{"id":41035,"date":"2016-10-06T15:18:59","date_gmt":"2016-10-06T20:18:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-octubre-de-2012-santa-misa-en-la-clausura-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-06T15:18:59","modified_gmt":"2016-10-06T20:18:59","slug":"28-de-octubre-de-2012-santa-misa-en-la-clausura-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-octubre-de-2012-santa-misa-en-la-clausura-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"28 de octubre de 2012: Santa Misa en la clausura del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20121228.pdf\">SANTA MISA PARA LA CLAUSURA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <em><strong><font size=\"4\" color=\"#663300\">HO<\/font><\/strong><\/em><font size=\"4\" color=\"#663300\"><em><strong>MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/strong><\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <em>Bas&iacute;lica Vaticana<br \/> Domingo 28 de octubre de 2012 <\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_LS2HHEQB\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>] <br \/> <\/strong><i><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <strong><em> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/synodus28oct2012.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/em><\/strong><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n<p><i>Venerables hermanos,<br \/> ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras,<br \/> queridos hermanos y hermanas<\/i><\/p>\n<p>El milagro de la curaci&oacute;n del ciego Bartimeo ocupa un lugar relevante en la estructura del Evangelio de Marcos. En efecto, est&aacute; colocado al final de la secci&oacute;n llamada &laquo;viaje a Jerusal&eacute;n&raquo;, es decir, la &uacute;ltima peregrinaci&oacute;n de Jes&uacute;s a la Ciudad Santa para la Pascua, en donde &eacute;l sabe que lo espera la pasi&oacute;n, la muerte y la resurrecci&oacute;n. Para subir a Jerusal&eacute;n, desde el valle del Jord&aacute;n, Jes&uacute;s pas&oacute; por Jeric&oacute;, y el encuentro con Bartimeo tuvo lugar a las afueras de la ciudad, mientras Jes&uacute;s, como anota el evangelista, sal&iacute;a &laquo;de Jeric&oacute; con sus disc&iacute;pulos y bastante gente&raquo; (10, 46); gente que, poco despu&eacute;s, aclamar&aacute; a Jes&uacute;s como Mes&iacute;as en su entrada a Jerusal&eacute;n. Bartimeo, cuyo nombre, como dice el mismo evangelista, significa &laquo;hijo de Timeo&raquo;, estaba precisamente sentado al borde del camino pidiendo limosna. Todo el Evangelio de Marcos es un itinerario de fe, que se desarrolla gradualmente en el seguimiento de Jes&uacute;s. Los disc&iacute;pulos son los primeros protagonistas de este paulatino descubrimiento, pero hay tambi&eacute;n otros personajes que desempe&ntilde;an &nbsp;un papel importante, y Bartimeo es uno de &eacute;stos. La suya es la &uacute;ltima curaci&oacute;n prodigiosa que Jes&uacute;s realiza antes de su pasi&oacute;n, y no es casual que sea la de un ciego, es decir una persona que ha perdido la luz de sus ojos. Sabemos tambi&eacute;n por otros textos que en los evangelios la ceguera tiene un importante significado. Representa al hombre que tiene necesidad de la luz de Dios, la luz de la fe, para conocer verdaderamente la realidad y recorrer el camino de la vida. Es esencial reconocerse ciegos, necesitados de esta luz, de lo contrario se es ciego para siempre (cf. <i>Jn<\/i> 9,39-41).<\/p>\n<p>Bartimeo, pues, en este punto estrat&eacute;gico del relato de Marcos, est&aacute; puesto como modelo. &Eacute;l no es ciego de nacimiento, sino que ha perdido la vista: es el hombre que ha perdido la luz y es consciente de ello, pero no ha perdido la esperanza, sabe percibir la posibilidad de un encuentro con Jes&uacute;s y conf&iacute;a en &eacute;l para ser curado. En efecto, cuando siente que el Maestro pasa por el camino, grita: &laquo;Hijo de David, Jes&uacute;s, ten compasi&oacute;n de m&iacute;&raquo; (<i>Mc<\/i> 10,47), y lo repite con fuerza (v. 48). Y cuando Jes&uacute;s lo llama y le pregunta qu&eacute; quiere de &eacute;l, responde: &laquo;Maestro, que pueda ver&raquo; (v. 51). Bartimeo representa al hombre que reconoce el propio mal y grita al Se&ntilde;or, con la confianza de ser curado. Su invocaci&oacute;n, simple y sincera, es ejemplar, y de hecho \u2013al igual que la del publicano en el templo: &laquo;Oh Dios, ten compasi&oacute;n de este pecador&raquo; (<i>Lc <\/i>18,13)\u2013 ha entrado en la tradici&oacute;n de la oraci&oacute;n cristiana. En el encuentro con Cristo, realizado con fe, Bartimeo recupera la luz que hab&iacute;a perdido, y con ella la plenitud de la propia dignidad: se pone de pie y retoma el camino, que desde aquel momento tiene un gu&iacute;a, Jes&uacute;s, y una ruta, la misma que Jes&uacute;s recorre. El evangelista no nos dice nada m&aacute;s de Bartimeo, pero en &eacute;l nos muestra qui&eacute;n es el disc&iacute;pulo: aquel que, con la luz de la fe, sigue a Jes&uacute;s &laquo;por el camino&raquo; (v. 52).