{"id":41017,"date":"2016-10-06T15:17:38","date_gmt":"2016-10-06T20:17:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-abril-de-2011-santa-misa-crismal\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:38","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:38","slug":"21-de-abril-de-2011-santa-misa-crismal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-abril-de-2011-santa-misa-crismal\/","title":{"rendered":"21 de abril de 2011: Santa Misa crismal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110421_cena_domini.pdf\">SANTA MISA EN LA CENA DEL SE&Ntilde;OR<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"> Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves Santo 21 de abril de 201<\/font><\/i><font color=\"#663300\"><i>1<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> <b>(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/coema-domini21042011.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/b><\/font> <span lang=\"es\"> <font size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> <b> <i> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20110421-a\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/i><\/b><\/font><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer&raquo; (<i>Lc<\/i> 22,15). Con estas palabras, Jes&uacute;s comenz&oacute; la celebraci&oacute;n de su &uacute;ltima cena y de la instituci&oacute;n de la santa Eucarist&iacute;a. Jes&uacute;s tuvo grandes deseos de ir al encuentro de aquella hora. Anhelaba en su interior ese momento en el que se iba a dar a los suyos bajo las especies del pan y del vino. Esperaba aquel momento que tendr&iacute;a que ser en cierto modo el de las verdaderas bodas mesi&aacute;nicas: la transformaci&oacute;n de los dones de esta tierra y el llegar a ser uno con los suyos, para transformarlos y comenzar as&iacute; la transformaci&oacute;n del mundo. En el deseo de Jes&uacute;s podemos reconocer el deseo de Dios mismo, su amor por los hombres, por su creaci&oacute;n, un amor que espera. El amor que aguarda el momento de la uni&oacute;n, el amor que quiere atraer hacia s&iacute; a todos los hombres, cumpliendo tambi&eacute;n as&iacute; lo que la misma creaci&oacute;n espera; en efecto, ella aguarda la manifestaci&oacute;n de los hijos de Dios (cf. <i>Rm<\/i> 8,19). Jes&uacute;s nos desea, nos espera. Y nosotros, &iquest;tenemos verdaderamente deseo de &eacute;l? &iquest;No sentimos en nuestro interior el impulso de ir a su encuentro? &iquest;Anhelamos su cercan&iacute;a, ese ser uno con &eacute;l, que se nos regala en la Eucarist&iacute;a? &iquest;O somos, m&aacute;s bien, indiferentes, distra&iacute;dos, ocupados totalmente en otras cosas? Por las par&aacute;bolas de Jes&uacute;s sobre los banquetes, sabemos que &eacute;l conoce la realidad de que hay puestos que quedan vac&iacute;os, la respuesta negativa, el desinter&eacute;s por &eacute;l y su cercan&iacute;a. Los puestos vac&iacute;os en el banquete nupcial del Se&ntilde;or, con o sin excusas, son para nosotros, ya desde hace tiempo, no una par&aacute;bola sino una realidad actual, precisamente en aquellos pa&iacute;ses en los que hab&iacute;a mostrado su particular cercan&iacute;a. Jes&uacute;s tambi&eacute;n ten&iacute;a experiencia de aquellos invitados que vendr&iacute;an, s&iacute;, pero sin ir vestidos con el traje de boda, sin alegr&iacute;a por su cercan&iacute;a, como cumpliendo s&oacute;lo una costumbre y con una orientaci&oacute;n de sus vidas completamente diferente. San Gregorio Magno, en una de sus homil&iacute;as se preguntaba: &iquest;Qu&eacute; tipo de personas son aquellas que vienen sin el traje nupcial? &iquest;En qu&eacute; consiste este traje y como se consigue? Su respuesta dice as&iacute;: Los que han sido llamados y vienen, en cierto modo tienen fe. Es la fe la que les abre la puerta. Pero les falta el traje nupcial del amor. Quien vive la fe sin amor no est&aacute; preparado para la boda y es arrojado fuera. La comuni&oacute;n eucar&iacute;stica exige la fe, pero la fe requiere el amor, de lo contrario tambi&eacute;n como fe est&aacute; muerta.