{"id":41012,"date":"2016-10-06T15:17:32","date_gmt":"2016-10-06T20:17:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-junio-de-2011-solemnidad-de-pentecostes\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:32","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:32","slug":"12-de-junio-de-2011-solemnidad-de-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-junio-de-2011-solemnidad-de-pentecostes\/","title":{"rendered":"12 de junio de 2011: Solemnidad de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110612.pdf\">CAPILLA PAPAL<\/a> EN LA <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/pentecost\/2011\/index_pentecoste_sp.htm\">SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Domingo 12 de junio de 2011<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\" face=\"Times New Roman \"> <b> <font face=\"Times New Roman\"> (<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_IPM1YRQD\">V&iacute;deo<\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b> <font color=\"#663300\" size=\"2\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20110612\/index.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Celebramos hoy la gran solemnidad de Pentecost&eacute;s. Aunque, en cierto sentido, todas las solemnidades lit&uacute;rgicas de la Iglesia son grandes, esta de Pentecost&eacute;s lo es de una manera singular, porque marca, llegado al quincuag&eacute;simo d&iacute;a, el cumplimiento del acontecimiento de la Pascua, de la muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, a trav&eacute;s del don del Esp&iacute;ritu del Resucitado. Para Pentecost&eacute;s nos ha preparado en los d&iacute;as pasados la Iglesia con su oraci&oacute;n, con la invocaci&oacute;n repetida e intensa a Dios para obtener una renovada efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo sobre nosotros. La Iglesia ha revivido as&iacute; lo que aconteci&oacute; en sus or&iacute;genes, cuando los Ap&oacute;stoles, reunidos en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, &laquo;perseveraban un&aacute;nimes en la oraci&oacute;n, junto con algunas mujeres y Mar&iacute;a, la madre de Jes&uacute;s, y con sus hermanos&raquo; (<i>Hch<\/i> 1, 14). Estaban reunidos en humilde y confiada espera de que se cumpliese la promesa del Padre que Jes&uacute;s les hab&iacute;a comunicado: &laquo;Ser&eacute;is bautizados con Esp&iacute;ritu Santo, dentro de no muchos d&iacute;as&#8230; Recibir&eacute;is la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo que va a venir sobre vosotros&raquo; (<i>Hch <\/i>1, 5.8).<\/p>\n<p>En la liturgia de Pentecost&eacute;s, a la narraci&oacute;n de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles <\/i>sobre el nacimiento de la Iglesia (cf. <i>Hch <\/i>2, 1-11) corresponde el salmo 103 que hemos escuchado: una alabanza de toda la creaci&oacute;n, que exalta al Esp&iacute;ritu Creador que lo hizo todo con sabidur&iacute;a: &laquo;&iexcl;Cu&aacute;ntas son tus obras, Se&ntilde;or, y todas las hiciste con sabidur&iacute;a! La tierra est&aacute; llena de tus criaturas&#8230; &iexcl;Gloria a Dios para siempre, goce el Se&ntilde;or con sus obras!&raquo; (<i>Sal<\/i> 103, 24.31). Lo que quiere decirnos la Iglesia es esto: el Esp&iacute;ritu creador de todas las cosas y el Esp&iacute;ritu Santo que Cristo hizo descender desde el Padre sobre la comunidad de los disc&iacute;pulos son uno y el mismo: creaci&oacute;n y redenci&oacute;n se pertenecen mutuamente y constituyen, en el fondo, un &uacute;nico misterio de amor y de salvaci&oacute;n. El Esp&iacute;ritu Santo es ante todo Esp&iacute;ritu Creador y por tanto Pentecost&eacute;s es tambi&eacute;n fiesta de la creaci&oacute;n. Para nosotros, los cristianos, el mundo es fruto de un acto de amor de Dios, que hizo todas las cosas y del que &eacute;l se alegra porque es &laquo;algo bueno&raquo;, &laquo;algo muy bueno&raquo;, como nos recuerda el relato de la Creaci&oacute;n (cf. <i>Gn<\/i> 1, 1-31). Por eso Dios no es el totalmente Otro, innombrable y oscuro. Dios se revela, tiene un rostro. Dios es raz&oacute;n, Dios es voluntad, Dios es amor, Dios es belleza. As&iacute; pues, la fe en el Esp&iacute;ritu Creador y la fe en el Esp&iacute;ritu que Cristo resucitado dio a los Ap&oacute;stoles y nos da a cada uno de nosotros est&aacute;n inseparablemente unidas.