{"id":41004,"date":"2016-10-06T15:17:14","date_gmt":"2016-10-06T20:17:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-septiembre-de-2011-santa-misa-en-el-estadio-olimpico-de-berlin\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:14","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:14","slug":"22-de-septiembre-de-2011-santa-misa-en-el-estadio-olimpico-de-berlin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-septiembre-de-2011-santa-misa-en-el-estadio-olimpico-de-berlin\/","title":{"rendered":"22 de septiembre de 2011: Santa Misa en el Estadio Ol\u00edmpico de Berl\u00edn"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2011\/index_germania.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A ALEMANIA<br \/> 22-25 DE SEPTIEMBRE DE 2011<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&nbsp; <br \/> <\/b><\/font><br \/> <font color=\"#663300\"> <em>Estadio Ol&iacute;mpico de Berl&iacute;n<\/em><br \/> Jueves 22 de septiembre de 2011 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b>(<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_8Z94BABD\">V&iacute;deo<\/a>)<\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,<br \/> queridas hermanas y hermanos<\/i><\/p>\n<p>Me da gran alegr&iacute;a y confianza ver el gran estadio ol&iacute;mpico que en gran n&uacute;mero tantos de vosotros hab&eacute;is llenado hoy. Saludo con afecto a todos: a los fieles de la Archidi&oacute;cesis de Berl&iacute;n y de las di&oacute;cesis alemanas, as&iacute; como a los numerosos peregrinos provenientes de los pa&iacute;ses vecinos. Hace quince a&ntilde;os, vino un Papa por vez primera a Berl&iacute;n, la capital federal. Todos \u2013 y tambi&eacute;n yo personalmente \u2013 tenemos un recuerdo muy vivo de la visita de mi venerado predecesor, el Beato Juan Pablo II, y de la Beatificaci&oacute;n del De&aacute;n de la Catedral de Berl&iacute;n Bernhard Lichtenberg, junto a Karl Leisner, celebrada precisamente aqu&iacute;, en este mismo lugar.<\/p>\n<p>Pensando en estos beatos y en toda la corte de santos y beatos, podemos comprender lo que significa vivir como sarmientos de la verdadera vid, que es Cristo, y dar fruto. El evangelio de hoy nos evoca la imagen de esa planta, que en Oriente crece lozana y es s&iacute;mbolo de fuerza y vida, y tambi&eacute;n una met&aacute;fora de la belleza y el dinamismo de la comuni&oacute;n de Jes&uacute;s con sus disc&iacute;pulos y amigos, con nosotros.<\/p>\n<p>En la par&aacute;bola de la vid, Jes&uacute;s no dice: \u201cVosotros sois la vid\u201d, sino: \u201cYo soy la vid, vosotros los sarmientos\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 5). Y esto significa: \u201cAs&iacute; como los sarmientos est&aacute;n unidos a la vid, de igual modo vosotros me pertenec&eacute;is. Pero, perteneciendo a m&iacute;, pertenec&eacute;is tambi&eacute;n unos a otros\u201d. Y este pertenecerse uno a otro y a &Eacute;l, no entra&ntilde;a un tipo cualquiera de relaci&oacute;n te&oacute;rica, imaginaria, simb&oacute;lica, sino \u2013casi me atrever&iacute;a a decir\u2013 un pertenecer a Jesucristo en sentido biol&oacute;gico, plenamente vital. La Iglesia es esa comunidad de vida con Jesucristo y de uno para con el otro, que est&aacute; fundada en el Bautismo y se profundiza cada vez m&aacute;s en la Eucarist&iacute;a. \u201cYo soy la verdadera vid\u201d; pero esto significa en realidad: \u201cYo soy vosotros y vosotros sois yo\u201d; una identificaci&oacute;n inaudita del Se&ntilde;or con nosotros, con su Iglesia.<\/p>\n<p>Cristo mismo en aquella ocasi&oacute;n pregunt&oacute; a Saulo, el perseguidor de la Iglesia, cerca de Damasco: \u201c&iquest;Por qu&eacute; me persigues?\u201d (<i>Hch<\/i> 9, 4). De ese modo, el Se&ntilde;or se&ntilde;ala el destino com&uacute;n que se deriva de la &iacute;ntima comuni&oacute;n de vida de su Iglesia con &Eacute;l, el Resucitado. En este mundo, &Eacute;l contin&uacute;a viviendo en su Iglesia. &Eacute;l est&aacute; con nosotros, y nosotros estamos con &Eacute;l. \u201c&iquest;Por qu&eacute; me persigues?\u201d. En definitiva, es a Jes&uacute;s a quien los perseguidores de la Iglesia quieren atacar. Y, al mismo tiempo, esto significa que no estamos solos cuando nos oprimen a causa de nuestra fe. Jesucristo est&aacute; en nosotros y con nosotros.