<\/p>\n<p>Sabemos por los cuatro Evangelios que la &uacute;ltima cena de Jes&uacute;s, antes de la Pasi&oacute;n, fue tambi&eacute;n un lugar de anuncio. Jes&uacute;s propuso una vez m&aacute;s con insistencia los elementos fundamentales de su mensaje. Palabra y Sacramento, mensaje y don est&aacute;n indisolublemente unidos. Pero durante la &Uacute;ltima Cena, Jes&uacute;s sobre todo or&oacute;. Mateo, Marcos y Lucas utilizan dos palabras para describir la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s en el momento central de la Cena: &laquo;<i>eucharistesas<\/i>&raquo; y &laquo;<i>eulogesas<\/i>&raquo; -&laquo;agradecer&raquo; y &laquo;bendecir&raquo;. El movimiento ascendente del agradecimiento y el descendente de la bendici&oacute;n van juntos. Las palabras de la transustanciaci&oacute;n son parte de esta oraci&oacute;n de Jes&uacute;s. Son palabras de plegaria. Jes&uacute;s transforma su Pasi&oacute;n en oraci&oacute;n, en ofrenda al Padre por los hombres. Esta transformaci&oacute;n de su sufrimiento en amor posee una fuerza transformadora para los dones, en los que &eacute;l ahora se da a s&iacute; mismo. &Eacute;l nos los da para que nosotros y el mundo seamos transformados. El objetivo propio y &uacute;ltimo de la transformaci&oacute;n eucar&iacute;stica es nuestra propia transformaci&oacute;n en la comuni&oacute;n con Cristo. La Eucarist&iacute;a apunta al hombre nuevo, al mundo nuevo, tal como &eacute;ste puede nacer s&oacute;lo a partir de Dios mediante la obra del Siervo de Dios.<\/p>\n<p>Gracias a Lucas y, sobre todo, a Juan sabemos que Jes&uacute;s en su oraci&oacute;n durante la &Uacute;ltima Cena dirigi&oacute; tambi&eacute;n peticiones al Padre, s&uacute;plicas que contienen al mismo tiempo un llamamiento a sus disc&iacute;pulos de entonces y de todos los tiempos. Quisiera en este momento referirme s&oacute;lo una s&uacute;plica que, seg&uacute;n Juan, Jes&uacute;s repiti&oacute; cuatro veces en su oraci&oacute;n sacerdotal. &iexcl;Cu&aacute;nta angustia debi&oacute; sentir en su interior! Esta oraci&oacute;n sigue siendo de continuo su oraci&oacute;n al Padre por nosotros: es la plegaria por la unidad. Jes&uacute;s dice expl&iacute;citamente que esta s&uacute;plica vale no s&oacute;lo para los disc&iacute;pulos que estaban entonces presentes, sino que apunta a todos los que creer&aacute;n en &eacute;l (cf. <i>Jn<\/i> 17, 20). Pide que todos sean uno &laquo;como t&uacute;, Padre, en m&iacute;, y yo en ti, para que el mundo crea&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 21). La unidad de los cristianos s&oacute;lo se da si los cristianos est&aacute;n &iacute;ntimamente unidos a &eacute;l, a Jes&uacute;s. Fe y amor por Jes&uacute;s, fe en su ser uno con el Padre y apertura a la unidad con &eacute;l son esenciales. Esta unidad no es algo solamente interior, m&iacute;stico. Se ha de hacer visible, tan visible que constituya para el mundo la prueba de la misi&oacute;n de Jes&uacute;s por parte del Padre. Por eso, esa s&uacute;plica tiene un sentido eucar&iacute;stico escondido, que Pablo ha resaltado con claridad en la <i>Primera&nbsp;carta a los Corintios<\/i>: &laquo;El pan que partimos, &iquest;no nos une a todos en el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y as&iacute; nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan&raquo; (<i>1 Co<\/i> 10, 16s). La Iglesia nace con la Eucarist&iacute;a. Todos nosotros comemos del mismo pan, recibimos el mismo cuerpo del Se&ntilde;or y eso significa: &Eacute;l nos abre a cada uno m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo. &Eacute;l nos hace uno entre todos nosotros. La Eucarist&iacute;a es el misterio de la &iacute;ntima cercan&iacute;a y comuni&oacute;n de cada uno con el Se&ntilde;or. Y, al mismo tiempo, es la uni&oacute;n visible entre todos. La Eucarist&iacute;a es sacramento de la unidad. Llega hasta el misterio trinitario, y crea as&iacute; a la vez la unidad visible. Dig&aacute;moslo de nuevo: ella es el encuentro personal&iacute;simo con el Se&ntilde;or y, sin embargo, nunca es un mero acto de devoci&oacute;n individual. La celebramos necesariamente juntos. En cada comunidad est&aacute; el Se&ntilde;or en su totalidad. Pero es el mismo en todas las comunidades. Por eso, forman parte necesariamente de la Oraci&oacute;n eucar&iacute;stica de la Iglesia las palabras: &laquo;<i>una cum Papa nostro et cum Episcopo nostro<\/i>&raquo;. Esto no es un a&ntilde;adido exterior a lo que sucede interiormente, sino expresi&oacute;n necesaria de la realidad eucar&iacute;stica misma. Y nombramos al Papa y al Obispo por su nombre: la unidad es totalmente concreta, tiene nombres. As&iacute;, se hace visible la unidad, se convierte en signo para el mundo y establece para nosotros mismos un criterio concreto.