{"id":41030,"date":"2016-10-06T15:18:52","date_gmt":"2016-10-06T20:18:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-diciembre-de-2012-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-patricio-en-colle-prenestino\/"},"modified":"2016-10-06T15:18:52","modified_gmt":"2016-10-06T20:18:52","slug":"16-de-diciembre-de-2012-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-patricio-en-colle-prenestino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-diciembre-de-2012-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-patricio-en-colle-prenestino\/","title":{"rendered":"16 de diciembre de 2012: Visita pastoral a la parroquia romana de San Patricio, en Colle Prenestino"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA ROMANA<br \/> DE SAN PATRICIO EN EL BARRIO DE COLLE PRENESTINO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/liturgical_year\/advent\/2012\/index_sp.html#III_DOMINGO_DE_ADVIENTO\">III Domingo de Adviento &quot;Gaudete&quot;<\/a><font color=\"#663300\">, 16 de diciembre de 2012<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_TDWPLSA1\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<br \/> <\/strong> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <b> <strong><font face=\"Times New Roman\"> <em> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/sanpatrizio16dic2012.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/em><\/font><\/strong><\/b><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Patricio:<\/i><\/p>\n<p>Me alegro mucho de estar entre vosotros y de celebrar con vosotros y para vosotros la Santa Eucarist&iacute;a. Desear&iacute;a ante todo ofrecer alg&uacute;n pensamiento a la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado. En este tercer domingo de Adviento, llamado domingo &laquo;Gaudete&raquo;, la liturgia nos invita a la alegr&iacute;a. El Adviento es un tiempo de compromiso y de conversi&oacute;n para preparar la venida del Se&ntilde;or, pero la Iglesia hoy nos hace pregustar la alegr&iacute;a de la Navidad ya cercana. De hecho, el Adviento tambi&eacute;n es tiempo de alegr&iacute;a, pues en &eacute;l se vuelve a despertar en el coraz&oacute;n de los creyentes la esperanza del Salvador, y esperar la llegada de una persona amada es siempre motivo de alegr&iacute;a. Este aspecto gozoso est&aacute; presente en las primeras lecturas b&iacute;blicas de este domingo. El Evangelio en cambio se corresponde a la otra dimensi&oacute;n caracter&iacute;stica del Adviento: la de la conversi&oacute;n en vista de la manifestaci&oacute;n del Salvador, anunciado por Juan Bautista. <\/p>\n<p>La primera lectura que hemos escuchado es una invitaci&oacute;n insistente a la alegr&iacute;a. El pasaje empieza con la expresi&oacute;n: &laquo;Al&eacute;grate hija de Si&oacute;n&#8230; regoc&iacute;jate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusal&eacute;n&raquo; (<i>Sof <\/i>3, 14), que es semejante a la del anuncio del &aacute;ngel a Mar&iacute;a: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 28). El motivo esencial por el que la hija de Si&oacute;n puede exultar se expresa en la afirmaci&oacute;n que acabamos de o&iacute;r: &laquo;El Se&ntilde;or est&aacute; en medio de ti&raquo; (<i>Sof <\/i>3, 15.17); literalmente ser&iacute;a &laquo;est&aacute; en tu seno&raquo;, con una clara referencia al morar de Dios en el Arca de la Alianza, situada siempre en medio del pueblo de Israel. El profeta quiere decirnos que no existe ya motivo alguno de desconfianza, de desaliento, de tristeza, cualquiera que sea la situaci&oacute;n que se debe afrontar, porque estamos seguros de la presencia del Se&ntilde;or, que por s&iacute; sola basta para tranquilizar y alegrar los corazones. El profeta Sofon&iacute;as, adem&aacute;s, hace entender que esta alegr&iacute;a es rec&iacute;proca: nosotros somos invitados a alegrarnos, pero tambi&eacute;n el Se&ntilde;or se alegra por su relaci&oacute;n con nosotros; en efecto, el profeta escribe: &laquo;Se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo&raquo; (v. 