{"id":41028,"date":"2016-10-06T15:18:49","date_gmt":"2016-10-06T20:18:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2012-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum\/"},"modified":"2016-10-06T15:18:49","modified_gmt":"2016-10-06T20:18:49","slug":"31-de-diciembre-de-2012-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2012-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2012: V\u00edsperas de la solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios y Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20121231.pdf\">V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, <br \/> Y CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot;<\/a> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI <\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Lunes 31 de diciembre de 2012<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_HUDW362Z\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<br \/> <\/strong> <i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b> <strong><font face=\"Times New Roman\"> <em> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/tedeum2012.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/em><\/font><\/strong><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Se&ntilde;ores cardenales, <br \/> venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado, <br \/> distinguidas autoridades, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Doy las gracias a cuantos hab&eacute;is querido participar en esta liturgia de la &uacute;ltima hora del a&ntilde;o del Se&ntilde;or 2012. Esta &laquo;hora&raquo; lleva en s&iacute; una intensidad particular y se convierte, en cierto modo, en una s&iacute;ntesis de todas las horas del a&ntilde;o que est&aacute; a punto de pasar. Saludo cordialmente a los se&ntilde;ores cardenales, a los obispos, a los presb&iacute;teros, a las personas consagradas y a los fieles laicos, especialmente a quienes representan a la comunidad eclesial de Roma. De manera particular saludo a todas las autoridades presentes, empezando por el alcalde de la ciudad, y le agradezco que haya querido compartir con nosotros este momento de oraci&oacute;n y de acci&oacute;n de gracias a Dios. <\/p>\n<p>El <i>Te Deum<\/i> que elevamos al Se&ntilde;or esta tarde, al t&eacute;rmino de un a&ntilde;o solar, es un himno de gratitud que se abre con la alabanza \u2014&laquo;A ti, oh Dios, te alabamos; a ti, Se&ntilde;or, te reconocemos&raquo;\u2014 y concluye con una profesi&oacute;n de confianza \u2014&laquo;En ti, Se&ntilde;or, confi&eacute;; no me ver&eacute; defraudado para siempre&raquo;\u2014. Cualquiera que haya sido la marcha del a&ntilde;o, f&aacute;cil o dif&iacute;cil, est&eacute;ril o rico de frutos, nosotros damos gracias a Dios. En el <i>Te Deum<\/i>, de hecho, se contiene una sabidur&iacute;a profunda: la sabidur&iacute;a que nos hace decir que, a pesar de todo, existe el bien en el mundo, y este bien est&aacute; destinado a vencer gracias a Dios, el Dios de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado. Cierto: a veces es dif&iacute;cil percibir esta profunda realidad porque el mal hace m&aacute;s ruido que el bien; un homicidio feroz, extendidas violencias, graves injusticias son noticia; al contrario, los gestos de amor y de servicio, la fatiga cotidiana soportada con fidelidad y paciencia, se quedan a menudo en la sombra, no emergen. Es motivo tambi&eacute;n para que no nos quedemos s&oacute;lo en las noticias si queremos entender el mundo y la vida; debemos ser capaces de detenernos en el silencio, en la meditaci&oacute;n, en la reflexi&oacute;n serena y prolongada; debemos saber pararnos a pensar. De este modo nuestro &aacute;nimo puede hallar curaci&oacute;n de las inevitables heridas del d&iacute;a a d&iacute;a, puede profundizar en los hechos que ocurren en nuestra vida y en el mundo y llegar a esa sabidur&iacute;a que permite valorar las cosas con ojos nuevos. Sobre todo en el recogimiento de la conciencia, donde nos habla Dios, se aprende a contemplar con verdad las propias acciones, tambi&eacute;n el mal presente en nosotros y a nuestro alrededor, para comenzar un camino de conversi&oacute;n que haga