<\/p>\n<p>En la par&aacute;bola, el Se&ntilde;or Jes&uacute;s dice una vez m&aacute;s: \u201cYo soy la vid verdadera, y el Padre es el labrador\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 1), y explica que el vi&ntilde;ador toma la podadera, corta los sarmientos secos y poda aquellos que dan fruto para que den m&aacute;s fruto. Usando la imagen del profeta Ezequiel, como hemos escuchado en la primera lectura, Dios quiere arrancar de nuestro pecho el coraz&oacute;n muerto, de piedra, y darnos un coraz&oacute;n vivo, de carne (cf. <i>Ez<\/i> 36, 26). Quiere darnos vida nueva y llena de fuerza, un coraz&oacute;n de amor, de bondad y de paz. Cristo ha venido a llamar a los pecadores. Son ellos los que necesitan el m&eacute;dico, y no los sanos (cf. <i>Lc<\/i> 5, 31s). Y as&iacute;, como dice el Concilio Vaticano II, la Iglesia es el \u201csacramento universal de salvaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i> 48) que existe para los pecadores, para nosotros, para abrirnos el camino de la conversi&oacute;n, de la curaci&oacute;n y de la vida. &Eacute;sta es la constante y gran misi&oacute;n de la Iglesia, que le ha sido confiada por Cristo.<\/p>\n<p>Algunos miran a la Iglesia, qued&aacute;ndose en su apariencia exterior. De este modo, la Iglesia aparece &uacute;nicamente como una organizaci&oacute;n m&aacute;s en una sociedad democr&aacute;tica, a tenor de cuyas normas y leyes se juzga y se trata una figura tan dif&iacute;cil de comprender como es la \u201cIglesia\u201d. Si a esto se a&ntilde;ade tambi&eacute;n la experiencia dolorosa de que en la Iglesia hay peces buenos y malos, trigo y ciza&ntilde;a, y si la mirada se fija s&oacute;lo en las cosas negativas, entonces ya no se revela el misterio grande y bello de la Iglesia. <\/p>\n<p>Por tanto, ya no brota alegr&iacute;a alguna por el hecho de pertenecer a esta vid que es la \u201cIglesia\u201d. La insatisfacci&oacute;n y el desencanto se difunden si no se realizan las propias ideas superficiales y err&oacute;neas acerca de la \u201cIglesia\u201d y los \u201cideales sobre la Iglesia\u201d que cada uno tiene. Entonces, cesa tambi&eacute;n el alegre canto: \u201cDoy gracias al Se&ntilde;or, porque inmerecidamente me ha llamado a su Iglesia\u201d, que generaciones de cat&oacute;licos han cantado con convicci&oacute;n.<\/p>\n<p>Pero volvamos al Evangelio. El Se&ntilde;or prosigue: \u201cPermaneced en m&iacute;, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por s&iacute;, si no permanece en la vid, as&iacute; tampoco vosotros, si no permanec&eacute;is en m&iacute;\u2026 porque sin m&iacute; -separados de m&iacute;, &nbsp;podr&iacute;a traducirse tambi&eacute;n- no pod&eacute;is hacer nada\u201d (<i>Jn<\/i> 15, 4. 5b).<\/p>\n<p>Cada uno de nosotros ha de afrontar una decisi&oacute;n a este respecto. El Se&ntilde;or nos dice de nuevo en su par&aacute;bola lo seria que &eacute;sta es: \u201cAl que no permanece en m&iacute; lo tiran fuera como el sarmiento, y se seca; luego recogen los sarmientos desechados, los echan al fuego y all&iacute; se queman\u201d (cf. <i>Jn<\/i> 15, 6). Sobre esto, comenta san Agust&iacute;n: \u201cEl sarmiento ha de estar en uno de esos dos lugares: o en la &nbsp;vid o en el fuego; si no est&aacute; en la vid estar&aacute; en el fuego. Permaneced, pues, en la vid para libraros del fuego\u201d (<i>In Ioan. Ev. Tract.,<\/i> 81, 3 [PL 35, 1842]).<\/p>\n<p>La opci&oacute;n que se plantea nos hace comprender de forma insistente el significado fundamental de nuestra decisi&oacute;n de vida. Al mismo tiempo, la imagen de la vid es un signo de esperanza y confianza. Encarn&aacute;ndose, Cristo mismo ha venido a este mundo para ser nuestro fundamento. En cualquier necesidad y aridez, &Eacute;l es la fuente de agua viva, que nos nutre y fortalece. &Eacute;l en persona carga sobre s&iacute; el pecado, el miedo y el sufrimiento y, en definitiva, nos purifica y transforma misteriosamente en sarmientos buenos que dan vino bueno. En esos momentos de necesidad nos sentimos a veces aplastados bajo una prensa, como los racimos de uvas que son exprimidos completamente. Pero sabemos que, unidos a Cristo, nos convertimos en vino de solera. Dios sabe transformar en amor incluso las cosas dif&iacute;ciles y agobiantes de nuestra vida. Lo importante es que \u201cpermanezcamos\u201d en la vid, en Cristo. En este breve pasaje, el