{"id":41019,"date":"2016-10-06T15:17:41","date_gmt":"2016-10-06T20:17:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-abril-de-2011-domingo-de-ramos-xxvi-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:41","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:41","slug":"17-de-abril-de-2011-domingo-de-ramos-xxvi-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-abril-de-2011-domingo-de-ramos-xxvi-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"17 de abril de 2011: Domingo de Ramos &#8211; XXVI Jornada Mundial de la Juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110417.pdf\">CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS <br \/> Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Plaza de San Pedro<br \/> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/gmg\/documents\/gmg_2011_sp.html\">XXVI Jornada Mundial de la Juventud<\/a><br \/> Domingo 17 de abril de 2011 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> <b>(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa17042011.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<br \/> <\/b><\/font><span lang=\"es\"> <i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20110417\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas, <br \/> queridos j&oacute;venes:<\/i> <\/p>\n<p>Como cada a&ntilde;o, en el Domingo de Ramos, nos conmueve subir junto a Jes&uacute;s al monte, al santuario, acompa&ntilde;arlo en su acenso. En este d&iacute;a, por toda la faz de la tierra y a trav&eacute;s de todos los siglos, j&oacute;venes y gente de todas las edades lo aclaman gritando: \u201c&iexcl;Hosanna al Hijo de David! &iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!&raquo;.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;qu&eacute; hacemos realmente cuando nos unimos a la procesi&oacute;n, al cortejo de aquellos que junto con Jes&uacute;s sub&iacute;an a Jerusal&eacute;n y lo aclamaban como rey de Israel? &iquest;Es algo m&aacute;s que una ceremonia, que una bella tradici&oacute;n? &iquest;Tiene quiz&aacute;s algo que ver con la verdadera realidad de nuestra vida, de nuestro mundo? Para encontrar la respuesta, debemos clarificar ante todo qu&eacute; es lo que en realidad ha querido y ha hecho Jes&uacute;s mismo. Tras la profesi&oacute;n de fe, que Pedro hab&iacute;a realizado en Cesarea de Filipo, en el extremo norte de la Tierra Santa, Jes&uacute;s se hab&iacute;a dirigido como peregrino hacia Jerusal&eacute;n para la fiesta de la Pascua. Es un camino hacia el templo en la Ciudad Santa, hacia aquel lugar que aseguraba de modo particular a Israel la cercan&iacute;a de Dios a su pueblo. Es un camino hacia la fiesta com&uacute;n de la Pascua, memorial de la liberaci&oacute;n de Egipto y signo de la esperanza en la liberaci&oacute;n definitiva. &Eacute;l sabe que le espera una nueva Pascua, y que &eacute;l mismo ocupar&aacute; el lugar de los corderos inmolados, ofreci&eacute;ndose as&iacute; mismo en la cruz. Sabe que, en los dones misteriosos del pan y del vino, se entregar&aacute; para siempre a los suyos, les abrir&aacute; la puerta hacia un nuevo camino de liberaci&oacute;n, hacia la comuni&oacute;n con el Dios vivo. Es un camino hacia la altura de la Cruz, hacia el momento del amor que se entrega. El fin &uacute;ltimo de su peregrinaci&oacute;n es la altura de Dios mismo, a la cual &eacute;l quiere elevar al ser humano.<\/p>\n<p>Nuestra procesi&oacute;n de hoy por tanto quiere ser imagen de algo m&aacute;s profundo, imagen del hecho que, junto con Jes&uacute;s, comenzamos la peregrinaci&oacute;n: por el camino elevado hacia el Dios vivo. Se trata de esta subida. Es el camino al que Jes&uacute;s nos invita. Pero, &iquest;c&oacute;mo podemos mantener el paso en esta subida? &iquest;No sobrepasa quiz&aacute;s nuestras fuerzas? S&iacute;, est&aacute; por encima de nuestras posibilidades. Desde siempre los hombres est&aacute;n llenos \u2013 y hoy m&aacute;s que nunca \u2013 del deseo de \u201cser como Dios\u201d, de alcanzar esa misma altura de Dios. En todos los descubrimientos del esp&iacute;ritu humano se busca en &uacute;ltimo t&eacute;rmino obtener alas, para poderse elevar a la altura del Ser, para ser independiente, totalmente libre, como lo es Dios. Son tantas las cosas que ha podido llevar a cabo la humanidad: tenemos la capacidad de volar. Podemos vernos, escucharnos y hablar de un extremo al otro del mundo. Sin embargo, la fuerza de gravedad que nos tira hac&iacute;a abajo es poderosa. Junto con nuestras capacidades, no ha crecido solamente el bien. Tambi&eacute;n han aumentado las posibilidades del mal que se presentan como tempestades amenazadoras sobre la historia. Tambi&eacute;n permanecen nuestros l&iacute;mites: basta pensar en las cat&aacute;strofes que en estos meses han afligido y siguen afligiendo a la humanidad.<\/p>\n<p>Los Santos Padres han dicho que el hombre se encuentra en el punto de intersecci&oacute;n entre dos campos de gravedad. Ante todo, est&aacute; la fuerza que le atrae hacia abajo \u2013 hac&iacute;a el ego&iacute;smo, hacia la mentira y hacia el mal; la gravedad que nos abaja y nos aleja de la altura de Dios. Por otro lado, est&aacute; la fuerza de gravedad del amor de Dios: el ser amados de Dios y la respuesta de nuestro amor que nos atrae hacia lo alto. El hombre se encuentra en medio de esta doble fuerza de gravedad, y todo depende del poder escapar del campo de gravedad del mal y ser libres de dejarse atraer totalmente por la fuerza de gravedad de Dios, que nos hace aut&eacute;nticos, nos eleva, nos da la verdadera libertad.