<\/p>\n<p>La segunda lectura y el Evangelio de hoy nos muestran esta conexi&oacute;n. El Esp&iacute;ritu Santo es Aquel que nos hace reconocer en Cristo al Se&ntilde;or, y nos hace pronunciar la profesi&oacute;n de fe de la Iglesia: &laquo;Jes&uacute;s es el Se&ntilde;or&raquo; (cf. <i>1 Co<\/i> 12, 3b). Se&ntilde;or es el t&iacute;tulo atribuido a Dios en el Antiguo Testamento, t&iacute;tulo que en la lectura de la Biblia tomaba el lugar de su nombre impronunciable. El <i>Credo <\/i>de la Iglesia no es sino el desarrollo de lo que se dice con esta sencilla afirmaci&oacute;n: &laquo;Jes&uacute;s es Se&ntilde;or&raquo;. De esta profesi&oacute;n de fe san Pablo nos dice que se trata precisamente de la palabra y de la obra del Esp&iacute;ritu. Si queremos estar en el Esp&iacute;ritu Santo, debemos adherirnos a este <i>Credo<\/i>. Haci&eacute;ndolo nuestro, acept&aacute;ndolo como nuestra palabra, accedemos a la obra del Esp&iacute;ritu Santo. La expresi&oacute;n &laquo;Jes&uacute;s es Se&ntilde;or&raquo; se puede leer en los dos sentidos. Significa: Jes&uacute;s es Dios y, al mismo tiempo, Dios es Jes&uacute;s. El Esp&iacute;ritu Santo ilumina esta reciprocidad: Jes&uacute;s tiene dignidad divina, y Dios tiene el rostro humano de Jes&uacute;s. Dios se muestra en Jes&uacute;s, y con ello nos da la verdad sobre nosotros mismos. Dejarse iluminar en lo m&aacute;s profundo por esta palabra es el acontecimiento de Pentecost&eacute;s. Al rezar el <i>Credo <\/i>entramos en el misterio del primer Pentecost&eacute;s: del desconcierto de Babel, de aquellas voces que resuenan una contra otra, y produce una transformaci&oacute;n radical: la multiplicidad se hace unidad multiforme, por el poder unificador de la Verdad crece la comprensi&oacute;n. En el <i>Credo<\/i>, que nos une desde todos los lugares de la Tierra, se forma la nueva comunidad de la Iglesia de Dios, que, mediante el Esp&iacute;ritu Santo, hace que nos comprendamos aun en la diversidad de las lenguas, a trav&eacute;s de la fe, la esperanza y el amor.<\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico nos ofrece, despu&eacute;s, una imagen maravillosa para aclarar la conexi&oacute;n entre Jes&uacute;s, el Esp&iacute;ritu Santo y el Padre: el Esp&iacute;ritu Santo se presenta como el soplo de Jesucristo resucitado (cf. <i>Jn <\/i>20, 22). El evangelista san Juan retoma aqu&iacute; una imagen del relato de la creaci&oacute;n, donde se dice que Dios sopl&oacute; en la nariz del hombre un aliento de vida (cf. <i>Gn<\/i> 2, 7). El soplo de Dios es vida. Ahora, el Se&ntilde;or sopla en nuestra alma un nuevo aliento de vida, el Esp&iacute;ritu Santo, su m&aacute;s &iacute;ntima esencia, y de este modo nos acoge en la familia de Dios. Con el Bautismo y la Confirmaci&oacute;n se nos hace este don de modo espec&iacute;fico, y con los sacramentos de la Eucarist&iacute;a y de la Penitencia se repite continuamente: el Se&ntilde;or sopla en nuestra alma un aliento de vida. Todos los sacramentos, cada uno a su manera, comunican al hombre la vida divina, gracias al Esp&iacute;ritu Santo que act&uacute;a en ellos.<\/p>\n<p>En la liturgia de hoy vemos tambi&eacute;n una conexi&oacute;n ulterior. El Esp&iacute;ritu Santo es Creador, es al mismo tiempo Esp&iacute;ritu de Jesucristo, pero de modo que el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo son un solo y &uacute;nico Dios. Y a la luz de la primera lectura podemos a&ntilde;adir: el Esp&iacute;ritu Santo anima a la Iglesia. Esta no procede de la voluntad humana, de la reflexi&oacute;n, de la habilidad del hombre o de su capacidad organizativa, pues, si fuese as&iacute;, ya se habr&iacute;a extinguido desde hace mucho tiempo, como sucede con todo lo humano. La Iglesia, en cambio, es el Cuerpo de Cristo, animado