{"id":41045,"date":"2016-10-06T15:19:13","date_gmt":"2016-10-06T20:19:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-2012-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/"},"modified":"2016-10-06T15:19:13","modified_gmt":"2016-10-06T20:19:13","slug":"7-de-junio-de-2012-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-2012-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/","title":{"rendered":"7 de junio de 2012: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/libretti\/2012\/20120607.pdf\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI<\/font><\/b><\/p>\n<p> Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n<br \/> Jueves 7 de junio de 2012<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b>[<\/b><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b><a href=\"http:\/\/player.rv.va\/vaticanplayer.asp?language=it&amp;tic=VA_GHWC5RZI\" target=\"_blank\">V&iacute;deo<\/a><\/b><\/font><b>]<br \/> <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/photogallery\/2012\/20120607\/index.html\"> Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica<\/a><\/i><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Esta tarde quiero meditar con vosotros sobre dos aspectos, relacionados entre s&iacute;, del Misterio eucar&iacute;stico: el culto de la Eucarist&iacute;a y su sacralidad. Es importante volverlos a tomar en consideraci&oacute;n para preservarlos de visiones incompletas del Misterio mismo, como las que se han dado en el pasado reciente.<\/p>\n<p>Ante todo, una reflexi&oacute;n sobre el valor del culto eucar&iacute;stico, en particular de la adoraci&oacute;n del Sant&iacute;simo Sacramento. Es la experiencia que tambi&eacute;n esta tarde viviremos nosotros despu&eacute;s de la misa, antes de la procesi&oacute;n, durante su desarrollo y al terminar. Una interpretaci&oacute;n unilateral del concilio Vaticano II hab&iacute;a penalizado esta dimensi&oacute;n, restringiendo en la pr&aacute;ctica la Eucarist&iacute;a al momento celebrativo. En efecto, ha sido muy importante reconocer la centralidad de la celebraci&oacute;n, en la que el Se&ntilde;or convoca a su pueblo, lo re&uacute;ne en torno a la doble mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo alimenta y lo une a s&iacute; en la ofrenda del Sacrificio. Esta valorizaci&oacute;n de la asamblea lit&uacute;rgica, en la que el Se&ntilde;or act&uacute;a y realiza su misterio de comuni&oacute;n, obviamente sigue siendo v&aacute;lida, pero debe situarse en el justo equilibrio. De hecho \u2014como sucede a menudo\u2014 para subrayar un aspecto se acaba por sacrificar otro. En este caso, la justa acentuaci&oacute;n puesta sobre la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a ha ido en detrimento de la adoraci&oacute;n, como acto de fe y de oraci&oacute;n dirigido al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones tambi&eacute;n sobre la vida espiritual de los fieles. En efecto, concentrando toda la relaci&oacute;n con Jes&uacute;s Eucarist&iacute;a en el &uacute;nico momento de la santa misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y as&iacute; se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jes&uacute;s en medio de nosotros y con nosotros, una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como &laquo;Coraz&oacute;n palpitante&raquo; de la ciudad, del pa&iacute;s, del territorio con sus diversas expresiones y actividades. El Sacramento de la caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.<\/p>\n<p>En realidad, es un error contraponer la celebraci&oacute;n y la adoraci&oacute;n, como si estuvieran en competici&oacute;n una contra otra. Es precisamente lo contrario: el culto del Sant&iacute;simo Sacramento es como el &laquo;ambiente&raquo; espiritual dentro del cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucarist&iacute;a. La acci&oacute;n lit&uacute;rgica s&oacute;lo puede expresar su pleno significado y valor si va precedida, acompa&ntilde;ada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoraci&oacute;n. El encuentro con Jes&uacute;s en la santa misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que &eacute;l, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa, y luego, tras disolverse la asamblea, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompa&ntilde;a con su intercesi&oacute;n, recogiendo nuestros sacrificios espirituales y ofreci&eacute;ndolos al Padre.<\/p>\n<p>En este sentido, me complace subrayar la experiencia que viviremos esta tarde juntos. En el momento de la adoraci&oacute;n todos estamos al mismo nivel, de rodillas ante el Sacramento del amor. El sacerdocio com&uacute;n y el ministerial se encuentran unidos en el culto eucar&iacute;stico. Es una experiencia muy bella y significativa, que hemos vivido muchas veces en la bas&iacute;lica de San Pedro, y tambi&eacute;n en las inolvidables vigilias con los j&oacute;venes; recuerdo por ejemplo las de Colonia, Londres, Zagreb y Madrid. Es evidente a todos que estos momentos de vigilia eucar&iacute;stica preparan la celebraci&oacute;n de la santa misa, preparan los corazones al encuentro, de manera que este resulta incluso m&aacute;s fructuoso. Estar todos en silencio prolongado ante el Se&ntilde;or presente en su Sacramento es una de las experiencias m&aacute;s aut&eacute;nticas de nuestro ser Iglesia, que va acompa&ntilde;ado de modo complementario con la de celebrar la Eucarist&iacute;a, escuchando la Palabra de Dios, cantando, acerc&aacute;ndose juntos a la mesa del Pan de vida. Comuni&oacute;n y contemplaci&oacute;n no se pueden separar, van juntas. Para comulgar verdaderamente con otra persona debo conocerla, saber estar