{"id":41001,"date":"2016-10-06T15:17:10","date_gmt":"2016-10-06T20:17:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-2011-celebracion-de-las-visperas-en-la-iglesia-de-la-cartuja-de-serra-san-bruno\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:10","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:10","slug":"9-de-octubre-de-2011-celebracion-de-las-visperas-en-la-iglesia-de-la-cartuja-de-serra-san-bruno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-2011-celebracion-de-las-visperas-en-la-iglesia-de-la-cartuja-de-serra-san-bruno\/","title":{"rendered":"9 de octubre de 2011: Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas en la Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2011\/index_lamezia-terme.html\">VISITA PASTORAL A LAMEZIA TERME Y SERRA SAN BRUNO <\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <br \/> <\/font><\/b><br \/> Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno<br \/> Domingo 9 de octubre de 2011 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> [<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_WWUNB9E5\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong>]<\/strong><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos en el episcopado, <br \/> queridos hermanos cartujos, <br \/> hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Doy gracias al Se&ntilde;or que me ha tra&iacute;do a este lugar de fe y de oraci&oacute;n, la cartuja de Serra San Bruno. A la vez que renuevo mi saludo y mi agradecimiento a monse&ntilde;or Vincenzo Bertolone, arzobispo de Catanzaro-Squillace, me dirijo con gran afecto a esta comunidad cartuja, a cada uno de sus miembros, comenzando por el prior, padre Jacques Dupont, a quien doy las gracias de coraz&oacute;n por sus palabras, pidi&eacute;ndole que haga llegar mi agradecimiento y mi bendici&oacute;n al ministro general y a las monjas de la Orden.<\/p>\n<p>Quiero ante todo subrayar que esta visita se pone en continuidad con algunos signos de fuerte comuni&oacute;n entre la Sede apost&oacute;lica y la Orden cartuja, que tuvieron lugar durante el siglo pasado. En 1924 el Papa P&iacute;o XI promulg&oacute; una <a href=\"\/content\/pius-xi\/la\/apost_constitutions\/documents\/hf_p-xi_apc_19240708_umbratilem.html\"> constituci&oacute;n apost&oacute;lica<\/a> con la que aprob&oacute; los Estatutos de la Orden, revisados a la luz del C&oacute;digo de derecho can&oacute;nico. En mayo de 1984, el beato Juan Pablo II dirigi&oacute; al ministro general una carta especial, con ocasi&oacute;n del noveno centenario de la fundaci&oacute;n por obra de san Bruno de la primera comunidad en la Chartreuse, cerca de Grenoble. El 5 de octubre de ese mismo a&ntilde;o, mi amado predecesor vino aqu&iacute;, y est&aacute; vivo a&uacute;n el recuerdo de su paso entre estas paredes. En la estela de estos acontecimiento pasados, pero siempre actuales, vengo hoy a vosotros, y quiero que nuestro encuentro ponga de relieve un v&iacute;nculo profundo que existe entre Pedro y Bruno, entre el servicio pastoral a la unidad de la Iglesia y la vocaci&oacute;n contemplativa en la Iglesia. De hecho, la comuni&oacute;n eclesial necesita una fuerza interior, esa fuerza que hace un momento el padre prior recordaba citando la expresi&oacute;n &laquo;<i>captus ab Uno<\/i>&raquo;, referida a san Bruno: &laquo;aferrado por el Uno&raquo;, por Dios, &laquo;<i>Unus potens per omnia<\/i>&raquo;, como hemos cantado en el himno de las V&iacute;speras. El ministerio de los pastores toma de las comunidades contemplativas una savia espiritual que viene de Dios.<\/p>\n<p>&laquo;<i>Fugitiva relinquere et aeterna captare<\/i>&raquo;: abandonar las realidades fugaces e intentar aferrar lo eterno. En esta expresi&oacute;n de la carta que vuestro fundador dirigi&oacute; al preboste de Reims, Rodolfo, se encierra el n&uacute;cleo de vuestra espiritualidad (cf. <i>Carta a Rodolfo, <\/i>13): el fuerte deseo de entrar en uni&oacute;n de vida con Dios, abandonando todo lo dem&aacute;s, todo aquello que impide esta comuni&oacute;n, y dej&aacute;ndose aferrar por el inmenso amor de Dios para vivir s&oacute;lo de este amor. Queridos hermanos, vosotros hab&eacute;is encontrado el tesoro escondido, la perla de gran valor (cf. <i>Mt<\/i> 13, 44-46); hab&eacute;is respondido con radicalidad a la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s: &laquo;Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres \u2014as&iacute; tendr&aacute;s un tesoro en el cielo\u2014 y luego ven y s&iacute;gueme&raquo; (<i>Mt<\/i> 19, 21). Todo monasterio \u2014masculino o femenino\u2014 es un oasis en el que, con la oraci&oacute;n y la meditaci&oacute;n, se excava incesantemente el pozo profundo del que podemos tomar el &laquo;agua viva&raquo; para nuestra sed m&aacute;s profunda. Pero la cartuja es un oasis singular, donde el silencio y la soledad son custodiados de modo muy especial, seg&uacute;n la forma de vida iniciada por san Bruno y que ha permanecido sin cambios en el curso de los siglos. &laquo;Habito en el desierto con los hermanos&raquo;, es la frase sint&eacute;tica que escrib&iacute;a vuestro fundador (<i>Carta a Rodolfo, <\/i>4). La visita del Sucesor de Pedro a esta hist&oacute;rica cartuja no s&oacute;lo quiere confirmaros a vosotros, que viv&iacute;s aqu&iacute;, sino a toda la Orden en su misi&oacute;n, muy actual y significativa en el mundo de hoy.<\/p>\n<p>El progreso t&eacute;cnico, especialmente en el campo de los transportes y de las comunicaciones, ha hecho la vida del hombre m&aacute;s confortable, pero tambi&eacute;n m&aacute;s agitada, a veces convulsa. Las ciudades son casi siempre ruidosas: raramente hay silencio en ellas, porque siempre persiste un ruido de fondo, en algunas zonas tambi&eacute;n de noche. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, adem&aacute;s, el desarrollo de los medios de comunicaci&oacute;n ha difundido y amplificado un fen&oacute;meno que ya se perfilaba en los a&ntilde;os sesenta: la virtualidad, que corre el peligro de dominar sobre la realidad. Cada vez m&aacute;s, incluso sin darse cuenta, las personas est&aacute;n inmersas en una dimensi&oacute;n virtual a causa de mensajes audiovisuales que acompa&ntilde;an su vida desde la ma&ntilde;ana hasta la noche. Los m&aacute;s j&oacute;venes, que han nacido ya en esta situaci&oacute;n, parecen querer llenar de m&uacute;sica y de im&aacute;genes cada momento vac&iacute;o, casi por el miedo de sentir, precisamente, este vac&iacute;o. Se trata de una tendencia que siempre ha existido, especialmente entre los j&oacute;venes y en los contextos urbanos m&aacute;s desarrollados, pero hoy ha alcanzado tal nivel que se habla de mutaci&oacute;n antropol&oacute;gica. Algunas personas ya no son capaces de permanecer por mucho tiempo en silencio y en soledad.<\/p>\n<p>He querido aludir a esta condici&oacute;n sociocultural, porque pone de relieve el carisma espec&iacute;fico de la cartuja, como un don precioso para la Iglesia y para el mundo, un don que contiene un mensaje profundo para nuestra vida y para toda la humanidad. Lo resumir&iacute;a de este modo: retir&aacute;ndose al silencio y la soledad, el hombre, por as&iacute; decirlo, se &laquo;expone&raquo; a la realidad de su desnudez, se expone a ese aparente &laquo;vac&iacute;o&raquo; al que alud&iacute; antes, para experimentar en cambio la Plenitud, la presencia de Dios, de la Realidad m&aacute;s real que existe, y que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la dimensi&oacute;n sensible. Es una presencia perceptible en toda criatura: en el aire que respiramos, en la luz que vemos y que nos calienta, en la hierba, en las piedras&#8230; Dios, <i>Creator omnium, <\/i>lo penetra todo, pero est&aacute; m&aacute;s all&aacute;, y precisamente por esto es el fundamento de todo. El monje, dej&aacute;ndolo todo, por as&iacute; decirlo &laquo;se arriesga&raquo;: se expone a la soledad y al silencio para vivir s&oacute;lo de lo esencial, y precisamente viviendo de lo esencial encuentra tambi&eacute;n una profunda comuni&oacute;n con los hermanos, con cada hombre.