{"id":41027,"date":"2016-10-06T15:17:52","date_gmt":"2016-10-06T20:17:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2011-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz\/"},"modified":"2016-10-06T15:17:52","modified_gmt":"2016-10-06T20:17:52","slug":"1-de-enero-de-2011-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2011-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz\/","title":{"rendered":"1 de enero de 2011: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios; Jornada mundial de la paz"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2011\/20110101.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS<br \/> XLIV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ <\/a> <\/font><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HO<\/b><\/font><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI <\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> S&aacute;bado 1 de enero de 2011<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\">(<a href=\"#\" onclick=\"window.open('http:\/\/vod.vatican.va\/messa01012011.mov','','height=260,width=320,left=200,top=200,resizable=0,scrollbars=0,toolbar=0,status=0');\"><font color=\"#663300\">V&iacute;deo<\/font><\/a>)<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Todav&iacute;a inmersos en el clima espiritual de la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/christmas\/2010\/christmas10_sp.html\">Navidad<\/a>, en la que hemos contemplado el misterio del nacimiento de Cristo, con los mismos sentimientos celebramos hoy a la Virgen Mar&iacute;a, a quien la Iglesia venera como Madre de Dios, porque dio carne al Hijo del Padre eterno. Las lecturas b&iacute;blicas de esta solemnidad ponen el acento principalmente en el Hijo de Dios hecho hombre y en el &laquo;nombre&raquo; del Se&ntilde;or. La primera lectura nos presenta la solemne bendici&oacute;n que pronunciaban los sacerdotes sobre los israelitas en las grandes fiestas religiosas: est&aacute; marcada precisamente por el nombre del Se&ntilde;or, que se repite tres veces, como para expresar la plenitud y la fuerza que deriva de esa invocaci&oacute;n. En efecto, este texto de bendici&oacute;n lit&uacute;rgica evoca la riqueza de gracia y de paz que Dios da al hombre, con una disposici&oacute;n ben&eacute;vola respecto a este, y que se manifiesta con el &laquo;resplandecer&raquo; del rostro divino y el &laquo;dirigirlo&raquo; hacia nosotros.<\/p>\n<p>La Iglesia vuelve a escuchar hoy estas palabras, mientras pide al Se&ntilde;or que bendiga el nuevo a&ntilde;o que acaba de comenzar, con la conciencia de que, ante los tr&aacute;gicos acontecimientos que marcan la historia, ante las l&oacute;gicas de guerra que lamentablemente todav&iacute;a no se han superado totalmente, s&oacute;lo Dios puede tocar profundamente el alma humana y asegurar esperanza y paz a la humanidad. De hecho, ya es una tradici&oacute;n consolidada que en el primer d&iacute;a del a&ntilde;o la Iglesia, presente en todo el mundo, eleve una oraci&oacute;n coral para invocar la paz. Es bueno iniciar un emprendiendo decididamente la senda de la paz. Hoy, queremos recoger el grito de tantos hombres, mujeres, ni&ntilde;os y ancianos v&iacute;ctimas de la guerra, que es el rostro m&aacute;s horrendo y violento de la historia. Hoy rezamos a fin de que la paz, que los &aacute;ngeles anunciaron a los pastores la noche de Navidad, llegue a todos los rincones del mundo: &laquo;<i>Super terram pax in hominibus bonae voluntatis<\/i>&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 14). Por esto, especialmente con nuestra oraci&oacute;n, queremos ayudar a todo hombre y a todo pueblo, en particular a cuantos tienen responsabilidades de gobierno, a avanzar de modo cada vez m&aacute;s decidido por el camino de la paz. <\/p>\n<p>En la segunda lectura, san Pablo resume en la adopci&oacute;n filial la obra de salvaci&oacute;n realizada por Cristo, en la cual est&aacute; como engarzada la figura de Mar&iacute;a. Gracias a ella el Hijo de Dios, &laquo;nacido de mujer&raquo; (<i>Ga <\/i>4, 4), pudo venir al mundo como verdadero hombre, en la plenitud de los tiempos. Ese cumplimiento, esa plenitud, ata&ntilde;e al pasado y a las esperas mesi&aacute;nicas, que se realizan, pero, al mismo tiempo, tambi&eacute;n se refiere a la plenitud en sentido absoluto: en el Verbo hecho carne Dios dijo su Palabra &uacute;ltima y definitiva. En el umbral de un a&ntilde;o nuevo, resuena as&iacute; la invitaci&oacute;n a caminar con alegr&iacute;a hacia la luz del &laquo;sol que nace de lo alto&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 78), puesto que en la perspectiva cristiana todo el tiempo est&aacute; habitado por Dios, no hay futuro que no sea en la direcci&oacute;n de Cristo y no existe plenitud fuera de la de Cristo.