m&aacute;s sabios y mejores, m&aacute;s capaces de generar solidaridad y comuni&oacute;n, de vencer el mal con el bien. El cristiano es un hombre de esperanza \u2014tambi&eacute;n y sobre todo frente a la oscuridad que a menudo existe en el mundo y que no depende del proyecto de Dios, sino de las elecciones err&oacute;neas del hombre\u2014 pues sabe que la fuerza de la fe puede mover monta&ntilde;as (cf. <i>Mt <\/i>17, 20): el Se&ntilde;or puede iluminar hasta la tiniebla m&aacute;s densa. <\/p>\n<p>El <i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/annus_fidei\/index_sp.htm\">A&ntilde;o de la fe<\/a><\/i>, que la Iglesia est&aacute; viviendo, quiere suscitar en el coraz&oacute;n de cada creyente una conciencia mayor de que el encuentro con Cristo es la fuente de la verdadera vida y de una s&oacute;lida esperanza. La fe en Jes&uacute;s permite una constante renovaci&oacute;n en el bien y la capacidad de salir de las arenas movedizas del pecado y recomenzar de nuevo. En el Verbo hecho carne es posible, cada vez de nuevo, hallar la verdadera identidad del hombre, que se descubre destinatario del infinito amor de Dios y llamado a la comuni&oacute;n personal con &Eacute;l. Esta verdad, que Jesucristo vino a revelar, es la certeza que nos impulsa a mirar con confianza el a&ntilde;o que estamos a punto de empezar. <\/p>\n<p>La Iglesia, que ha recibido de su Se&ntilde;or la misi&oacute;n de evangelizar, sabe bien que el Evangelio est&aacute; destinado a todos los hombres, en particular a las nuevas generaciones, para saciar la sed de verdad que cada uno lleva en el coraz&oacute;n y que frecuentemente est&aacute; ofuscada por las muchas cosas que ocupan la vida. Este empe&ntilde;o apost&oacute;lico es m&aacute;s necesario a&uacute;n cuando la fe corre el riesgo de oscurecerse en contextos culturales que obstaculizan su arraigo personal y presencia social. Tambi&eacute;n Roma es una ciudad donde la fe cristiana debe anunciarse siempre de nuevo y testimoniarse de manera cre&iacute;ble. Por un lado el n&uacute;mero creciente de creyentes de otras religiones, la dificultad de las comunidades parroquiales de acercarse a los j&oacute;venes, la difusi&oacute;n de estilos de vida marcados de individualismo y relativismo &eacute;tico; y por otro lado la b&uacute;squeda en tantas personas de un sentido para su propia existencia y de una esperanza que no defraude, no pueden dejarnos indiferentes. Como el ap&oacute;stol Pablo (cf. <i> Rm <\/i>1, 14-15), cada fiel de esta ciudad debe sentirse deudor del Evangelio hacia los dem&aacute;s habitantes. <\/p>\n<p>Precisamente por esto ya desde hace a&ntilde;os nuestra di&oacute;cesis est&aacute; comprometida en acentuar la dimensi&oacute;n misionera de la pastoral ordinaria, a fin de que los creyentes, sostenidos especialmente por la Eucarist&iacute;a dominical, se conviertan en disc&iacute;pulos y testigos coherentes de Jesucristo. A esta coherencia de vida est&aacute;n llamados de modo del todo particular los padres cristianos, que son para sus hijos los primeros educadores en la fe. La complejidad de la vida en una gran ciudad como Roma y una cultura que se muestra frecuentemente indiferente respecto a Dios, imponen que no se deje solos a padres y madres en esta tarea tan decisiva; es m&aacute;s, que se les sostenga y acompa&ntilde;e en su vida espiritual. Con este prop&oacute;sito animo a cuantos trabajan en la pastoral familiar a poner en pr&aacute;ctica las directivas pastorales fruto de la pasada Asamblea diocesana, dedicada a la pastoral bautismal y post-bautismal. Es necesario un compromiso generoso para desarrollar los itinerarios de formaci&oacute;n espiritual que, despu&eacute;s del bautizo de los ni&ntilde;os, acompa&ntilde;en a los padres a tener viva la llama de la fe, ofreci&eacute;ndoles sugerencias concretas para que, desde la m&aacute;s tierna edad, se anuncie el Evangelio de Jes&uacute;s. El nacimiento de grupos de familias en los que se escucha la Palabra de Dios y se comparten las experiencias de vida cristiana ayuda a reforzar el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial y a crecer en la amistad con el Se&ntilde;or. Es igualmente importante