{"id":41038,"date":"2016-10-06T15:19:03","date_gmt":"2016-10-06T20:19:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-octubre-de-2012-santa-misa-con-ocasion-de-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-y-proclamacion-de-san-juan-de-avila-y-santa-hildegarda-de-bingen-doctores-de-la-iglesia\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:03","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:03","slug":"7-de-octubre-de-2012-santa-misa-con-ocasion-de-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-y-proclamacion-de-san-juan-de-avila-y-santa-hildegarda-de-bingen-doctores-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-octubre-de-2012-santa-misa-con-ocasion-de-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-y-proclamacion-de-san-juan-de-avila-y-santa-hildegarda-de-bingen-doctores-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"7 de octubre de 2012: Santa Misa con ocasi\u00f3n de la apertura del S\u00ednodo de los Obispos y proclamaci\u00f3n de san Juan de \u00c1vila y santa Hildegarda de Bingen \u00abDoctores de la Iglesia\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20121007.pdf\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LA APERTURA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<br \/> Y PROCLAMACI&Oacute;N COMO DOCTORES DE LA IGLESIA<br \/> DE SAN JUAN DE &Aacute;VILA Y DE SANTA HILDEGARDA DE BINGEN<\/font><\/a><\/p>\n<p align=\"center\"> <em><strong><font color=\"#663300\" size=\"4\">HO<\/font><\/strong><\/em><font color=\"#663300\" size=\"4\"><em><strong>MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/strong><\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><em>Plaza de San Pedro<br \/> Domingo 7 de octubre de 2012 <\/em><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <strong>[<\/strong><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_C6JZYTRH\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><strong>]<br \/> <\/strong> <i> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <strong> <b><a href=\"http:\/\/www.photogallery.va\/content\/photogallery\/es\/synodus7oct2012.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica 1<\/a><\/b><\/strong><\/font><br \/> <b><font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20121007\/index.html\">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica 2<\/a><\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p> <em>Venerables hermanos,<br \/> queridos hermanos y hermanas<\/em><\/p>\n<p> Con esta solemne concelebraci&oacute;n inauguramos la <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/synod\/index_sp.htm#XIII_Asamblea_General_Ordinaria_del_S%C3%ADnodo_de_los_Obispos\">XIII Asamblea General Ordinaria del S&iacute;nodo de los Obispos<\/a>, que tiene como tema: <em>La nueva evangelizaci&oacute;n para la transmisi&oacute;n de la fe cristiana<\/em>. Esta tem&aacute;tica responde a una orientaci&oacute;n program&aacute;tica para la vida de la Iglesia, la de todos sus miembros, las familias, las comunidades, la de sus instituciones. Dicha perspectiva se refuerza por la coincidencia con el comienzo del <em> <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.annusfidei.va\">A&ntilde;o de la fe<\/a>, <\/em>que tendr&aacute; lugar el pr&oacute;ximo jueves 11 de octubre, en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II. Doy mi cordial bienvenida, llena de reconocimiento, a los que hab&eacute;is venido a formar parte de esta Asamblea sinodal, en particular al Secretario general del S&iacute;nodo de los Obispos y a sus colaboradores. Hago extensivo mi saludo a los delegados fraternos de otras Iglesias y Comunidades Eclesiales, y a todos los presentes, invit&aacute;ndolos a acompa&ntilde;ar con la oraci&oacute;n cotidiana los trabajos que desarrollaremos en las pr&oacute;ximas tres semanas.