{"id":41034,"date":"2016-10-06T15:18:58","date_gmt":"2016-10-06T20:18:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-noviembre-2012-santa-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/"},"modified":"2016-10-06T15:18:58","modified_gmt":"2016-10-06T20:18:58","slug":"3-de-noviembre-2012-santa-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-noviembre-2012-santa-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/","title":{"rendered":"3 de noviembre 2012: Santa Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20121103.pdf\">CAPILLA PAPAL EN SUFRAGIO DE LOS CARDENALES Y OBISPOS <br \/> FALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana, Altar de la C&aacute;tedra<br \/> S&aacute;bado 3 de noviembre de 2012<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_9QDQU9FY\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<br \/> <\/strong> <i> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/3novembre2012.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Venerados hermanos, <br \/> queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>En nuestro coraz&oacute;n est&aacute; presente y vivo el clima de la comuni&oacute;n de los santos y de la conmemoraci&oacute;n de los fieles difuntos que la liturgia nos ha hecho vivir de manera intensa en las celebraciones de los d&iacute;as pasados. En particular la visita a los cementerios nos ha permitido renovar el v&iacute;nculo con los seres queridos que nos han dejado; la muerte, parad&oacute;jicamente, conserva lo que la vida no puede retener. C&oacute;mo vivieron nuestros difuntos, qu&eacute; amaron, temieron y esperaron, qu&eacute; rechazaron, lo descubrimos de modo singular precisamente en las tumbas, que han quedado casi como un espejo de su existencia, de su mundo: estas nos interpelan y nos inducen a reanudar un di&aacute;logo que la muerte puso en crisis. As&iacute;, los lugares de la sepultura constituyen una especie de asamblea en la que los vivos encuentran a sus propios difuntos y con ellos consolidan los v&iacute;nculos de una comuni&oacute;n que la muerte no ha podido interrumpir. Y aqu&iacute;, en Roma, en esos cementerios particulares que son las catacumbas, advertimos como en ning&uacute;n otro lugar los v&iacute;nculos profundos con la cristiandad antigua, que percibimos tan cercana. Cuando nos adentramos en los pasillos de las catacumbas romanas \u2014como tambi&eacute;n en los de los cementerios de nuestras ciudades y de nuestros pueblos\u2014, es como si cruz&aacute;ramos un umbral inmaterial y entr&aacute;ramos en comunicaci&oacute;n con quienes all&iacute; custodian su pasado, hecho de alegr&iacute;as y dolores, de derrotas y esperanzas. Esto sucede porque la muerte afecta al hombre de hoy exactamente como al de entonces; y aunque tantas cosas de tiempos pasados nos sean ya ajenas, la muerte sigue siendo la misma. <\/p>\n<p>Ante esta realidad, el ser humano de toda &eacute;poca busca una rendija de luz que permita esperar, que hable a&uacute;n de vida, y tambi&eacute;n la visita a las tumbas expresa este deseo. &iquest;Pero c&oacute;mo respondemos los cristianos a la cuesti&oacute;n de la muerte? Respondemos con la fe en Dios, con una mirada de s&oacute;lida esperanza que se funda en la muerte y resurrecci&oacute;n de Jesucristo. Entonces la muerte se abre a la vida, a la vida eterna, que no es un infinito duplicado del tiempo presente, sino algo completamente nuevo. La fe nos dice que la verdadera inmortalidad a la que aspiramos no es una idea, un concepto, sino una relaci&oacute;n de comuni&oacute;n plena con el Dios vivo: es estar en sus manos, en su amor, y transformarnos en &Eacute;l en una sola cosa con todos los hermanos y hermanas que &Eacute;l ha creado y redimido, con toda la creaci&oacute;n. Nuestra esperanza entonces descansa en el amor de Dios que resplandece en la Cruz de Cristo y que hace que resuenen en el coraz&oacute;n las palabras de Jes&uacute;s al buen ladr&oacute;n: &laquo;Hoy estar&aacute;s conmigo en el para&iacute;so&raquo; (<i>Lc <\/i> 23, 43). Esta es la vida que alcanza su plenitud: la vida en Dios; una vida que ahora s&oacute;lo podemos entrever como se vislumbra el cielo sereno a trav&eacute;s de la bruma. <\/p>\n<p>En este clima de fe y de oraci&oacute;n, queridos hermanos, estamos reunidos en torno al altar para ofrecer el Sacrificio eucar&iacute;stico en sufragio de los cardenales, arzobispos y obispos que durante el a&ntilde;o han concluido su existencia terrena. De modo particular recordamos a los difuntos hermanos cardenales John Patrick Foley, Anthony Bevilacqua, Jos&eacute; S&aacute;nchez, Ignace Moussa Daoud, Luis Aponte Mart&iacute;nez, Rodolfo Quezada Toru&ntilde;o, Eug&ecirc;nio de Ara&uacute;jo Sales, Paul Shan Kuo-hsi, Carlo Maria Martini y Fortunato Baldelli. Extendemos nuestro afectuoso recuerdo tambi&eacute;n a todos los arzobispos y obispos difuntos, pidiendo al Se&ntilde;or, piadoso, justo y misericordioso (cf. <i>Sal <\/i>114) que les conceda el premio eterno prometido a los fieles servidores del Evangelio. <\/p>\n<p>Reflexionando en el testimonio de estos venerados hermanos nuestros, podemos reconocer en ellos a los