<\/p>\n<p>Alguien podr&iacute;a pensar que es suficiente venir aqu&iacute; para dar este &laquo;salto&raquo;. Pero no es as&iacute;. Esta vocaci&oacute;n, como toda vocaci&oacute;n, encuentra respuesta en un camino, en la b&uacute;squeda de toda una vida. De hecho, no basta con retirarse a un lugar como este para aprender a estar en la presencia de Dios. Del mismo modo que en el matrimonio no basta con celebrar el Sacramento para llegar efectivamente a ser una sola cosa, sino que es necesario dejar que la gracia de Dios act&uacute;e y recorrer juntos la cotidianidad de la vida conyugal, as&iacute; el llegar a ser monjes requiere tiempo, ejercicio, paciencia, &laquo;en una perseverante vigilancia divina \u2014como afirmaba san Bruno\u2014 esperando el regreso del Se&ntilde;or para abrirle inmediatamente la puerta&raquo; (<i>Carta a Rodolfo, <\/i>4); y precisamente en esto consiste la belleza de toda vocaci&oacute;n en la Iglesia: dar tiempo a Dios de actuar con su Esp&iacute;ritu y a la propia humanidad de formarse, de crecer seg&uacute;n la medida de la madurez de Cristo, en ese particular estado de vida. En Cristo est&aacute; el todo, la plenitud; necesitamos tiempo para hacer nuestra una de las dimensiones de su misterio. Podr&iacute;amos decir que este es un camino de transformaci&oacute;n en el que se realiza y se manifiesta el misterio de la resurrecci&oacute;n de Cristo en nosotros, misterio al que nos ha remitido esta tarde la Palabra de Dios en la lectura b&iacute;blica, tomada de la <i>Carta a los Romanos<\/i>: el Esp&iacute;ritu Santo, que resucit&oacute; a Jes&uacute;s de entre los muertos, y que dar&aacute; la vida tambi&eacute;n a nuestros cuerpos mortales (cf. <i>Rm <\/i>8, 11), es Aquel que realiza tambi&eacute;n nuestra configuraci&oacute;n a Cristo seg&uacute;n la vocaci&oacute;n de cada uno, un camino que discurre desde la pila bautismal hasta la muerte, paso hacia la casa del Padre. A veces, a los ojos del mundo parece imposible permanecer durante toda la vida en un monasterio, pero en realidad toda una vida apenas es suficiente para entrar en esta uni&oacute;n con Dios, en esa Realidad esencial y profunda que es Jesucristo.<\/p>\n<p>Por esto he venido aqu&iacute;, queridos hermanos que form&aacute;is la comunidad cartuja de Serra San Bruno. Para deciros que la Iglesia os necesita, y que vosotros necesit&aacute;is a la Iglesia. Vuestro puesto no es marginal: ninguna vocaci&oacute;n es marginal en el pueblo de Dios: somos un &uacute;nico cuerpo, en el que cada miembro es importante y tiene la misma dignidad, y es inseparable del todo. Tambi&eacute;n vosotros, que viv&iacute;s en un aislamiento voluntario, est&aacute;is en realidad en el coraz&oacute;n de la Iglesia, y hac&eacute;is correr por sus venas la sangre pura de la contemplaci&oacute;n y del amor de Dios.<\/p>\n<p><i>Stat crux dum volvitur orbis<\/i>, as&iacute; reza vuestro lema. La cruz de Cristo es el punto firme, en medio de los cambios y de las vicisitudes del mundo. La vida en una cartuja participa de la estabilidad de la cruz, que es la de Dios, de su amor fiel. Permaneciendo firmemente unidos a Cristo, como sarmientos a la vid, tambi&eacute;n vosotros, hermanos cartujos, est&aacute;is asociados a su misterio de salvaci&oacute;n, como la Virgen Mar&iacute;a, que junto a la cruz <i>stabat<\/i>, unida al Hijo en la misma oblaci&oacute;n de amor. As&iacute;, como Mar&iacute;a y junto con ella, tambi&eacute;n vosotros est&aacute;is insertados profundamente en el misterio de la Iglesia, sacramento de uni&oacute;n de los hombres con Dios y entre s&iacute;. En esto vosotros est&aacute;is tambi&eacute;n singularmente cercanos a mi ministerio. As&iacute; pues, que vele sobre nosotros la Madre sant&iacute;sima de la Iglesia, y que el santo padre Bruno bendiga siempre desde el cielo a vuestra comunidad. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LAMEZIA TERME Y SERRA SAN BRUNO CELEBRACI&Oacute;N DE LAS V&Iacute;SPERAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno Domingo 9 de octubre de 2011 [V&iacute;deo] &nbsp; Venerados hermanos en el episcopado, queridos hermanos cartujos, hermanos y hermanas: Doy gracias al Se&ntilde;or que me ha tra&iacute;do a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-2011-celebracion-de-las-visperas-en-la-iglesia-de-la-cartuja-de-serra-san-bruno\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de octubre de 2011: Celebraci\u00f3n de las V\u00edsperas en la Iglesia de la Cartuja de Serra San Bruno\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41001","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41001","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41001"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41001\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41001"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41001"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41001"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}