<\/p>\n<p> Las lecturas b&iacute;blicas de la Liturgia de la Palabra de este domingo nos ofrecen dos puntos principales de reflexi&oacute;n: el primero sobre el matrimonio, que retomar&eacute; m&aacute;s adelante; el segundo sobre Jesucristo, que abordo a continuaci&oacute;n. No tenemos el tiempo para comentar el pasaje de la <em>carta a los Hebreos<\/em>, pero debemos, al comienzo de esta Asamblea sinodal, acoger la invitaci&oacute;n a fijar los ojos en el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, &laquo;coronado de gloria y honor por su pasi&oacute;n y muerte&raquo; (<em>Hb <\/em>2,9). La Palabra de Dios nos pone ante el crucificado glorioso, de modo que toda nuestra vida, y en concreto la tarea de esta asamblea sinodal, se lleve a cabo en su presencia y a la luz de su misterio. La evangelizaci&oacute;n, en todo tiempo y lugar, tiene siempre como punto central y &uacute;ltimo a Jes&uacute;s, el Cristo, el Hijo de Dios (cf. <em>Mc<\/em> 1,1); y el crucifijo es por excelencia el signo distintivo de quien anuncia el Evangelio: signo de amor y de paz, llamada a la conversi&oacute;n y a la reconciliaci&oacute;n. Que nosotros venerados hermanos seamos los primeros en tener la mirada del coraz&oacute;n puesta en &eacute;l, dej&aacute;ndonos purificar por su gracia.<\/p>\n<p> Quisiera ahora reflexionar brevemente sobre la &laquo;nueva evangelizaci&oacute;n&raquo;, relacion&aacute;ndola con la evangelizaci&oacute;n ordinaria y con la misi&oacute;n <em>ad gentes.<\/em> La Iglesia existe para evangelizar. Fieles al mandato del Se&ntilde;or Jesucristo, sus disc&iacute;pulos fueron por el mundo entero para anunciar la Buena Noticia, fundando por todas partes las comunidades cristianas. Con el tiempo, estas han llegado a ser Iglesias bien organizadas con numerosos fieles. En determinados periodos hist&oacute;ricos, la divina Providencia ha suscitado un renovado dinamismo de la actividad evangelizadora de la Iglesia. Basta pensar en la evangelizaci&oacute;n de los pueblos anglosajones y eslavos, o en la transmisi&oacute;n del Evangelio en el continente americano, y m&aacute;s tarde los distintos periodos misioneros en los pueblos de &Aacute;frica, As&iacute;a y Ocean&iacute;a. Sobre este trasfondo din&aacute;mico, me agrada mirar tambi&eacute;n a las dos figuras luminosas que acabo de proclamar Doctores de la Iglesia: san Juan de &Aacute;vila y santa Hildegarda de Bingen. Tambi&eacute;n en nuestro tiempo el Esp&iacute;ritu Santo ha suscitado en la Iglesia un nuevo impulso para anunciar la Buena Noticia, un dinamismo espiritual y pastoral que ha encontrado su expresi&oacute;n m&aacute;s universal y su impulso m&aacute;s autorizado en el Concilio Ecum&eacute;nico Vaticano II. Este renovado dinamismo de evangelizaci&oacute;n produce un influjo beneficioso sobre las dos &laquo;ramas&raquo; especificas que se desarrollan a partir de ella, es decir, por una parte, la <em>missio ad gentes<\/em>, esto es el anuncio del Evangelio a aquellos que aun no conocen a Jesucristo y su mensaje de salvaci&oacute;n; y, por otra parte, <em>la nueva evangelizaci&oacute;n<\/em>, orientada principalmente a las personas que, aun estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia, y viven sin tener en cuenta la praxis cristiana. La Asamblea sinodal que hoy se abre esta dedicada a esta nueva evangelizaci&oacute;n, para favorecer en estas personas un nuevo encuentro con el Se&ntilde;or, el &uacute;nico que llena de significado profundo y de paz nuestra existencia; para favorecer el redescubrimiento de la fe, fuente de gracia que trae alegr&iacute;a y esperanza a la vida personal, familiar y social. Obviamente, esa orientaci&oacute;n particular no debe disminuir el impulso misionero, en sentido propio, ni la actividad ordinaria de evangelizaci&oacute;n en nuestras comunidades cristianas. En efecto, los tres aspectos de la &uacute;nica realidad de evangelizaci&oacute;n se completan y fecundan mutuamente.