{"id":41010,"date":"2016-10-06T15:17:28","date_gmt":"2016-10-06T20:17:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-junio-de-2011-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:28","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:28","slug":"23-de-junio-de-2011-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-junio-de-2011-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/","title":{"rendered":"23 de junio de 2011: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110623.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI<\/a><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"> Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves 23 de junio de 2011<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" face=\"Times New Roman \"> <b> <font face=\"Times New Roman\"> (<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_SYB5MHFR\">V&iacute;deo<\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\" size=\"2\"><i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20110623\/index.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>La fiesta del <i>Corpus Christi<\/i> es inseparable del Jueves Santo, de la misa <i>in Caena Domini<\/i>, en la que se celebra solemnemente la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Mientras que en la noche del Jueves Santo se revive el misterio de Cristo que se entrega a nosotros en el pan partido y en el vino derramado, hoy, en la celebraci&oacute;n del <i>Corpus Christi<\/i>, este mismo misterio se presenta para la adoraci&oacute;n y la meditaci&oacute;n del pueblo de Dios, y el Sant&iacute;simo Sacramento se lleva en procesi&oacute;n por las calles de la ciudad y de los pueblos, para manifestar que Cristo resucitado camina en medio de nosotros y nos gu&iacute;a hacia el reino de los cielos. Lo que Jes&uacute;s nos dio en la intimidad del Cen&aacute;culo, hoy lo manifestamos abiertamente, porque el amor de Cristo no es s&oacute;lo para algunos, sino que est&aacute; destinado a todos. En la <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/homilies\/2011\/documents\/hf_ben-xvi_hom_20110421_coena-domini.html\">misa <i>in Caena Domini<\/i> del pasado Jueves Santo<\/a> puse de relieve que en la Eucarist&iacute;a tiene lugar la conversi&oacute;n de los dones de esta tierra \u2014el pan y el vino\u2014, con el fin de transformar nuestra vida e inaugurar de esta forma la transformaci&oacute;n del mundo. Esta tarde quiero retomar esta consideraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Todo parte, se podr&iacute;a decir, del coraz&oacute;n de Cristo, que en la &Uacute;ltima Cena, en la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n, dio gracias y alab&oacute; a Dios y, obrando as&iacute;, con el poder de su amor, transform&oacute; el sentido de la muerte hacia la cual se dirig&iacute;a. El hecho de que el Sacramento del altar haya asumido el nombre de &laquo;Eucarist&iacute;a&raquo; \u2014&laquo;acci&oacute;n de gracias&raquo;\u2014 expresa precisamente esto: que la conversi&oacute;n de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo es fruto de la entrega que Cristo hizo de s&iacute; mismo, donaci&oacute;n de un Amor m&aacute;s fuerte que la muerte, Amor divino que lo hizo resucitar de entre los muertos. Esta es la raz&oacute;n por la que la Eucarist&iacute;a es alimento de vida eterna, Pan de vida. Del coraz&oacute;n de Cristo, de su &laquo;oraci&oacute;n eucar&iacute;stica&raquo; en la v&iacute;spera de la pasi&oacute;n, brota el dinamismo que transforma la realidad en sus dimensiones c&oacute;smica, humana e hist&oacute;rica. Todo viene de Dios, de la omnipotencia de su Amor uno y trino, encarnada en Jes&uacute;s. En este Amor est&aacute; inmerso el coraz&oacute;n de Cristo; por esta raz&oacute;n &eacute;l sabe dar gracias y alabar a Dios incluso ante la traici&oacute;n y la violencia, y de esta forma cambia las cosas, las personas y el mundo.<\/p>\n<p>Esta transformaci&oacute;n es posible gracias a una comuni&oacute;n m&aacute;s fuerte que la divisi&oacute;n: la comuni&oacute;n de Dios mismo. La palabra &laquo;comuni&oacute;n&raquo;, que usamos tambi&eacute;n para designar la Eucarist&iacute;a, resume en s&iacute; misma la dimensi&oacute;n vertical y la dimensi&oacute;n horizontal del don de Cristo. Es bella y muy elocuente la expresi&oacute;n &laquo;recibir la comuni&oacute;n&raquo; referida al acto de comer el Pan eucar&iacute;stico. Cuando realizamos este acto, entramos en comuni&oacute;n con la vida misma de Jes&uacute;s, en el dinamismo de esta vida que se dona a nosotros y por nosotros. Desde Dios, a trav&eacute;s de Jes&uacute;s, hasta nosotros: se transmite una &uacute;nica comuni&oacute;n en la santa Eucarist&iacute;a. Lo escuchamos hace un momento, en la segunda lectura, de las palabras del ap&oacute;stol san Pablo dirigidas a los cristianos de Corinto: &laquo;El c&aacute;liz de la bendici&oacute;n que bendecimos, &iquest;no es comuni&oacute;n de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, &iquest;no es comuni&oacute;n del cuerpo de Cristo? Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan&raquo; (<i>1 Co<\/i> 10, 16-17). <\/p>\n<p>San Agust&iacute;n nos ayuda a comprender la din&aacute;mica de la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica cuando hace referencia a una especie de visi&oacute;n que tuvo, en la cual Jes&uacute;s le dijo: &laquo;Manjar soy de grandes: crece y me comer&aacute;s. Ni t&uacute; me mudar&aacute;s en ti como al manjar de tu carne, sino t&uacute; te mudar&aacute;s en m&iacute;&raquo; (<i>Confesiones<\/i> VII, 10, 18). Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucarist&iacute;a se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino &eacute;l nos asimila a s&iacute;, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con &eacute;l. Esta transformaci&oacute;n es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, nos transforma en &eacute;l; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jes&uacute;s, que a su vez est&aacute; inmersa en la comuni&oacute;n trinitaria. De este modo, la Eucarist&iacute;a, mientras nos une a Cristo, nos abre tambi&eacute;n a los dem&aacute;s, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en &eacute;l. La comuni&oacute;n eucar&iacute;stica me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relaci&oacute;n, y tambi&eacute;n a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo. De aqu&iacute;, de la Eucarist&iacute;a, deriva, por tanto, el sentido profundo de la presencia social de la Iglesia, come lo testimonian los grandes santos sociales, que han sido siempre grandes almas eucar&iacute;sticas. Quien reconoce a Jes&uacute;s en la Hostia santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es extranjero, que est&aacute; desnudo, enfermo o en la c&aacute;rcel; y est&aacute; atento a cada persona, se compromete, de forma concreta, en favor de todos aquellos que padecen necesidad. Del don de amor de Cristo proviene, por tanto, nuestra responsabilidad especial de cristianos en la construcci&oacute;n de una sociedad solidaria, justa y fraterna. Especialmente en nuestro tiempo, en el que la globalizaci&oacute;n nos hace cada vez m&aacute;s dependientes unos de otros, el cristianismo puede y debe hacer que esta unidad no se construya sin Dios, es decir, sin el amor verdadero, ya que se dejar&iacute;a espacio a la confusi&oacute;n, al individualismo, a los atropellos de todos contra todos. El Evangelio desde siempre mira a la unidad de la familia humana, una unidad que no se impone desde fuera, ni por intereses ideol&oacute;gicos o econ&oacute;micos, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros, porque nos reconocemos miembros de un mismo cuerpo, del cuerpo de Cristo, porque hemos aprendido y aprendemos constantemente del Sacramento del altar que el gesto de compartir, el amor, es el camino de la verdadera justicia. <\/p>\n<p>Volvamos ahora al gesto de Jes&uacute;s en la &Uacute;ltima Cena. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; en ese momento? Cuando &eacute;l dijo: Este es mi cuerpo entregado por vosotros; esta es mi sangre derramada por vosotros y por muchos, &iquest;qu&eacute; fue lo que sucedi&oacute;? Con ese gesto, Jes&uacute;s anticipa el acontecimiento del Calvario. &Eacute;l acepta toda la Pasi&oacute;n por amor, con su sufrimiento y su violencia, hasta la muerte en cruz. Aceptando la muerte de esta forma la transforma en un acto de donaci&oacute;n. Esta es la transformaci&oacute;n que necesita el mundo, porque lo redime desde dentro, lo abre a las dimensiones del reino de los cielos. Pero Dios quiere realizar esta renovaci&oacute;n del mundo a trav&eacute;s del mismo camino que sigui&oacute; Cristo, m&aacute;s a&uacute;n, el camino que es &eacute;l mismo. No hay nada de m&aacute;gico en el cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a trav&eacute;s de la l&oacute;gica humilde y paciente del grano de trigo que muere para dar vida, la l&oacute;gica de la fe que mueve monta&ntilde;as con la fuerza apacible de Dios. Por esto Dios quiere seguir renovando a la humanidad, la historia y el cosmos a trav&eacute;s de esta cadena de transformaciones, de la cual la Eucarist&iacute;a es el sacramento. Mediante el pan y el vino consagrados, en los que est&aacute; realmente presente su Cuerpo y su Sangre, Cristo nos transforma, asimil&aacute;ndonos a &eacute;l: nos implica en su obra de redenci&oacute;n, haci&eacute;ndonos capaces, por la gracia del Esp&iacute;ritu Santo, de vivir seg&uacute;n su misma l&oacute;gica de entrega, como granos de trigo unidos a &eacute;l y en &eacute;l. As&iacute; se siembran y van madurando en los surcos de la historia la unidad y la paz, que son el fin al que tendemos, seg&uacute;n el designio de Dios. <\/p>\n<p>Caminamos por los senderos del mundo sin espejismos, sin utop&iacute;as ideol&oacute;gicas, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Se&ntilde;or, como la Virgen Mar&iacute;a en el misterio de la Visitaci&oacute;n. Con la humildad de sabernos simples granos de trigo, tenemos la firma certeza de que el amor de Dios, encarnado en Cristo, es m&aacute;s fuerte que el mal, que la violencia y que la muerte. Sabemos que Dios prepara para todos los hombres cielos nuevos y una tierra nueva, donde reinan la paz y la justicia; y en la fe entrevemos el mundo nuevo, que es nuestra patria verdadera. Tambi&eacute;n esta tarde, mientras se pone el sol sobre nuestra querida ciudad de Roma, nosotros nos ponemos en camino: con nosotros est&aacute; Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a, el Resucitado, que dijo: &laquo;Yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as, hasta el fin de los tiempos&raquo; (<i>Mt<\/i> 28, 21). &iexcl;Gracias, Se&ntilde;or Jes&uacute;s! Gracias por tu fidelidad, que sostiene nuestra esperanza. Qu&eacute;date con nosotros, porque ya es de noche. &laquo;Buen pastor, pan verdadero, oh Jes&uacute;s, piedad de nosotros: alim&eacute;ntanos, defi&eacute;ndenos, ll&eacute;vanos a los bienes eternos en la tierra de los vivos&raquo;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 23 de junio de 2011 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: La fiesta del Corpus Christi es inseparable del Jueves Santo, de la misa in Caena Domini, en la que se celebra &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-junio-de-2011-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab23 de junio de 2011: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41010","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41010","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41010"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41010\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41010"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41010"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41010"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}