{"id":41036,"date":"2016-10-06T15:19:00","date_gmt":"2016-10-06T20:19:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-octubre-de-2012-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-santiago-berthieu-pedro-calungsod-juan-bautista-piamarta-carmen-salles-y-barangueras-mariana-cope-catalina-tekakwitha-ana-schaffer\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:00","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:00","slug":"21-de-octubre-de-2012-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-santiago-berthieu-pedro-calungsod-juan-bautista-piamarta-carmen-salles-y-barangueras-mariana-cope-catalina-tekakwitha-ana-schaffer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-octubre-de-2012-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-santiago-berthieu-pedro-calungsod-juan-bautista-piamarta-carmen-salles-y-barangueras-mariana-cope-catalina-tekakwitha-ana-schaffer\/","title":{"rendered":"21 de octubre de 2012: Santa Misa y Canonizaci\u00f3n de los beatos Santiago Berthieu, Pedro Calungsod, Juan Bautista Piamarta, Carmen Sall\u00e9s y Barangueras, Mariana Cope, Catalina Tekakwitha, Ana Sch\u00e4ffer"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20121021.pdf\">CAPILLA PAPAL<br \/> PARA LA CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS: <\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20121021.pdf\">SANTIAGO BERTHIEU<br \/> PEDRO CALUNGSOD<br \/> JUAN BAUTISTA PIAMARTA<br \/> CARMEN SALL&Eacute;S Y BARANGUERAS<br \/> MARIANA COPE<br \/> CATALINA TEKAKWITHA<br \/> ANA SCH&Auml;FFER<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <em><strong><font color=\"#663300\" size=\"4\">HO<\/font><\/strong><\/em><font color=\"#663300\" size=\"4\"><em><strong>MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/strong><\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><em>Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 21 de octubre de 2012 <\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_OBHF1WAL\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<br \/> <\/strong><i><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <strong><em> <a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/canonizzazioni21ott2012.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/em><\/strong><\/font><\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <em>El hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por la multitud<\/em> (cf. <em>Mc <\/em>10,45).<\/p>\n<p> <em>Venerados Hermanos,<br \/> queridos hermanos y hermanas.<\/em><\/p>\n<p> Hoy la Iglesia escucha una vez m&aacute;s estas palabras de Jes&uacute;s, pronunciadas durante el camino hacia Jerusal&eacute;n, donde ten&iacute;a que cumplirse su misterio de pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n. Son palabras que manifiestan el sentido de la misi&oacute;n de Cristo en la tierra, caracterizada por su inmolaci&oacute;n, por su donaci&oacute;n total. En este tercer domingo de octubre, en el que se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, la Iglesia las escucha con particular intensidad y reaviva la conciencia de vivir completamente en perenne actitud de servicio al hombre y al Evangelio, como Aquel que se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo hasta el sacrificio de la vida.<\/p>\n<p> Saludo cordialmente a todos vosotros, que llen&aacute;is la Plaza de San Pedro, en particular a las delegaciones oficiales y a los peregrinos venidos para festejar a los siete nuevos santos. Saludo con afecto a los cardenales y obispos que en estos d&iacute;as est&aacute;n participando en la Asamblea sinodal sobre la Nueva Evangelizaci&oacute;n. Se da una feliz coincidencia entre la celebraci&oacute;n de esta Asamblea y la Jornada Misionera; y la Palabra de Dios que hemos escuchado resulta iluminadora para ambas. Ella nos muestra el estilo del evangelizador, llamado a dar testimonio y a anunciar el mensaje cristiano conform&aacute;ndose a Jesucristo, llevando su misma vida. Esto vale tanto para la misi&oacute;n <em>ad gentes <\/em>como para la nueva evangelizaci&oacute;n en las regiones de antigua tradici&oacute;n cristiana.