<\/p>\n<p> El tema del matrimonio, que nos propone el Evangelio y la primera lectura, merece en este sentido una atenci&oacute;n especial. El mensaje de la Palabra de Dios se puede resumir en la expresi&oacute;n que se encuentra en el libro del G&eacute;nesis y que el mismo Jes&uacute;s retoma: &laquo;Por eso abandonar&aacute; el var&oacute;n a su padre y a su madre, se unir&aacute; a su mujer y ser&aacute;n una sola carne&raquo; (<em>Gn<\/em> 1,24, <em>Mc<\/em> 10,7-8). &iquest;Qu&eacute; nos dice hoy esta palabra? Pienso que nos invita a ser m&aacute;s conscientes de una realidad ya conocida pero tal vez no del todo valorizada: que el matrimonio constituye en s&iacute; mismo un evangelio, una Buena Noticia para el mundo actual, en particular para el mundo secularizado. La uni&oacute;n del hombre y la mujer, su ser &laquo;una sola carne&raquo; en la caridad, en el amor fecundo e indisoluble, es un signo que habla de Dios con fuerza, con una elocuencia que en nuestros d&iacute;as llega a ser mayor, porque, lamentablemente y por varias causas, el matrimonio, precisamente en las regiones de antigua evangelizaci&oacute;n, atraviesa una profunda crisis. Y no es casual. El matrimonio est&aacute; unido a la fe, no en un sentido gen&eacute;rico. El matrimonio, como uni&oacute;n de amor fiel e indisoluble, se funda en la gracia que viene de Dios Uno y Trino, que en Cristo nos ha amado con un amor fiel hasta la cruz. Hoy podemos percibir toda la verdad de esta afirmaci&oacute;n, contrast&aacute;ndola con la dolorosa realidad de tantos matrimonios que desgraciadamente terminan mal. Hay una evidente correspondencia entre la crisis de la fe y la crisis del matrimonio. Y, como la Iglesia afirma y testimonia desde hace tiempo, el matrimonio est&aacute; llamado a ser no s&oacute;lo objeto, sino sujeto de la nueva evangelizaci&oacute;n. Esto se realiza ya en muchas experiencias, vinculadas a comunidades y movimientos, pero se est&aacute; realizando cada vez m&aacute;s tambi&eacute;n en el tejido de las di&oacute;cesis y de las parroquias, como ha demostrado el reciente Encuentro Mundial de las Familias.<\/p>\n<p> Una de las ideas clave del renovado impulso que el Concilio Vaticano II ha dado a la evangelizaci&oacute;n es la de la llamada universal a la santidad, que como tal concierne a todos los cristianos (cf. <em>Const. <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/em>, 39-42). Los santos son los verdaderos protagonistas de la evangelizaci&oacute;n en todas sus expresiones. Ellos son, tambi&eacute;n de forma particular, los pioneros y los que impulsan la nueva evangelizaci&oacute;n: con su intercesi&oacute;n y el ejemplo de sus vidas, abierta a la fantas&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo, muestran la belleza del Evangelio y de la comuni&oacute;n con Cristo a las personas indiferentes o incluso hostiles, e invitan a los creyentes tibios, por decirlo as&iacute;, a que con alegr&iacute;a vivan de fe, esperanza y caridad, a que descubran el &laquo;gusto&raquo; por la Palabra de Dios y&nbsp; los sacramentos, en particular por el pan de vida, la eucarist&iacute;a. Santos y santas florecen entre los generosos misioneros que anuncian la buena noticia a los no cristianos, tradicionalmente en los pa&iacute;ses de misi&oacute;n y actualmente en todos los lugares donde viven personas no cristianas. La santidad no conoce barreras culturales, sociales, pol&iacute;ticas, religiosas. Su lenguaje \u2013 el del amor y la verdad \u2013 es comprensible a todos los hombres de buena voluntad y los acerca a Jesucristo, fuente inagotable de vida nueva.<\/p>\n<p> A este respecto, nos paramos un momento para admirar a los dos santos que hoy han sido agregados al grupo escogido de los doctores de la Iglesia. San Juan de &Aacute;vila vivi&oacute; en el siglo XVI. Profundo conocedor de las Sagradas Escrituras, estaba dotado de un ardiente esp&iacute;ritu misionero. Supo penetrar con singular profundidad en los misterios de la redenci&oacute;n obrada por Cristo para la humanidad. Hombre de Dios, un&iacute;a la oraci&oacute;n constante con la acci&oacute;n apost&oacute;lica. Se dedic&oacute; a la predicaci&oacute;n y al incremento de la pr&aacute;ctica de los sacramentos, concentrando sus esfuerzos en mejorar la formaci&oacute;n de los candidatos al sacerdocio, de los religiosos y los laicos, con vistas a una fecunda reforma de la Iglesia.