construir una relaci&oacute;n de cordial amistad tambi&eacute;n con los fieles que, despu&eacute;s de haber bautizado a sus hijos, apartados por las urgencias de la vida cotidiana, no muestran gran inter&eacute;s en vivir esta experiencia: as&iacute; podr&aacute;n conocer el afecto de la Iglesia que, como madre sol&iacute;cita, se sit&uacute;a a su lado para favorecer su vida espiritual. <\/p>\n<p>Para poder anunciar el Evangelio y permitir a los que a&uacute;n no conocen a Jes&uacute;s \u2014o le han abandonado\u2014 cruzar nuevamente la puerta de la fe y vivir la comuni&oacute;n con Dios, es indispensable conocer de manera profunda el significado de las verdades que se contienen en la <i>Profesi&oacute;n de fe<\/i>. As&iacute; que el compromiso de una formaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los agentes pastorales, que desde hace algunos a&ntilde;os se realiza en las distintas prefecturas de la di&oacute;cesis de Roma, es una v&iacute;a preciosa cuyo seguimiento se requiere con empe&ntilde;o tambi&eacute;n en el futuro, a fin de formar a laicos que sepan hacerse eco del Evangelio en cada hogar y en cada ambiente, tambi&eacute;n a trav&eacute;s de los centros de escucha que tanto fruto dieron en el tiempo de la Misi&oacute;n ciudadana. Al respecto los &laquo;Di&aacute;logos en la catedral&raquo;, que desde hace a&ntilde;os tienen lugar en la bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n, constituyen una experiencia cu&aacute;nto m&aacute;s oportuna para encontrar a la ciudad y dialogar con quienes, buscadores de Dios y de la verdad, se interrogan por las grandes cuestiones de la existencia humana. <\/p>\n<p>Como en los siglos pasados, tambi&eacute;n hoy la Iglesia de Roma est&aacute; llamada a anunciar y testimoniar incansablemente la riqueza del Evangelio de Cristo. Ello incluso sosteniendo a cuantos viven en situaciones de pobreza y marginaci&oacute;n, as&iacute; como a las familias en dificultad, especialmente cuando deben cuidar a personas enfermas y discapacitadas. Conf&iacute;o vivamente en que las instituciones a distintos niveles no desfallezcan en su actividad para que todos los ciudadanos tengan acceso a lo esencial para vivir dignamente. <\/p>\n<p>Queridos amigos: &iexcl;en la &uacute;ltima tarde del a&ntilde;o que llega a t&eacute;rmino y ante el umbral del nuevo, &iexcl;alabemos al Se&ntilde;or! Manifestemos al &laquo;que es, el que era y ha de venir&raquo; (<i>Ap <\/i>1, 8) el arrepentimiento y la petici&oacute;n de perd&oacute;n por las faltas cometidas, as&iacute; como el sincero agradecimiento por los innumerables beneficios concedidos por la divina Bondad. En particular, damos gracias por la gracia y la verdad que han venido a nosotros por medio de Jesucristo. En &Eacute;l se halla la plenitud de todo tiempo humano. En &Eacute;l se custodia el futuro de cada hombre. En &Eacute;l se realiza el cumplimiento de las esperanzas de la Iglesia y del mundo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>V&Iacute;SPERAS DE LA SOLEMNIDAD DE SANTA MAR&Iacute;A, MADRE DE DIOS, Y CANTO DEL &quot;TE DEUM&quot; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Lunes 31 de diciembre de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Se&ntilde;ores cardenales, venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado, distinguidas autoridades, queridos hermanos y hermanas: Doy las gracias a cuantos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2012-visperas-de-la-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-y-te-deum\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab31 de diciembre de 2012: V\u00edsperas de la solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios y Te Deum\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41028","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41028","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41028"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41028\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41028"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41028"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41028"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}