<\/p>\n<p> <em>El hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por la multitud<\/em> (cf. <em>Mc <\/em>10,45).<\/p>\n<p> Estas palabras han constituido el programa de vida de los siete beatos que hoy la Iglesia inscribe solemnemente en el glorioso coro de los santos. Con valent&iacute;a heroica gastaron su existencia en una total consagraci&oacute;n a Dios y en un generoso servicio a los hermanos. Son hijos e hijas de la Iglesia, que escogieron una vida de servicio siguiendo al Se&ntilde;or. La santidad en la Iglesia tiene siempre su fuente en el misterio de la Redenci&oacute;n, que ya el profeta Isa&iacute;as prefigura en la primera lectura: el Siervo del Se&ntilde;or es el Justo que &laquo;justificar&aacute; a muchos, porque carg&oacute; con los cr&iacute;menes de ellos&raquo; (53,11); este Siervo es Jesucristo, crucificado, resucitado y vivo en la gloria. La canonizaci&oacute;n que estamos celebrando constituye una elocuente confirmaci&oacute;n de esta misteriosa realidad salvadora. La tenaz profesi&oacute;n de fe de estos siete generosos disc&iacute;pulos de Cristo, su configuraci&oacute;n al Hijo del hombre, resplandece hoy en toda la Iglesia.<\/p>\n<p> Jacques Berthieu, nacido en 1838 en Francia, fue desde muy temprano un enamorado de Jesucristo. Durante su ministerio parroquial, dese&oacute; ardientemente salvar a las almas. Al profesar como jesuita, quer&iacute;a recorrer el mundo para la gloria de Dios. Pastor infatigable en la isla de Santa Mar&iacute;a y despu&eacute;s en Madagascar, luch&oacute; contra la injusticia, aliviando a los pobres y los enfermos. Los malgaches lo consideraban como un sacerdote venido del cielo, y dec&iacute;an: t&uacute; eres nuestro <em>padre y madre<\/em>. &Eacute;l se hizo <em>todo para todos<\/em>, sacando de la oraci&oacute;n y el amor al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s la fuerza humana y sacerdotal para llegar hasta el martirio, en 1896. Muri&oacute; diciendo: <em>Prefiero morir antes que renunciar a mi fe. <\/em>Queridos amigos, que la vida de este evangelizador sea un acicate y un modelo para los sacerdotes, para que sean hombres de Dios como &eacute;l. Que su ejemplo ayude a los numerosos cristianos que hoy en d&iacute;a son perseguidos a causa de su fe. Que su intercesi&oacute;n, en este <em>A&ntilde;o de la fe<\/em>, sea fructuosa para Madagascar y el continente africano. Que Dios bendiga al pueblo malgache.<\/p>\n<p> Pedro Calungsod naci&oacute; alrededor del a&ntilde;o 1654, en la regi&oacute;n de Bisayas en Filipinas. Su amor a Cristo lo impuls&oacute; a prepararse como catequista con los misioneros jesuitas. En el a&ntilde;o 1668, junto con otros j&oacute;venes catequistas, acompa&ntilde;&oacute; al Padre Diego Luis de San V&iacute;tores a las Islas Marianas, para evangelizar al pueblo Chamorro. La vida all&iacute; era dura y los misioneros sufrieron la persecuci&oacute;n a causa de la envidia y las calumnias. Pedro, sin embargo, mostr&oacute; una gran fe y caridad y continu&oacute; catequizando a sus numerosos convertidos, dando testimonio de Cristo mediante una vida de pureza y dedicaci&oacute;n al Evangelio. Por encima de todo estaba su deseo de salvar almas para Cristo, y esto le llev&oacute; a aceptar con resoluci&oacute;n el martirio. Muri&oacute; el 2 de abril de 1672. Algunos testigos cuentan que Pedro pudo haber escapado para ponerse a salvo, pero eligi&oacute; permanecer al lado del Padre Diego. El sacerdote le dio a Pedro la absoluci&oacute;n antes de que &eacute;l mismo fuera asesinado. Que el ejemplo y el testimonio valeroso de Pedro Calungsod inspire al querido pueblo filipino para anunciar con ardor el Reino y ganar almas para Dios.