<\/p>\n<p>San Agust&iacute;n, en uno de sus escritos, hace una observaci&oacute;n muy particular sobre la figura de Bartimeo, que puede resultar tambi&eacute;n interesante y significativa para nosotros. El Santo Obispo de Hipona reflexiona sobre el hecho de que Marcos, en este caso, indica el nombre no s&oacute;lo de la persona que ha sido curada, sino tambi&eacute;n del padre, y concluye que &laquo;Bartimeo, hijo de Timeo, era un personaje que de una gran prosperidad cay&oacute; en la miseria, y que &eacute;sta condici&oacute;n suya de miseria deb&iacute;a ser conocida por todos y de dominio p&uacute;blico, puesto que no era solamente un ciego, sino un mendigo sentado al borde del camino. Por esta raz&oacute;n Marcos lo recuerda solamente a &eacute;l, porque la recuperaci&oacute;n de su vista hizo que ese milagro tuviera una resonancia tan grande como la fama de la desventura que le sucedi&oacute;&raquo; (<i>Concordancia de los evangelios, <\/i>2, 65, 125: PL 34, 1138). Hasta aqu&iacute; san Agust&iacute;n.<\/p>\n<p>Esta interpretaci&oacute;n, que ve a Bartimeo como una persona ca&iacute;da en la miseria desde una condici&oacute;n de &laquo;gran prosperidad&raquo;, nos hace pensar; nos invita a reflexionar sobre el hecho de que hay riquezas preciosas para nuestra vida, y que no son materiales, que podemos perder. En esta perspectiva, Bartimeo podr&iacute;a ser la representaci&oacute;n de cuantos viven en regiones de antigua evangelizaci&oacute;n, donde la luz de la fe se ha debilitado, y se han alejado de Dios, ya no lo consideran importante para la vida: personas que por eso han perdido una gran riqueza, han &laquo;ca&iacute;do en la miseria&raquo; desde una alta dignidad \u2013no econ&oacute;mica o de poder terreno, sino cristiana \u2013, han perdido la orientaci&oacute;n segura y s&oacute;lida de la vida y se han convertido, con frecuencia inconscientemente, en mendigos del sentido de la existencia. Son las numerosas personas que tienen necesidad de una nueva evangelizaci&oacute;n, es decir de un nuevo encuentro con Jes&uacute;s, el Cristo, el Hijo de Dios (cf. <i>Mc <\/i>1,1), que puede abrir nuevamente sus ojos y mostrarles el camino. Es significativo que, mientras concluimos la Asamblea sinodal sobre la nueva evangelizaci&oacute;n, la liturgia nos proponga el Evangelio de Bartimeo. Esta Palabra de Dios tiene algo que decirnos de modo particular a nosotros, que en estos d&iacute;as hemos reflexionado sobre la urgencia de anunciar nuevamente a Cristo all&aacute; donde la luz de la fe se ha debilitado, all&aacute; donde el fuego de Dios es como un rescoldo, que pide ser reavivado, para que sea llama viva que da luz y calor a toda la casa.<\/p>\n<p>La nueva evangelizaci&oacute;n concierne toda la vida de la Iglesia. Ella se refiere, en primer lugar, a la pastoral ordinaria que debe estar m&aacute;s animada por el fuego del Esp&iacute;ritu, para encender los corazones de los fieles que regularmente frecuentan la comunidad y que se re&uacute;nen en el d&iacute;a del Se&ntilde;or para nutrirse de su Palabra y del Pan de vida eterna. Deseo subrayar tres l&iacute;neas pastorales que han surgido del S&iacute;nodo. La primera corresponde a los <i>sacramentos de la iniciaci&oacute;n cristiana<\/i>. Se ha reafirmado la necesidad de acompa&ntilde;ar con una catequesis adecuada la preparaci&oacute;n al bautismo, a la confirmaci&oacute;n y a la Eucarist&iacute;a. Tambi&eacute;n se ha reiterado la importancia de la penitencia, sacramento de la misericordia de Dios. La llamada del Se&ntilde;or a la santidad, dirigida a todos los cristianos, pasa a trav&eacute;s de este itinerario sacramental. En efecto, se ha repetido muchas veces que los verdaderos protagonistas de la nueva evangelizaci&oacute;n son los santos: ellos hablan un lenguaje comprensible para todos, con el ejemplo de la vida y con las obras de caridad.