<\/p>\n<p>Tras la Liturgia de la Palabra, al inicio de la Plegar&iacute;a eucar&iacute;stica durante la cual el Se&ntilde;or entra en medio de nosotros, la Iglesia nos dirige la invitaci&oacute;n: \u201c<i>Sursum corda<\/i> \u2013 levantemos el coraz&oacute;n\u201d. Seg&uacute;n la concepci&oacute;n b&iacute;blica y la visi&oacute;n de los Santos Padres, el coraz&oacute;n es ese centro del hombre en el que se unen el intelecto, la voluntad y el sentimiento, el cuerpo y el alma. Ese centro en el que el esp&iacute;ritu se hace cuerpo y el cuerpo se hace esp&iacute;ritu; en el que voluntad, sentimiento e intelecto se unen en el conocimiento de Dios y en el amor por &Eacute;l. Este \u201ccoraz&oacute;n\u201d debe ser elevado. Pero repito: nosotros solos somos demasiado d&eacute;biles&nbsp; para elevar nuestro coraz&oacute;n hasta la altura de Dios. No somos capaces. Precisamente la soberbia de querer hacerlo solos nos derrumba y nos aleja de Dios. Dios mismo debe elevarnos, y esto es lo que Cristo comenz&oacute; en la cruz. &Eacute;l ha descendido hasta la extrema bajeza de la existencia humana, para elevarnos hacia &Eacute;l, hacia el Dios vivo. Se ha hecho humilde, dice hoy la segunda lectura. Solamente as&iacute; nuestra soberbia pod&iacute;a ser superada: la humildad de Dios es la forma extrema de su amor, y este amor humilde atrae hacia lo alto.<\/p>\n<p>El salmo procesional 23, que la Iglesia nos propone como \u201ccanto de subida\u201d para la liturgia de hoy, indica algunos elementos concretos que forman parte de nuestra subida, y sin los cuales no podemos ser levantados: las manos inocentes, el coraz&oacute;n puro, el rechazo de la mentira, la b&uacute;squeda del rostro de Dios. Las grandes conquistas de la t&eacute;cnica nos hacen libres y son elementos del progreso de la humanidad s&oacute;lo si est&aacute;n unidas a estas actitudes; si nuestras manos se hacen inocentes y nuestro coraz&oacute;n puro; si estamos en busca de la verdad, en busca de Dios mismo, y nos dejamos tocar e interpelar por su amor. Todos estos elementos de la subida son eficaces s&oacute;lo si reconocemos humildemente que debemos ser atra&iacute;dos hacia lo alto; si abandonamos la soberbia de querer hacernos Dios a nosotros mismos. Le necesitamos. &Eacute;l nos atrae hacia lo alto, sosteni&eacute;ndonos en sus manos \u2013es decir, en la fe\u2013 nos da la justa orientaci&oacute;n y la fuerza interior que nos eleva. Tenemos necesidad de la humildad de la fe que busca el rostro de Dios y se conf&iacute;a a la verdad de su amor.<\/p>\n<p>La cuesti&oacute;n de c&oacute;mo el hombre pueda llegar a lo alto, ser totalmente &eacute;l mismo y verdaderamente semejante a Dios, ha cuestionado siempre a la humanidad. Ha sido discutida apasionadamente por los fil&oacute;sofos plat&oacute;nicos del tercer y cuarto siglo. Su pregunta central era c&oacute;mo encontrar medios de purificaci&oacute;n, mediante los cuales el hombre pudiese liberarse del grave peso que lo abaja y poder ascender a la altura de su verdadero ser, a la altura de su divinidad. San Agust&iacute;n, en su b&uacute;squeda del camino recto, busc&oacute; por alg&uacute;n tiempo apoyo en aquellas filosof&iacute;as. Pero, al final, tuvo que reconocer que su respuesta no era suficiente, que con sus m&eacute;todos no habr&iacute;a alcanzado realmente a Dios. Dijo a sus representantes: reconoced por tanto que la fuerza del hombre y de todas sus purificaciones no bastan para llevarlo realmente a la altura de lo divino, a la altura adecuada. Y dijo que habr&iacute;a perdido la esperanza en s&iacute; mismo y en la existencia humana, si no hubiese encontrado a aquel que hace aquello que nosotros mismos no podemos hacer; aquel que nos eleva a la altura de Dios, a pesar de nuestra miseria: Jesucristo que, desde Dios, ha bajado hasta nosotros, y en su amor crucificado, nos toma de la mano y nos lleva hacia lo alto. <\/p>\n<p>Subimos con el Se&ntilde;or en peregrinaci&oacute;n. Buscamos el coraz&oacute;n puro y las manos inocentes, buscamos la verdad, buscamos el rostro de Dios. Manifestemos al Se&ntilde;or nuestro deseo de llegar a ser justos y le pedimos: &iexcl;Ll&eacute;vanos T&uacute; hacia lo alto! &iexcl;Haznos puros! Haz que nos sirva la Palabra que cantamos con el Salmo procesional, es decir que podamos pertenecer a la generaci&oacute;n que busca a Dios, \u201cque busca tu rostro, Dios de Jacob\u201d (<i>Sal<\/i> 23, 6). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font color=\"#663300\"><\/font><i><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro XXVI Jornada Mundial de la Juventud Domingo 17 de abril de 2011 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas, queridos j&oacute;venes: Como cada a&ntilde;o, en el Domingo de Ramos, nos conmueve subir junto &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/17-de-abril-de-2011-domingo-de-ramos-xxvi-jornada-mundial-de-la-juventud\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab17 de abril de 2011: Domingo de Ramos &#8211; XXVI Jornada Mundial de la Juventud\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41019","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41019","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41019"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41019\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41019"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41019"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41019"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}