{"id":41042,"date":"2016-10-06T15:19:09","date_gmt":"2016-10-06T20:19:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2012-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:09","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:09","slug":"15-de-agosto-de-2012-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2012-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 2012: Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda &#8211; Santa Misa en la parroquia de Santo Tom\u00e1s de Villanueva, Castelgandolfo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD <br \/> DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p> <i>Parroquia de Santo Tom&aacute;s de Villanueva, Castelgandolfo<br \/> Mi&eacute;rcoles 15 de agosto de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b>[<a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_SO2SSFE7\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><strong>]<\/strong><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>El 1 de noviembre de 1950, el venerable Papa P&iacute;o XII proclam&oacute; como dogma que la Virgen Mar&iacute;a &laquo;terminado el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial&raquo;. Esta verdad de fe era conocida por la Tradici&oacute;n, afirmada por los Padres de la Iglesia, y era sobre todo un aspecto relevante del culto tributado a la Madre de Cristo. Precisamente el elemento cultual constituy&oacute;, por decirlo as&iacute;, la fuerza motriz que determin&oacute; la formulaci&oacute;n de este dogma: el dogma aparece como un acto de alabanza y de exaltaci&oacute;n respecto de la Virgen santa. Esto emerge tambi&eacute;n del texto mismo de la constituci&oacute;n apost&oacute;lica, donde se afirma que el dogma es proclamado &laquo;para honor del Hijo, para glorificaci&oacute;n de la Madre y para alegr&iacute;a de toda la Iglesia&raquo;. As&iacute; se expres&oacute; en la forma dogm&aacute;tica lo que ya se hab&iacute;a celebrado en el culto y en la devoci&oacute;n del pueblo de Dios como la m&aacute;s alta y estable glorificaci&oacute;n de Mar&iacute;a: el acto de proclamaci&oacute;n de la Asunci&oacute;n se present&oacute; casi como una liturgia de la fe. Y, en el Evangelio que acabamos de escuchar, Mar&iacute;a misma pronuncia prof&eacute;ticamente algunas palabras que orientan en esta perspectiva. Dice: &laquo;Desde ahora me felicitar&aacute;n todas la generaciones&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 48). Es una profec&iacute;a para toda la historia de la Iglesia. Esta expresi&oacute;n del Magn&iacute;ficat, referida por san Lucas, indica que la alabanza a la Virgen santa, Madre de Dios, &iacute;ntimamente unida a Cristo su Hijo, concierne a la Iglesia de todos los tiempos y de todos los lugares. Y la anotaci&oacute;n de estas palabras por parte del evangelista presupone que la glorificaci&oacute;n de Mar&iacute;a ya estaba presente en el tiempo de san Lucas y que &eacute;l la consideraba un deber y un compromiso de la comunidad cristiana para todas las generaciones. Las palabras de Mar&iacute;a dicen que es un deber de la Iglesia recordar la grandeza de la Virgen por la fe. As&iacute; pues, esta solemnidad es una invitaci&oacute;n a alabar a Dios, a contemplar la grandeza de la Virgen, porque es en el rostro de los suyos donde conocemos qui&eacute;n es Dios.<\/p>\n<p>Pero, &iquest;por qu&eacute; Mar&iacute;a es glorificada con la asunci&oacute;n al cielo? San Lucas, como hemos escuchado, ve la ra&iacute;z de la exaltaci&oacute;n y de la alabanza a Mar&iacute;a en la expresi&oacute;n de Isabel: &laquo;Bienaventurada la que ha cre&iacute;do&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 45). Y el Magn&iacute;ficat, este canto al Dios vivo y operante en la historia, es un himno de fe y de amor, que brota del coraz&oacute;n de la Virgen. Ella vivi&oacute; con fidelidad ejemplar y custodi&oacute; en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de su coraz&oacute;n las palabras de Dios a su pueblo, las promesas hechas a Abrah&aacute;n, Isaac y Jacob, convirti&eacute;ndolas en el contenido de su oraci&oacute;n: en el Magn&iacute;ficat la Palabra de Dios se convirti&oacute; en la palabra de Mar&iacute;a, en l&aacute;mpara de su camino, y la dispuso a acoger tambi&eacute;n en su seno al Verbo de Dios hecho carne. La p&aacute;gina evang&eacute;lica de hoy recuerda la presencia de Dios en la historia y en el desarrollo mismo de los acontecimientos; en particular hay una referencia al <i>Segundo libro de Samuel <\/i>en el cap&iacute;tulo sexto (6, 1-15), en el que David transporta el Arca santa de la Alianza. El paralelo que hace el evangelista es claro: Mar&iacute;a, en espera del nacimiento de su Hijo Jes&uacute;s, es el Arca santa que lleva en s&iacute; la presencia de Dios, una presencia que es fuente de consuelo, de alegr&iacute;a plena. De hecho, Juan danza en el seno de Isabel, exactamente como David danzaba delante del Arca. Mar&iacute;a es la &laquo;visita&raquo; de Dios que produce alegr&iacute;a. Zacar&iacute;as, en su canto de alabanza, lo dir&aacute; expl&iacute;citamente: &laquo;Bendito sea el Se&ntilde;or, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 68). La casa de Zacar&iacute;as experiment&oacute; la visita de Dios con el nacimiento inesperado de Juan Bautista, pero sobre todo con la presencia de Mar&iacute;a, que lleva en su seno al Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Pero ahora nos preguntamos: &iquest;qu&eacute; da a nuestro camino, a nuestra vida, la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a? La primera respuesta es: en la Asunci&oacute;n vemos que en Dios hay espacio para el hombre; Dios mismo es la casa con muchas moradas de la que habla Jes&uacute;s (cf. <i>Jn <\/i>14, 2); Dios es la casa del hombre, en Dios hay espacio de Dios. Y Mar&iacute;a, uni&eacute;ndose a Dios, unida a &eacute;l, no se aleja de nosotros, no va a una galaxia desconocida; quien va a Dios, se acerca, porque Dios est&aacute; cerca de todos nosotros, y Mar&iacute;a, unida a Dios, participa de la presencia de Dios, est&aacute; muy cerca de nosotros, de cada uno de nosotros. Hay unas hermosas palabras de san Gregorio Magno sobre san Benito que podemos aplicar tambi&eacute;n a Mar&iacute;a: san Gregorio Magno dice que el coraz&oacute;n de san Benito se hizo tan grande que toda la creaci&oacute;n pod&iacute;a entrar en &eacute;l. Esto vale mucho m&aacute;s para Mar&iacute;a: Mar&iacute;a, unida totalmente a Dios, tiene un coraz&oacute;n tan grande que toda la creaci&oacute;n puede entrar en &eacute;l, y los ex-votos en todas las partes de la tierra lo demuestran. Mar&iacute;a est&aacute; cerca, puede escuchar, puede ayudar, est&aacute; cerca de todos nosotros. En Dios hay espacio para el hombre, y Dios est&aacute; cerca, y Mar&iacute;a, unida a Dios, est&aacute; muy cerca, tiene el coraz&oacute;n tan grande como el coraz&oacute;n de Dios.<\/p>\n<p>Pero tambi&eacute;n hay otro aspecto: no s&oacute;lo en Dios hay espacio para el hombre; en el hombre hay espacio para Dios. Tambi&eacute;n esto lo vemos en Mar&iacute;a, el Arca santa que lleva la presencia de Dios. En nosotros hay espacio para Dios y esta presencia de Dios en nosotros, tan importante para iluminar al mundo en su tristeza, en sus problemas, esta presencia se realiza en la fe: en la fe abrimos las puertas de nuestro ser para que Dios entre en nosotros, para que Dios pueda ser la fuerza que da vida y camino a nuestro ser. En nosotros hay espacio; abr&aacute;monos como se abri&oacute; Mar&iacute;a, diciendo: &laquo;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or, h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu Palabra&raquo;. Abri&eacute;ndonos a Dios no perdemos nada. Al contrario: nuestra vida se hace rica y grande.<\/p>\n<p>As&iacute;, la fe, la esperanza y el amor se combinan. Hoy se habla mucho de un mundo mejor, que todos anhelan: ser&iacute;a nuestra esperanza. No sabemos, no s&eacute; si este mundo mejor vendr&aacute; y cu&aacute;ndo vendr&aacute;. Lo seguro es que un mundo que se aleja de Dios no se hace mejor, sino peor. S&oacute;lo la presencia de Dios puede garantizar tambi&eacute;n un mundo bueno. Pero dejemos esto. Una cosa, una esperanza es segura: Dios nos aguarda, nos espera; no vamos al vac&iacute;o; &eacute;l nos espera. Dios nos espera y, al ir al otro mundo, nos espera la bondad de la Madre, encontramos a los nuestros, encontramos el Amor eterno. Dios nos espera: esta es nuestra gran alegr&iacute;a y la gran esperanza que nace precisamente de esta fiesta. Mar&iacute;a nos visita, y es la alegr&iacute;a de nuestra vida, y la alegr&iacute;a es esperanza.<\/p>\n<p>As&iacute; pues, &iquest;qu&eacute; decir? Coraz&oacute;n grande, presencia de Dios en el mundo, espacio de Dios en nosotros y espacio de Dios para nosotros, esperanza, Dios nos espera: esta es la sinfon&iacute;a de esta fiesta, la indicaci&oacute;n que nos da la meditaci&oacute;n de esta solemnidad. Mar&iacute;a es aurora y esplendor de la Iglesia triunfante; ella es el consuelo y la esperanza del pueblo todav&iacute;a peregrino, dice el Prefacio de hoy. Encomend&eacute;monos a su intercesi&oacute;n maternal, para que nos obtenga del Se&ntilde;or reforzar nuestra fe en la vida eterna; para que nos ayude a vivir bien el tiempo que Dios nos ofrece con esperanza. Una esperanza cristiana, que no es s&oacute;lo nostalgia del cielo, sino tambi&eacute;n deseo vivo y operante de Dios aqu&iacute; en el mundo, deseo de Dios que nos hace peregrinos incansables, alimentando en nosotros la valent&iacute;a y la fuerza de la fe, que al mismo tiempo es valent&iacute;a y fuerza del amor. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA VIRGEN MAR&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Parroquia de Santo Tom&aacute;s de Villanueva, Castelgandolfo Mi&eacute;rcoles 15 de agosto de 2012 [V&iacute;deo] &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: El 1 de noviembre de 1950, el venerable Papa P&iacute;o XII proclam&oacute; como dogma que la Virgen Mar&iacute;a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2012-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-santa-misa-en-la-parroquia-de-santo-tomas-de-villanueva-castelgandolfo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab15 de agosto de 2012: Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda &#8211; Santa Misa en la parroquia de Santo Tom\u00e1s de Villanueva, Castelgandolfo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41042","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41042","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41042"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41042\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41042"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41042"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41042"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}