<\/p>\n<p> Giovanni Battista Piamarta, sacerdote de la di&oacute;cesis de Brescia, fue un gran ap&oacute;stol de la caridad y de la juventud. Percib&iacute;a la exigencia de una presencia cultural y social del catolicismo en el mundo moderno, por eso se dedic&oacute; a hacer progresar cristiana, moral y profesionalmente a las nuevas generaciones con claras dosis de humanidad y bondad. Animado por una confianza inquebrantable en la Divina Providencia y por un profundo esp&iacute;ritu de sacrificio, afront&oacute; dificultades y fatigas para poner en pr&aacute;ctica varias obras apost&oacute;licas, entre las cuales: el Instituto de los artesanillos, la Editorial Queriniana, la Congregaci&oacute;n masculina de la Sagrada Familia de Nazaret y la Congregaci&oacute;n de las Humildes Siervas del Se&ntilde;or. El secreto de su intensa y laboriosa vida estaba en las largas horas que dedicaba a la oraci&oacute;n. Cuando estaba abrumado por el trabajo, aumentaba el tiempo para el encuentro, de coraz&oacute;n a coraz&oacute;n, con el Se&ntilde;or. Prefer&iacute;a permanecer junto al Sant&iacute;simo Sacramento, meditando la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, para retomar fuerzas espirituales y volver a lanzarse a la conquista del coraz&oacute;n de la gente, especialmente de los j&oacute;venes, para llevarlos otra vez a las fuentes de la vida con nuevas iniciativas pastorales.<\/p>\n<p> &laquo;Que tu misericordia, Se&ntilde;or, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti&raquo;. Con estas palabras, la liturgia nos invita a hacer nuestro este himno al Dios creador y providente, aceptando su plan en nuestras vidas. As&iacute; lo hizo Santa Mar&iacute;a del Carmelo Sall&eacute;s y Barangueras, religiosa nacida en Vic, Espa&ntilde;a, en 1848. Ella, viendo colmada su esperanza, despu&eacute;s de muchos avatares, al contemplar el progreso de la Congregaci&oacute;n de Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Ense&ntilde;anza, que hab&iacute;a fundado en 1892, pudo cantar junto a la Madre de Dios: &laquo;Su misericordia llega a sus fieles de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&raquo;. Su obra educativa, confiada a la Virgen Inmaculada, sigue dando abundantes frutos entre la juventud a trav&eacute;s de la entrega generosa de sus hijas, que como ella se encomiendan al Dios que todo lo puede.<\/p>\n<p> Paso hablar ahora de Mariana Cope, nacida en 1838 en Heppenheim, Alemania. Con apenas un a&ntilde;o de edad fue llevada a los Estados Unidos y en 1862 entr&oacute; en la Tercera Orden Regular de san Francisco, en Siracusa, Nueva York. M&aacute;s tarde, y como superiora general de su congregaci&oacute;n, Madre Mariana acogi&oacute; gustosamente la llamada a cuidar a los leprosos de Hawai, despu&eacute;s de que muchos se hubieran negado a ello. Con seis de sus hermanas de congregaci&oacute;n, fue personalmente a dirigir el hospital en Oahu, fundando m&aacute;s tarde el hospital de Malulani en Maui y abriendo una casa para ni&ntilde;as de padres leprosos. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s acept&oacute; la invitaci&oacute;n a abrir una casa para mujeres y ni&ntilde;as en la isla de Molokai, encamin&aacute;ndose all&iacute; con valor y poniendo fin de hecho a su contacto con el mundo exterior. All&iacute; cuid&oacute; al Padre Dami&aacute;n, entonces ya famoso por su heroico trabajo entre los leprosos, atendi&eacute;ndolo mientras mor&iacute;a y continuando su trabajo entre los leprosos. En un tiempo en el que poco se pod&iacute;a hacer por aquellos que sufr&iacute;an esta terrible enfermedad, Mariana Cope mostr&oacute; un amor, valor y entusiasmo inmenso. Ella es un ejemplo luminoso y valioso de la mejor tradici&oacute;n de las hermanas enfermeras cat&oacute;licas y del esp&iacute;ritu de su amado san Francisco.<\/p>\n<p> Kateri Tekakwitha naci&oacute; en el actual Estado de Nueva York, en 1656, de padre mohawk y madre algonquina cristiana, quien le trasmiti&oacute; la experiencia del Dios vivo. Fue bautizada a la edad de 20 a&ntilde;os y, para escapar de la persecuci&oacute;n, se refugi&oacute; en la misi&oacute;n de san Francisco Javier, cerca de Montreal. All&iacute; trabaj&oacute; hasta que muri&oacute; a los 24 a&ntilde;os de edad, fiel a las tradiciones de su pueblo, pero renunciando a las convicciones religiosas del mismo. Llevando una vida sencilla, Kateri permaneci&oacute; fiel a su amor a Jes&uacute;s, a su oraci&oacute;n y a su Misa diaria. Su deseo m&aacute;s alto era conocer y hacer lo que agradaba a Dios.