{"id":41015,"date":"2016-10-06T15:17:36","date_gmt":"2016-10-06T20:17:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-mayo-de-2011-beatificacion-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:36","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:36","slug":"1-de-mayo-de-2011-beatificacion-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-mayo-de-2011-beatificacion-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii\/","title":{"rendered":"1 de mayo de 2011: Beatificaci\u00f3n del Siervo de Dios Juan Pablo II"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110501.pdf\"> CAPILLA PAPAL<\/a><br \/> <font color=\"#663300\">CON OCASI&Oacute;N DE LA <br \/> <\/font> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/anniversario_gpii\/documents\/index_sp.htm\">BEATIFICACI&Oacute;N DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II<\/a><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <i> Plaza de San Pedro <b> <br \/> <\/b> <\/i><em>Domingo 1 de mayo de 2011<\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> <b>(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/beatificazionegpii01052011.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<\/b><\/font><br \/> <i><b> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20110501\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Hace seis a&ntilde;os nos encontr&aacute;bamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su p&eacute;rdida era profundo, pero m&aacute;s grande todav&iacute;a era el sentido de una inmensa gracia que envolv&iacute;a a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel d&iacute;a percib&iacute;amos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifest&oacute; de muchas maneras su veneraci&oacute;n hacia &eacute;l. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificaci&oacute;n procediera con razonable rapidez. Y he aqu&iacute; que el d&iacute;a esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque as&iacute; lo ha querido el Se&ntilde;or: Juan Pablo II es beato.<\/p>\n<p>Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en n&uacute;mero tan grande, desde todo el mundo, hab&eacute;is venido a Roma, para esta feliz circunstancia, a los se&ntilde;ores cardenales, a los patriarcas de las Iglesias cat&oacute;licas orientales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a trav&eacute;s de la radio y la televisi&oacute;n.<\/p>\n<p>&Eacute;ste es el segundo domingo de Pascua, que el beato Juan Pablo II <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/2000\/documents\/hf_jp-ii_hom_20000430_faustina.html\">dedic&oacute; a la Divina Misericordia<\/a>. Por eso se eligi&oacute; este d&iacute;a para la celebraci&oacute;n de hoy, porque mi Predecesor, gracias a un designio providencial, entreg&oacute; el esp&iacute;ritu a Dios precisamente en la tarde de la vigilia de esta fiesta. Adem&aacute;s, hoy es el primer d&iacute;a del mes de mayo, el mes de Mar&iacute;a; y es tambi&eacute;n la memoria de san Jos&eacute; obrero. Estos elementos contribuyen a enriquecer nuestra oraci&oacute;n, nos ayudan a nosotros que todav&iacute;a peregrinamos en el tiempo y el espacio. En cambio, qu&eacute; diferente es la fiesta en el Cielo entre los &aacute;ngeles y santos. Y, sin embargo, hay un solo Dios, y un Cristo Se&ntilde;or que, como un puente une la tierra y el cielo, y nosotros nos sentimos en este momento m&aacute;s cerca que nunca, como participando de la Liturgia celestial.<\/p>\n<p>&laquo;Dichosos los que crean sin haber visto&raquo; (<i>Jn<\/i> 20, 29). En el evangelio de hoy, Jes&uacute;s pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificaci&oacute;n, y m&aacute;s a&uacute;n porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apost&oacute;lica. E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: &laquo;&iexcl;Dichoso t&uacute;, Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que est&aacute; en el cielo&raquo; (<i>Mt<\/i> 16, 17). &iquest;Qu&eacute; es lo que el Padre celestial revel&oacute; a Sim&oacute;n? Que Jes&uacute;s es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Sim&oacute;n se convierte en &laquo;Pedro&raquo;, la roca sobre la que Jes&uacute;s edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, est&aacute; incluida en estas palabras de Cristo: &laquo;Dichoso, t&uacute;, Sim&oacute;n&raquo; y &laquo;Dichosos los que crean sin haber visto&raquo;. &Eacute;sta es la bienaventuranza de la fe, que tambi&eacute;n Juan Pablo II recibi&oacute; de Dios Padre, como un don para la edificaci&oacute;n de la Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p>Pero nuestro pensamiento se dirige a otra bienaventuranza, que en el evangelio precede a todas las dem&aacute;s. Es la de la Virgen Mar&iacute;a, la Madre del Redentor. A ella, que acababa de concebir a Jes&uacute;s en su seno, santa Isabel le dice: &laquo;Dichosa t&uacute;, que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 45). La bienaventuranza de la fe tiene su modelo en Mar&iacute;a, y todos nos alegramos de que la beatificaci&oacute;n de Juan Pablo II tenga lugar en el primer d&iacute;a del