17). La alegr&iacute;a que se promete en este texto prof&eacute;tico encuentra su cumplimiento en Jes&uacute;s, que est&aacute; en el seno de Mar&iacute;a, la &laquo;Hija de Si&oacute;n&raquo;, y pone as&iacute; su morada en medio de nosotros (cf. <i>Jn <\/i>1, 14). &Eacute;l, de hecho, viniendo al mundo, nos da su alegr&iacute;a, como &Eacute;l mismo conf&iacute;a a sus disc&iacute;pulos: &laquo;Os he hablado de esto para que mi alegr&iacute;a est&eacute; en vosotros, y vuestra alegr&iacute;a llegue a plenitud&raquo; (<i>Jn <\/i>15, 11). Jes&uacute;s trae a los hombres la salvaci&oacute;n, una nueva relaci&oacute;n con Dios que vence el mal y la muerte, y da la verdadera alegr&iacute;a por esta presencia del Se&ntilde;or que viene a iluminar nuestro camino frecuentemente oprimido por las tinieblas y el ego&iacute;smo. Y podemos reflexionar si realmente somos conscientes de este hecho de la presencia del Se&ntilde;or entre nosotros, que no es un Dios lejano, sino un Dios con nosotros, un Dios en medio de nosotros, que est&aacute; con nosotros aqu&iacute;, en la Santa Eucarist&iacute;a; est&aacute; con nosotros en la Iglesia viva. Y nosotros debemos ser portadores de esta presencia de Dios. Y as&iacute; Dios se alegra por nosotros y nosotros podemos tener la alegr&iacute;a: Dios existe, y Dios es bueno, y Dios est&aacute; cerca. <\/p>\n<p>En la segunda lectura que hemos escuchado san Pablo invita a los cristianos de Filipos a alegrarse en el Se&ntilde;or. &iquest;Podemos alegrarnos? &iquest;Y por qu&eacute; hay que alegrarse? La respuesta de san Pablo es: porque &laquo;el Se&ntilde;or est&aacute; cerca&raquo; (<i>Flp <\/i>4, 5). Dentro de pocos d&iacute;as celebraremos la Navidad, la fiesta de la venida de Dios, que se ha hecho ni&ntilde;o y nuestro hermano para estar con nosotros y compartir nuestra condici&oacute;n humana. Debemos alegrarnos por esta cercan&iacute;a suya, por esta presencia suya y buscar entender cada vez m&aacute;s que realmente est&aacute; cerca, y as&iacute; ser penetrados por la realidad de la bondad de Dios, de la alegr&iacute;a de que Cristo est&aacute; con nosotros. Pablo dice con fuerza en otra Carta que nada puede separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo. S&oacute;lo el pecado nos aleja de &Eacute;l, pero esto es un factor de separaci&oacute;n que nosotros mismos introducimos en nuestra relaci&oacute;n con el Se&ntilde;or. Pero aun cuando nos alejamos, &Eacute;l no deja de amarnos y contin&uacute;a si&eacute;ndonos cercano con su misericordia, con su disponibilidad a perdonar y a volvernos a acoger en su amor. Por ello, como prosigue san Pablo, jam&aacute;s debemos angustiarnos; siempre podemos exponer al Se&ntilde;or nuestras peticiones, nuestras necesidades, nuestras preocupaciones, &laquo;en la oraci&oacute;n y en la s&uacute;plica&raquo; (v. 6). Y esto es un gran motivo de alegr&iacute;a: saber que siempre es posible orar al Se&ntilde;or y que el Se&ntilde;or nos escucha, que Dios no est&aacute; lejos, sino que escucha realmente, nos conoce; y saber que nunca rechaza nuestras plegarias, aunque no responda siempre como deseamos, pero responde. Y el Ap&oacute;stol a&ntilde;ade: orar &laquo;con acci&oacute;n de gracias&raquo; (<i>ib<\/i>.). La alegr&iacute;a que el Se&ntilde;or nos comunica debe hallar en nosotros un amor agradecido. De hecho, la alegr&iacute;a es plena cuando reconocemos su misericordia, cuando nos hacemos atentos a los signos de su bondad, si realmente percibimos que esta bondad de Dios est&aacute; con nosotros, y le damos gracias por cuanto recibimos de &Eacute;l cada d&iacute;a. Quien acoge los dones de Dios de manera ego&iacute;sta no encuentra la verdadera alegr&iacute;a; en cambio quien hace de los dones recibidos de Dios ocasi&oacute;n para amarle con sincera gratitud y para comunicar a los dem&aacute;s su amor, tiene el coraz&oacute;n verdaderamente lleno de alegr&iacute;a. &iexcl;Record&eacute;moslo!