<\/p>\n<p> Kateri impresiona por la acci&oacute;n de la gracia en su vida, carente de apoyos externos, y por la firmeza de una vocaci&oacute;n tan particular para su cultura. En ella, fe y cultura se enriquecen rec&iacute;procamente. Que su ejemplo nos ayude a vivir all&aacute; donde nos encontremos, sin renegar de lo que somos, amando a Jes&uacute;s. Santa Kateri, protectora de Canad&aacute; y primera santa amerindia, te confiamos la renovaci&oacute;n de la fe en los <em>pueblos originarios<\/em> y en toda Am&eacute;rica del Norte. Que Dios bendiga a los <em>pueblos originarios.<\/em><\/p>\n<p> La joven Anna Sch&auml;ffer, de Mindelstetten, quer&iacute;a entrar en una congregaci&oacute;n misionera. Nacida en una familia humilde, trabaj&oacute; como criada buscando ganar la dote necesaria y poder entrar as&iacute; en el convento. En este trabajo, tuvo un grave accidente, sufriendo quemaduras incurables en los pies que la postraron en un lecho para el resto de sus d&iacute;as. As&iacute;, la habitaci&oacute;n de la enferma se transform&oacute; en una celda conventual, y el sufrimiento en servicio misionero. Al principio se rebel&oacute; contra su destino, pero enseguida, comprendi&oacute; que su situaci&oacute;n fue una llamada amorosa del Crucificado para que le siguiera. Fortificada por la comuni&oacute;n cotidiana se convirti&oacute; en una intercesora infatigable en la oraci&oacute;n, y un espejo del amor de Dios para muchas personas en b&uacute;squeda de consejo. Que su apostolado de oraci&oacute;n y de sufrimiento, de ofrenda y de expiaci&oacute;n sea para los creyentes de su tierra un ejemplo luminoso. Que su intercesi&oacute;n intensifique la pastoral de los enfermos en cuidados paliativos, en su ben&eacute;fico trabajo.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, estos nuevos santos, diferentes por origen, lengua, naci&oacute;n y condici&oacute;n social, est&aacute;n unidos con todo el Pueblo de Dios en el misterio de la salvaci&oacute;n de Cristo, el Redentor. Junto a ellos, tambi&eacute;n nosotros reunidos aqu&iacute; con los Padres sinodales, procedentes de todas las partes del mundo, proclamamos con las palabras del salmo que el Se&ntilde;or &laquo;es nuestro auxilio y nuestro escudo&raquo;, y le pedimos: &laquo;Que tu misericordia, Se&ntilde;or, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti&raquo; (<em>Sal <\/em>32,20-22). Que el testimonio de los nuevos santos, de su vida generosamente ofrecida por amor de Cristo, hable hoy a toda la Iglesia, y su intercesi&oacute;n la fortalezca y la sostenga en su misi&oacute;n de anunciar el Evangelio al mundo entero.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL PARA LA CANONIZACI&Oacute;N DE LOS BEATOS: SANTIAGO BERTHIEU PEDRO CALUNGSOD JUAN BAUTISTA PIAMARTA CARMEN SALL&Eacute;S Y BARANGUERAS MARIANA COPE CATALINA TEKAKWITHA ANA SCH&Auml;FFER HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro Domingo 21 de octubre de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; El hijo del hombre ha venido a servir y dar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-octubre-de-2012-santa-misa-y-canonizacion-de-los-beatos-santiago-berthieu-pedro-calungsod-juan-bautista-piamarta-carmen-salles-y-barangueras-mariana-cope-catalina-tekakwitha-ana-schaffer\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab21 de octubre de 2012: Santa Misa y Canonizaci\u00f3n de los beatos Santiago Berthieu, Pedro Calungsod, Juan Bautista Piamarta, Carmen Sall\u00e9s y Barangueras, Mariana Cope, Catalina Tekakwitha, Ana Sch\u00e4ffer\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41036","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41036","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41036"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41036\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41036"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41036"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41036"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}