&iacute;a y esperanza, sea siempre vuestro modelo y vuestra gu&iacute;a. Aprended de la Madre del Se&ntilde;or y Madre nuestra a ser humildes y al mismo tiempo valientes, sencillos y prudentes, mansos y fuertes, no con la fuerza del mundo, sino con la de la verdad. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;SANTA MISA PARA LA NUEVA EVANGELIZACI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Domingo, 16 de octubre de 2011 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Venerados hermanos, queridos hermanos y hermanas: Con alegr&iacute;a celebro hoy la santa misa para vosotros, que est&aacute;is comprometidos en muchas partes del mundo en las fronteras de la nueva evangelizaci&oacute;n. 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