{"id":41026,"date":"2016-10-06T15:17:51","date_gmt":"2016-10-06T20:17:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2011-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:51","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:51","slug":"6-de-enero-de-2011-solemnidad-de-la-epifania-del-senor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2011-solemnidad-de-la-epifania-del-senor\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2011: Solemnidad de la Epifan\u00eda del Se\u00f1or"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110106.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i> Bas&iacute;lica Vaticana<\/i><\/font><i><font color=\"#663300\"><br \/> Jueves 6 de enero de 2011 <\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b>(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa06012011.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\">V&iacute;deo<\/a>)<\/b><\/font><br \/> <span lang=\"es\"> <i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2011\/20110106\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/font><\/i><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>En la solemnidad de la Epifan&iacute;a la Iglesia sigue contemplando y celebrando el misterio del nacimiento de Jes&uacute;s salvador. En particular, la fiesta de hoy subraya el destino y el significado universales de este nacimiento. Al hacerse hombre en el seno de Mar&iacute;a, el Hijo de Dios vino no s&oacute;lo para el pueblo de Israel, representado por los pastores de Bel&eacute;n, sino tambi&eacute;n para toda la humanidad, representada por los Magos. Y la Iglesia nos invita hoy a meditar y orar precisamente sobre los Magos y sobre su camino en busca del Mes&iacute;as (cf. <i> Mt <\/i>2, 1-12). En el Evangelio hemos escuchado que los Magos, habiendo llegado a Jerusal&eacute;n desde el Oriente, preguntan: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el Rey de los jud&iacute;os que ha nacido? Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo&raquo; (v. 2). &iquest;Qu&eacute; clase de personas eran y qu&eacute; tipo de estrella era esa? Probablemente eran sabios que escrutaban el cielo, pero no para tratar de &laquo;leer&raquo; en los astros el futuro, quiz&aacute; para obtener as&iacute; alg&uacute;n beneficio; m&aacute;s bien, eran hombres &laquo;en busca&raquo; de algo m&aacute;s, en busca de la verdadera luz, una luz capaz de indicar el camino que es preciso recorrer en la vida. Eran personas que ten&iacute;an la certeza de que en la creaci&oacute;n existe lo que podr&iacute;amos definir la &laquo;firma&raquo; de Dios, una firma que el hombre puede y debe intentar descubrir y descifrar. Tal vez el modo para conocer mejor a estos Magos y entender su deseo de dejarse guiar por los signos de Dios es detenernos a considerar lo que encontraron, en su camino, en la gran ciudad de Jerusal&eacute;n. <\/p>\n<p>Ante todo encontraron al rey Herodes. Ciertamente, Herodes estaba interesado en el ni&ntilde;o del que hablaban los Magos, pero no con el fin de adorarlo, como quiere dar a entender mintiendo, sino para eliminarlo. Herodes es un hombre de poder, que en el otro s&oacute;lo ve un rival contra el cual luchar. En el fondo, si reflexionamos bien, tambi&eacute;n Dios le parece un rival, m&aacute;s a&uacute;n, un rival especialmente peligroso, que querr&iacute;a privar a los hombres de su espacio vital, de su autonom&iacute;a, de su poder; un rival que se&ntilde;ala el camino que hay que recorrer en la vida y as&iacute; impide hacer todo lo que se quiere. Herodes escucha de sus expertos en las Sagradas Escrituras las palabras del profeta Miqueas (5, 1), pero s&oacute;lo piensa en el trono. Entonces Dios mismo debe ser ofuscado y las personas deben limitarse a ser simples peones para mover en el gran tablero de ajedrez del poder. Herodes es un personaje que no nos cae simp&aacute;tico y que instintivamente juzgamos de modo negativo por su brutalidad. Pero deber&iacute;amos preguntarnos: &iquest;Hay algo de Herodes tambi&eacute;n en nosotros? &iquest;Tambi&eacute;n nosotros, a veces, vemos a