<\/p>\n<p>El pasaje del Evangelio de hoy termina con la imposici&oacute;n del nombre de Jes&uacute;s, mientras Mar&iacute;a participa en silencio, meditando en su coraz&oacute;n sobre el misterio de su Hijo, que de modo completamente singular es don de Dios. Pero el pasaje evang&eacute;lico que hemos escuchado hace hincapi&eacute; especialmente en los pastores, que se volvieron &laquo;glorificando y alabando a Dios por todo lo que hab&iacute;an o&iacute;do y visto&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 20). El &aacute;ngel les hab&iacute;a anunciado que en la ciudad de David, es decir, en Bel&eacute;n hab&iacute;a nacido el Salvador y que iban a encontrar <i>la<\/i> <i>se&ntilde;al<\/i>: un ni&ntilde;o envuelto en pa&ntilde;ales y acostado en un pesebre (cf. <i>Lc<\/i> 2, 11-12). Fueron a toda prisa, y encontraron a Mar&iacute;a y a Jos&eacute;, y al Ni&ntilde;o. Notemos que el Evangelista habla de la maternidad de Mar&iacute;a a partir del Hijo, de ese &laquo;ni&ntilde;o envuelto en pa&ntilde;ales&raquo;, porque es &eacute;l \u2014el Verbo de Dios (<i>Jn<\/i> 1, 14)\u2014 el punto de referencia, el centro del acontecimiento que est&aacute; teniendo lugar, y es &eacute;l quien hace que la maternidad de Mar&iacute;a se califique como &laquo;divina&raquo;.<\/p>\n<p>Esta atenci&oacute;n predominante que las lecturas de hoy dedican al &laquo;Hijo&raquo;, a Jes&uacute;s, no reduce el papel de la Madre; m&aacute;s a&uacute;n, la sit&uacute;a en la perspectiva correcta: en efecto, Mar&iacute;a es verdadera Madre de Dios precisamente en virtud de su relaci&oacute;n total con Cristo. Por tanto, glorificando al Hijo se honra a la Madre y honrando a la Madre se glorifica al Hijo. El t&iacute;tulo de &laquo;Madre de Dios&raquo;, que hoy la liturgia pone de relieve, subraya la misi&oacute;n &uacute;nica de la Virgen sant&iacute;sima en la historia de la salvaci&oacute;n: misi&oacute;n que est&aacute; en la base del culto y de la devoci&oacute;n que el pueblo cristiano le profesa. En efecto, Mar&iacute;a no recibi&oacute; el don de Dios s&oacute;lo para ella, sino para llevarlo al mundo: en su virginidad fecunda, Dios dio a los hombres los bienes de la salvaci&oacute;n eterna (cf. <i> Oraci&oacute;n Colecta<\/i>). Y Mar&iacute;a ofrece continuamente su mediaci&oacute;n al pueblo de Dios peregrino en la historia hacia la eternidad, como en otro tiempo la ofreci&oacute; a los pastores de Bel&eacute;n. Ella, que dio la vida terrena al Hijo de Dios, sigue dando a los hombres la vida divina, que es Jes&uacute;s mismo y su Santo Esp&iacute;ritu. Por esto es considerada madre de todo hombre que nace a la Gracia y a la vez se la invoca como Madre de la Iglesia.<\/p>\n<p>En el nombre de Mar&iacute;a, Madre de Dios y de los hombres, desde el <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_p-vi_mes_19671208_i-world-day-for-peace.html\">1 de enero de 1968 se celebra en todo el mundo la Jornada mundial de la paz<\/a>. La paz es don de Dios, como hemos escuchado en la primera lectura: &laquo;Que el Se&ntilde;or (\u2026) te conceda la paz&raquo; (<i>Nm<\/i> 6, 26). Es el don mesi&aacute;nico por excelencia, el primer fruto de la caridad que Jes&uacute;s nos ha dado; es nuestra reconciliaci&oacute;n y pacificaci&oacute;n con Dios. La paz tambi&eacute;n es un valor humano que se ha de realizar en el &aacute;mbito social y pol&iacute;tico, pero hunde sus ra&iacute;ces en el misterio de Cristo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 77-90). En esta celebraci&oacute;n solemne, con ocasi&oacute;n de la 44&ordf; Jornada mundial de la paz, me alegra dirigir mi deferente saludo a los ilustres embajadores ante la Santa Sede, con mis mejores deseos para su misi&oacute;n. Asimismo, dirijo un saludo cordial y fraterno a mi secretario de Estado y a los dem&aacute;s responsables de los dicasterios de la Curia romana, con un pensamiento particular para el presidente del Consejo pontificio &laquo;Justicia y paz&raquo; y sus colaboradores. Deseo manifestarles mi vivo reconocimiento por su compromiso diario en favor de una convivencia