en silencio cerca de ella, escucharla, mirarla con amor. El verdadero amor y la verdadera amistad viven siempre de esta reciprocidad de miradas, de silencios intensos, elocuentes, llenos de respeto y veneraci&oacute;n, de manera que el encuentro se viva profundamente, de modo personal y no superficial. Y lamentablemente, si falta esta dimensi&oacute;n, incluso la Comuni&oacute;n sacramental puede llegar a ser, por nuestra parte, un gesto superficial. En cambio, en la verdadera comuni&oacute;n, preparada por el coloquio de la oraci&oacute;n y de la vida, podemos decir al Se&ntilde;or palabras de confianza, como las que han resonado hace poco en el Salmo responsorial: &laquo;Se&ntilde;or, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. Te ofrecer&eacute; un sacrificio de alabanza invocando el nombre del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Sal<\/i> 115, 16-17).<\/p>\n<p>Ahora quiero pasar brevemente al segundo aspecto: la sacralidad de la Eucarist&iacute;a. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, en el pasado reciente, de alguna manera se ha malentendido el mensaje aut&eacute;ntico de la Sagrada Escritura. La novedad cristiana respecto al culto ha sufrido la influencia de cierta mentalidad laicista de los a&ntilde;os sesenta y setenta del siglo pasado. Es verdad, y sigue siendo siempre v&aacute;lido, que el centro del culto ya no est&aacute; en los ritos y en los sacrificios antiguos, sino en Cristo mismo, en su persona, en su vida, en su misterio pascual. Y, sin embargo, de esta novedad fundamental no se debe concluir que lo sagrado ya no exista, sino que ha encontrado su cumplimiento en Jesucristo, Amor divino encarnado. La <i>Carta a los Hebreos, <\/i>que hemos escuchado esta tarde en la segunda lectura, nos habla precisamente de la novedad del sacerdocio de Cristo, &laquo;sumo sacerdote de los bienes definitivos&raquo; (<i>Hb<\/i> 9, 11), pero no dice que el sacerdocio se haya acabado. Cristo &laquo;es mediador de una alianza nueva&raquo; (<i>Hb<\/i> 9, 15), establecida en su sangre, que purifica &laquo;nuestra conciencia de las obras muertas&raquo; (<i>Hb<\/i> 9, 14). &Eacute;l no ha abolido lo sagrado, sino que lo ha llevado a cumplimiento, inaugurando un nuevo culto, que s&iacute; es plenamente espiritual pero que, sin embargo, mientras estamos en camino en el tiempo, se sirve todav&iacute;a de signos y ritos, que s&oacute;lo desaparecer&aacute;n al final, en la Jerusal&eacute;n celestial, donde ya no habr&aacute; ning&uacute;n templo (cf. <i>Ap <\/i>21, 22). Gracias a Cristo, la sacralidad es m&aacute;s verdadera, m&aacute;s intensa, y, como sucede con los mandamientos, tambi&eacute;n m&aacute;s exigente. No basta la observancia ritual, sino que se requiere la purificaci&oacute;n del coraz&oacute;n y la implicaci&oacute;n de la vida.<\/p>\n<p>Me complace subrayar tambi&eacute;n que lo sagrado tiene una funci&oacute;n educativa, y su desaparici&oacute;n empobrece inevitablemente la cultura, en especial la formaci&oacute;n de las nuevas generaciones. Si, por ejemplo, en nombre de una fe secularizada y no necesitada ya de signos sacros, fuera abolida esta procesi&oacute;n ciudadana del <i> Corpus Christi<\/i>, el perfil espiritual de Roma resultar&iacute;a &laquo;aplanado&raquo;, y nuestra conciencia personal y comunitaria quedar&iacute;a debilitada. O pensemos en una madre y un padre que, en nombre de una fe desacralizada, privaran a sus hijos de toda ritualidad religiosa: en realidad acabar&iacute;an por dejar campo libre a los numerosos suced&aacute;neos presentes en la sociedad de consumo, a otros ritos y otros signos, que m&aacute;s f&aacute;cilmente podr&iacute;an convertirse en &iacute;dolos. Dios, nuestro Padre, no obr&oacute; as&iacute; con la humanidad: envi&oacute; a su Hijo al mundo no para abolir, sino para dar cumplimiento tambi&eacute;n a lo sagrado. En el culmen de esta misi&oacute;n, en la &uacute;ltima Cena, Jes&uacute;s instituy&oacute; el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, el Memorial de su Sacrificio pascual. Actuando de este modo se puso a s&iacute; mismo en el lugar de los sacrificios antiguos, pero lo hizo dentro de un rito, que mand&oacute; a los Ap&oacute;stoles perpetuar, como signo supremo de lo Sagrado verdadero, que es &eacute;l mismo. Con esta fe, queridos hermanos y hermanas, celebramos hoy y cada d&iacute;a el Misterio eucar&iacute;stico y lo adoramos como centro de nuestra vida y coraz&oacute;n del mundo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 2012 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI Bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n Jueves 7 de junio de 2012 [V&iacute;deo] Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica &nbsp; Queridos hermanos y hermanas: Esta tarde quiero meditar con vosotros sobre dos aspectos, relacionados entre s&iacute;, del Misterio eucar&iacute;stico: el culto de la Eucarist&iacute;a y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-junio-de-2012-solemnidad-del-santisimo-cuerpo-y-sangre-de-cristo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab7 de junio de 2012: Solemnidad del Sant\u00edsimo Cuerpo y Sangre de Cristo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-41045","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41045","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=41045"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/41045\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=41045"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=41045"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=41045"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}