Dios como una especie de rival? &iquest;Tambi&eacute;n nosotros somos ciegos ante sus signos, sordos a sus palabras, porque pensamos que pone l&iacute;mites a nuestra vida y no nos permite disponer de nuestra existencia como nos plazca? Queridos hermanos y hermanas, cuando vemos a Dios de este modo acabamos por sentirnos insatisfechos y descontentos, porque no nos dejamos guiar por Aquel que est&aacute; en el fundamento de todas las cosas. Debemos alejar de nuestra mente y de nuestro coraz&oacute;n la idea de la rivalidad, la idea de que dar espacio a Dios es un l&iacute;mite para nosotros mismos; debemos abrirnos a la certeza de que Dios es el amor omnipotente que no quita nada, no amenaza; m&aacute;s a&uacute;n, es el &uacute;nico capaz de ofrecernos la posibilidad de vivir en plenitud, de experimentar la verdadera alegr&iacute;a.<\/p>\n<p>Los Magos, luego, se encuentran con los estudiosos, los te&oacute;logos, los expertos que lo saben todo sobre las Sagradas Escrituras, que conocen las posibles interpretaciones, que son capaces de citar de memoria cualquier pasaje y que, por tanto, son una valiosa ayuda para quienes quieren recorrer el camino de Dios. Pero, afirma san Agust&iacute;n, les gusta ser gu&iacute;as para los dem&aacute;s, indican el camino, pero no caminan, se quedan inm&oacute;viles. Para ellos las Escrituras son una especie de atlas que leen con curiosidad, un conjunto de palabras y conceptos que examinar y sobre los cuales discutir doctamente. Pero podemos preguntarnos de nuevo: &iquest;no existe tambi&eacute;n en nosotros la tentaci&oacute;n de considerar las Sagradas Escrituras, este tesoro riqu&iacute;simo y vital para la fe la Iglesia, m&aacute;s como un objeto de estudio y de debate de especialistas que como el Libro que nos se&ntilde;ala el camino para llegar a la vida? Creo que, como indiqu&eacute; en la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html\">Verbum Domini<\/a><\/i>, deber&iacute;a surgir siempre de nuevo en nosotros la disposici&oacute;n profunda a ver la palabra de la Biblia, le&iacute;da en la Tradici&oacute;n viva de la Iglesia (<a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.html#18\">n. 18<\/a>), como la verdad que nos dice qu&eacute; es el hombre y c&oacute;mo puede realizarse plenamente, la verdad que es el camino a recorrer diariamente, junto a los dem&aacute;s, si queremos construir nuestra existencia sobre la roca y no sobre la arena. <\/p>\n<p>Pasemos ahora a la estrella. &iquest;Qu&eacute; clase de estrella era la que los Magos vieron y siguieron? A lo largo de los siglos esta pregunta ha sido objeto de debate entre los astr&oacute;nomos. Kepler, por ejemplo, cre&iacute;a que se trataba de una &laquo;nova&raquo; o una &laquo;supernova&raquo;, es decir, una de las estrellas que normalmente emiten una luz d&eacute;bil, pero que pueden tener improvisamente una violenta explosi&oacute;n interna que produce una luz excepcional. Ciertamente, son cosas interesantes, pero que no nos llevan a lo que es esencial para entender esa estrella. Debemos volver al hecho de que esos hombres buscaban las huellas de Dios; trataban de leer su &laquo;firma&raquo; en la creaci&oacute;n; sab&iacute;an que &laquo;el cielo proclama la gloria de Dios&raquo; (<i>Sal<\/i> 19, 2); es decir, ten&iacute;an la certeza de que es posible vislumbrar a Dios en la creaci&oacute;n. Pero, al ser hombres sabios, sab&iacute;an tambi&eacute;n que no es con un telescopio cualquiera, sino con los ojos profundos de la raz&oacute;n en busca del sentido &uacute;ltimo de la realidad y con el deseo de Dios, suscitado por la fe, como es posible encontrarlo, m&aacute;s a&uacute;n, como resulta posible que Dios se acerque a nosotros. El universo no es el resultado de la casualidad, como algunos quieren hacernos creer. Al contemplarlo, se nos invita a leer en &eacute;l algo profundo: la sabidur&iacute;a del Creador, la inagotable fantas&iacute;a de Dios, su infinito amor a nosotros. No deber&iacute;amos permitir que limiten nuestra mente teor&iacute;as que siempre llegan s&oacute;lo hasta cierto punto y que \u2014si las miramos bien\u2014 de ning&uacute;n modo est&aacute;n en conflicto con la fe, pero no logran explicar el sentido &uacute;ltimo de la realidad. En la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos menos de leer la racionalidad eterna, y no podemos menos de dejarnos guiar por ella hasta el &uacute;nico Dios, creador del cielo y de la tierra. Si tenemos esta mirada, veremos que el que cre&oacute; el mundo y el que naci&oacute; en una cueva en Bel&eacute;n y sigue habitando entre nosotros en la Eucarist&iacute;a son el mismo Dios vivo, que nos interpela, nos ama y quiere llevarnos a la vida eterna.<\/p>\n<p>Herodes, los expertos en las Escrituras, la estrella. Sigamos el camino de los Magos que llegan a Jerusal&eacute;n. Sobre la gran ciudad la estrella desaparece, ya no se ve. &iquest;Qu&eacute; significa eso? Tambi&eacute;n en este caso debemos leer el signo en profundidad. Para aquellos hombres era l&oacute;gico buscar al nuevo rey en el palacio real, donde se encontraban los sabios consejeros de la corte. Pero, probablemente con asombro, tuvieron que constatar que aquel reci&eacute;n nacido no se encontraba en los lugares del poder y de la cultura, aunque en esos lugares se daban valiosas informaciones sobre &eacute;l. En cambio, se dieron cuenta de que a veces el poder, incluso el del conocimiento, obstaculiza el camino hacia el encuentro con aquel Ni&ntilde;o. Entonces la estrella los gui&oacute; a Bel&eacute;n, una peque&ntilde;a ciudad; los gui&oacute; hasta los pobres, hasta los humildes, para encontrar al Rey del mundo. Los criterios de Dios son distintos de los de los hombres. Dios no se manifiesta en el poder de este mundo, sino en la humildad de su amor, un amor que pide a nuestra libertad acogerlo para transformarnos y ser capaces de llegar a Aquel que es el Amor. Pero incluso para nosotros las cosas no son tan diferentes de como lo eran para los Magos. Si se nos pidiera nuestro parecer sobre c&oacute;mo Dios habr&iacute;a debido salvar al mundo, tal vez responder&iacute;amos que habr&iacute;a debido manifestar todo su poder para dar al mundo un sistema econ&oacute;mico m&aacute;s justo, en el que cada uno pudiera tener todo lo que quisiera. En realidad, esto ser&iacute;a una especie de violencia contra el hombre, porque lo privar&iacute;a de elementos fundamentales que lo caracterizan. De hecho, no se ver&iacute;an involucrados ni nuestra libertad ni nuestro amor. El poder de Dios se manifiesta de un modo muy distinto: en Bel&eacute;n, donde encontramos la aparente impotencia de su amor. Y es all&iacute; a donde debemos ir y es all&iacute; donde encontramos la estrella de Dios. <\/p>\n<p>As&iacute; resulta muy claro tambi&eacute;n un &uacute;ltimo elemento importante del episodio de los Magos: el lenguaje de la creaci&oacute;n nos permite recorrer un buen tramo del camino hacia Dios, pero no nos da la luz definitiva. Al final, para los Magos fue indispensable escuchar la voz de las Sagradas Escrituras: s&oacute;lo ellas pod&iacute;an indicarles el camino. La Palabra de Dios es la verdadera estrella que, en la incertidumbre de los discursos humanos, nos ofrece el inmenso esplendor de la verdad divina. Queridos hermanos y hermanas, dej&eacute;monos guiar por la estrella, que es la Palabra de Dios; sig&aacute;mosla en nuestra vida, caminando con la Iglesia, donde la Palabra ha plantado su tienda. Nuestro camino estar&aacute; siempre iluminado por una luz que ning&uacute;n otro signo puede darnos. Y tambi&eacute;n nosotros podremos convertirnos en estrellas para los dem&aacute;s, reflejo de la luz que Cristo ha hecho brillar sobre nosotros. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2010 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFAN&Iacute;A DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Jueves 6 de enero de 2011 (V&iacute;deo) Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: En la solemnidad de la Epifan&iacute;a la Iglesia sigue contemplando y celebrando el misterio del nacimiento de Jes&uacute;s salvador. 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