<\/p>\n<p> Santa Hildegarda de Bilden, importante figura femenina del siglo XII, ofreci&oacute; una preciosa contribuci&oacute;n al crecimiento de la Iglesia de su tiempo, valorizando los dones recibidos de Dios y mostr&aacute;ndose una mujer de viva inteligencia, profunda sensibilidad y reconocida autoridad espiritual. El Se&ntilde;or la dot&oacute; de esp&iacute;ritu prof&eacute;tico y de intensa capacidad para discernir los signos de los tiempos. Hildegarda alimentaba un gran amor por la creaci&oacute;n, cultiv&oacute; la medicina, la poes&iacute;a y la m&uacute;sica. Sobre todo conserv&oacute; siempre un amor grande y fiel por Cristo y su Iglesia.<\/p>\n<p> La mirada sobre el ideal de la vida cristiana, expresado en la llamada a la santidad, nos impulsa a mirar con humildad la fragilidad de tantos cristianos, m&aacute;s aun, su pecado, personal y comunitario, que representa un gran obst&aacute;culo para la evangelizaci&oacute;n, y a reconocer la fuerza de Dios que, en la fe, viene al encuentro de la debilidad humana. Por tanto, no se puede hablar de la nueva evangelizaci&oacute;n sin una disposici&oacute;n sincera de conversi&oacute;n. Dejarse reconciliar con Dios y con el pr&oacute;jimo (cf. <i>2 Cor<\/i> 5,20) es la v&iacute;a maestra de la nueva evangelizaci&oacute;n. &Uacute;nicamente purificados, los cristianos podr&aacute;n encontrar el leg&iacute;timo orgullo de su dignidad de hijos de Dios, creados a su imagen y redimidos con la sangre preciosa de Jesucristo, y experimentar su alegr&iacute;a para compartirla con todos, con los de cerca y los de lejos.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, encomendemos a Dios los trabajos de la Asamblea sinodal con el sentimiento vivo de la comuni&oacute;n de los santos, invocando la particular intercesi&oacute;n de los grandes evangelizadores, entre los cuales queremos contar con gran afecto al beato Papa Juan Pablo II, cuyo largo pontificado ha sido tambi&eacute;n ejemplo de nueva evangelizaci&oacute;n. Nos ponemos bajo la protecci&oacute;n de la bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, Estrella de la nueva evangelizaci&oacute;n. Con ella invocamos una especial efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, que ilumine desde lo alto la Asamblea sinodal y la haga fruct&iacute;fera para el camino de la Iglesia hoy, en nuestro tiempo. Amen.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA PARA LA APERTURA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS Y PROCLAMACI&Oacute;N COMO DOCTORES DE LA IGLESIA DE SAN JUAN DE &Aacute;VILA Y DE SANTA HILDEGARDA DE BINGEN HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Plaza de San Pedro Domingo 7 de octubre de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica 1 Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica 2 &nbsp; Venerables hermanos, queridos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-octubre-de-2012-santa-misa-con-ocasion-de-la-apertura-del-sinodo-de-los-obispos-y-proclamacion-de-san-juan-de-avila-y-santa-hildegarda-de-bingen-doctores-de-la-iglesia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de octubre de 2012: Santa Misa con ocasi\u00f3n de la apertura del S\u00ednodo de los Obispos y proclamaci\u00f3n de san Juan de \u00c1vila y santa Hildegarda de Bingen \u00abDoctores de la Iglesia\u00bb\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41038","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41038","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41038"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41038\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41038"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41038"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41038"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}