pac&iacute;fica entre los pueblos y de la formaci&oacute;n cada vez m&aacute;s s&oacute;lida de una conciencia de paz en la Iglesia y en el mundo. Desde esta perspectiva, la comunidad eclesial est&aacute; cada vez m&aacute;s comprometida a actuar, seg&uacute;n las indicaciones del Magisterio, para ofrecer un patrimonio espiritual seguro de valores y de principios, en la b&uacute;squeda continua de la paz. <\/p>\n<p>En mi <i> <a href=\"\/content\/benedict-xvi\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_ben-xvi_mes_20101208_xliv-world-day-peace.html\">Mensaje<\/a><\/i> para la Jornada de hoy, que lleva por t&iacute;tulo &laquo;Libertad religiosa, camino para la paz&raquo; he querido recordar que: &laquo;El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores &eacute;ticos y espirituales, universales y compartidos, y la religi&oacute;n puede contribuir de manera preciosa a su b&uacute;squeda, para la construcci&oacute;n de un orden social e internacional justo y pac&iacute;fico&raquo; (n. 15). Por tanto, he subrayado que &laquo;la libertad religiosa (&#8230;) es un elemento imprescindible de un Estado de derecho; no se puede negar sin da&ntilde;ar al mismo tiempo los dem&aacute;s derechos y libertades fundamentales, pues es su s&iacute;ntesis y su cumbre&raquo; (n. 5).<\/p>\n<p>La humanidad no puede mostrarse resignada a la fuerza negativa del ego&iacute;smo y de la violencia; no debe acostumbrarse a conflictos que provoquen v&iacute;ctimas y pongan en peligro el futuro de los pueblos. Frente a las amenazadoras tensiones del momento, especialmente frente a las discriminaciones, los abusos y las intolerancias religiosas, que hoy golpean de modo particular a los cristianos (cf. <i>ib.<\/i>, 1), dirijo una vez m&aacute;s una apremiante invitaci&oacute;n a no ceder al desaliento y a la resignaci&oacute;n. Os exhorto a todos a rezar a fin de que lleguen a buen fin los esfuerzos emprendidos desde diversas partes para promover y construir la paz en el mundo. Para esta dif&iacute;cil tarea no bastan las palabras; es preciso el compromiso concreto y constante de los responsables de las naciones, pero sobre todo es necesario que todas las personas act&uacute;en animadas por el aut&eacute;ntico esp&iacute;ritu de paz, que siempre hay que implorar de nuevo en la oraci&oacute;n y vivir en las relaciones cotidianas, en cada ambiente.<\/p>\n<p>En esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica tenemos delante de nuestros ojos, para nuestra veneraci&oacute;n, la imagen de la Virgen del &laquo;Sacro Monte di Viggiano&raquo;, tan querida para los habitantes de Basilicata. La Virgen Mar&iacute;a nos da a su Hijo, nos muestra el rostro de su Hijo, Pr&iacute;ncipe de la paz: que ella nos ayude a permanecer en la luz de este rostro, que brilla sobre nosotros (cf. <i>Nm<\/i> 6, 25), para redescubrir toda la ternura de Dios Padre; que ella nos sostenga al invocar al Esp&iacute;ritu Santo, para que renueve la faz de la tierra y transforme los corazones, ablandando su dureza ante la bondad desarmante del Ni&ntilde;o, que ha nacido por nosotros. Que la Madre de Dios nos acompa&ntilde;e en este nuevo a&ntilde;o; que obtenga para nosotros y para todo el mundo el deseado don de la paz. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2011 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;.<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS XLIV JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana S&aacute;bado 1 de enero de 2011 (V&iacute;deo) &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Todav&iacute;a inmersos en el clima espiritual de la Navidad, en la que hemos contemplado el misterio del nacimiento &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-de-2011-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-jornada-mundial-de-la-paz\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab1 de enero de 2011: Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios; Jornada mundial de la paz\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41027","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41027","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41027"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41027\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41027"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41027"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41027"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}