{"id":41011,"date":"2016-10-06T15:17:30","date_gmt":"2016-10-06T20:17:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2011-concelebracion-eucaristica-en-lo-estadio-de-serravalle-republica-de-san-marino\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:30","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:30","slug":"19-de-junio-de-2011-concelebracion-eucaristica-en-lo-estadio-de-serravalle-republica-de-san-marino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2011-concelebracion-eucaristica-en-lo-estadio-de-serravalle-republica-de-san-marino\/","title":{"rendered":"19 de junio de 2011: Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en lo Estadio de Serravalle (Rep\u00fablica de San Marino)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/travels\/2011\/index_san-marino.html\">VISITA PASTORAL A LA DI&Oacute;CESIS DE SAN MARINO-MONTEFELTRO<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><em><font color=\"#663300\">Estadio de Serravalle &#8211; Rep&uacute;blica de San Marino<\/font><\/em><font color=\"#663300\"><em><br \/> Domingo 19 de&nbsp; junio de 2011<br \/> <\/em><\/font><em><font color=\"#663300\">Fiesta de la Sant&iacute;sima Trinidad<\/font><\/em><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" face=\"Times New Roman \"> <b> <font face=\"Times New Roman\"> (<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_B7YFFSL4\">V&iacute;deo<\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Es grande mi alegr&iacute;a por poder partir con vosotros el pan de la Palabra de Dios y de la Eucarist&iacute;a y poder dirigiros, queridos sanmarinenses, mi m&aacute;s cordial saludo. Dirijo un saludo especial a los capitanes regentes y a las dem&aacute;s autoridades pol&iacute;ticas y civiles, presentes en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica; saludo con afecto a vuestro obispo, monse&ntilde;or Luigi Negri, al que agradezco las amables palabras que me ha dirigido, y con &eacute;l a todos los sacerdotes y fieles de la di&oacute;cesis de San Marino-Montefeltro; os saludo a cada uno y os expreso mi vivo agradecimiento por la cordialidad y el afecto con que me hab&eacute;is acogido. He venido para compartir con vosotros alegr&iacute;as y esperanzas, fatigas y compromisos, ideales y aspiraciones de esta comunidad diocesana. S&eacute; que aqu&iacute; tampoco faltan dificultades, problemas y preocupaciones. A todos quiero asegurar mi cercan&iacute;a y mi recuerdo en la oraci&oacute;n, a la que uno mi aliento a perseverar en el testimonio de los valores humanos y cristianos, tan profundamente arraigados en la fe y en la historia de este territorio y de su poblaci&oacute;n, con su fe gran&iacute;tica, de la que ha hablado su excelencia.<\/p>\n<p>Celebramos hoy la fiesta de la Sant&iacute;sima Trinidad: Dios Padre e Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, fiesta de Dios, del centro de nuestra fe. Cuando se piensa en la Trinidad, por lo general viene a la mente el aspecto del misterio: son tres y son uno, un solo Dios en tres Personas. En realidad, Dios en su grandeza no puede menos de ser un misterio para nosotros y, sin embargo, &eacute;l se ha revelado: podemos conocerlo en su Hijo, y as&iacute; tambi&eacute;n conocer al Padre y al Esp&iacute;ritu Santo. La liturgia de hoy, en cambio, llama nuestra atenci&oacute;n no tanto hacia el misterio, cuanto hacia la realidad de amor contenida en este primer y supremo misterio de nuestra fe. El Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo son uno, porque Dios es amor, y el amor es la fuerza vivificante absoluta, la unidad creada por el amor es m&aacute;s unidad que una unidad meramente f&iacute;sica. El Padre da todo al Hijo; el Hijo recibe todo del Padre con agradecimiento; y el Esp&iacute;ritu Santo es como el fruto de este amor rec&iacute;proco del Padre y del Hijo. Los textos de la santa misa de hoy hablan de Dios y por eso hablan de amor; no se detienen tanto sobre el misterio de las tres Personas, cuanto sobre el amor que constituye su esencia, y la unidad y trinidad al mismo tiempo.<\/p>\n<p>El primer pasaje que hemos escuchado est&aacute; tomado del <i>Libro del &Eacute;xodo <\/i>\u2014sobre &eacute;l reflexion&eacute; en una reciente catequesis del mi&eacute;rcoles\u2014 y es sorprendente que la revelaci&oacute;n del amor de Dios tenga lugar despu&eacute;s de un grav&iacute;simo pecado del pueblo. Reci&eacute;n concluido el pacto de alianza en el monte Sina&iacute;, el pueblo ya falta a la fidelidad. La ausencia de Mois&eacute;s se prolonga y el pueblo dice: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; ese Mois&eacute;s? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; su Dios?