<\/p>\n<p>En segundo lugar, la nueva evangelizaci&oacute;n est&aacute; esencialmente conectada con la <i> misi&oacute;n ad gentes<\/i>. La Iglesia tiene la tarea de evangelizar, de anunciar el Mensaje de salvaci&oacute;n a los hombres que a&uacute;n no conocen a Jesucristo. En el transcurso de las reflexiones sinodales, se ha &nbsp;subrayado tambi&eacute;n que existen muchos lugares en &Aacute;frica, As&iacute;a y Ocean&iacute;a en donde los habitantes, muchas veces sin ser plenamente conscientes, esperan con gran expectativa el primer anuncio del Evangelio. Por tanto es necesario rezar al Esp&iacute;ritu Santo para que suscite en la Iglesia un renovado dinamismo misionero, cuyos protagonistas sean de modo especial los agentes pastorales y los fieles laicos. La globalizaci&oacute;n ha causado un notable desplazamiento de poblaciones; por tanto el primer anuncio se impone tambi&eacute;n en los pa&iacute;ses de antigua evangelizaci&oacute;n. Todos los hombres tienen el derecho de conocer a Jesucristo y su Evangelio; y a esto corresponde el deber de los cristianos, de todos los cristianos \u2013sacerdotes, religiosos y laicos\u2013, de anunciar la Buena Noticia.<\/p>\n<p>Un tercer aspecto tiene que ver con las personas <i>bautizadas pero que no viven las exigencias del bautismo<\/i>. Durante los trabajos sinodales se ha puesto de manifiesto que estas personas se encuentran en todos los continentes, especialmente en los pa&iacute;ses m&aacute;s secularizados. La Iglesia les dedica una atenci&oacute;n particular, para que encuentren nuevamente a Jesucristo, vuelvan a descubrir el gozo de la fe y regresen a las pr&aacute;cticas religiosas en la comunidad de los fieles. Adem&aacute;s de los m&eacute;todos pastorales tradicionales, siempre v&aacute;lidos, la Iglesia intenta utilizar tambi&eacute;n m&eacute;todos nuevos, usando asimismo nuevos lenguajes, apropiados a las diferentes culturas del mundo, proponiendo la verdad de Cristo con una actitud de di&aacute;logo y de amistad que tiene como fundamento a Dios que es Amor. En varias partes del mundo, la Iglesia ya ha emprendido dicho camino de creatividad pastoral, para acercarse a las personas alejadas y en busca del sentido de la vida, de la felicidad y, en definitiva, de Dios. Recordamos algunas importantes misiones ciudadanas, el &laquo;Atrio de los gentiles&raquo;, la Misi&oacute;n Continental, etc&eacute;tera. Sin duda el Se&ntilde;or, Buen Pastor, bendecir&aacute; abundantemente dichos esfuerzos que provienen del celo por su Persona y su Evangelio.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, Bartimeo, una vez recuperada la vista gracias a Jes&uacute;s, se uni&oacute; al grupo de los disc&iacute;pulos, entre los cuales seguramente hab&iacute;a otros que, como &eacute;l, hab&iacute;an sido curados por el Maestro. As&iacute; son los nuevos evangelizadores: personas que han tenido la experiencia de ser curados por Dios, mediante Jesucristo. Y su caracter&iacute;stica es una alegr&iacute;a de coraz&oacute;n, que dice con el salmista: &laquo;El Se&ntilde;or ha estado grande con nosotros, y estamos alegres&raquo; (<i>Sal <\/i>125,3). Tambi&eacute;n nosotros hoy, nos dirigimos al Se&ntilde;or, <i>Redemptor hominis<\/i> y <i>Lumen gentium<\/i>, con gozoso agradecimiento, haciendo nuestra una oraci&oacute;n de san Clemente de Alejandr&iacute;a: &laquo;Hasta ahora me he equivocado en la esperanza de encontrar a Dios, pero puesto que t&uacute; me iluminas, oh Se&ntilde;or, encuentro a Dios por medio de ti, y recibo al Padre de ti, me hago tu coheredero, porque no te has avergonzado de tenerme por hermano. Cancelemos, pues, cancelemos el olvido de la verdad, la ignorancia; y removiendo las tinieblas que nos impiden la vista como niebla en los ojos, contemplemos al verdadero Dios\u2026; ya que una luz del cielo brill&oacute; sobre nosotros sepultados en las tinieblas y prisioneros de la sombra de muerte, [una luz] m&aacute;s pura que el sol, m&aacute;s dulce que la vida de aqu&iacute; abajo&raquo; (<i>Protrettico, <\/i>113, 2- 114,1). Am&eacute;n<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LA CLAUSURA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 28 de octubre de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Venerables hermanos, ilustres se&ntilde;ores y se&ntilde;oras, queridos hermanos y hermanas El milagro de la curaci&oacute;n del ciego Bartimeo ocupa un lugar relevante en la estructura del Evangelio &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-octubre-de-2012-santa-misa-en-la-clausura-del-sinodo-de-los-obispos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de octubre de 2012: Santa Misa en la clausura del S\u00ednodo de los Obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41035","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41035","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41035"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41035\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41035"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41035"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41035"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}