{"id":41008,"date":"2016-10-06T15:17:20","date_gmt":"2016-10-06T20:17:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2011-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:20","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:20","slug":"15-de-agosto-de-2011-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2011-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 2011: Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda &#8211; Santa Misa en la parroquia de Santo Tom\u00e1s de Villanueva, Castelgandolfo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD&nbsp;<br \/> DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A A LOS CIELOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Parroquia de Santo Tom&aacute;s de Villanueva, Castelgandolfo&nbsp;<br \/> Lunes 15 de agosto de 2011<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" face=\"Times New Roman \"> <b> <font face=\"Times New Roman\"> (<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_ZQ11O5EM\">V&iacute;deo<\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Nos encontramos reunidos, una vez m&aacute;s, para celebrar una de las m&aacute;s antiguas y amadas fiestas dedicadas a Mar&iacute;a sant&iacute;sima: la fiesta de su asunci&oacute;n a la gloria del cielo en alma y cuerpo, es decir, en todo su ser humano, en la integridad de su persona. As&iacute; se nos da la gracia de renovar nuestro amor a Mar&iacute;a, de admirarla y alabarla por las &laquo;maravillas&raquo; que el Todopoderoso hizo por ella y obr&oacute; en ella. <\/p>\n<p>Al contemplar a la Virgen Mar&iacute;a se nos da otra gracia: la de poder ver en profundidad tambi&eacute;n nuestra vida. S&iacute;, porque tambi&eacute;n nuestra existencia diaria, con sus problemas y sus esperanzas recibe luz de la Madre de Dios, de su itinerario espiritual, de su destino de gloria: un camino y una meta que pueden y deben llegar a ser, de alguna manera, nuestro mismo camino y nuestra misma meta. Nos dejamos guiar por los pasajes de la Sagrada Escritura que la liturgia nos propone hoy. Quiero reflexionar, en particular, sobre una imagen que encontramos en la primera lectura, tomada del Apocalipsis y de la que se hace eco el Evangelio de san Lucas: la del <i>arca<\/i>.<\/p>\n<p>En la primera lectura escuchamos: &laquo;Se abri&oacute; en el cielo el santuario de Dios, y apareci&oacute; en su santuario el arca de su alianza&raquo; (<i>Ap<\/i> 11, 19). &iquest;Cu&aacute;l es el significado del arca? &iquest;Qu&eacute; aparece? Para el Antiguo Testamento, es el s&iacute;mbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Pero el s&iacute;mbolo ya ha cedido el puesto a la realidad. As&iacute; el Nuevo Testamento nos dice que la verdadera arca de la alianza es una persona viva y concreta: es la Virgen Mar&iacute;a. Dios no habita en un mueble, Dios habita en una persona, en un coraz&oacute;n: Mar&iacute;a, la que llev&oacute; en su seno al Hijo eterno de Dios hecho hombre, Jes&uacute;s nuestro Se&ntilde;or y Salvador. En el arca \u2014como sabemos\u2014 se conservaban las dos tablas de la ley de Mois&eacute;s, que manifestaban la voluntad de Dios de mantener la alianza con su pueblo, indicando sus condiciones para ser fieles al pacto de Dios, para conformarse a la voluntad de Dios y as&iacute; tambi&eacute;n a nuestra verdad profunda. Mar&iacute;a es el arca de la alianza, porque acogi&oacute; en s&iacute; a Jes&uacute;s; acogi&oacute; en s&iacute; la Palabra viva, todo el contenido de la voluntad de Dios, de la verdad de Dios; acogi&oacute; en s&iacute; a Aquel que es la Alianza nueva y eterna, que culmin&oacute; con la ofrenda de su cuerpo y de su sangre: cuerpo y sangre recibidos de Mar&iacute;a. Con raz&oacute;n, por consiguiente, la piedad cristiana, en las letan&iacute;as en honor de la Virgen, se dirige a ella invoc&aacute;ndola como <i>Foederis Arca<\/i>, &laquo;Arca de la alianza&raquo;, arca de la presencia de Dios, arca de la alianza de amor que Dios quiso establecer de modo definitivo con toda la humanidad en Cristo.<\/p>\n<p>El pasaje del Apocalipsis quiere indicar otro aspecto importante de la realidad de Mar&iacute;a. Ella, arca viviente de la alianza, tiene un extraordinario destino de gloria, porque est&aacute; tan &iacute;ntimamente unida a su Hijo, a quien acogi&oacute; en la fe y engendr&oacute; en la carne, que comparte plenamente su gloria del cielo. Es lo que sugieren las palabras que hemos escuchado: &laquo;Un gran signo apareci&oacute; en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y est&aacute; encinta (&#8230;). Y dio a luz un hijo var&oacute;n, el que ha de pastorear a todas las naciones&raquo; (12, 1-2; 5). La grandeza de Mar&iacute;a, Madre de Dios, llena de gracia, plenamente d&oacute;cil a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, vive ya en el cielo de Dios con todo su ser, alma y cuerpo.