evangelista usa la palabra \u201cpermanecer\u201d una docena de veces. Este \u201cpermanecer-en-Cristo\u201d caracteriza todo el discurso. En nuestro tiempo de inquietudes e indiferencia, en el que tanta gente pierde el rumbo y el fundamento; en el que la fidelidad del amor en el matrimonio y en la amistad se ha vuelto tan fr&aacute;gil y ef&iacute;mera; en el que desear&iacute;amos gritar, en medio de nuestras necesidades, como los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s: \u201cSe&ntilde;or, qu&eacute;date con nosotros, porque anochece (cf. <i>Lc<\/i> 24, 29), s&iacute;, las tinieblas nos rodean\u201d; el Se&ntilde;or resucitado nos ofrece en este tiempo un refugio, un lugar de luz, de esperanza y confianza, de paz y seguridad. Donde la aridez y la muerte amenazan a los sarmientos, all&iacute; en Cristo hay futuro, vida y alegr&iacute;a, all&iacute; hay siempre perd&oacute;n y nuevo comienzo, transformaci&oacute;n entrando en su amor.<\/p>\n<p>Permanecer en Cristo significa, como ya hemos visto, permanecer tambi&eacute;n en la Iglesia. Toda la comunidad de los creyentes est&aacute; firmemente unida en Cristo, la vid. En Cristo, todos nosotros estamos unidos. En esta comunidad, &Eacute;l nos sostiene y, al mismo tiempo, todos los miembros se sostienen rec&iacute;procamente. Juntos resistimos a las tempestades y ofrecemos protecci&oacute;n unos a otros. Nosotros no creemos solos, creemos con toda la Iglesia de todo lugar y de todo tiempo, con la Iglesia que est&aacute; en el cielo y en la tierra.<\/p>\n<p>La Iglesia como mensajera de la Palabra de Dios y dispensadora de los sacramentos nos une a Cristo, la verdadera vid. La Iglesia, en cuanto \u201cplenitud y el complemento del Redentor\u201d \u2013 como la llamaba P&iacute;o XII \u2013 (<i>Mystici corporis<\/i>, <i>AAS<\/i> 35 [1943] p. 230: <i>\u201cplenitudo et complementum Redemptoris\u201d<\/i>) es para nosotros prenda de la vida divina y mediadora de los frutos de los que habla la par&aacute;bola de la vid. As&iacute;, la Iglesia es el don m&aacute;s bello de Dios. Por eso san Agust&iacute;n pod&iacute;a decir: \u201cCada uno posee el Esp&iacute;ritu Santo en la medida en que uno ama a la Iglesia\u201d (<i>In Ioan. Ev. Tract. <\/i>32, 8 [PL 35, 1646]). Con la Iglesia y en la Iglesia podemos anunciar a todos los hombres que Cristo es la fuente de la vida, que &Eacute;l est&aacute; presente, que &Eacute;l es la gran realidad que buscamos y anhelamos. &Eacute;l se entrega a s&iacute; mismo y as&iacute; nos da a Dios, la felicidad, el amor. Quien cree en Cristo, tiene futuro. Porque Dios no quiere lo que es &aacute;rido, muerto, artificial, lo que al final es desechado, sino que quiere lo que es fecundo y vivo, la vida en abundancia, y &Eacute;l nos da la vida en abundancia.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, deseo que todos vosotros y todos nosotros descubramos cada vez m&aacute;s profundamente la alegr&iacute;a de estar unidos a Cristo en la Iglesia \u2013con todos sus afanes y sus oscuridades\u2013, que encontr&eacute;is en vuestras necesidades consuelo y redenci&oacute;n y que todos lleguemos a ser el vino delicioso de la alegr&iacute;a y del amor de Cristo para este mundo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ALEMANIA 22-25 DE SEPTIEMBRE DE 2011 SANTA MISA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI&nbsp; Estadio Ol&iacute;mpico de Berl&iacute;n Jueves 22 de septiembre de 2011 (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, queridas hermanas y hermanos Me da gran alegr&iacute;a y confianza ver el gran estadio ol&iacute;mpico que en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-septiembre-de-2011-santa-misa-en-el-estadio-olimpico-de-berlin\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab22 de septiembre de 2011: Santa Misa en el Estadio Ol\u00edmpico de Berl\u00edn\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41004","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41004","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41004"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41004\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41004"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41004"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41004"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}