mes mariano, bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Ap&oacute;stoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la c&aacute;tedra de Pedro. Mar&iacute;a no aparece en las narraciones de la resurrecci&oacute;n de Cristo, pero su presencia est&aacute; como oculta en todas partes: ella es la Madre a la que Jes&uacute;s confi&oacute; cada uno de los disc&iacute;pulos y toda la comunidad. De modo particular, notamos que la presencia efectiva y materna de Mar&iacute;a ha sido registrada por san Juan y san Lucas en los contextos que preceden a los del evangelio de hoy y de la primera lectura: en la narraci&oacute;n de la muerte de Jes&uacute;s, donde Mar&iacute;a aparece al pie de la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 19, 25); y al comienzo de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, que la presentan en medio de los disc&iacute;pulos reunidos en oraci&oacute;n en el cen&aacute;culo (cf. <i>Hch<\/i>. 1, 14).<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n la segunda lectura de hoy nos habla de la fe, y es precisamente san Pedro quien escribe, lleno de entusiasmo espiritual, indicando a los nuevos bautizados las razones de su esperanza y su alegr&iacute;a. Me complace observar que en este pasaje, al comienzo de su <i>Primera carta<\/i>, Pedro no se expresa en un modo exhortativo, sino indicativo; escribe, en efecto: &laquo;Por ello os <i>alegr&aacute;is<\/i>&raquo;, y a&ntilde;ade: &laquo;No hab&eacute;is visto a Jesucristo, y lo <i>am&aacute;is<\/i>; no lo veis, y <i> cre&eacute;is<\/i> en &eacute;l; y os <i>alegr&aacute;is<\/i> con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando as&iacute; la meta de vuestra fe: vuestra propia salvaci&oacute;n&raquo; (<i>1 P<\/i> 1, 6.8-9). Todo est&aacute; en indicativo porque hay una nueva realidad, generada por la resurrecci&oacute;n de Cristo, una realidad accesible a la fe. &laquo;Es el Se&ntilde;or quien lo ha hecho \u2013dice el <i>Salmo<\/i> (118, 23)\u2013 ha sido un milagro patente&raquo;, patente a los ojos de la fe.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se a&ntilde;ade a la multitud de santos y beatos que &eacute;l proclam&oacute; durante sus casi 27 a&ntilde;os de pontificado, recordando con fuerza la vocaci&oacute;n universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constituci&oacute;n conciliar sobre la Iglesia <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>. Todos los miembros del Pueblo de Dios \u2013obispos, sacerdotes, di&aacute;conos, fieles laicos, religiosos, religiosas\u2013 estamos en camino hacia la patria celestial, donde nos ha precedido la Virgen Mar&iacute;a, asociada de modo singular y perfecto al misterio de Cristo y de la Iglesia. Karol Wojty&#x142;a, primero como Obispo Auxiliar y despu&eacute;s como Arzobispo de Cracovia, particip&oacute; en el Concilio Vaticano II y sab&iacute;a que dedicar a Mar&iacute;a el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del Documento sobre la Iglesia significaba poner a la Madre del Redentor como imagen y modelo de santidad para todos los cristianos y para la Iglesia entera. Esta visi&oacute;n teol&oacute;gica es la que el beato Juan Pablo II descubri&oacute; de joven y que despu&eacute;s conserv&oacute; y profundiz&oacute; durante toda su vida. Una visi&oacute;n que se resume en el icono b&iacute;blico de Cristo en la cruz, y a sus pies Mar&iacute;a, su madre. Un icono que se encuentra en el evangelio de Juan (19, 25-27) y que qued&oacute; sintetizado en el escudo episcopal y posteriormente papal de Karol Wojty&#x142;a: una cruz de oro, una &laquo;eme&raquo; abajo, a la derecha, y el lema: &laquo;<i>Totus tuus<\/i>&raquo;, que corresponde a la c&eacute;lebre expresi&oacute;n de san Luis Mar&iacute;a Grignion de Monfort, en la que Karol Wojty&#x142;a encontr&oacute; un principio fundamental para su vida: &laquo;<i>Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum, Maria<\/i> -Soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. T&uacute; eres mi todo, oh Mar&iacute;a; pr&eacute;stame tu coraz&oacute;n&raquo;. (<i>Tratado de la verdadera devoci&oacute;n a la Sant&iacute;sima Virgen<\/i>, n. 266).<\/p>\n<p>El nuevo Beato escribi&oacute; en su testamento: &laquo;Cuando, en el d&iacute;a 16 de octubre de 1978, el c&oacute;nclave de los cardenales escogi&oacute; a Juan Pablo II, el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszy&#x144;ski, me dijo: \u201cLa tarea del nuevo Papa consistir&aacute; en introducir a la Iglesia en el tercer milenio\u201d&raquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &laquo;Deseo expresar una vez m&aacute;s gratitud al Esp&iacute;ritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, con respecto al cual, junto con la Iglesia entera, y en especial con todo el Episcopado, me siento en deuda. Estoy convencido de que durante mucho tiempo a&uacute;n las nuevas generaciones podr&aacute;n recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado. Como obispo que particip&oacute; en el acontecimiento conciliar desde el primer d&iacute;a hasta el &uacute;ltimo, deseo confiar este gran patrimonio a todos los que est&aacute;n y estar&aacute;n llamados a aplicarlo. Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grand&iacute;sima causa a lo largo de todos los a&ntilde;os de mi pontificado&raquo;. &iquest;Y cu&aacute;l es esta &laquo;causa&raquo;? Es la misma que Juan Pablo II anunci&oacute; en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: &laquo;&iexcl;No tem&aacute;is! !Abrid, m&aacute;s todav&iacute;a, abrid de par en par las puertas a Cristo!&raquo;. Aquello que el Papa reci&eacute;n elegido ped&iacute;a a todos, &eacute;l mismo lo llev&oacute; a cabo en primera persona: abri&oacute; a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le ven&iacute;a de Dios, una tendencia que pod&iacute;a parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apost&oacute;lico, acompa&ntilde;ado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Naci&oacute;n polaca ayud&oacute; a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayud&oacute; a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garant&iacute;a de libertad. M&aacute;s en s&iacute;ntesis todav&iacute;a: nos devolvi&oacute; la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es <i>Redemptor hominis<\/i>, Redentor del hombre: el tema de <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0038\/_INDEX.HTM\">su primera Enc&iacute;clica<\/a> e hilo conductor de todas las dem&aacute;s.<\/p>\n<p>Karol Wojty&#x142;a subi&oacute; al Solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexi&oacute;n sobre la confrontaci&oacute;n entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue &eacute;ste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su &laquo;timonel&raquo;, el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo &eacute;l pudo llamar &laquo;umbral de la esperanza&raquo;. S&iacute;, &eacute;l, a trav&eacute;s del largo camino de preparaci&oacute;n para el Gran Jubileo, dio al cristianismo una renovada orientaci&oacute;n hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide tambi&eacute;n en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideolog&iacute;a del progreso, &eacute;l la reivindic&oacute; leg&iacute;timamente para el cristianismo, restituy&eacute;ndole la fisonom&iacute;a aut&eacute;ntica de la esperanza, de vivir en la historia con un esp&iacute;ritu de &laquo;adviento&raquo;, con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz.<\/p>\n<p>Quisiera finalmente dar gracias tambi&eacute;n a Dios por la experiencia personal que me concedi&oacute;, de colaborar durante mucho tiempo con el beato Papa Juan Pablo II. Ya antes hab&iacute;a tenido ocasi&oacute;n de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llam&oacute; a Roma como Prefecto de la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe, durante 23 a&ntilde;os pude estar cerca de &eacute;l y venerar cada vez m&aacute;s su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sosten&iacute;an mi servicio. El ejemplo de su oraci&oacute;n siempre me ha impresionado y edificado: &eacute;l se sumerg&iacute;a en el encuentro con Dios, aun en medio de las m&uacute;ltiples ocupaciones de su ministerio. Y despu&eacute;s, su testimonio en el sufrimiento: el Se&ntilde;or lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo &eacute;l permanec&iacute;a siempre como una &laquo;roca&raquo;, como Cristo quer&iacute;a. Su profunda humildad, arraigada en la &iacute;ntima uni&oacute;n con Cristo, le permiti&oacute; seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje a&uacute;n m&aacute;s elocuente, precisamente cuando sus fuerzas f&iacute;sicas iban disminuyendo. As&iacute;, &eacute;l realiz&oacute; de modo extraordinario la vocaci&oacute;n de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jes&uacute;s al que cotidianamente recibe y ofrece en la Iglesia.<\/p>\n<p>&iexcl;Dichoso t&uacute;, amado Papa Juan Pablo, porque has cre&iacute;do! Te rogamos que contin&uacute;es sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Desde el Palacio nos has bendecido muchas veces en esta Plaza. Hoy te rogamos: Santo Padre: bend&iacute;cenos. &nbsp;Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL CON OCASI&Oacute;N DE LA BEATIFICACI&Oacute;N DEL SIERVO DE DIOS JUAN PABLO II HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro Domingo 1 de mayo de 2011 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Hace seis a&ntilde;os nos encontr&aacute;bamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-mayo-de-2011-beatificacion-del-siervo-de-dios-juan-pablo-ii\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de mayo de 2011: Beatificaci\u00f3n del Siervo de Dios Juan Pablo II\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41015","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41015","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41015"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41015\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41015"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41015"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41015"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}