<\/p>\n<p>San Juan Damasceno refiri&eacute;ndose a este misterio en una famosa homil&iacute;a afirma: &laquo;Hoy la santa y &uacute;nica Virgen es llevada al templo celestial&#8230; Hoy el arca sagrada y animada por el Dios vivo, (el arca) que llev&oacute; en su seno a su propio Art&iacute;fice, descansa en el templo del Se&ntilde;or, no construido por mano de hombre&raquo; (<i>Homil&iacute;a II sobre la Dormici&oacute;n, <\/i>2: <i>PG<\/i> 96, 723); y prosigue: &laquo;Era preciso que aquella que hab&iacute;a acogido en su seno al <i>Logos <\/i>divino, se trasladara a los tabern&aacute;culos de su Hijo&#8230; Era preciso que la Esposa que el Padre se hab&iacute;a elegido habitara en la estancia nupcial del cielo&raquo; (<i>ib<\/i>., 14: <i>PG<\/i> 96, 742). <\/p>\n<p>Hoy la Iglesia canta el amor inmenso de Dios por esta criatura suya: la eligi&oacute; como verdadera &laquo;arca de la alianza&raquo;, como Aquella que sigue engendrando y dando a Cristo Salvador a la humanidad, como Aquella que en el cielo comparte la plenitud de la gloria y goza de la felicidad misma de Dios y, al mismo tiempo, tambi&eacute;n nos invita a nosotros a ser, a nuestro modo modesto, &laquo;arca&raquo; en la que est&aacute; presente la Palabra de Dios, que es transformada y vivificada por su presencia, lugar de la presencia de Dios, para que los hombres puedan encontrar en los dem&aacute;s la cercan&iacute;a de Dios y as&iacute; vivir en comuni&oacute;n con Dios y conocer la realidad del cielo.<\/p>\n<p>El Evangelio de san Lucas que acabamos de escuchar (cf. <i>Lc <\/i>1, 39-56) nos muestra esta arca viviente, que es Mar&iacute;a, en movimiento: tras dejar su casa de Nazaret, Mar&iacute;a se pone en camino hacia la monta&ntilde;a para llegar de prisa a una ciudad de Jud&aacute; y dirigirse a la casa de Zacar&iacute;as e Isabel. Me parece importante subrayar la expresi&oacute;n &laquo;de prisa&raquo;: las cosas de Dios merecen prisa; m&aacute;s a&uacute;n, las &uacute;nicas cosas del mundo que merecen prisa son precisamente las de Dios, que tienen la verdadera urgencia para nuestra vida. Entonces Mar&iacute;a entra en esta casa de Zacar&iacute;as e Isabel, pero no entra sola. Entra llevando en su seno al Hijo, que es Dios mismo hecho hombre. Ciertamente, en aquella casa la esperaban a ella y su ayuda, pero el evangelista nos gu&iacute;a a comprender que esta espera remite a otra, m&aacute;s profunda. Zacar&iacute;as, Isabel y el peque&ntilde;o Juan Bautista son, de hecho, el s&iacute;mbolo de todos los justos de Israel, cuyo coraz&oacute;n, lleno de esperanza, aguarda la venida del Mes&iacute;as salvador. Y es el Esp&iacute;ritu Santo quien abre los ojos de Isabel para que reconozca en Mar&iacute;a la verdadera arca de la alianza, la Madre de Dios, que va a visitarla. As&iacute;, la pariente anciana la acoge dici&eacute;ndole &laquo;a voz en grito&raquo;: &laquo;&iexcl;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! &iquest;Qui&eacute;n soy yo para que me visite la madre de mi Se&ntilde;or?&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 42-43). Y es el Esp&iacute;ritu Santo quien, ante Aquella que lleva al Dios hecho hombre, abre el coraz&oacute;n de Juan Bautista en el seno de Isabel. Isabel exclama: &laquo;En cuanto tu saludo lleg&oacute; a mis o&iacute;dos, la criatura salt&oacute; de alegr&iacute;a en mi vientre&raquo; (v. 44). Aqu&iacute; el evangelista san Lucas usa el t&eacute;rmino &laquo;<i>skirtan<\/i>&raquo;, es decir, &laquo;saltar&raquo;, el mismo t&eacute;rmino que encontramos en una de las antiguas traducciones griegas del Antiguo Testamento para describir la danza del rey David ante el arca santa que hab&iacute;a vuelto finalmente a la patria (cf. <i>2 S<\/i> 6, 16). Juan Bautista en el seno de su madre danza ante el arca de la Alianza, como David; y as&iacute; reconoce: Mar&iacute;a es la nueva arca de la alianza, ante la cual el coraz&oacute;n exulta de alegr&iacute;a, la Madre de Dios presente en el mundo, que no guarda para s&iacute; esta divina presencia, sino que la ofrece compartiendo la gracia de Dios. Y as&iacute; \u2014como dice la oraci&oacute;n\u2014 Mar&iacute;a es realmente &laquo;<i>causa nostrae laetitiae<\/i>&raquo;, el &laquo;arca&raquo; en la que verdaderamente el Salvador est&aacute; presente entre nosotros.<\/p>\n<p>Queridos hermanos, estamos hablando de Mar&iacute;a pero, en cierto sentido, tambi&eacute;n estamos hablando de nosotros, de cada uno de nosotros: tambi&eacute;n nosotros somos destinatarios del inmenso amor que Dios reserv&oacute; \u2014ciertamente, de una manera absolutamente &uacute;nica e irrepetible\u2014 a Mar&iacute;a. En esta solemnidad de la Asunci&oacute;n contemplamos a Mar&iacute;a: ella nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegr&iacute;a y nos ense&ntilde;a el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con &eacute;l, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada d&iacute;a, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. Mar&iacute;a, el arca de la alianza que est&aacute; en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comuni&oacute;n de alegr&iacute;a y de paz con Dios. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD&nbsp; DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A A LOS CIELOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Parroquia de Santo Tom&aacute;s de Villanueva, Castelgandolfo&nbsp; Lunes 15 de agosto de 2011 (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Nos encontramos reunidos, una vez m&aacute;s, para celebrar una de las m&aacute;s antiguas y amadas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2011-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab15 de agosto de 2011: Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda &#8211; Santa Misa en la parroquia de Santo Tom\u00e1s de Villanueva, Castelgandolfo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41008","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41008","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41008"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41008\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41008"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41008"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41008"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}