{"id":41021,"date":"2016-10-06T15:17:44","date_gmt":"2016-10-06T20:17:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-marzo-de-2011-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:44","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:44","slug":"9-de-marzo-de-2011-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-marzo-de-2011-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/","title":{"rendered":"9 de marzo de 2011: Statio y Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110309.pdf\">STATIO Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL <br \/> DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO <br \/>A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA EN EL AVENTINO<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CEN<\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b>IZA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Bas&iacute;lica de Santa Sabina<br \/>Mi&eacute;rcoles de Ceniza, <\/i><em>9 de marzo de 2011<\/em><\/font><b><font face=\"Times New Roman\"> <\/font><\/b> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Comenzamos hoy el tiempo lit&uacute;rgico de Cuaresma con el sugestivo rito de la imposici&oacute;n de la ceniza, a trav&eacute;s del cual queremos asumir el compromiso de orientar nuestro coraz&oacute;n hacia el horizonte de la Gracia. Por lo general, en la opini&oacute;n de la mayor&iacute;a, este tiempo corre el peligro de evocar tristeza, el tono gris de la vida. En cambio, es un don precioso de Dios, es un tiempo fuerte y denso de significado en el camino de la Iglesia; es el itinerario hacia la Pascua del Se&ntilde;or. Las lecturas b&iacute;blicas de la celebraci&oacute;n de hoy nos ofrecen indicaciones para vivir en plenitud esta experiencia espiritual. <\/p>\n<p>&laquo;Convert&iacute;os a m&iacute; de todo coraz&oacute;n&raquo; (<i>Jl <\/i>2, 12). En la primera lectura, tomada del libro del profeta Joel, hemos escuchado estas palabras con las que Dios invita al pueblo jud&iacute;o a un arrepentimiento sincero, no ficticio. No se trata de una conversi&oacute;n superficial y transitoria, sino de un itinerario espiritual que concierne en profundidad a las actitudes de la conciencia, y supone un sincero prop&oacute;sito de enmienda. El profeta, con el fin de invitar a una penitencia interior, a rasgar el coraz&oacute;n, no las vestiduras (cf. 2, 13), se inspira en la plaga de la invasi&oacute;n de langostas que asol&oacute; al pueblo destruyendo los cultivos. Se trata, por tanto, de poner en pr&aacute;ctica una actitud de aut&eacute;ntica conversi&oacute;n a Dios \u2014volver a &eacute;l\u2014, reconociendo su santidad, su poder, su grandeza. Esta conversi&oacute;n es posible porque Dios es rico en misericordia y grande en el amor. Su misericordia es una misericordia regeneradora, que crea en nosotros un coraz&oacute;n puro, renueva por dentro con esp&iacute;ritu firme, devolvi&eacute;ndonos la alegr&iacute;a de la salvaci&oacute;n (cf. <i>Sal<\/i> 50, 14). Como dice el profeta, Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. <i>Ez<\/i> 33, 11). El profeta Joel ordena, en nombre del Se&ntilde;or, que se cree un ambiente penitencial propicio: es necesario tocar la trompeta, convocar la asamblea, despertar las conciencias. El per&iacute;odo cuaresmal nos propone este &aacute;mbito lit&uacute;rgico y penitencial: un camino de cuarenta d&iacute;as en el que podamos experimentar de manera eficaz el amor misericordioso de Dios. Hoy resuena para nosotros la llamada: &laquo;Convert&iacute;os a m&iacute; de todo coraz&oacute;n&raquo;. Hoy somos nosotros quienes recibimos la llamada a convertir nuestro coraz&oacute;n a Dios, siempre conscientes de que no podemos realizar nuestra conversi&oacute;n s&oacute;lo con nuestras fuerzas, porque es Dios quien nos convierte. &Eacute;l nos sigue ofreciendo su perd&oacute;n, invit&aacute;ndonos a volver a &eacute;l para darnos un coraz&oacute;n nuevo, purificado del mal que lo oprime, para hacernos part&iacute;cipes de su gozo. Nuestro mundo necesita ser convertido por Dios, necesita su perd&oacute;n, su amor; necesita un coraz&oacute;n nuevo.<\/p>\n<p>&laquo;Dejaos reconciliar con Dios&raquo; (<i>2 Co<\/i> 5, 20). En la segunda lectura, san Pablo nos ofrece otro elemento del camino de la conversi&oacute;n. El Ap&oacute;stol invita a desviar la mirada de &eacute;l, y a dirigir la atenci&oacute;n hacia quien lo envi&oacute; y al contenido de su mensaje: &laquo;Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconcili&eacute;is con Dios&raquo; (<i>ib.<\/i>). Un enviado transmite lo que escuch&oacute; de labios de su Se&ntilde;or y habla con la autoridad y dentro de los l&iacute;mites que ha recibido. Quien desempe&ntilde;a la funci&oacute;n de enviado no debe atraer la atenci&oacute;n sobre s&iacute; mismo, sino que debe ponerse al servicio del mensaje que debe transmitir y de quien lo envi&oacute;. As&iacute; act&uacute;a san Pablo al desempe&ntilde;ar su ministerio de predicador de la Palabra de Dios y de Ap&oacute;stol de Jesucristo. &Eacute;l no se echa atr&aacute;s ante la misi&oacute;n recibida, sino que la desempe&ntilde;a con entrega total, invitando a abrirse a la Gracia, a dejar que Dios nos convierta: &laquo;Como cooperadores suyos, \u2014escribe\u2014 os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios&raquo; (<i>2 Co<\/i> 6, 1). &laquo;La llamada de Cristo a la conversi&oacute;n \u2014nos dice el <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Catecismo de la Iglesia cat&oacute;lica<\/a><\/i>\u2014 