&raquo;, y pide a Aar&oacute;n que le haga un dios que sea visible, accesible, manipulable, al alcance del hombre, en vez de este misterioso Dios invisible, lejano. Aar&oacute;n consiente, y prepara un becerro de oro. Al bajar del Sina&iacute;, Mois&eacute;s ve lo que ha sucedido y rompe las tablas de la alianza, que ya est&aacute; rota, dos piedras sobre las que estaban escritas las &laquo;Diez Palabras&raquo;, el contenido concreto del pacto con Dios. Todo parece perdido, la amistad ya rota inmediatamente, desde el inicio. Sin embargo, no obstante este grav&iacute;simo pecado del pueblo, Dios, por intercesi&oacute;n de Mois&eacute;s, decide perdonar e invita a Mois&eacute;s a volver a subir al monte para recibir de nuevo su ley, los diez Mandamientos y renovar el pacto. Mois&eacute;s pide entonces a Dios que se revele, que le muestre su rostro. Pero Dios no muestra el rostro, m&aacute;s bien revela que est&aacute; lleno de bondad con estas palabras: &laquo;Se&ntilde;or, Se&ntilde;or, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad&raquo; (<i>Ex<\/i> 34, 6). Este es el rostro de Dios. Esta auto-definici&oacute;n de Dios manifiesta su amor misericordioso: un amor que vence al pecado, lo cubre, lo elimina. Y podemos estar siempre seguros de esta bondad que no nos abandona. No puede hacernos revelaci&oacute;n m&aacute;s clara. Nosotros tenemos un Dios que renuncia a destruir al pecador y que quiere manifestar su amor de una manera a&uacute;n m&aacute;s profunda y sorprendente precisamente ante el pecador para ofrecer siempre la posibilidad de la conversi&oacute;n y del perd&oacute;n.<\/p>\n<p>El Evangelio completa esta revelaci&oacute;n, que escuchamos en la primera lectura, porque indica hasta qu&eacute; punto Dios ha mostrado su misericordia. El evangelista san Juan refiere esta expresi&oacute;n de Jes&uacute;s: &laquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo que entreg&oacute; a su Unig&eacute;nito, para que todo el que cree en &eacute;l no perezca, sino que tenga vida eterna&raquo; (3, 16). En el mundo reina el mal, el ego&iacute;smo, la maldad, y Dios podr&iacute;a venir para juzgar a este mundo, para destruir el mal, para castigar a aquellos que obran en las tinieblas. En cambio, muestra que ama al mundo, que ama al hombre, no obstante su pecado, y env&iacute;a lo m&aacute;s valioso que tiene: su Hijo unig&eacute;nito. Y no s&oacute;lo lo env&iacute;a, sino que lo dona al mundo. Jes&uacute;s es el Hijo de Dios que naci&oacute; por nosotros, que vivi&oacute; por nosotros, que cur&oacute; a los enfermos, perdon&oacute; los pecados y acogi&oacute; a todos. Respondiendo al amor que viene del Padre, el Hijo dio su propia vida por nosotros: en la cruz el amor misericordioso de Dios alcanza el culmen. Y es en la cruz donde el Hijo de Dios nos obtiene la participaci&oacute;n en la vida eterna, que se nos comunica con el don del Esp&iacute;ritu Santo. As&iacute;, en el misterio de la cruz est&aacute;n presentes las tres Personas divinas: el Padre, que dona a su Hijo unig&eacute;nito para la salvaci&oacute;n del mundo; el Hijo, que cumple hasta el fondo el designio del Padre; y el Esp&iacute;ritu Santo \u2014derramado por Jes&uacute;s en el momento de la muerte\u2014 que viene a hacernos part&iacute;cipes de la vida divina, a transformar nuestra existencia, para que est&eacute; animada por el amor divino.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, la fe en el Dios uno y trino ha caracterizado, en el curso de su historia antigua y gloriosa, tambi&eacute;n a esta Iglesia de San Marino-Montefeltro. La evangelizaci&oacute;n de esta tierra se atribuye a los santos canteros Marino y Le&oacute;n, los cuales a mediados del siglo III despu&eacute;s de Cristo habr&iacute;an desembarcado en R&iacute;mini procedentes de la Dalmacia. Por su santidad de vida fueron consagrados, uno sacerdote y el otro di&aacute;cono, por el obispo Gaudencio, el cual los envi&oacute; tierra adentro, uno al monte F&eacute;retro, que despu&eacute;s tom&oacute; el nombre de San Le&oacute;n, y el otro al monte Tit&aacute;n, que despu&eacute;s tom&oacute; el nombre de San Marino. M&aacute;s all&aacute; de las cuestiones hist&oacute;ricas \u2014que no nos corresponde profundizar\u2014 interesa afirmar que Marino y Le&oacute;n trajeron, en el contexto de esta realidad local, junto con la fe en el Dios revelado en Jesucristo, perspectivas y valores nuevos, determinando el nacimiento de una cultura y de una civilizaci&oacute;n centradas en la persona humana, imagen de Dios y, por eso, portadora de derechos anteriores a toda legislaci&oacute;n humana. La variedad de las diversas etnias \u2014romanos, godos y luego longobardos\u2014 que entraban en contacto entre s&iacute;, algunas veces incluso de modo conflictivo, encontraron en la com&uacute;n referencia a la fe un factor poderoso de edificaci&oacute;n &eacute;tica, cultural, social y, de alg&uacute;n modo, pol&iacute;tica. Era evidente a sus ojos que no pod&iacute;a considerarse realizado un proyecto de civilizaci&oacute;n hasta que todos los componentes del pueblo no se hubieran convertido en una comunidad cristiana viva, bien estructurada y edificada sobre la fe en el Dios uno y trino. Con raz&oacute;n, pues, se puede decir que la riqueza de este pueblo, vuestra riqueza, queridos sanmarinenses, ha sido y es la fe, y que esta fe ha creado una civilizaci&oacute;n verdaderamente &uacute;nica. Adem&aacute;s de la fe, es necesario recordar la absoluta fidelidad al Obispo de Roma, al que esta Iglesia siempre ha mirado con devoci&oacute;n y afecto; as&iacute; como la atenci&oacute;n demostrada hacia la gran tradici&oacute;n de la Iglesia oriental y la profunda devoci&oacute;n a la Virgen Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>Vosotros, con raz&oacute;n, os sent&iacute;s orgullosos y agradecidos por lo que el Esp&iacute;ritu Santo ha obrado a lo largo de los siglos en vuestra Iglesia. Pero tambi&eacute;n sab&eacute;is que el mejor modo de apreciar una herencia es cultivarla y enriquecerla. En realidad est&aacute;is llamados a desarrollar este precioso dep&oacute;sito en uno de los momentos m&aacute;s decisivos de la historia. Hoy, vuestra misi&oacute;n tiene que afrontar profundas y r&aacute;pidas transformaciones culturales, sociales, econ&oacute;micas y pol&iacute;ticas, que han determinado nuevas orientaciones y han modificado mentalidades, costumbres y sensibilidades. De hecho, aqu&iacute;, como en otros lugares, tampoco faltan dificultades y obst&aacute;culos, sobre todo debidos a modelos hedon&iacute;sticos que ofuscan la mente y amenazan con anular toda moralidad. Se ha insinuado la tentaci&oacute;n de considerar que la riqueza del hombre no es la fe, sino su poder personal y social, su inteligencia, su cultura y su capacidad de manipulaci&oacute;n cient&iacute;fica, tecnol&oacute;gica y social de la realidad. As&iacute;, tambi&eacute;n en estas tierras, se ha comenzado a sustituir la fe y los valores cristianos con presuntas riquezas, que se revelan, al final, inconsistentes e incapaces de sostener la gran promesa de lo verdadero, de lo bueno, de lo bello y de lo justo que durante siglos vuestros antepasados identificaron con la experiencia de la fe. Y no conviene olvidar la crisis de no pocas familias, agravada por la generalizada fragilidad psicol&oacute;gica y espiritual de los c&oacute;nyuges, as&iacute; como la dificultad que experimentan muchos educadores para obtener continuidad formativa en los j&oacute;venes, condicionados por m&uacute;ltiples precariedades, la primera de las cuales es el papel social y la posibilidad de encontrar un trabajo.<\/p>\n<p>Queridos amigos, conozco bien el empe&ntilde;o de todos los componentes de esta Iglesia particular para promover la vida cristiana en sus diversos aspectos. Exhorto a todos los fieles a ser como fermento en el mundo, mostr&aacute;ndose, tanto en Montefeltro como en San Marino, cristianos presentes, emprendedores y coherentes. Que los sacerdotes, los religiosos y las religiosas vivan siempre en la m&aacute;s cordial y efectiva comuni&oacute;n eclesial, ayudando y escuchando al pastor diocesano. Tambi&eacute;n entre vosotros se advierte la urgencia de una recuperaci&oacute;n de las vocaciones sacerdotales y de especial consagraci&oacute;n: hago un llamamiento a las familias y a los j&oacute;venes, para que abran su alma a una pronta respuesta a la llamada del Se&ntilde;or. &iexcl;Nunca nos arrepentiremos de ser generosos con Dios! A vosotros, laicos, os recomiendo que os compromet&aacute;is activamente en la comunidad, de modo que, junto a vuestras peculiares obligaciones c&iacute;vicas, pol&iacute;ticas, sociales y culturales, pod&aacute;is encontrar tiempo y disponibilidad para la vida de la fe, para la vida pastoral. Queridos sanmarinenses, permaneced firmemente fieles al patrimonio construido a lo largo de los siglos por impulso de vuestros grandes patronos, Marino y Le&oacute;n. Invoco la bendici&oacute;n de Dios sobre vuestro camino de hoy y de ma&ntilde;ana, y a todos os encomiendo &laquo;a la gracia de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, al amor de Dios y a la comuni&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (<i>2 Co<\/i> 13, 13). Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA DI&Oacute;CESIS DE SAN MARINO-MONTEFELTRO CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Estadio de Serravalle &#8211; Rep&uacute;blica de San Marino Domingo 19 de&nbsp; junio de 2011 Fiesta de la Sant&iacute;sima Trinidad (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Es grande mi alegr&iacute;a por poder partir con vosotros el pan de la Palabra &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-junio-de-2011-concelebracion-eucaristica-en-lo-estadio-de-serravalle-republica-de-san-marino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab19 de junio de 2011: Concelebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en lo Estadio de Serravalle (Rep\u00fablica de San Marino)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41011","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41011","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41011"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41011\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41011"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41011"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41011"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}