disc&iacute;pulos &laquo;pacientes&raquo;, &laquo;misericordiosos&raquo;, &laquo;puros de coraz&oacute;n&raquo;, que &laquo;trabajan por la paz&raquo;, de quienes nos ha hablado el pasaje evang&eacute;lico (<i>Mt<\/i> 5, 1-12): amigos del Se&ntilde;or que, confiando en su promesa, en las dificultades y tambi&eacute;n en las persecuciones conservaron la alegr&iacute;a de la fe y ahora viven para siempre en la casa del Padre y gozan de la recompensa celestial, colmados de felicidad y de gracia. Los Pastores a quienes hoy recordamos sirvieron a la Iglesia con fidelidad y amor, afrontando a veces pruebas arduas, con tal de asegurar a la grey a ellos encomendada atenci&oacute;n y cuidado. En la variedad de las respectivas capacidades y funciones, dieron ejemplo de sol&iacute;cita vigilancia, de prudente y celante dedicaci&oacute;n al Reino de Dios, ofreciendo una preciosa contribuci&oacute;n a la &eacute;poca postconciliar, tiempo de renovaci&oacute;n en toda la Iglesia.<\/p>\n<p>La Mesa eucar&iacute;stica, a la que se acercaron, primero como fieles y despu&eacute;s, cotidianamente, como ministros, anticipa del modo m&aacute;s elocuente cuanto el Se&ntilde;or prometi&oacute; en el &laquo;serm&oacute;n de la monta&ntilde;a&raquo;: la posesi&oacute;n del Reino de los cielos, tomar parte en la mesa de la Jerusal&eacute;n celestial. Oremos para que ello se cumpla para todos. Nuestra oraci&oacute;n se alimenta de esta firme esperanza que &laquo;no defrauda&raquo; (<i>Rm <\/i>5, 5) porque est&aacute; garantizada por Cristo, que quiso vivir en la carne la experiencia de la muerte para triunfar sobre ella con el prodigioso acontecimiento de la resurrecci&oacute;n. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; busc&aacute;is entre los muertos al que est&aacute; vivo? No est&aacute; aqu&iacute;, ha resucitado&raquo; (<i>Lc <\/i>24, 5-6). Este anuncio de los &aacute;ngeles, proclamado en la ma&ntilde;ana de Pascua en el sepulcro vac&iacute;o, ha llegado a trav&eacute;s de los siglos a nosotros, y nos propone, tambi&eacute;n en esta asamblea lit&uacute;rgica, el motivo esencial de nuestra esperanza. En efecto, &laquo;si hemos muerto con Cristo \u2014recuerda san Pablo aludiendo a lo que aconteci&oacute; en el bautismo\u2014 creemos que tambi&eacute;n viviremos con &Eacute;l&raquo; (<i>Rm <\/i>6, 8). Es el Esp&iacute;ritu Santo mismo, por medio del cual el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones, el que hace que nuestra esperanza no sea vana (cf. <i>Rm <\/i>5, 5). Dios Padre, rico en misericordia, que entreg&oacute; a su Hijo unig&eacute;nito a la muerte cuando a&uacute;n &eacute;ramos pecadores, &iquest;c&oacute;mo no nos dar&aacute; la salvaci&oacute;n ahora que estamos justificados por Su sangre? (cf. <i>Rm <\/i>5, 6-11). Nuestra justicia se basa en la fe en Cristo. Es &Eacute;l el &laquo;Justo&raquo;, preanunciado en todas las Escrituras; es gracias a su Misterio pascual como, cruzando el umbral de la muerte, nuestros ojos podr&aacute;n ver a Dios, contemplar su rostro (cf. <i>Jb <\/i>19, 27a).<\/p>\n<p>Junto a la singular existencia humana del Hijo de Dios se sit&uacute;a la de su Madre sant&iacute;sima, a quien, &uacute;nica entre todas las criaturas, veneramos Inmaculada y llena de gracia. Nuestros hermanos cardenales y obispos, de quienes hoy hacemos memoria, fueron amados con predilecci&oacute;n por la Virgen Mar&iacute;a y correspondieron a su amor con devoci&oacute;n filial. A su materna intercesi&oacute;n queremos hoy encomendar sus almas, para que Ella los introduzca en el Reino eterno del Padre, rodeados de tantos de sus fieles por quienes entregaron la vida. Que Mar&iacute;a, con su mirada atenta, vele por ellos, que duermen ahora el sue&ntilde;o de la paz en espera de la feliz resurrecci&oacute;n. Y nosotros elevamos a Dios nuestra oraci&oacute;n por ellos, sostenidos por la esperanza de volver a encontrarnos todos un d&iacute;a unidos para siempre en el Para&iacute;so. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL EN SUFRAGIO DE LOS CARDENALES Y OBISPOS FALLECIDOS DURANTE EL A&Ntilde;O HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana, Altar de la C&aacute;tedra S&aacute;bado 3 de noviembre de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Venerados hermanos, queridos hermanos y hermanas: En nuestro coraz&oacute;n est&aacute; presente y vivo el clima de la comuni&oacute;n de los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-noviembre-2012-santa-misa-en-sufragio-de-los-cardenales-y-obispos-fallecidos-durante-el-ano\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab3 de noviembre 2012: Santa Misa en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el a\u00f1o\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41034","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41034","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41034"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41034\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41034"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41034"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41034"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}