sigue resonando en la vida de los cristianos. (&#8230;) Es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que \u201crecibe en su propio seno a los pecadores\u201d y que, \u201csanta al mismo tiempo que necesitada de purificaci&oacute;n constante, busca sin cesar la penitencia y la renovaci&oacute;n\u201d. Este esfuerzo de conversi&oacute;n no es s&oacute;lo una obra humana. Es el movimiento del \u201ccoraz&oacute;n contrito\u201d (<i>Sal<\/i> 51, 19), atra&iacute;do y movido por la gracia a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero&raquo; (n. 1428). San Pablo habla a los cristianos de Corinto, pero a trav&eacute;s de ellos quiere dirigirse a todos los hombres. En efecto, todos tienen necesidad de la gracia de Dios, que ilumine la mente y el coraz&oacute;n. El Ap&oacute;stol apremia: &laquo;Ahora es el tiempo favorable, ahora es el d&iacute;a de la salvaci&oacute;n&raquo; (<i>2 Co<\/i> 6, 2). Todos pueden abrirse a la acci&oacute;n de Dios, a su amor; con nuestro testimonio evang&eacute;lico, los cristianos debemos ser un mensaje viviente, m&aacute;s a&uacute;n, en muchas ocasiones somos el &uacute;nico Evangelio que los hombres de hoy todav&iacute;a leen. He aqu&iacute; nuestra responsabilidad siguiendo las huellas de san Pablo; he aqu&iacute; un motivo m&aacute;s para vivir bien la Cuaresma: dar testimonio de fe vivida en un mundo en dificultad, que necesita volver a Dios, que necesita convertirse.<\/p>\n<p>&laquo;Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos&raquo; (<i>Mt<\/i> 6, 1). Jes&uacute;s, en el Evangelio de hoy, hace una relectura de las tres obras de misericordia fundamentales previstas por la ley de Mois&eacute;s. La limosna, la oraci&oacute;n y el ayuno caracterizan al jud&iacute;o observante de la ley. Con el transcurso del tiempo, estas prescripciones cayeron en el formalismo exterior, o incluso se transformaron en un signo de superioridad. Jes&uacute;s pone de relieve una tentaci&oacute;n com&uacute;n en estas tres obras de misericordia. Cuando se realiza una obra buena, casi por instinto surge el deseo de ser estimados y admirados por la buena acci&oacute;n, es decir, se busca una satisfacci&oacute;n. Y esto, por una parte, nos encierra en nosotros mismos y, por otra, nos hace salir de nosotros mismos, porque vivimos proyectados hacia lo que los dem&aacute;s piensan de nosotros y admiran en nosotros. El Se&ntilde;or Jes&uacute;s, al proponer de nuevo estas prescripciones, no pide un respeto formal a una ley ajena al hombre, impuesta como una pesada carga por un legislador severo, sino que invita a redescubrir estas tres obras de misericordia vivi&eacute;ndolas de manera m&aacute;s profunda, no por amor propio, sino por amor a Dios, como medios en el camino de conversi&oacute;n a &eacute;l. Limosna, oraci&oacute;n y ayuno: es el camino de la pedagog&iacute;a divina que nos acompa&ntilde;a, no s&oacute;lo durante la Cuaresma, hacia el encuentro con el Se&ntilde;or resucitado; un camino que hemos de recorrer sin ostentaci&oacute;n, con la certeza de que el Padre celestial sabe leer y ver tambi&eacute;n en lo secreto de nuestro coraz&oacute;n. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, comencemos confiados y gozosos el itinerario cuaresmal. Cuarenta d&iacute;as nos separan de la Pascua; este tiempo &laquo;fuerte&raquo; del A&ntilde;o lit&uacute;rgico es un tiempo favorable que se nos ofrece para esperar, con mayor empe&ntilde;o, en nuestra conversi&oacute;n, para intensificar la escucha de la Palabra de Dios, la oraci&oacute;n y la penitencia, abriendo el coraz&oacute;n a la acogida d&oacute;cil de la voluntad divina, para practicar con m&aacute;s generosidad la mortificaci&oacute;n, gracias a la cual podamos salir con mayor liberalidad en ayuda del pr&oacute;jimo necesitado: un itinerario espiritual que nos prepara a revivir el Misterio pascual.<\/p>\n<p>Que Mar&iacute;a, nuestra gu&iacute;a en el camino cuaresmal, nos lleve a un conocimiento cada vez m&aacute;s profundo de Cristo, muerto y resucitado; nos ayude en el combate espiritual contra el pecado; y nos sostenga al invocar con fuerza: &laquo;<i>Converte nos, Deus, salutaris noster<\/i>&raquo;, &laquo;Convi&eacute;rtenos a ti, oh Dios, nuestra salvaci&oacute;n&raquo;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>STATIO Y PROCESI&Oacute;N PENITENCIAL DESDE LA IGLESIA DE SAN ANSELMO A LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA SABINA EN EL AVENTINO SANTA MISA, BENDICI&Oacute;N E IMPOSICI&Oacute;N DE LA CENIZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de Santa SabinaMi&eacute;rcoles de Ceniza, 9 de marzo de 2011 &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Comenzamos hoy el tiempo lit&uacute;rgico de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-marzo-de-2011-statio-y-procesion-penitencial-santa-misa-bendicion-e-imposicion-de-la-ceniza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de marzo de 2011: Statio y Procesi\u00f3n penitencial &#8211; Santa Misa, bendici\u00f3n e imposici\u00f3n de la ceniza\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41021","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41021","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41021"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41021\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41021"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41021"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41021"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}