<\/p>\n<p>San Lucas nos ha conservado un elemento concreto de la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s por la unidad: &laquo;Sim&oacute;n, Sim&oacute;n, mira que Satan&aacute;s os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y t&uacute;, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos&raquo; (<i>Lc<\/i> 22, 31s). Hoy comprobamos de nuevo con dolor que a Satan&aacute;s se le ha concedido cribar a los disc&iacute;pulos de manera visible delante de todo el mundo. Y sabemos que Jes&uacute;s ora por la fe de Pedro y de sus sucesores. Sabemos que Pedro, que va al encuentro del Se&ntilde;or a trav&eacute;s de las aguas agitadas de la historia y est&aacute; en peligro de hundirse, est&aacute; siempre sostenido por la mano del Se&ntilde;or y es guiado sobre las aguas. Pero despu&eacute;s sigue un anuncio y un encargo. &laquo;T&uacute;, cuando te hayas convertido\u2026&raquo;: Todos los seres humanos, excepto Mar&iacute;a, tienen necesidad de convertirse continuamente. Jes&uacute;s predice la ca&iacute;da de Pedro y su conversi&oacute;n. &iquest;De qu&eacute; ha tenido que convertirse Pedro? Al comienzo de su llamada, asustado por el poder divino del Se&ntilde;or y por su propia miseria, Pedro hab&iacute;a dicho: &laquo;Se&ntilde;or, ap&aacute;rtate de m&iacute;, que soy un hombre pecador&raquo; (<i>Lc<\/i> 5, 8). En la presencia del Se&ntilde;or, &eacute;l reconoce su insuficiencia. As&iacute; es llamado precisamente en la humildad de quien se sabe pecador y debe siempre, continuamente, encontrar esta humildad. En Cesarea de Filipo, Pedro no hab&iacute;a querido aceptar que Jes&uacute;s tuviera que sufrir y ser crucificado. Esto no era compatible con su imagen de Dios y del Mes&iacute;as. En el Cen&aacute;culo no quiso aceptar que Jes&uacute;s le lavase los pies: eso no se ajustaba a su imagen de la dignidad del Maestro. En el Huerto de los Olivos blandi&oacute; la espada. Quer&iacute;a demostrar su valent&iacute;a. Sin embargo, delante de la sierva afirm&oacute; que no conoc&iacute;a a Jes&uacute;s. En aquel momento, eso le parec&iacute;a un peque&ntilde;a mentira para poder permanecer cerca de Jes&uacute;s. Su hero&iacute;smo se derrumb&oacute; en un juego mezquino por un puesto en el centro de los acontecimientos. Todos debemos aprender siempre a aceptar a Dios y a Jesucristo como &eacute;l es, y no como nos gustar&iacute;a que fuese. Tambi&eacute;n nosotros tenemos dificultad en aceptar que &eacute;l se haya unido a las limitaciones de su Iglesia y de sus ministros. Tampoco nosotros queremos aceptar que &eacute;l no tenga poder en el mundo. Tambi&eacute;n nosotros nos parapetamos detr&aacute;s de pretextos cuando nuestro pertenecer a &eacute;l se hace muy costoso o muy peligroso. Todos tenemos necesidad de una conversi&oacute;n que acoja a Jes&uacute;s en su ser-Dios y ser-Hombre. Tenemos necesidad de la humildad del disc&iacute;pulo que cumple la voluntad del Maestro. En este momento queremos pedirle que nos mire tambi&eacute;n a nosotros como mir&oacute; a Pedro, en el momento oportuno, con sus ojos ben&eacute;volos, y que nos convierta.<\/p>\n<p>Pedro, el convertido, fue llamado a confirmar a sus hermanos. No es un dato exterior que este cometido se le haya confiado en el Cen&aacute;culo. El servicio de la unidad tiene su lugar visible en la celebraci&oacute;n de la santa Eucarist&iacute;a. Queridos amigos, es un gran consuelo para el Papa saber que en cada celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica todos rezan por &eacute;l; que nuestra oraci&oacute;n se une a la oraci&oacute;n del Se&ntilde;or por Pedro. S&oacute;lo gracias a la oraci&oacute;n del Se&ntilde;or y de la Iglesia, el Papa puede corresponder a su misi&oacute;n de confirmar a los hermanos, de apacentar el reba&ntilde;o de Jes&uacute;s y de garantizar aquella unidad que se hace testimonio visible de la misi&oacute;n de Jes&uacute;s de parte del Padre.<\/p>\n<p>&laquo;Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros&raquo;. Se&ntilde;or, t&uacute; tienes deseos de nosotros, de m&iacute;. T&uacute; has deseado darte a nosotros en la santa Eucarist&iacute;a, de unirte a nosotros. Se&ntilde;or, suscita tambi&eacute;n en nosotros el deseo de ti. Fortal&eacute;cenos en la unidad contigo y entre nosotros. Da a tu Iglesia la unidad, para que el mundo crea. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA CENA DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves Santo 21 de abril de 2011 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; &laquo;Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer&raquo; (Lc 22,15). 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