<\/p>\n<p>Tras las lecturas llegamos al Evangelio. El Evangelio de hoy nos dice que para acoger al Se&ntilde;or que viene, debemos prepararnos mirando bien nuestra conducta de vida. A las diversas personas que le preguntan qu&eacute; deben hacer para estar preparadas para la venida del Mes&iacute;as (cf. <i>Lc <\/i>3, 10.12.14), Juan Bautista responde que Dios no exige nada de extraordinario, sino que cada uno viva seg&uacute;n criterios de solidaridad y de justicia; sin ellos no es posible prepararse bien al encuentro con el Se&ntilde;or. Por lo tanto tambi&eacute;n nosotros preguntemos al Se&ntilde;or qu&eacute; espera y qu&eacute; quiere que hagamos, y empecemos a entender que no exige cosas extraordinarias, sino vivir la vida ordinaria con rectitud y bondad. Finalmente Juan Bautista indica a qui&eacute;n debemos seguir con fidelidad y valor. Ante todo niega ser &eacute;l mismo el Mes&iacute;as, y despu&eacute;s proclama con firmeza: &laquo;Yo os bautizo con agua; pero viene el que es m&aacute;s fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias&raquo; (v. 16). Aqu&iacute; observamos la gran humildad de Juan al reconocer que su misi&oacute;n es la de preparar el camino a Jes&uacute;s. Al decir &laquo;yo os bautizo con agua&raquo; quiere dar a entender que su acci&oacute;n es simb&oacute;lica. En efecto, &eacute;l no puede eliminar ni perdonar los pecados: bautizando con agua s&oacute;lo puede indicar que es necesario cambiar la vida. Al mismo tiempo Juan anuncia la venida del &laquo;m&aacute;s fuerte&raquo;, que &laquo;os bautizar&aacute; con Esp&iacute;ritu Santo y fuego&raquo; (<i>ib<\/i>.). Y como hemos escuchado, este gran profeta usa im&aacute;genes fuertes para invitar a la conversi&oacute;n, pero no lo hace con el fin de infundir temor, sino m&aacute;s bien para incitar a acoger bien el Amor de Dios, el &uacute;nico que puede purificar verdaderamente la vida. Dios se hace hombre como nosotros para donarnos una esperanza que es certeza: si le seguimos, si vivimos con coherencia nuestra vida cristiana, &Eacute;l nos atraer&aacute; hacia S&iacute;, nos conducir&aacute; a la comuni&oacute;n con &Eacute;l; y en nuestro coraz&oacute;n estar&aacute; la verdadera alegr&iacute;a y la verdadera paz, tambi&eacute;n en las dificultades, en los momentos de debilidad. <\/p>\n<p>&iexcl;Queridos amigos! Estoy contento de orar con vosotros al Se&ntilde;or, que se hace presente en la Eucarist&iacute;a para estar siempre con nosotros. Saludo cordialmente al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro p&aacute;rroco don Fabio Fasciani, a quien agradezco sus palabras en las que me ha expuesto la situaci&oacute;n de la parroquia, la riqueza espiritual de la vida parroquial, y saludo a todos los sacerdotes presentes. Saludo a cuantos trabajan en el &aacute;mbito de la parroquia: los catequistas, los miembros del coro y de los diversos grupos parroquiales, as&iacute; como a los miembros del Camino Neocatecumenal, aqu&iacute; comprometidos en la misi&oacute;n. Veo con alegr&iacute;a a muchos ni&ntilde;os que siguen la Palabra de Dios en diversos niveles, prepar&aacute;ndose a la Comuni&oacute;n, a la Confirmaci&oacute;n y a la postconfirmaci&oacute;n, a la vida. &iexcl;Bienvenidos! Estoy feliz de ver aqu&iacute; una Iglesia viva. Extiendo mi pensamiento a las Oblatas de la Virgen del Rosario, presentes en el territorio de la parroquia, y a todos los residentes del barrio, especialmente a los ancianos, a los enfermos, a las personas solas y en dificultad. Por todos y cada uno rezo en esta Santa Misa. <\/p>\n<p>Vuestra parroquia, formada en el Colle Prenestino entre finales de los a&ntilde;os 60 y mediados de los 80, despu&eacute;s de las dificultades iniciales debidas a la falta de estructuras y servicios, se dot&oacute; de una bella iglesia inaugurada en 2007, tras una larga espera. Este edificio sacro es por lo tanto un espacio privilegiado para crecer en el conocimiento y en el amor de Aqu&eacute;l que en pocos d&iacute;as acogeremos en la alegr&iacute;a de la