por el Esp&iacute;ritu Santo. Las im&aacute;genes del viento y del fuego, usadas por san Lucas para representar la venida del Esp&iacute;ritu Santo (cf. <i>Hch<\/i> 2, 2-3), recuerdan el Sina&iacute;, donde Dios se hab&iacute;a revelado al pueblo de Israel y le hab&iacute;a concedido su alianza; &laquo;la monta&ntilde;a del Sina&iacute; humeaba \u2014se lee en el <i>libro del &Eacute;xodo<\/i>\u2014, porque el Se&ntilde;or hab&iacute;a descendido sobre ella en medio del fuego&raquo; (19, 18). De hecho, Israel festej&oacute; el quincuag&eacute;simo d&iacute;a despu&eacute;s de la Pascua, despu&eacute;s de la conmemoraci&oacute;n de la hu&iacute;da de Egipto, como la fiesta del Sina&iacute;, la fiesta del Pacto. Cuando san Lucas habla de lenguas de fuego para representar al Esp&iacute;ritu Santo, se recuerda ese antiguo Pacto, establecido sobre la base de la Ley recibida por Israel en el Sina&iacute;. As&iacute; el acontecimiento de Pentecost&eacute;s se representa como un nuevo Sina&iacute;, como el don de un nuevo Pacto en el que la alianza con Israel se extiende a todos los pueblos de la Tierra, en el que caen todas las barreras de la antigua Ley y aparece su coraz&oacute;n m&aacute;s santo e inmutable, es decir, el amor, que precisamente el Esp&iacute;ritu Santo comunica y difunde, el amor que lo abraza todo. Al mismo tiempo la Ley se dilata, se abre, aun volvi&eacute;ndose m&aacute;s sencilla: es el nuevo Pacto, que el Esp&iacute;ritu &laquo;escribe&raquo; en el coraz&oacute;n de cuantos creen en Cristo. San Lucas representa la extensi&oacute;n del Pacto a todos los pueblos de la tierra a trav&eacute;s de una lista de poblaciones considerable para aquella &eacute;poca (cf. <i>Hch <\/i>2, 9-11). Con esto se nos dice algo muy importante: que la Iglesia es cat&oacute;lica desde el primer momento, que su universalidad no es fruto de la inclusi&oacute;n sucesiva de comunidades diversas. De hecho, desde el primer instante, el Esp&iacute;ritu Santo la cre&oacute; como Iglesia de todos los pueblos; abraza al mundo entero, supera todas las fronteras de raza, clase, naci&oacute;n; abate todas las barreras y une a los hombres en la profesi&oacute;n del Dios uno y trino. Desde el principio la Iglesia es una, cat&oacute;lica y apost&oacute;lica: esta es su verdadera naturaleza y como tal debe ser reconocida. Es santa no gracias a la capacidad de sus miembros, sino porque Dios mismo, con su Esp&iacute;ritu, la crea, la purifica y la santifica siempre.<\/p>\n<p>Por &uacute;ltimo, el Evangelio de hoy nos entrega esta bell&iacute;sima expresi&oacute;n: &laquo;Los disc&iacute;pulos se llenaron de alegr&iacute;a al ver al Se&ntilde;or&raquo; (<i>Jn<\/i> 20, 20). Estas palabras son profundamente humanas. El Amigo perdido est&aacute; presente de nuevo, y quien antes estaba turbado se alegra. Pero dicen mucho m&aacute;s. Porque el Amigo perdido no viene de un lugar cualquiera, sino de la noche de la muerte; &iexcl;y &eacute;l la ha atravesado! &Eacute;l no es uno cualquiera, sino que es el Amigo y al mismo tiempo Aquel que es la Verdad que da vida a los hombres; y lo que da no es una alegr&iacute;a cualquiera, sino la alegr&iacute;a misma, don del Esp&iacute;ritu Santo. S&iacute;, es hermoso vivir porque soy amado, y es la Verdad la que me ama. Se alegraron los disc&iacute;pulos al ver al Se&ntilde;or. Hoy, en Pentecost&eacute;s, esta expresi&oacute;n est&aacute; destinada tambi&eacute;n a nosotros, porque en la fe podemos verlo; en la fe viene a nosotros, y tambi&eacute;n a nosotros nos ense&ntilde;a las manos y el costado, y nosotros nos alegramos. Por ello queremos rezar: &iexcl;Se&ntilde;or, mu&eacute;strate! Haznos el don de tu presencia y tendremos el don m&aacute;s bello: tu alegr&iacute;a. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL EN LA SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 12 de junio de 2011 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Celebramos hoy la gran solemnidad de Pentecost&eacute;s. 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