Navidad como Redentor del mundo y nuestro Salvador. No dej&eacute;is de venir a encontrarle a menudo, para sentir m&aacute;s todav&iacute;a su presencia que da fuerza. Me alegro por el sentido de pertenencia a la comunidad parroquial que, en el curso de estos a&ntilde;os, ha ido madurando y consolid&aacute;ndose cada vez m&aacute;s. Os aliento a que siga creciendo la corresponsabilidad pastoral en una perspectiva de aut&eacute;ntica comuni&oacute;n entre todas las realidades presentes, llamadas a vivir la complementariedad en la diversidad. De manera particular deseo indicar a todos la importancia y la centralidad de la Eucarist&iacute;a en la vida personal y comunitaria. Que la Santa Misa est&eacute; en el centro de vuestro domingo, que hay que redescubrir y vivir como d&iacute;a de Dios y de la comunidad, d&iacute;a en el que alabar y celebrar a Aqu&eacute;l que muri&oacute; y resucit&oacute; por nuestra salvaci&oacute;n y que nos pide vivir juntos en la alegr&iacute;a de una comunidad abierta y dispuesta a acoger a toda persona sola o con dificultades. De igual modo, os exhorto a que os acerqu&eacute;is con regularidad al sacramento de la Reconciliaci&oacute;n, sobre todo en este tiempo de Adviento. <\/p>\n<p>Conozco lo que hac&eacute;is en la preparaci&oacute;n de los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes para los sacramentos de la vida cristiana. El <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/special\/annus_fidei\/index_sp.htm\">A&ntilde;o de la fe<\/a><\/i>, que estamos viviendo, debe convertirse en una ocasi&oacute;n para hacer crecer y consolidar la experiencia de la catequesis de forma que permita a todo el barrio conocer y profundizar en el <i>Credo<\/i> de la Iglesia y encontrar al Se&ntilde;or como a una Persona viva. Dirijo un pensamiento especial a las familias, con el deseo de que puedan realizar plenamente la propia vocaci&oacute;n al amor con generosidad y perseverancia. Y una palabra especial de afecto y de amistad quiere dar el Papa tambi&eacute;n a vosotros, querid&iacute;simos ni&ntilde;os, ni&ntilde;as y j&oacute;venes que me escuch&aacute;is, y a vuestros coet&aacute;neos que viven en esta parroquia. Sent&iacute;os verdaderos protagonistas de la nueva evangelizaci&oacute;n, poniendo vuestras energ&iacute;as nuevas, vuestro entusiasmo y vuestras capacidades al servicio de Dios y de los dem&aacute;s, en la comunidad. <\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, como hemos dicho al inicio de esta celebraci&oacute;n, la liturgia de hoy nos llama a la alegr&iacute;a y a la conversi&oacute;n. Abramos nuestro esp&iacute;ritu a esta invitaci&oacute;n; corramos al encuentro del Se&ntilde;or que viene, invocando e imitando a san Patricio, gran evangelizador, y a la Virgen Mar&iacute;a, que esper&oacute; y prepar&oacute;, silenciosa y orante, el nacimiento del Redentor. &iexcl;Am&eacute;n!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN PATRICIO EN EL BARRIO DE COLLE PRENESTINO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI III Domingo de Adviento &quot;Gaudete&quot;, 16 de diciembre de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Patricio: Me alegro mucho de estar entre vosotros y de celebrar con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-diciembre-de-2012-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-san-patricio-en-colle-prenestino\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab16 de diciembre de 2012: Visita pastoral a la parroquia romana de San Patricio, en Colle Prenestino\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41030","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41030","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41030"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41030\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41030"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41030"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41030"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}